Otro mundo es posible

Me había propuesto no entrar en el juego de la ideología del malestar, hablar de comidas, de regalos, de fiestas. Pero es que no puedo dejar de pensar en aquellos que no tienen para dar de comer a sus hijos o a sus padres, aquellos que no tienen lo suficiente para comprar un medicamento que puede aliviar la vida de un ser querido, los que en vez de disfrutar de fuegos artificiales, sufrirán los fuegos de bombas y morteros, los que no recibirán regalos porque no tienen una chimenea por la que pueda deslizarse Papá Noel, los que no tienen nada por lo cual festejar, excepto la vida, pero sólo cuando es vida y no tortura.

Bendita sea la solidaridad de quienes intentan ayudar a los menos favorecidos, pero ojo con la solidaridad como alternativa a la justicia social. Porque da la impresión de que cierta clase privilegiada quiere que los problemas de la clase trabajadora los arreglen estos entre sí, a base de solidaridad de obrero con obrero y ellos quedarse al margen de sus obligaciones de ser solidarios.

La alcaldesa de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha arremetido contra la justicia social, el “invento de la izquierda”, que sólo promueve “la cultura de la envidia, del rencor y de buscar falsos culpables”.

Javier Milei, nuevo presidente de Argentina en 2023 dijo: “Avalar la justicia social es avalar el robo». Agregó que también implica «un trato desigual frente a la ley, y no me parece que sea algo justo que algunos sean premiados y otros sean castigados desde una posición de poder como la que tiene el estado que tiene el monopolio de la violencia». Y lo sostuvo, con una lógica que ignora las diferencias sociales.

Justicia social, un concepto que postula la obligación a cargo del estado de procurar el equilibrio y la equidad entre la población, principalmente en favor de las personas desfavorecidas. Pasar de un estado abstencionista e individualista a un estado con mayores poderes de la administración, para la mejor protección de los derechos sociales.

Sí, me dirás que esto genera que haya gente que se aproveche de los beneficios o prefiera no aportar su trabajo o su esfuerzo y simplemente cobrar los subsidios. Para esto el estado debería regular el otorgamiento y castigar el mal uso de dichos beneficios. Eso no significa estar en contra de la justicia social sino encauzarla para evitar los abusos. En algunos países, con diferentes regímenes políticos, se ha pervertido la noción de “justicia social” y se ha usado con fines demagógicos, lo cual, a mi entender, no invalida el concepto en sí, sino que reafirma la necesidad de saber implementarla.

Estamos en tiempos en que reina el posesivo “mi”: mi entorno, mi sueldo, mis derechos… Son días de querer “comprar” más que de “ahorrar” para llegar a tener lo que quiero, “tener” más que “compartir”, “conocer a alguien para conseguir un buen puesto” más que “demostrar entusiasmo y capacidad”, “dar un pelotazo” más que lograr subir de categoría “recompensando el esfuerzo del trabajo diario”, “regalar” para “comprar cariño” más que por “el placer de generar felicidad”, “exhibirse” más que “convencer con obras”, de “gritos y discusiones” más que de “conversación”.

La posesión o esa resistencia de lo privado en su versión capitalista: la traba en la puerta que llamamos pasador y que paradójicamente es lo que impide acceder, ese no pasarán metálico, brillante, farolero, mío, mío, mío.

Morgan Freeman se preguntaba: «¿Cómo cambiamos el mundo? Un acto de bondad, al azar, a la vez».

La bondad, es un don invaluable que se da gratuitamente, tiene el poder de transformar vidas y tocar corazones. ¡Me encanta la cita de Morgan Freeman! Es cierto que un acto de bondad al azar puede tener un efecto dominó y marcar una gran diferencia en el mundo. Estoy dispuesta a hacer mi parte y compartir bondad generosamente. ¿Te atreves? Si cada uno da un paso adelante, podemos hacerlo realidad. Compartamos más amabilidad, no cuesta nada, intentemos un gesto y brindemos alegría.

La bondad es una de las cosas que no cuesta nada dar, ¡pero puede ser invaluable para aquellos que la reciben!

Dicen que los optimistas somos incapaces de comprender lo que significa adorar lo imposible. Yo creo que no es cierto, creo que adorar lo imposible intentando descifrar la forma de hacerlo posible, es una forma distinta de pararse frente a la vida.

