80 años después, el Día de la Victoria en Europa

En la mañana del 8 de mayo de 1945, el boletín de noticias de las 08:00 de la BBC comenzó con las palabras: «Aquí están las noticias de las ocho en punto para hoy, martes 8 de mayo, el Día de la Victoria en Europa». El mismo boletín informó que la ciudad de Breslau, en Alemania Oriental, había caído en manos del Ejército Rojo Soviético después de 12 semanas de intensos combates, que el rey Leopoldo de los belgas y su esposa, mantenidos como prisioneros en Austria, habían sido liberados por las tropas estadounidenses, y que, en la guerra contra Japón, las fuerzas estadounidenses, australianas y holandesas habían hecho más ganancias. Es que el histórico día 8 de mayo de 1945, la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin en Europa. Las radios anunciaban la rendición incondicional de la Alemania nazi, y de pronto, el continente, exhausto y herido, estalló en una mezcla de alivio, llanto y celebración. Hace ocho décadas, el mundo fue testigo de escenas de júbilo y alivio tras años de un conflicto devastador.

Pero vayamos por partes. El 29 de abril de 1945 el líder del Partido Nacional Fascista italiano Benito Mussolini fue ejecutado por partisanos comunistas y el 30 de abril se suicidó Adolf Hitler, Führer del Tercer Reich. La batalla de Berlín, la última gran batalla en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, que había comenzado el 16 de abril de 1945 tras el inicio de una gran ofensiva de la Unión Soviética sobre la ciudad capital del Tercer Reich, finalizó el 2 de mayo, cuando los defensores alemanes rindieron la ciudad al Ejército Rojo.

El 7 de mayo se firmó en Reims, en el cuartel general de Dwight Eisenhower, un Acta de Rendición Militar y finalmente, el 8 de mayo los Aliados de la Segunda Guerra Mundial aceptaron la Capitulación Incondicional de la Alemania nazi y por tanto, la derrota de las Potencias del Eje en el teatro europeo de operaciones. Fue firmada por los representantes de las tres fuerzas armadas (francés, soviético y estadounidense) y por Alfred Jodl, Jefe del Estado Mayor de Operaciones de la Wehrmacht en la sede de la Unión Soviética en Berlín.

Al conocerse la noticia, Londres, París y Moscú se convirtieron en escenarios de abrazos entre desconocidos, de soldados lanzando sus gorras al aire y de madres llorando, recordando a aquellos que nunca regresarían. Ocho décadas después, la memoria de aquel día sigue viva, un eco de sacrificio y esperanza que resuena en la historia. El mundo resonaba con las voces de la victoria. La BBC transmitía desde las calles de Londres, donde multitudes se congregaban frente al Palacio de Buckingham, coreando el nombre del rey Jorge VI. Winston Churchill aparecía en el balcón, con su inseparable puro en la mano, saludando a un pueblo que había resistido bombardeos y privaciones. A las 15:00 horas, se dirigía a la nación desde el 10 de Downing Street, recordando los primeros días oscuros de la guerra y anunciando la rendición de Alemania. El discurso fue la señal para que la fiesta estallara.

A las 15:00 horas del 8 de mayo, todas las campanas de las iglesias francesas anunciaron oficialmente el fin de la guerra, mientras el general De Gaulle realizaba un discurso por radio que era retransmitido por altavoces en plazas y sitios públicos, confirmando el primer acta firmada en Reims. La gente festejaba con alegría y júbilo, pero sin euforia. Los franceses se sentían señalados por la gravedad del momento y por el balance de casi seis años de guerra. Los millones de muertes imponían moderación. Los días 8 y 9 de mayo fueron declarados días festivos.

Ocho largos meses después de la liberación de París, cuando las esperanzas se habían visto decepcionadas varias veces, el final de la Segunda Guerra Mundial en Europa finalmente se podía celebrar. Los parisinos eran muy numerosos en los Champs Elysées cuando el general de Gaulle depositó una corona de flores en la tumba del soldado desconocido. Multitudes salieron a las calles entonando la «Marsellesa» y canciones patrióticas.

Sin embargo, la fecha del 8 de mayo no marcó el fin de la presencia militar alemana en todo el país. Los últimos focos de resistencia: Dunkerque, Lorient, Saint-Nazaire no cayeron hasta los días posteriores a la rendición del Reich. Y lo más importante es que la victoria no borraría ni las atrocidades cometidas por la Alemania nazi ni los años en que el pueblo se había enfrentado a decisiones que lo habían dividido.

