Y tú ¿de qué color eres?

El Pantone de los países de América Latina, cuenta con algunos recursos para marcar nuestras diferencias de color, siempre tomando como punto de partida la piel clara, a la que llamamos “blanca”. Y de blanco para abajo, la gente se va describiendo a sí mismo acomodando matices: uno puede ser sonrosado, trigueño, castaño o apiñonado.

La palabra “moreno” suele amortiguarse con la palabra “claro”. La piel oscura cuesta más trabajo, así que se describe en diminutivo: el niño recién nacido es “morenito”, alguna más es “prietita”, y sólo la persona de piel muy oscura es “mulata”. En algunos ámbitos, especialmente donde se es, o se aspira a ser, de una clase socioeconómica o sociocultural media o alta, pocas personas se identifican a sí mismas como “moreno” o “negro”. Eso sí, en las bromas y en los insultos, la palabra “negro” abunda.

Yo crecí en una familia de clase media trabajadora del Buenos Aires de los años cincuenta, de piel clara, aunque no blanca, pelo castaño, ojos muy oscuros y de familia vasca. Estudié en una de las mejores escuelas de la ciudad, con un nivel muy alto y de enseñanza pública.

Como Buenos Aires es un conglomerado de personas emigrantes de muy diferentes países, entre mis compañeras había de familias españolas, italianas, francesas, alemanas, inglesas, pero también judías, polacas, rusas, peruanas, brasileñas, y de cualquier país que se te pueda ocurrir. En muchas, su apellido denotaba su origen.

Pero mucho más que el color de la piel, ya que no había niñas de color negro, era la religión la que marcaba la diferencia. Estaba el grupo de las judías y el grupo de las católicas. Recuerdo que con 6 años surgió la posibilidad en las escuelas públicas, de la enseñanza religiosa en las aulas. Y mi maestra, claramente auto-definida como “católica, apostólica y romana” comenzó la indagación de las familias a través de la respuesta de las niñas. “¿Y vos qué sos, católica o laica? A lo que yo, ignorante de esas cuestiones que en casa no se trataban, contesté: “Yo soy María Elena.”

Cuando ya con 17 años, viajé por primera vez a Estados Unidos de Norteamérica, descubrí que yo era “latina” y que no era “americana”. En el proceso de asumir mi nueva identidad, no me costó descifrar lo de “latina”, porque en términos estrictos, latino es cualquier persona que habla lenguas derivadas del latín. Latinos somos entonces los españoles, los italianos, los franceses, y claro, los argentinos, los mexicanos, los uruguayos, los colombianos, los peruanos. Y como somos tantos, a alguien se le ocurrió que sería bueno agrupar a los latinos de América y llamarnos latinoamericanos. Hasta ahí todo claro. El problema viene cuando la etiqueta entra en acción.

En la vida cotidiana en Estados Unidos, “latino” se usa para referirse a cualquier persona originaria de un país latinoamericano. Se le quita, por lo tanto, la parte de “americano”, porque para quienes viven en ese país, “americanos” son sólo ellos (José de San Martín, uno de los libertadores de Argentina, Chile y Perú se revuelve en su tumba). 

“Latino” también se usa como sinónimo de “brown”: eres moreno, eres latino. Y se confunde con “hispano”, que define a los originarios de países que tienen el español como lengua oficial: todos los hispanos son latinos, pero no todos los latinos son hispanos. En los formularios oficiales, ambas categorías entran en el rubro de “grupo étnico”.

¿Pero te lo complico un poquito más? ¿México no está en América del Norte? ¿O lo movieron desde que estudié geografía? Y Jamaica, y Groenlandia, y Canadá y Cuba, sí, Cuba también. Entonces ¿por qué cuando se habla de Norteamérica se refieren exclusivamente a Estados Unidos?

Si lo anterior no es suficiente para enredarle a uno la identidad, déjame contarte lo que pasó cuando, a los 24 años, decidí venir a conocer España. Y me preguntaban qué opinaba de la política americana (refiriéndose a la de los Estados Unidos de Norteamérica, por supuesto). Yo solía responder: ¿la política de cuál de los 35 países de América?, pero me cansé de explicar, porque ya sabía lo que querían decir: americanos son los estadounidenses (José de San Martín, se vuelve a revolver).

Pero los españoles, “conquistaron” América, es decir, a los americanos. ¿Creerán que Hernán Cortés llegó a Manhattan? Lo mejor viene ahora: si “americanos” son los estadounidenses, ¿qué somos nosotros? La respuesta es: latinos. En España, los españoles, que son los latinos originales que nos impusieron una lengua latina, usan la palabra “latino” para referirse a nosotros, a los inmigrantes argentinos, mexicanos, uruguayos, ecuatorianos o peruanos. ¿Los españoles? Ellos son europeos blancos. 

El asunto es que a estos europeos que hablan español, y que en muchos casos no son rubios ni tienen ojos claros, cuando lleguen a Estados Unidos les acomodarán las etiquetas immigrant, latino, y en algunos casos brown. Aunque hayan nacido en Europa. Aunque dominen el inglés. ¿Imaginan qué decepción?

