La sorgiña y el teorema

La niebla se arremolinaba en las callejuelas empedradas de Olite, en el Reino de Navarra, cubriéndolo todo con un velo espectral. Era una mañana de 1570, y el aire húmedo se mezclaba con el olor de la leña quemada de la última ejecución. El pueblo, encajonado entre colinas y murallas, tenía un aire sombrío. Las casas de piedra con vigas de madera se apretaban unas contra otras, como si su proximidad pudiera proteger a sus habitantes de la amenaza invisible de la Santa Inquisición.

Los habitantes, cubiertos con capas raídas, caminaban en silencio, evitando cruzar miradas. Ni los curiosos eran perdonados. En las tabernas, nadie hablaba en voz alta. Los hombres bebían vino agrio con los ojos bajos, y las mujeres apretaban contra el pecho sus rosarios mientras murmuraban oraciones.

La sombra de la Iglesia de San Pedro cubría la plaza principal, donde el patíbulo de madera se alzaba amenazante. A su lado, la temida Casa de la Inquisición, un edificio de piedra oscura con una pequeña cruz de hierro sobre la puerta, esperaba a su nueva víctima. 

La justicia de Dios, decían los frailes, actuaba con rapidez en Navarra.

Esa mañana, los alguaciles arrastraban a María de Echeverría hasta la sala del tribunal. La mujer, de 38 años, tenía las manos curtidas por los años de trabajo con hierbas y ungüentos, y su cabello negro que mostraba ya mechones grises, recogido en un moño deshecho, estaba salpicado de ceniza. Sus ojos, oscuros y vivos, brillaban con una mezcla de resignación y desafío.

La sala era fría y apenas iluminada por unas velas sobre la gran mesa de madera tallada donde se sentaban los inquisidores. Frente a ellos, la multitud se apretujaba en los bancos de la iglesia, ansiosa por presenciar el juicio.

El tribunal estaba formado por tres inquisidores. En el centro, Fray Alonso de Villacís, un hombre alto, de nariz aguileña, mejillas hundidas y mirada de hielo, con los dedos cruzados sobre el pecho. Había enviado a decenas de mujeres a la hoguera, y su reputación era tan temida como la peste. A su derecha, el escribano, fray Hernando, anotaba cada palabra con su pluma raída. A la izquierda, fray Domingo, un hombre más joven pero igual de severo, observaba en silencio.

.- María de Echeverría, eres acusada de brujería, herejía y pactos con el demonio. —La voz de Fray Alonso resonó con dureza en las paredes de piedra, como si su juicio fuera la voluntad divina.

María se mantuvo erguida, sin contestar.

.- Se ha testificado que has enseñado conocimientos prohibidos, fórmulas impías y que en tu casa se reúnen mujeres con intenciones oscuras. Se dice que hablas de números, de fórmulas extrañas, de secretos que sólo Dios puede conocer.

Un testigo se levantó: Tomás, un joven y nervioso campesino de mejillas pálidas.

.- La oí hablar de números y figuras. Decía que los triángulos podían calcularse con fórmulas mágicas y que con números se podía medir cualquier cosa, incluso la distancia entre el sol y la tierra. ¡Magia impía!

Hubo un murmullo en la sala. Algunas mujeres se persignaron.

Fray Alonso golpeó la mesa con su puño.

.- ¡Basta! ¡Esas son palabras del Maligno!

Por primera vez, María sonrió con ironía.

.- El diablo no tiene interés en los triángulos, padre.

Hubo murmullos entre la multitud. Fray Alonso se inclinó hacia adelante.

.- ¿Niegas, entonces, haber hablado de fórmulas impías?

María respiró hondo y alzó la barbilla.

.- No hay nada impío en la verdad.

.- Explícate, mujer.

María suspiró.

.- No es magia, sino razón. 

Fray Alonso entrecerró los ojos.

.- ¿Dices que los números tienen poder sobre la realidad?

.- Digo que los números explican la realidad. Si entendemos cómo medir, podemos calcular la altura de una torre sin necesidad de treparla, o la distancia entre dos ciudades sin recorrerlas.

La multitud murmuró con inquietud. Para ellos, la realidad era voluntad de Dios, no una fórmula de símbolos y cálculos.

.- ¡Mentira. Sólo Dios conoce la altura de las montañas y las distancias entre las estrellas! —afirmó Fray Alonso.

El silencio fue absoluto. María sonrió con tristeza.

.- ¿Y no es acaso Dios quien nos dio la razón para descubrirlo?

El inquisidor se levantó, visiblemente furioso.

.- Eres peligrosa. Hablas como los alquimistas, los astrólogos y los impíos. Haces creer que el mundo se puede medir y predecir, cuando sólo Dios tiene poder sobre el destino.

María respiró hondo. Sabía que estaba condenada, pero no pensaba callar.

.- La verdad no cambia porque decidáis ignorarla. Si mido la sombra de una cruz y el ángulo con el suelo, puedo calcular su altura sin subir a ella. Si lanzo una piedra, puedo saber con qué velocidad caerá. Dios no se ofende porque entendamos mejor su obra.

Fray Alonso de Villacís golpeó la mesa con furia.

