¡Ups, me equivoqué!

¿Por qué tenemos tanto miedo de cometer errores? Charles Dickens dijo: “Cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender.” 

Cuando niños, no tenemos miedo de probar cosas nuevas, incluso si sabemos que podemos cometer errores. Tenemos curiosidad y ganas de aprender, e intuimos que los errores son una parte natural del proceso de aprendizaje.

Pero a medida que envejecemos, a menudo empezamos a temer cometer errores. Nos preocupamos por lo que otros pensarán de nosotros y tenemos miedo de correr riesgos. Esto puede impedirnos seguir aprendiendo y creciendo.

Aquí hay algunas cosas que podemos experimentar como los niños: no tengas miedo de probar cosas nuevas. Incluso si no estás seguro de que lo harás bien, ¡adelante! Cuanto más lo intentes, más aprenderás. No te rindas fácilmente. Cuando cometas un error, no te des por vencido y sigue adelante. Trata de comprender por qué cometiste el error y cómo puedes evitar volver a cometerlo. Pide ayuda. Si tienes dificultades, no temas pedir ayuda a un familiar, amigo, mentor o colega. Pueden ayudarte a aprender de tus errores.

Porque el error más grande lo cometes cuando, por temor a equivocarte, dejas de arriesgar en el viaje hacia tus objetivos. Creo que meten la pata aquellos que no aceptan que ser una persona es buscarse a sí mismo cada día, sin encontrarse nunca plenamente.

No te equivocas cuando enciendes una luz en medio de la oscuridad, la pifias cuando no lo haces para que nadie vea lo que escondes. No te equivocas por equivocarte, lo haces al no aceptar la equivocación.

¡Ya lo sé! Parece un curso de autoayuda. Pero son sólo las reflexiones de alguien que, por haber vivido mucho, cometió errores de todos los tamaños. Es que cometer errores es una parte natural de la vida. Así es como aprendemos y crecemos. Así que aceptemos nuestros errores y usémoslos como oportunidades para convertirnos en mejores versiones de nosotros mismos.

El gran Charles Chaplin afirmaba: “Me gustan mis errores, no quiero renunciar a la libertad deliciosa de equivocarme.” ¡Es que no son los errores lo que tememos, tememos las consecuencias!

Hay una tribu africana que tiene una costumbre muy bonita: cuando alguien hace algo equivocado, incluso perjudicial, ellos llevan a la persona al centro de la aldea y toda la tribu se acerca y lo rodea. Durante dos días cada uno de ellos le dice todas las cosas buenas que él hizo.

La tribu cree que cada ser humano viene al mundo como un ser bueno. Cada uno de nosotros deseando seguridad, amor, paz, felicidad. Pero a veces, en la búsqueda de esas cosas, las personas cometemos errores. El anhelo de sentirse seres especiales y buenos, a veces les lleva a fallar en su comportamiento. La comunidad percibe esos errores como un grito de auxilio.

Entonces ellos se reúnen para enderezarlo, para reconectarlo con su verdadera naturaleza, para recordarle quién es él realmente, hasta que se acuerde totalmente de la verdad de la cual se había desconectado temporalmente.

¡Sawabona! ¡Shikoba!

Cuando esto ocurre, todos le repiten “Sawabona”, un agradecimiento utilizado en África del Sur que significa: «Yo te respeto, yo te valoro, tú eres importante para mí». La persona responde entonces: “Shikoba”, que significa: «Entonces yo existo para ti.»

Este acto de reconocimiento reconstruye el interior malherido de la persona que agravió sabiéndose querido y valorado. De esta forma, utilizando el lenguaje con amor, en esta tribu se recuerdan a través de las expresiones Sawabona y Shikova, que todos son especiales y que su interior es bueno, aunque a veces no actúen de forma correcta.

Y lo cierto es que, con este hermoso acto y sencillo saludo, transmiten el mensaje de que nunca es demasiado tarde para ser quien quieres ser y para rectificar. Puedes empezar cuando quieras, pero recuerda que se gana más con la paciencia que con la violencia.