Sin importar de qué lado del Atlántico se manifiesten, el ultra-nacionalismo y el supremacismo blanco suelen utilizar la paleta de colores como principal argumento para extender sus ideas. Dime qué tan oscura es tu piel y te diré qué tan malo eres para el país y para la sociedad.

Escribo esta entrada desde el País Vasco, a unas horas de finalizadas unas elecciones en España durante las cuales uno de los últimos temas mediáticos fue un insulto racista a un futbolista negro, al que llamaron “mono”.

Tras la jornada de votación, la derecha y la extrema derecha han tenido un avance importante por todo el país.

Muchos miembros de estos partidos aluden tácita o explícitamente a la piel blanca y la ascendencia europea como parte de su plataforma de valores. Y ahí viene la complicación otra vez: ¿Cómo les explicamos que hay latinoamericanos blancos, alemanes de piel morena, europeos musulmanes, latinos que no son hispanos y tampoco americanos, o arios no nacionalistas, si a veces nos cuesta reconocer a los otros, y reconocernos, como latinoamericanos, como norteamericanos que hablan español, como latinoeuropeos, como españoles blancos y morenos, como americanos no estadounidenses, como indígenas americanos? ¿Cómo desgranar la diversidad para reivindicarla, si a nosotros mismos nos cuesta tanto trabajo saber, o aceptar, lo que somos?

¡Ah, malas noticias para los que defienden cualquier concepto de supremacía genética entre los distintos grupos humanos! Se ha demostrado que en el 90 % de todas las especies animales vivas, incluidos los seres humanos, la diversidad genética es de sólo el 0,1 %. Todos los humanos somos genéticamente compatibles, incluso si encontramos otras razones para ser incompatibles. Es realmente impresionante ver cuánto tenemos en común. Pero los humanos tendemos a olvidarlo.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

8 comentarios sobre “Y tú ¿de qué color eres?

  1. Buenos días, Marlen.
    Otra entrada en la diana de la estupidez humana. No contentos con tener que transigir con todos los problemas que la vida ya se encarga de proponernos en el camino, nosotros, especie inteligente y omnipotente, nos dedicamos a autocalificarnos con etiquetas. Ya sea por el color, la forma de hablar, el aspecto físico, la procedencia, la creencia… qué más da. Lo importante es ver de qué forma nos diferenciamos.
    Esto se acerca mucho al relato de Borja que he comentado hace unos momentos. Algo de lo que ya hemos hablado mucho. Desde niños, nos entrenan en la competitividad y, sobre todo, en la comparación. De aquí vienen, sobre todo, las fobias a lo diferente y las ganas de sentirse distinto, aunque más bien habría que decir superior.
    En cualquier medio, la variedad de colores, la mezcolanza de culturas, la pluralidad… enriquecen al grupo. Pero nosotros (empujados por curitas y políticos, sobre todo), no empeñamos en querer ser todos iguales y separarnos de los distintos. Como he dicho antes, semos-mu-inteligentes.
    Lo del discurso del odio también lo hemos hablado mucho. Y hacia dónde va a ir dirigido este, pues hacia los «otros». Pero, ¿quiénes son los otros? Porque cuando los que estén arriba sean «otros», ya no serán de los «nuestros», ¿no? (Espero no haberme liado con el trabalenguas y el cabreo).
    Me ha encantado ese: «Yo soy María Elena». Ojalá fuera así de fácil. No importa tu apariencia, tu procedencia, ni ninguna otra cualidad. Solo importa como te llamas, quién eres. Los niños sí son inteligentes, lástima que se los «deforme» con la «formación».
    En cuanto a lo del americanismo, en realidad, cuando se habla de USA (Detesto la expresión EEUU), ellos se autodefinen como América. Creo que lo tienen hasta en el himno. Aunque me atrevería a decir que en realidad ellos piensan que son el mundo. Los demás somos insectos que a veces le suministramos miel y otras minucias.
    Resulta curioso, sobre todo en estas fechas, que los blanquitos de «pura raza» anden como locos por coger «color» en las playas. Que más que morenos terminan todos color gamba.
    Ojalá pudiéramos transmitir a las generaciones futuras el respeto y aprecio por la diversidad. El lenguaje del amor por encima del odio. Enfocar nuestras protestas hacia los gobernantes, en lugar de hacia los que solo quieren sobrevivir, como nosotros, y no son competidores, solo compañeros de vida.
    Muchas gracias por estas entradas, amiga. Hay que seguir gritando para que nos oigan hasta los sordos.
    Abrazo de mil colores.

