Cuando nombras ese día, parece estar indefectiblemente relacionado con el 11 de septiembre de 2001, el día en que se produjo el mayor atentado terrorista dentro de los Estados Unidos de Norteamérica, cuando cuatro aviones de pasajeros que habían sido secuestrados, se estrellaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center de New York y contra el Pentágono en Washington.
Recuerdo que estábamos en casa de mis padres de sobremesa con mamá, cuando la televisión dio el primer anuncio de lo que estaba ocurriendo en Nueva York. Todo era muy confuso, se hablaba del accidente aéreo de una avioneta, llegaban las primeras imágenes. Pero en medio del desconcierto y la perplejidad, ella se puso muy nerviosa y no paraba de decirme que era muy serio, que fuera a buscar a mi padre al campo, que tenía que enterarse enseguida.
A mí también me preocupaba el extraño accidente, pensábamos en la cantidad de gente que podía haber muerto, en las familias que a esa hora estarían viendo por la televisión esas imágenes sin saber nada de sus padres, maridos, hermanos, hijos que trabajaban en las oficinas del inmenso edificio. Yo conocía el lugar, lo había visitado hacía apenas tres años en un viaje de turismo. La inmensa estructura acogía miles de personas trabajando precisamente a esa hora.
La conexión no se cortaba y seguían llegando detalles, videos, comentarios. El avión se había estrellado contra la Torre Norte del World Trade Center. Una bola de fuego envolvía los pisos superiores. Comenzaban a llegar los equipos de rescate, bomberos, ambulancias y demás para ayudar a las personas que evacuaban las torres.
Un cuarto de hora más tarde, un segundo avión se estrellaba contra la Torre Sur. En un primer momento, no se vio la imagen del avión, sólo la explosión y el desconcierto en la voz del presentador. Y tomamos conciencia de que esto no era un accidente, que detrás de este infierno había personas, seres que habían decidido golpear el corazón de uno de los países más poderosos de la tierra.
Y aún faltaba por llegar el tercer avión que fue estrellado contra el Pentágono, el cuarto avión que, luego de que sus pasajeros lucharan contra los secuestradores para que no consiguieran su objetivo que era la Casa Blanca, se estrelló en un terreno abierto. Y los vídeos de personas atrapadas en los pisos superiores que saltaban al vacío, los de personas huyendo aterrorizadas ante el desplome de las torres, la nube de humo y polvo cubriendo Manhattan, fotos, entrevistas, recuerdos, detalles, historias. Y las 2.996 personas que perdieron la vida, las 25.000 que fueron gravemente heridas, las familias y amigos de todas y cada una de ellas. Pero también la de millones de personas que recibieron el impacto psicológico de un ataque que marcó la vida de todos los norteamericanos y de todos los que vivimos esos días.
Fuego, muerte, desconcierto, asumir las consecuencias de un mundo cada vez más globalizado y la muerte como algo muy cercano. Si los estadunidenses tenían la creencia de que vivían en un espacio seguro en el que, tanto a nivel público como a nivel privado, podían poner en práctica todos sus derechos y desarrollar todas sus capacidades sin ningún obstáculo, dicha creencia se vino abajo esa mañana. Con el derrumbe de las Torres Gemelas, la estabilidad psicológica y emocional de los habitantes de Estados Unidos de Norteamérica también se derrumbó. Ese día, la sociedad en su conjunto sufrió un shock cultural, político, psicológico y emocional muy fuerte. A partir de entonces, ya no se sintió protegida. Y el resto del mundo sintió lo mismo.
A nivel internacional, la “islamofobia” se instituyó en las agendas, la desconfianza en el otro trabó comunicaciones y tratos, un terror latente por lo que pudieran hacer los grupos terroristas islámicos entró a formar parte de los habitantes de las grandes urbes, las fronteras se reforzaron, el gasto armamentístico y en seguridad comenzó a ser justificado por todos.
El islamismo no es sinónimo de terrorismo. Los países occidentales tienen esta asignatura pendiente, asumir una actitud humanitaria ante los sectores de población árabe que son marginados, discriminados e incluso victimizados en las naciones donde los yihadistas han perpetrado atentados terroristas y en los que no.
El 11 de septiembre de 2001 aterrorizó y sumió en la incertidumbre a gran parte de la humanidad.

El humo se eleva sobre Manhattan después de los ataques terroristas. (Daniel Hulshizer / Associated Press) 
Una multitud en el Bajo Manhattan observa las torres gemelas antes de que colapsaran. (Amy Sancetta / Associated Press) 
Los sobrevivientes de los ataques al World Trade Center se abren paso entre el humo, el polvo y los escombros (Gulnara Samoilova / Associated Press) 
Un hombre camina con un extintor de incendios y llama buscando supervivientes. (Doug Kanter/AFP/Getty Images) 
Un bombero es rescatado por otros bomberos después del colapso de las torres
(Robert Mecea / Associated Press)