Nadie sabe dónde está Alésia

A veces los cómics son una creación de ficción, a veces tienen algún evento que les sirve de punto inicial. Pero a veces, los autores sitúan a sus héroes y villanos en un lugar y un tiempo determinado de la historia con tanta rigurosidad que uno aprende más de un librito aparentemente inofensivo, que de un libro de historia al uso.

Astérix, Obélix, Panoramix, Falbala, Idéfix y tantos otros, viven alrededor del año 50 a. C. en una aldea ficticia al noroeste de la Galia, la única parte del país que no ha sido conquistada aún por los romanos comandados por Julio César.

Para quien aún no ha tenido la fortuna de descubrirlo, os diré que “Astérix le Gaulois” es una serie de historietas cómicas francesas creada por el guionista René Goscinny y el dibujante Albert Uderzo, que apareció por primera vez el 29 de octubre de 1959 en la revista “Pilote” antes de publicarse como álbum.

¿Recordamos la característica introducción de todas las historietas?: “Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste, todavía y como siempre, al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios romanos en los reducidos campamentos de Babaorum, Aquarium, Laudanum y Petibonum…”

“¡Nadie sabe dónde está Alésia!” es una frase recurrente en los cómics de Astérix. Nadie parece querer recordar este lugar, y es por un buen motivo: en la historia real, Alésia fue un recuerdo nefasto para los galos.

El cómic, que se convirtió en uno de los más famosos y vendidos de la historia, se inspiró en parte en esta batalla que estuvo a punto de aplastar a Roma en su expansión por aquella región de Europa. Un enfrentamiento enmarcado dentro de la guerra de las Galias que, en su conjunto y a diferencia de lo reflejado en la obra de Uderzo y Goscinny, está considerada como uno de los grandes éxitos militares de César y todavía se estudia como un ejemplo clásico de sitio a una fortificación.

Cuando se inició esta guerra de siete años, desde el 58 hasta el 51 a. C., los romanos y los galos llevaban tres siglos y medio enemistados. Un tiempo en el que, según la tradición, estos últimos llegaron, durante un tiempo, a apoderarse de la ciudad de Roma.

Desde entonces, invadir las Galias se convirtió en una obsesión para César, la venganza que necesitaba contra aquellos crueles bárbaros que habían capturado y humillado a los habitantes de su capital, muchos de los cuales tuvieron que huir.

Julio César, que años después se convertiría en el dictador de Roma, no había comprendido que su dominio inicial sobre ellos era mucho más frágil de lo que pensaba, ya que sus victorias venían acompañadas de desproporcionadas recaudaciones de impuestos. Fue entonces cuando los galos entendieron que divididos nunca recuperarían la libertad.

Vercingétorix asumió el poder como rey de los Arvernos (actual Auvergne) en el 52 a. C. Inmediatamente estableció una alianza con otros pueblos galos, tomó el liderazgo del mando, combinó todas las fuerzas y los condujo en la mayor revuelta de las tribus galas contra el poder romano.

Pero César logró explotar las divisiones internas entre los pueblos galos para subyugar fácilmente sus territorios y en la batalla de Alésia los romanos sitiaron y derrotaron sus fuerzas. Para salvar a tantos hombres como fuera posible, Vercingétorix se entregó a los romanos. Estuvo preso durante cinco años. Y en el año 46 a. C. fue exhibido en las calles de Roma durante el desfile triunfal de César y luego ejecutado.

Esta derrota supuso el inicio del dominio romano total sobre la Galia. No es extraño, pues, que Astérix y sus amigos no quisieran recordar tal desgracia.

Desde luego, cuando crearon sus personajes, Uderzo y Goscinny se basaron en lo que se sabía de los galos en los años 50, ya que el primer álbum de Astérix es de 1959. Claro que desde entonces, los historiadores y arqueólogos saben mucho más sobre lo que era realmente la vida en la Galia.

Los verdaderos galos no usaban casco alado, ni se dedicaban a la caza de jabalíes, ni tenían una poción mágica. ¡La historia hubiera sido un poco diferente!

Los pueblos galos también estaban muy lejos de la imagen que dan los álbumes. No se trataba de pueblos, sino de mercados donde se intercambiaban los productos esenciales, con granjas a su alrededor donde se mezclaban la ganadería y el cultivo de legumbres.

En el cómic, Vercingétorix tira sus armas sobre los pies de César, durante su rendición en Alésia, haciendo saltar de dolor al jefe romano. Pero esto es una fantasía, ya que Vercingétorix llegó ante César con las manos atadas y sin sus armas.

En una entrevista, Uderzo explicaba que el objetivo nunca había sido hacer una traducción real de la historia de los galos, pero que sin embargo habían consultado algunas obras históricas para crear el universo de Astérix. «No somos historiadores, somos humoristas» recordaba.

Lo curioso del asunto es que, realmente, nadie supo dónde estaba Alésia durante siglos. Aunque fue reconstruida como una ciudad galorromana, no sobrevivió a la caída del Imperio Romano de Occidente. Actualmente se sabe que se encontraba en la colina de Mont Auxois, en Bourgogne. Allí se alza ahora una estatua de Vercingétorix, el hombre que osó desafiar a César y que, aun perdiendo, pasó a la historia.

¿Modelo de cacique galo para nuestro amigo Astérix? ¡Quién sabe!

¿Alesia? ¡No conozco Alesia! ¡Yo no sé dónde se encuentra Alesia! ¡Nadie sabe dónde se encuentra Alesia!

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

3 comentarios sobre “Nadie sabe dónde está Alésia

  1. Esa idea de que un cómic puede enseñarte más que un libro de texto ya te engancha, y el salto a la aldea de los irreductibles galos me sacó una sonrisa nostálgica. Esa frase icónica de “¡Toda la Galia está ocupada…!” es como un himno que te transporta directo a las páginas de Goscinny y Uderzo. Me pareció muy curioso lo de que los galos de verdad no tenían cascos alados ni pociones mágicas (¡vaya decepción, Panoramix!). Pero, sobre todo, me quedo con esa sensación de que Astérix no solo es un cómic para reírte, sino una puerta a imaginar cómo era la vida en la Galia, aunque sea con un toque de humor. Ese comentario de Uderzo de “no somos historiadores, somos humoristas” resume el espíritu del cómic. Y el detalle final sobre la estatua de Vercingétorix en Mont Auxois me dejó con ganas de leer más sobre Alésia.
    Un abrazo!

    1. Hola Marcos
      Hace rato que pensaba en hablar un poco sobre Astérix y cómo pobló nuestra infancia con nombres, lugares que luego descubrimos eran algo más que un simple cómic. ¿Nostalgia? Nooo, yo todavía, de vez en cuando, vuelvo a ellos. No puedo resistirme, aunque las películas no me atraen nada, necesito ver los detalles y sentir su voz por dentro. ¡Problemas de vivir ya desde hace bastantes soles y lunas! ¡O beneficios, quién sabe!
      Lo de los cascos alados lo puse a raíz de una pregunta de mi sobrino que, atrapado por las influencias de su tía, se interesa por el mundo de Goscinny y Uderzo. 😂🤣
      Como a ti, el comentario de Uderzo de “No somos historiadores, somos humoristas” me parece que resume perfectamente el espíritu del cómic, porque es cierto que son unos excelentes humoristas, pero han tenido la brillante idea de nutrirse de la realidad para contar una historia que entretiene, hace reír, pero también pensar y aprender. ¿Te has quedado con ganas de leer más? ¡Fantástico! porque ese es también el fin de estas entradas.
      ¡¡Muchas gracias por pasarte por aquí y por acercar tu comentario!! Un abrazo fuerte
      Marlen

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