    1. Hola Jose.
      ¿Especie inteli… qué???
      ¡Cómo nos gusta etiquetarnos! Por el color de piel, el habla, la religión… por lo que sea, siempre y cuando los que tienen la «otra» etiqueta (la diferente a la mía) sean considerados menos: menos importantes, menos guapos, ricos, poderosos, influyentes, válidos…
      Y no, no te has liado con el trabalenguas y el cabreo, porque los «otros» nunca están arriba de los «nuestros», porque cuando los otros suben, siempre encuentro una buena excusa para vilipendiarlos o despreciarlos. Sí, le han dado el puesto porque se ha dejado meter mano. Sí, han ganado las elecciones porque se han aliado con tal otro partido (¿Y no era eso lo que tenían que hacer? ¿eso no es política?, ¡mientras no engañen a sus electores!). Sí, han conseguido bajar el desempleo porque han hecho acuerdos con patronal y sindicatos. Sí, ha logrado progresar, pero se pasa el día trabajando. Y podría seguir y seguir.
      Tienes razón. Desde niños, nos entrenan en la competitividad y, sobre todo, en la comparación. De aquí vienen, sobre todo, las fobias a lo diferente y las ganas de sentirse superior. Si a eso se agregan la educación, los medios de comunicación, las redes sociales y la «opinión pública» ¡estamos fritos! Pero también tienes razón en que los niños son inteligentes, antes de ser deformados por la formación. El otro día escuché unas palabras en boca de una niña sabia. Le estaban pidiendo que eligiera la tabla de clasificación de una regata de traineras ¿Tú, a cuál le darías el primer puesto? le preguntaron. ¡Pues a todas, porque todas se esforzaron! No sé por qué me hizo acordar al «Yo soy María Elena».
      En cuanto al párrafo de «Ojalá pudiéramos transmitir a las generaciones futuras…» por favor, funda un partido. Sería una buena forma de darnos cuenta que los porcentajes en las elecciones pueden subir a cifras estrastosféricas.
      Gracias a ti, Jose, por tus comentarios. SEGUIRÉ GRITANDO SIN DESCANSO. No lo dudes.
      ¡¡¡VIVA LOS COLORES!!! ¡¡¡VIVA LA DIVERSIDAD!!! ¡¡¡VIVA LAS MEZCLAS!!!
      Un abrazo multicolor.

      1. Como decía aquel chiste: ¡¡¡Que viiiivaaaan, pero que no vivan tan leeejooos!!!
        😅😂😝
        Por favor, puedes cuidar entre algodones (preferentemente de azúcar) a esa pequeñaja. Aunque si la veo, me la como. 🥰🥰🥰
        Mi sobri suelta de vez en cuando alguna genialidad parecida, pero como su tío tiene menos memoria que un pez de acuario de mármol. Tendré que llevar una libretita en el bolsillo y lapiz de grafito, que no sagasta. 😜
        Lo de fundar un partido, deja, deja. Prefiero vivir en mis fantásticas ilusiones que darme cuenta que lo son de verdad.
        Abrazasho con tomate.

        1. Hola Jose.
          ¡¡¡JUA JUA JUA!!! Tengo a mi sobrina a mi lado. Transcribo: «No me puede comer porque acabo de recibir 2 diplomas, de música y de lectura. Y vendrían los guardias civiles a comerle a él, que seguro tiene más azúcar que yo. 🤣😂🤣🤪 El abrazo tiene que ser con tomate Orlando. 🎶🎶🐞🎸🦅los cuervos me siguen».

          1. Acércale un teclado a tu sobri… Y ya verás la que te espera.
            Ahora nos pondremos a ver fotos mmmuuuuuyyyyyy viejas.
            Lo de fundar un partido, es coña. Sigue pensando igual: «Prefiero vivir en mis fantásticas ilusiones que darme cuenta que lo son de verdad.» ¡Genial! Te apoyo totalmente.
            Abrazo de 🍬🍬🍬🍬y 🌈🌈🌈🌈

          2. 😂😂😂😂🤣🤣🤣🤣
            Además ha dao en el clavo. Toy saturaito de sukita. 😆😝
            Lo de besos, abrazos, ashushones… Con tomate, es una frase de mi hijo que usa mucho. Viene de una chirigota que nos encanta. 😜
            De todas formas, dile a tu sobrina, que si me coge con hambre, me la como a ella, a los dos guardia civiles, los diplomas y hasta al que los firma. 😁😁😁
            ¿Cuervos? 😱
            Besucos con sabor a mágnum almendrado 😘

  2. Es un texto que me parece muy acertado.Tenemos la necesidad de clasificar a los extraños en apartados. Ante la propia ignorancia encajamos al desconocido en un cómodo estereotipo por debajo de la propia estima. El color de la piel, del cabello o de los ojos y el idioma natal, forman parte de una mediocre guía extensamente difundida para la defensa tradicional de intereses públicos y particulares frente al movimiento migratorio. Un abrazo.
    En resumen que somos mejores, más guapos, más altos, más listos y como el 3% de la población, con ojos de un intenso color verde.

    1. Hola Carlos.
      ¡Etiquetar! ¡Etiquetar! Para poder ubicar a los «otros» por debajo de los «nuestros». Tantas cosas nos pueden distinguir y, al mismo tiempo, servir para aceptar y respetar la diversidad.
      Como dice Jose, «Desde niños, nos entrenan en la competitividad y, sobre todo, en la comparación. De aquí vienen, sobre todo, las fobias a lo diferente y las ganas de sentirse superior.» Sigamos protestando, sigamos gritando contra la discriminación, y a favor del mestizaje y de las migraciones.
      Gracias por tu comentario.
      Un abrazo.

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