El conocido locutor radiofónico Yuri Levitan anunciaba a la Unión Soviética la capitulación incondicional de la Alemania nazi: “¡Atención, habla Moscú! El 8 de mayo de 1945, en Berlín, representantes del alto mando alemán han firmado el acta de capitulación incondicional de las fuerzas armadas alemanas. La Gran Guerra Patriótica, librada por el pueblo soviético contra los invasores fascistas alemanes, ha terminado con nuestro triunfo. ¡Alemania ha sido completamente aplastada! ¡Gloria eterna a los héroes caídos en la lucha por la libertad y la independencia de nuestra patria!”.

El Tercer Reich, destinado a durar mil años, era historia y Berlín, la capital de su imperio, poco más que una sucesión de montañas de escombros que se alzaban a ambos lados de las calles como doloroso recordatorio para los alemanes de adónde habían conducido sus ambiciones de dominar y someter al continente.

El mayor conflicto de la historia había terminado. De los 75 millones de muertos, el mayor número, unos 27 millones, pertenecían a la URSS, que sufrió asimismo la mayor destrucción material. Sólo en Bielorrusia murieron dos millones de personas (uno de cada tres habitantes), quedaron destruidas 209 de las 290 ciudades, el 85% de la industria del país y 628 aldeas fueron borradas literalmente del mapa.

Mientras esto pasaba en Europa, en Nueva York la Quinta Avenida se llenaba de confeti. La guerra en el Pacífico continuaría unos meses más, pero en Europa, la oscuridad de los años de terror comenzaba a disiparse.

En el frente opuesto, la Alemania vencida contemplaba la devastación. El corresponsal de guerra de la BBC, Wynford Vaughan-Thomas, informaba desde la plaza central de Luneburgo, en el noroeste de Alemania, cómo los ciudadanos, bajo una bandera blanca de rendición colgada del antiguo ayuntamiento, presenciaban el paso constante de vehículos militares y soldados alemanes desarmados dirigiéndose a campos de prisioneros. «La guerra para ellos ha terminado», relataba Vaughan-Thomas, capturando el sentimiento de una nación derrotada y exhausta. Las calles de Berlín eran un mosaico de ruinas y escombros. En Kassel, otra ciudad alemana devastada por los combates, el corresponsal de guerra Frank Gillard describía ciudades enteras convertidas en fantasmas de lo que fueron. 

Hoy, 80 años después, el eco de la memoria del “Día de la Victoria” es un recordatorio de los sacrificios realizados y de la resiliencia de la humanidad. Aún quedan entre nosotros quienes recuerdan el estruendo de los bombardeos y la incertidumbre de la guerra. Ancianos que de niños vieron los aviones cruzar el cielo, que escucharon los discursos de Churchill o De Gaulle por la radio y que sintieron llegar finalmente el abrazo de la paz.

Cada aniversario nos recuerda la fragilidad de la libertad y el precio de la paz. Los veteranos que una vez marcharon por Europa con uniformes de combate ahora avanzan con bastones y medallas en el pecho. La generación que vivió la guerra se desvanece, y la responsabilidad de recordar recae sobre los que les seguimos. Mientras el tiempo avanza, debemos seguir contando sus historias, honrando sus sacrificios y aprendiendo de su herencia.

El Día de la Victoria no es sólo una fecha histórica, hoy en día, especialmente en estos días, es un legado de sacrificio y esperanza, recordatorio del valor de quienes lucharon, sufrieron y construyeron un mundo nuevo sobre las cenizas, advertencia de los peligros del odio y la intolerancia, inspiración para las generaciones futuras, esperanza de que los gobernantes tomen buena cuenta de los aprendizajes de la historia.

Que cada 8 de mayo sea un día para recordar que la paz no se hereda, sino que se construye y se defiende, una y otra vez.


Os traigo dos vídeos que nos acercan dos emocionantes momentos vividos en ese día: el Día de la Victoria, el final de casi 6 años de guerra en Europa.

La plaza Trafalgar Square de Londres repleta de personas, sobre la cual resuena la voz de Winston Churchill diciendo: “»Advance Britannia, Long Live the Cause of Freedom» («Avanza Britannia, larga vida a la causa de la libertad». La marcha desde el Parlamento hasta la iglesia de Saint Margaret para participar en el oficio religioso. A la cabeza Winston Churchill, primer ministro del Reino Unido desde 1940 hasta 1945 y Arthur Greenwood, miembro del Partido Laborista que fue fundamental para resolver que Gran Bretaña continuara luchando contra la Alemania nazi. Varias tomas de West End, Piccadilly, Trafalgar Square, el pueblo de Lamberth llenos de personas que se abrazan , cantan y bailan en las calles. Frente a Buckingham Palace, el pueblo vitorea a la familia real. Y el mensaje del rey Jorge VI, a las 21 horas, que recuerda que Japón aún continúa en guerra.

En el segundo vídeo, la voz del corresponsal de guerra Frank Gillard informando desde Kassel (Alemania) para la BBC. Lo que entonces era el Servicio a Casa de la BBC estuvo en el aire durante todo el día, llevando informes en vivo y escenas de desolación y de júbilo en toda Europa. 