En ocasiones, cuando nos comportamos de forma inadecuada, estamos pidiendo a gritos que alguien nos haga sentir valiosos. Si comprendemos esta enseñanza, iremos más allá de ser educados y amables y nos mostraremos al mundo con una sonrisa como carta de presentación, con una bandera blanca o señal de paz que inundará nuestro día a día de gratitud y confianza.

Es un grito al amor, al aprecio y al cariño. ¿No sería más fácil si…?

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

4 comentarios sobre “¡Ups, me equivoqué!”

    1. Hola lady_p.
      Sí, por eso mi pregunta final para pensar un poco. ¿No sería más fácil la convivencia si reaprendiéramos los valores esenciales, si nos fijáramos en actitudes de este tipo?
      Un abrazo. Marlen.

  1. ¡Qué entrada más bonita, Marlen!
    La verdad es que la Sociedad castiga cruelmente al que se equivoca. Lo vemos muy a menudo en las Redes Sociales. Aunque creo que cuesta mucho más rectificar o pedir disculpas.
    Yo soy un autodidacta nato. He tenido pocos maestros; los de la escuela, instituto, universidad, solo me valieron para aprobar los exámenes. Es triste, pero es así. Para mis clases he tenido que aprender casi de cero, porque con lo que sabía no podía enseñar. Tienes que cambiar el chip de alumno a maestro y eso es bastante difícil. Esto me ha obligado a aprender a la vieja usanza Ensayo-Prueba-Error-Batacazo-Reprueba-Error-Aprendizaje… Los alumnos me enseñaron mucho, sobre todo de las equivocaciones, y eso es lo que realmente me hizo mejorar mis clases.
    Sigo equivocándome, aunque ahora necesito menos batacazos para aprender; será, como dices, cosa de la edad. Y lo vengo comprobando en esta afición tan bonita de CuentaCuentos. Aprendo de mis errores y de observar, leer y preguntar a las amigas, como tú.
    Esa es otra de las necesidades de progreso. ¿No te dé vergüenza decir NO SÉ? Hoy en día todo el mundo quiere dárselas de entendío y hasta el que no sabe opina.
    Me han encantado esas preciosísimas frases y muchísimo más la experiencia de esa tribu. ¡Qué inteligentes son y cuánto tenemos que aprender de estos «incivilizados salvajes»! (No me lapidéis con piedrones, que es ironía).
    Sawabona, Marlen. Cada vez que te leo Shikoba.
    Abrazo lleno de errores listos para enmendar.

    1. Sawabona Jose.
      ¡Cómo me alegra que te haya gustado, amigo!
      Sí, la sociedad castiga sin piedad al que se equivoca, o al que no es «normal». Y, aunque suele olvidar rápidamente todo, las etiquetas es difícil que te las quiten, por más méritos que hagas.
      Por suerte o por obra de algún hada madrina, tuve algún excelente maestro de vida que me orientó en mi adolescencia. Cuando alguna vez, a uno de ellos le comenté exactamente esto, me contestó que yo tenía la condición excepcional de escuchar y que eso facilitaba el trabajo del destino. ¡Siempre lo recuerdo! Y seguir equivocándonos significa que aún seguimos aprendiendo. Por suerte.
      En cuanto a aprender a enseñar, creo que el verdadero maestro, lo aprende como tú, a los golpes. Con el infalible método de prueba y error. Si uno es capaz de sacudirse el egocentrismo, se aprende, claro que se aprende. Pero primero hay que aprender a tirar a la basura el «Eso ya lo sé yo».
      Experiencias como la de la tribu africana, ratifican que no todo el que ha estudiado es más culto que el que «sólo» posee la sabiduría natural. Que se lo digan a muchos analfabetos que derrochan sentido común y sabiduría.
      Me alegra de haber entendido hace tiempo el sentido profundo de «¡Shikoba!». Gracias por demostrármelo. Un abrazo grandote.

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