Galbana, fiaca

Siempre he pensado que “galbana” era una palabra en euskera. Y después de tanto tiempo de escucharla en casa y de usarla, recién me entero que no se conoce su origen, pero es (o era) muy usada con el sentido de holgazanería, pereza, flojera o pocas ganas de hacer algo (especialmente debido al calor). Sí, no te rías, ahora ya sabes por qué me acordé de esta preciosa palabra.

“Ya viene la galbana por aquel cerro, venga o no venga yo ya la tengo.” ¿De dónde habré sacado yo esta frase que me viene a la memoria? La busco en San Google y resulta que es un cantar de trilla, que está incluida en un diccionario dialectal de “Peraleda de la Mata”, un municipio español de la provincia de Cáceres, en la comunidad autónoma de Extremadura. En realidad, está recogida como “garbana”, pero con el mismo significado.

Y en este diccionario me dan su versión del origen de la palabra: “Galbana viene del latín galbanum, que a su vez la tomó del griego χαλάβνη (pronunciado jalbane), que la tomó del hebreo helbenah y éste del sumerio hilbaluhu.

El nombre se refería a una planta que crece en Persia (Ferula galbaniflua), muy parecida a la de los anises. De ahí se saca una resina gomosa llamada gálbano, que es uno de los componentes que la Biblia menciona para crear el incienso. Con una antorcha hecha de esta planta fue como Prometeo robó el fuego a los dioses para entregárselo a la humanidad.

Durante siglos se ha usado tanto para incienso, como para embalsamar, como para todo tipo de remedios medicinales. Elimina toxinas, trata la contusión, esguince, agujetas, calambres, y su aroma también se usa para relajar el sistema nervioso. De esa capacidad de relajar los nervios y de distender los músculos vendrá, sin duda, la asociación con la pereza y la flojera.

¡Pero bueno, si hemos llegado hasta Prometeo y el embalsamamiento! ¡Menos mal que estaba con galbana!

Claro que, habiendo vivido media vida en Argentina, yo hubiera usado una palabra no menos preciosa: la “fiaca”. Ese estado en el que una persona tiene falta de voluntad, entusiasmo o energía para emprender algo o desarrollar alguna actividad. Tener fiaca o estar con fiaca, alude a la flojera, la pereza, la indolencia o la falta de ganas de hacer algo, una sensación de desgano que puede ser física o mental.

La palabra “fiaca” viene del italiano “fiacca” que significa cansancio, lentitud o pereza. A su vez, proviene del latín cuyo término “flaccus” se usaba para referirse a algo de poca fuerza, blando, endeble o flácido. Efectivamente, cuando nos sentimos con fiaca, nuestro cuerpo parece que tiene menos fuerza. Con el paso del tiempo, la palabra viajó a través de las corrientes inmigratorias y se incorporó al lunfardo rioplatense. Pero no fue hasta el 2014 cuando entró al diccionario de la RAE.

Da fiaca algo que es arduo, aburrido o poco motivador. No es probable que un individuo tenga fiaca a la hora de irse de vacaciones. En cambio, un adolescente puede tener fiaca si debe estudiar para un examen. Un domingo por la tarde, después de comer y sabiendo que no tengo necesidad de ir a trabajar, me da fiaca. Y si nos ataca la fiaca, necesitamos un sillón donde descansar un rato y tal vez una película para dormirla sin cargo de conciencia.

Entonces me acuerdo de mi amado Julio Cortázar en su libro “La vuelta al día en ochenta mundos”: «Aquí en París leo pocas cosas rioplatenses porque los afrancesados, señora, somos terribles… Cuando por ahí sale el gran libro, es lógico que se envidie desde nuestras tierras el uso que es capaz de hacer el genio de una lengua como la francesa o la inglesa… Lástima que aquí, tristemente, se inserte otra vez la falta de ganas de pelear, la ingenuidad o la canallería de querer recoger el botín sin haber dado un solo buen tajo, la fiaca rioplatense tan loable en verano a la hora de la siesta, tan aconsejable entre libro y libro, pero que no se conforma con amueblarnos de sueños y mate amargo los ocios magníficos del hombre rioplatense, sino que es culpable de buena parte de nuestra bibliografía contemporánea.»

“La fiaca” es también una comedia de Ricardo Talesnik, dramaturgo, autor y director argentino de ascendencia polaca. La primera vez que se representó en Argentina, en 1967, fue por Norma Aleandro y Norman Briski. Narra la vida monótona de Néstor Vignale, un hombre que, un día, de pronto, se rebela y decide no ir a su trabajo ni realizar ninguna tarea en el hogar y, en su lugar, jugar, divertirse y holgazanear. No está enfermo, ni tiene problema alguno que le impida concurrir a su empleo. Sólo eligió faltar, holgazanear en su cama, disfrutar del placer de apagar el despertador sin levantarse y tratar de romper con su rutinaria vida. Tiene “fiaca”. La realidad golpea la puerta de su casa y sus amigos, familiares y jefes le exigen que reaccione, que no se salga del sistema ni lo desafíe, que vuelva al trabajo y que deje de lado la libertad que ansía.

Con la dirección de Carlos Gorostiza, estuvo interpretada por Norman Briski, Julio De Grazia, María Cristina Laurenz y Pepe Novoa. En 1969 fue llevada al cine por el director y guionista Fernando Ayala y sus protagonistas fueron Norman Briski, Norma Aleandro, Jorge Rivera López y Lydia Lamaison.

Os traigo una escena de la película “La fiaca”:

Los tiempos han cambiado, las preocupaciones son otras, pero a casi medio siglo de su estreno, “La Fiaca” vuelve a plantearnos un interrogante vigente: ¿es posible bajarse, aunque sea por un ratito, de la rueda frenética que nos impone un mundo que ahora, además, está globalizado, rutinario y mediocre? Me da fiaca pensarlo siquiera.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

3 comentarios sobre “Galbana, fiaca

  1. ¡Menudo análisis etimológico, Marlen! Lo has expuesto con tanta maestría narrativa que va a resultar harto difícil que me olvide de esas dos palabras: galbana y fiaca. Y la canción de Pablo Guerrero ilustra de forma especial el excelente trabajo que has hecho. Cuantos recuerdos…
    Felicidades y muchas gracias por permitir que lo disfrutemos.
    Un brazo.

    Daniel A.M.

    1. Hola Daniel
      🤣😂🤣 Entonces ¡Objetivo logrado! Porque lo que me apetecía era hablar de esas dos preciosas palabras: galbana y fiaca. Y no sólo porque suenan bonito, sino porque representa toda una filosofía de vida: eso de aprovechar esos ratitos perdidos para hacer «nada». ¿Te acuerdas cuándo lo intentaste la última vez?. ¡Ah y perdón por tardar en contestar a tu comentario, que agradezco mucho! ¡Tenía fiaca!
      ¡Me alegro de haber removido recuerdos! Gracias a ti, por acercarte y escribir. Un abrazo fuerte.
      Marlen

Deja un comentario

error: Content is protected !!

Descubre más desde El blog del Trujamán

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo