«Cuando las grullas vayan para la peña, coge los bueyes y vete a por leña».
Bandadas de grullas cruzando los cielos plomizos de noviembre y diciembre, con sus características formaciones en «V» y su inconfundible reclamo, un canto profundo y lastimero, anuncian desde siempre la cercanía del invierno en la península ibérica. La grulla común es una especie migratoria que por estas fechas cruza los cielos de toda Europa para desplazarse en grandes bandadas desde sus zonas de cría, situadas al norte del continente y en las estepas de Asia, hasta sus cuarteles de invierno, ubicados en los campos de Extremadura, Castilla-La Mancha, Andalucía y el norte de África.
Video del paso de millones de grullas por Navarra, en su viaje migratorio desde el norte de Europa hacia las dehesas del sur de la Península.
Emparentadas con garzas y cigüeñas, aunque de tamaño mucho mayor, las grullas pueden superar el metro y medio de altura. Con patas y cuello largos, tienen el pico mucho más corto que las cigüeñas y lucen un plumaje entre gris ceniciento, marrón pardoso y negro, sobre el que resaltan los bellísimos matices rojos del capirote y su amplio antifaz blanco. Todo ello rematado por una cola que no es tal, sino un desmañado plumero de largos penachos colgantes que le da un aspecto grácil y elegante. Llama la atención su actitud contemplativa y la gracilidad de su vuelo.
Desde la antigüedad, han cautivado al hombre. Es común ver grabados antiguos de grullas sosteniendo una flor de lis (símbolo matriarcal). La grulla está presente en sistemas de creencias de todos los continentes y tiene un significado diverso.
Aristóteles decía que la grulla siempre tiene una piedra en la boca. Si se queda dormida, la piedra cae y el animal se despierta. También se dice que la grulla vigila toda la noche sobre una pata porque, si se duerme, se le caerá la pata que tiene recogida y se despertará. De esta forma, la grulla se asocia a la vigilancia.
En Japón, la grulla está relacionada a la longevidad, pues se cree que viven miles de años. También son símbolo de la felicidad conyugal, quizás porque se mantienen fieles a su pareja de por vida. Su estampa es frecuente en los kimonos de boda. En los festivales budistas, se liberan grullas y así se hacen méritos para la otra vida. Contemplar el vigoroso baile en la nieve de un grupo de estas elegantes aves es un espectáculo sumamente bello que se describe valiéndose del término “aware” (ser consciente), el cual denota “el sentimiento que surge frente a la intensa belleza de algo efímero”.
En China, las grullas son mensajeras de los dioses y simbolizan las almas de los inmortales taoístas. Representa, pues, la inmortalidad y la buena fortuna.
Para el cristianismo es un animal positivo, pues se la relaciona con la vigilancia y el orden. En los laberintos medievales se ejecutaba el «baile de la grulla», que tiene su origen en la cultura griega. Es el baile de la vida en este proceso de muerte/resurrección que representa el laberinto.
Para los celtas, las grullas son mensajeros de los dioses, un animal mágico, que se mueve en los tres elementos: agua, tierra y aire. Representa la fuerza femenina. Los irlandeses tenían prohibido comer carne de grulla.
En las culturas africanas, la grulla representa el mundo del pensamiento, pues normalmente se la ve en una actitud contemplativa. En países como Nigeria, Uganda y Sudáfrica, son las aves nacionales.
En Pusan (Corea del Sur) se puede ver una singular danza popular. Unos hombres con mantos blancos y altos gorros negros agitan los brazos, giran, hacen reverencias y hasta se sostienen en un solo pie. Sus peculiares movimientos improvisados tienen una sencilla explicación: imitan a las grullas de Manchuria, que por siglos han invernado en Corea del Sur.
La original danza de las grullas impresionó tanto a los pobladores que crearon su propia danza, basándose en las posturas que adoptan dichas aves. La «danza de las grullas blancas» se ejecuta desde hace 2.500 años.
Hay otras aves que danzan también, pero ninguna de una forma tan bella a los ojos humanos. Las grullas ejecutan una danza muy variada y siempre espectacular, si se toma en cuenta lo grandes que son, las elegantes posturas que adoptan y sus impresionantes saltos con las alas extendidas.
Por lo común, el baile comprende prolongadas y complejas secuencias coordinadas de reverencias, saltos, carreras y vuelos cortos. Y, tal como sucede con los humanos, cuando unas cuantas grullas empiezan el baile, todas las demás quieren participar.
¿Por qué lo hacen? ¿Es una forma de hacer ejercicio, de comunicarse, de cortejar, de dar una señal de alarma, o sencillamente una demostración de buen humor? Pudiera deberse a una o a todas las razones mencionadas.
Lo cierto es que, aunque les gusta bailar por parejas y que la danza forma parte de su ritual de cortejo, todas, incluso los polluelos de pocos días, lo hacen. Cualquiera que sea su motivo, es un deleite observarlas.
Podríamos tomar ejemplo y danzar como las grullas, en familia, en pareja, con amigos o solos. Motivos no nos faltan.
Mencanta el paso de las grullas. Las he visto y las he escuchado alguna vez tanto en su marcha invernal como en su vuelta primaveral 😀 Su formación es fascinante 😀 https://almaleonor.wordpress.com/2014/03/10/la-marcha-de-las-grullas/
Hola Alma Leonor.
Sí, es un espectáculo que, si tenemos oportunidad de apreciarlo, es fascinante. Por su vuelo tan bien formado, como por su canto peculiar.
Y parece que no soy la única a la que le llama la atención.
Un abrazo. Marlen.