Gran parte de la ciudad de Kassel había sido reducida a escombros un mes antes, en una batalla.

Gillard estaba presenciando el comienzo de lo que pronto se convertiría en la mayor agitación demográfica de la historia europea: la migración de millones de personas desplazadas por la guerra. Millones de refugiados emprendían el retorno a casa, si es que quedaba una. “La mayoría de los que están en las calles hoy en día son desplazados, belgas y franceses que van hacia el oeste, rusos y polacos que van hacia el este… todos cargando sus escasas pertenencias en carretas y bicicletas. Y aquí, justo delante de mí ahora, viene un carro de mano, cargado con una gran caja de madera, un par de maletas y uno o dos sacos llenos de ropa de algún tipo, y está siendo tirado por dos mujeres de aspecto robusto que están saliendo, supongo que son francesas o belgas, están vagando en dirección oeste a través de Kassel. Y justo detrás de ellos viene un anciano empujando una bicicleta, también cargado con todo el equipo que puedas imaginar, tanto como una bicicleta podría contener, también se va a casa, tal vez a Francia o Bélgica… La guerra en Europa ha terminado y aquí en Kassel, como en muchas ciudades alemanas, no queda nada más que las ruinas grises para marcar su fallecimiento», narraba Gillard, reflejando la desolación y la esperanza de reconstrucción.

El Día de la Victoria empezó la reconstrucción de un continente devastado por el mayor conflicto de su historia, pero la paz todavía era un objetivo lejano. Pensando en todo el sufrimiento que tuvieron que soportar durante esos largos años, los hombres, mujeres y niños de medio mundo, reflexionemos: La referencia de Churchill al «abrumador poder y recursos de los Estados Unidos de América» señaló el camino hacia el nuevo mundo que se abría a partir de ese momento: el liderazgo del mundo occidental había cruzado el Atlántico. ¿La gente entendió, a partir de ese día, cuán profundamente había cambiado el mundo por la guerra? ¿Entendió que no habría vuelta atrás a la normalidad de la década de 1930? Pasados 80 años, ¿hemos aprendido algo o “lo pasado pisado, sigamos adelante sin mirar atrás? 

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

3 comentarios sobre “80 años después, el Día de la Victoria en Europa

  1. Hola Marlen, un recuento muy completo y emotivo de lo que fueron esos momentos en los que se derrotó a los Nazis. Tanta muerte y destrucción, tantas vidas en suspenso. Imaginar lo que fue para los sobrevivientes iniciar de nuevo sus vidas me resulta difícil de imaginar. La resiliencia humana es increíble. También hay resiliencia en las ideas: por ejemplo, el nazismo, esa horrenda ideología sigue viva. Los Estados Unidos, (que junto con la Unión Soviética fueron tan importantes para acabar con la guerra), hoy deja que la fea cabeza del fascismo se asome, y poco a poco vaya emergiendo de cuerpo completo.
    Creo que al final la especie humana no aprendió mucho: ahí tenemos las guerras actuales: Pakistan vs India, Rusia vs Ucrania, etc, etc. Lo de la franja de Gaza, que no es guerra, pues los palestinos no tienen ejército, es algo mucho más triste y aterrador. Pero bueno. El día de la victoria siempre será recordado y será un símbolo poderoso, que no se puede replicar nunca, porque después de un conflicto de esa magnitud, con las armas actuales, ya no quedaría nadie para celebrar.
    Te felicito por tu entrada que nos hace reflexionar muchísimo y por tus videos, muy buenos. Abrazos Marlen.

    1. Hola Ana
      A mí también me resulta difícil imaginar esos momentos en los que la vida está pendiente de un hilo y lo único que se puede hacer es esperar a que el de enfrente no tenga tan buena puntería. Y luego, pasado el tiempo, volver a la vida diaria, asumiendo el dolor, las pérdidas, el miedo, las pesadillas…
      Es cierto, la resiliencia humana es increíble. Lástima que la experiencia no sirva para aprender y no repetir los errores. Hablábamos el otro día con mi hermano, recordando que el nazismo subió al poder con la mayoría de votos en unas elecciones libres. ¿Qué pensarían luego, a la vista de las consecuencias de los votos? ¿Seguirían pensando en lo mismo o cerrarían los ojos a tanta barbarie? ¿Y los gobernantes que desatan estas masacres que escuchamos como noticias lejanas, sin pensar en todas esas poblaciones asesinadas, convirtiendo a las víctimas en simples números?
      Por eso sigo creyendo que hay que seguir recordando, que hay que incitar a la reflexión, contar a las nuevas generaciones lo vivido, lo sufrido.
      Gracias por tu comentario, Ana. Un abrazo grande
      Marlen

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