Un Túpac Amaru en Buenos Aires

Desde las zonas tropicales de México hasta el sur de la Argentina, exceptuando Chile y las islas del Caribe, la tacuara, una planta de la familia del bambú de rápido desarrollo, nativa de los bosques andinos, crece en todos los países de Iberoamérica.

Fue un importante material empleado en la construcción de las casas, de los utensilios caseros, herramientas de caza, ganadería y agricultura y hasta los acueductos, puentes colgantes y atirantados de impresionante precisión de ingeniería.

Poderosas embarcaciones, así como flautas, quenas y marimbas, fueron realizados por los incas con este recurso durante la época de la pre-conquista, y después de ella durante la colonia, la especie fue la encargada de proteger a los indios y hasta pequeños pueblos del asedio de los españoles escondiéndolos tras sus espesuras.

Por supuesto, las lanzas que usaban los jinetes del ejército patriota en la campaña de independencia estaban elaborados con cañas tacuara, un material liviano y de gran dureza, que podía usarse como lanza en los combates para causar estragos entre la población realista.

Pero no se puede librar una guerra sin armas. Si lo de las tacuaras fue un punto de inicio para comenzar la lucha, a la larga es un logro sólo en la medida que mantiene el espíritu guerrero, pero no basta para enfrentar a un enemigo bien equipado. Hay que contar con las mismas armas, o mejores que las del adversario.

Este fue el dilema de los patriotas. Si se lanzaban a una lucha abierta, perdían la posibilidad de recibir armas de España y si no contaban con el apoyo explícito inglés, perdían el acceso a mejor armamento.

Tampoco Estados Unidos se mostraba expansivo ni directo en sus relaciones, ya que estaba enfocado en sus propios problemas y su propia política diplomática.

Al final hubo que echar mano de lo que había en casa y mejorarlo con los hombres que se tenían y el espíritu de iniciativa, que no faltaba.

La Proclama de la Primera Junta del 29 de mayo de 1810, implementa las directivas para la formación de los Cuerpos Militares de Buenos Aires, en primer lugar decretan una leva de todos los hombres sin ocupación desde los 18 hasta los 40 años, y de quienes no estuvieran ejerciendo algún servicio público, solicitando al vocal de la Junta, Coronel don Miguel de Azcuénaga, que les hiciera entrega, de la Armería Real, el número de fusiles de acuerdo al número de hombres que se fuera aumentando. Además decretan que se realicen los trabajos de armería necesarios para que se apresurara la compostura y devolución de los fusiles averiados.

Estas eran las medidas tomadas por la Junta para el acopio de las armas, capaz de proveer el aumento de la fuerza militar patriota.

La Armería Real, que funcionaba en el mismo fuerte de la ciudad y hasta entonces había sido almacén de pólvora, había construido carruajes y bases fijas para los cañones de batalla y de plaza, y había fabricado sables, lanzas y espadas.

Lo que hasta entonces era el laboratorio para fabricar los fuegos de artificio, pasó a ser el centro de fabricación de municiones, cartuchos de bala y para fogueo.

Recién a fines de 1810 se pudo iniciar la fabricación de fusiles en Buenos Aires, y allí probaron su capacidad de inventiva y su inteligencia algunos hombres como Juan Francisco de Tarragona, Eduardo Holmberg y Salvador Cornat.

Un teniente coronel, Ángel Monasterio, llegó a la villa del Rosario para iniciar las tareas que se le encomendaron junto a Manuel Belgrano, tendientes a la fortificación de las barrancas del río Paraná, así como la construcción de baterías en las islas adyacentes.

Mortero Túpac Amaru

 En mayo de 1812 se encargó de echar las bases de una fundición de piezas de artillería, en dos naves desmanteladas de la iglesia destechada de la Residencia, en Buenos Aires, en el barrio de San Telmo, donde hoy es Humberto I y Defensa.

Monasterio sólo había visto fundir cañones una vez en Sevilla, pero aceptó el encargo y fue capaz de llevarlo a buen puerto. Un comentarista de la época relata: “También han quedado concluidos tres cañones, que se han fundido del calibre de a 24, en la fábrica que se estableció por cuenta del estado en este año; y dos morteros de alplaca [sic], todos de bronce, los cuales se han puesto a la vista del público en la Plaza Mayor, cuyos morteros el uno tiene por nombre El Tupac Amaru y el otro, el Mangoré.” Estas piezas, fueron destinada al sitio de Montevideo, por las fuerzas del General Rondeau.

¿Pero por qué surge el nombre de Túpac Amaru? El inca Túpac Amaru II había encabezado la mayor rebelión independentista en el Virreinato del Perú. Fue el primero en pedir la libertad de toda Hispanoamérica de cualquier dependencia, tanto de España como de su monarca, implicando esto no sólo la separación política, sino además algo tan importante como la abolición de los impuestos. Además, decretó la abolición de la esclavitud negra por primera vez en Hispanoamérica el 16 de noviembre de 1780.

Recordemos un par de frases que resumen su pensamiento: «La libertad es un derecho innato de todo ser humano, y luchar por ella es deber de cada uno de nosotros.» «La unión de nuestros pueblos es la fuerza que nos permitirá liberar nuestras tierras de la opresión y restaurar nuestra dignidad… Que nuestra voz resuene en la lucha por la justicia y la igualdad.”

El 18 de mayo de 1781 Túpac Amaru II fue ajusticiado en una plaza de Cuzco (Perú). Las tropas realistas lo asesinaron junto a sus hijos mayores y a su compañera Micaela Bastidas. Es conocido que su cuerpo intentó ser descuartizado al ser tirado por sus extremidades con caballos. Al no poder ser despedazado, fue decapitado y su cuerpo fue segmentado en pedazos y diseminados por distintos lugares de Perú como símbolo de escarmiento, dominación y explotación colonial.

Muerte de Túpac Amaru y familia

Algunos historiadores consideran a la rebelión de Túpac Amaru como una revolución indígena contra el Estado Colonial. Pero la pelea del inca se orienta más bien a la lucha contra la opresión y explotación que imponían las instituciones realistas en América.

El sistema de dominación español había establecido desde 1750 reformas que incluían la obligatoriedad en el trabajo en las minas. Los Borbones forzaron la explotación de las colonias como cuerpo inagotable de metales preciosos.

El cerro de Potosí constituía una de las mayores riquezas de extracción de metales preciosos. Los pueblos indígenas de esta región sufrían la explotación bajo el sistema de mita y yanaconazgos (La mita era turnos de trabajo forzado rotativo de todos los hombres mayores de 15 años por un tiempo determinado y el yanaconazgo eran servidores domésticos de los españoles).

Es bueno recordar que los nombres son símbolos y que, para la revolución que se estaba desarrollando, apelar a la rebelión americana y a la unión de los pueblos, tenía tanto sentido como mantener al rojo vivo los hornos en donde se hacía la fundición.

En aquel momento, Túpac Amaru fue el símbolo explícito del grito de guerra. Actualmente, el nombre de Túpac Amaru es evocado por distintos movimientos sociales y políticos en Latinoamérica como expresión de la lucha por mejores condiciones de vida.

Buenos Aires antiguo

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

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