No podemos ayudar a todos, pero todos podemos ayudar a alguien. ¿Por qué no hoy?

Pinturas de Kal Gajoum Cityscapes-New York

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

9 comentarios sobre “Otro mundo es posible

  1. Hola Marlen, de verdad que da miedo cómo estos políticos de ultraderecha hablan de eliminar la «justicia social», que abogan por un estado «ausente». Vamos a un nuevo medioevo con señores feudales y siervos. No hemos aprendido nada. Abrazos.

    1. Hola Ana.
      Exactamente, y no es por ser alarmista ni entrar en ese juego de la ideología del malestar, pero es como si se estuvieran poniendo de acuerdo en volver a «0» los logros en cuanto a justicia social que se han ido consiguiendo a través de los años. ¡Es muy cruel! ¿De verdad no hemos aprendido nada? ¿De verdad nos estamos convirtiendo en seres a los que únicamente les interesa el bienestar propio? ¡Lamentable!
      Un abrazo.

  2. Hola Marlem, totalmente de acuerdo con tu argumento. La justicia social atacada desde estos políticos ultraderechistas y fascistas cuya única intención es dominar y oprimir al pueblo es lamentable. Han pasado décadas y hemos vuelto a retroceder, los más pobres se ayudan como pueden entre ellos mientras los pudientes son cada más más ricos.
    De todas formas a veces creo que la sociedad no es consciente o no quiere ver, (no lo sé) quién realmente lucha por la justicia social. La época de los reinos donde lanzaban al pueblo mendrugos de pan, quedó atrás y de todos depende que no regrese. Sin duda queda una gran reflexión. Un abrazo

    1. Hola Nuria.
      Sí, pero además, hay una gran mayoría de personas (muchísimas de ellas de las nuevas generaciones de votantes) que, hartas de no saber a quién votar porque todos les parecen ladrones y corruptos, jalean y votan a quien más grita o les dice lo que quieren oír sin pararse a pensar qué mundo les están ofreciendo. Las nuevas ultraderechas no están llegando al poder por la fuerza, por golpes de estado, sino por el voto legal de los habitantes.
      No sé si la sociedad no es consciente o si le importa un pimiento lo que le pasa al vecino de al lado. ¿Nos estamos volviendo cada vez más egoístas? Me preocupa mucho esta situación que se está dando. A lo mejor, es sólo una tendencia pasajera, pero nunca viene mal mover a la gente hacia la reflexión.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo grande.

      1. Si Marlem, el problema es que la gente no comprende que aunque se piensen de todos los políticos que su única intención es llenarse los bolsillos y se sientan decepcionados… Hay que ir a las urnas con un poco de inteligencia… Porque yo, entre votar a un político malo y a otro muy malo, siempre me quedaré con el menos mal. Y la ultraderecha es lo peor de lo peor. No hay más que ver las declaraciones que hacen provocando a la gente hacía el odio y la violencia.
        Un abrazo

        1. Hola Nuria.
          Yo siempre digo que, en mi larga vida, salvo 2 veces, siempre he votado al menos malo de los elegibles. Y es que, al no encontrar un candidato que me entusiasme por su programa, su personalidad, su carrera, la opción no es «no votar» porque entonces eligen otros.
          Y la ultraderecha, históricamente, ha demostrado todo el daño que puede hacer no sólo a un país, sino al sentido de «humanidad» en toda sociedad civilizada. El odio, la violencia, la discriminación, la falta de justicia social no deberían formar parte de una ecuación de gobierno, sea donde sea.
          Un abrazo. Marlen

  3. ¡Hola!
    Ese afán desmedido de lucro ha pervertido las nociones más elementales de justicia social, de esa justicia que han proclamado con tanta elocuencia, al recordar que las riquezas no deben solo servir para el bien particular de unos pocos sino también para el bien común de los ciudadanos.
    Un saludo

    1. Hola Yeskan.
      ¡Lamentablemente quienes se regodean proclamando la justicia social, suelen tener intenciones diferentes y la demagogia y el afán de lucro personal a costa de esos derechos, salen a la luz en cuanto empiezan a gobernar!
      Un saludo. Marlen.

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