.- ¡Blasfemia!

María cerró los ojos.

Su pensamiento oculto fue: “Estoy segura de que hubiera gritado y soltado risas estúpidas, si yo le hubiera dicho que en todo triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos.”

Esa noche, mientras la hoguera ardía, una figura encapuchada garabateó en el polvo de la plaza un triángulo con una ecuación. Pero al amanecer, la lluvia lo borró. Y con él, la memoria de la mujer que osó enseñar.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

4 comentarios sobre “La sorgiña y el teorema

  1. Hola, Marlen.
    Este magnífico relato tuyo me da para reflexionar un par de cosas.
    La primera, esa frase tan contundente y explicativa «¿Eres peligrosa?». Ahí radica todo el mecanismo ejecutor de estos defensores de la censura, la intimidación y el control de la ciudadanía. Hay que cortar cualquier atisbo de peligro hacia sus prominentes jerarquías de poder. Y las mujeres inteligentes, deseosas de aprender, con capacidad de razonamiento lógico e instruidas, eran (y siguen siendo) un tremendo peligro para «ellos».
    Por otro lado, teniendo en cuenta el momento que estamos viviendo: olor a incienso por las calles, sonido de trompetas y tambores, abundancia de gente camuflada tras los capirotes…, más allá de tradiciones y festejos, unido al resurgimiento de ciertas ideologías, ¿estará próxima la reaparición de otra inquisición? Tranquila, no he abusado de las pastillas 😅😂Solo son elucubraciones de un loco sábado santurrón. 🤷🏻‍♂️😝
    No digo ná má, que nos censuran el blog. 😂😂😂
    Relato interesante y necesario. Muchas gracias, amiga.
    Abrazo Grande.

    1. Hola Jose
      La época que estamos viviendo da para muchas reflexiones y, por consecuencia, entradas en el blog. Y tu última pregunta (¡Vaya por Dios! Otra vez coincidimos) fue mi reflexión inicial del texto: Estamos ante otra época de inquisición y no nos damos cuenta. No sé si será por la Semana Santa, por las noticias que llegan aunque no quieras escucharlas, por el Bukele de El Salvador, por el nuevo ministro de salud norteamericano, o por todo junto, un bocata difícil de tragar. La censura está aquí y me temo que ha llegado para quedarse.
      ¿Eres peligrosa? No creo ser demasiado inteligente, aunque sí tengo desarrollada la capacidad de razonamiento y he recibido una excelente educación que despierta mis deseos de seguir aprendiendo e intentar entender «a pesar de ser mujer». ¿Peligrosa? ¡Desde luego!
      ¿Cómo voy a festejar la Semana Santa? ¿Misas, procesiones, hordas de turistas que desafían la lluvia para atestar el malecón y los restaurantes? No, en casita, organizando una búsqueda de huevos de Pascua para la chavalería (cada vez son menos chavales y más adultos ¡qué pena! ¡aprovechemos ahora!). Ya sabes, el lado pagano me gana.
      Y no digo ná má, ya sabes porqué. Muchas gracias a ti. Que disfrutes el sábado y también el resto de días.
      Un abrazo grandote.

  2. Marlen, qué relato tan bien armado.

    Has conseguido algo difícil: sostener una atmósfera histórica opresiva sin caer en lo folclórico, y contar una historia profundamente simbólica sin que pierda humanidad. La figura de María me ha parecido maravillosa: inteligente, contenida, valiente. Es una protagonista que no necesita gritar para imponerse. Basta con cómo mira, cómo responde, cómo elige no callarse aunque sepa lo que le espera.

    Me ha encantado cómo usas las matemáticas como símbolo del pensamiento prohibido. Es un giro original y poderosísimo: hablar de teoremas como si fueran conjuros. La frase final, con la figura encapuchada y el triángulo borrado por la lluvia, es de las que se quedan dentro un rato largo.

    Y ese momento en que María dice: “El diablo no tiene interés en los triángulos”… qué maravilla de ironía, sutil y punzante.

    Has escrito un cuento que no solo denuncia el miedo al conocimiento, sino que honra a tantas mujeres silenciadas por el simple hecho de saber.

    Un placer leerte.
    Miguel

    1. Hola Miguel
      Como siempre, muchas gracias por tus palabras. Valoro mucho tus comentarios.
      Al ir escribiendo el relato, me fui encariñando con María, tan inteligente pero sin fanfarronear. Sabiendo lo que le esperaba, sin gritar, sin desesperación, con la cabeza alta, argumentando. Sabía el precio y estaba dispuesta a pagarlo. Con ironía, con tristeza, razonando en todo momento: ¿No es acaso Dios quien nos dio la razón para descubrirlo?
      ¿Qué hubiera pasado si hubiera sido un hombre el que hablaba de esa manera? Un sacerdote, una autoridad en la iglesia. Posiblemente todo hubiera quedado en la nada, tapado por sus compañeros, jueces seguros de su poder. ¡Pero una mujer, un ser inferior de la creación! Ha sido mi pequeño homenaje a tantas mujeres silenciadas por ser mujer.
      Un abrazo fuerte.
      Marlen

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