Una puerta mágica a otra dimensión

En el corazón de la Sierra de Entzia, al este de Álava, en Euskal Herria, existe un rincón donde el tiempo parece detenerse y las montañas guardan un secreto antiguo: el Arco Pétreo de Zalamportillo. No hay señales que lo anuncien ni carreteras que lo acerquen del todo. Para encontrarlo, hay que seguir senderos apenas marcados, cruzar hayedos húmedos y dejarse guiar por el rumor del viento entre los árboles.

Dicen que el arco no se busca, se encuentra. Y que sólo aparece completo cuando el sol lo atraviesa al amanecer o al caer la tarde. El resto del día, su silueta se confunde con la roca, como si la montaña no quisiera revelar del todo su misterio.

Esta joya esculpida en piedra no es la única gema del lugar, pero sí la más llamativa, por su forma ahuecada, su simbolismo mágico y por el paraje que la rodea, un hayedo que en otoño alcanza su esplendor compitiendo con el misterio de menhires, túmulos y dólmenes prehistóricos que se esparcen por la zona.

Zalamportillo es una formación natural esculpida por miles de años de erosión, una enorme ventana de piedra que se abre sobre un paisaje que quita el aliento: un valle verde y silencioso, salpicado de hayas centenarias y líquenes que parecen esmeraldas.

Pero la belleza geológica no es lo que atrae a los curiosos, sino la leyenda que la envuelve desde tiempos inmemoriales.

Cuenta la tradición que el arco misterioso es el portal a otra dimensión más pintoresco de las formaciones rocosas que salpican la serranía de Entzia, un umbral entre el mundo visible y el invisible.

Los pastores de la zona relatan que, en ciertas noches de luna nueva, la piedra emana una luz azulada y un murmullo como de voces lejanas.

Algunos hablan de seres diminutos. Son los gentiles que custodian el arco y se esconden entre los helechos. Otros aseguran que si uno cruza el arco con el corazón inquieto, desaparece durante horas… o para siempre.

En las aldeas cercanas, todavía hay quien recuerda el nombre de Martzelina, una pastora que, según la historia, entró por curiosidad y regresó días después, con el cabello completamente blanco y la mirada perdida.

Cuando le preguntaron qué había visto, sólo dijo: “Allí no hay tiempo. Todo lo que fue y todo lo que será, están allí, quietos, mirándonos.”

El camino hacia el misterio no es fácil, pero sí inolvidable.

Lo recomendable es iniciar la caminata desde el aparcamiento de la Majada de Mazkia, situada a unos 50 metros de la Fuente de los Alemanes, en el Puerto de montaña de Opakua de 1022 metros. Este balcón natural está rodeado por bosques de altiplano, con bellas hayas. Y también hay zonas de pasto con matorrales de brezo y enebro. Desde ese lugar arranca una pista forestal, en otoño tapizada por un manto de hojarasca de tonos ocres que serpentea entre robles retorcidos y prados que parecen flotar en la niebla.

A medida que se asciende, el aire se vuelve más fresco, más limpio, más puro.

Durante el trayecto, de unos 6 km de longitud (ida y vuelta) y unos 80 metros de desnivel, el sendero combina tramos oscuros por la frondosidad de las hayas y también de robles centenarios como los de Munain y Okariz.

Algunos robles sorprenden por sus gigantescas dimensiones

De vez en cuando, el caminante puede traspasar pequeños lechos de arroyos o puede escuchar el murmullo del agua que cae por las cercanas tuberas cubiertas de musgo, sobre las que se deslizan las aguas discretas del otoño y las más orgullosas del invierno.

Asimismo, durante la caminata, en algunos tramos, también se abren miradores naturales sobre la Llanada Alavesa, con los montes Baio y Mirutegi en el horizonte, y valles con pastizales donde se ve campar a potros, vacas y ovejas.

Hay un momento —los montañeros lo saben bien— en que se siente un silencio absoluto, como si hasta los pájaros contuvieran la respiración.

Y entonces aparece el arco. Gigante, natural, casi perfecto.

La luz atraviesa su oquedad y dibuja un halo dorado sobre el suelo cubierto de musgo.

A su alrededor, el aire parece vibrar. Algunos excursionistas aseguran que las brújulas enmudecen en ese lugar, que los relojes se detienen unos segundos, y que al salir del arco el paisaje parece distinto, aunque nadie pueda explicar el porqué.

El paraje es conocido como el Laberinto del Arno, un entorno kárstico de caprichosos rincones donde, además de esta roca arqueada, se encuentran otras formas fantasmagóricas, unas con rostros que recuerdan a ogros y otras más amables como la llamada Roca del Conejo.

Curiosas formaciones de roca kárstica moldeadas por el tiempo

Los geólogos explican que Zalamportillo es el resultado del trabajo paciente del viento y del agua, un arco natural de arenisca erosionada durante millones de años.

Pero los habitantes de Entzia prefieren pensar que hay algo más. Y quizás tengan razón: la ciencia puede describir la forma, pero no puede medir el asombro.

Visitar Zalamportillo es una experiencia casi espiritual. No hay templos, ni altares, ni muros, pero la piedra parece guardar la memoria de quienes la miraron con respeto.

A veces, cuando el sol se esconde tras la sierra y el cielo se tiñe de cobre, uno siente que todo vibra: la hierba, la piedra, el cuerpo y, por un instante, el mito deja de ser un cuento para convertirse en una posibilidad.

Luego, en el regreso, al bajar del monte, uno vuelve distinto.

Quizás sea el aire limpio o el silencio. O tal vez sea que, al mirar hacia atrás, el arco ya no está donde estaba. Sólo queda el hueco, la duda, y esa sensación inexplicable de que algo nos observó desde el otro lado.

Difícil atrapar Zalamportillo en una fotografía. Hay que caminarlo, respirarlo, escucharlo.

Porque, como dice un viejo pastor de la zona, con una sonrisa y la mirada fija en la montaña:
“Algunos vuelven del arco con barro en las botas.
Otros, con luz en los ojos.
Los que no ven nada… es que no estaban listos para mirar.”

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

8 comentarios sobre “Una puerta mágica a otra dimensión

  1. ¡Ay, Marlen!
    Y que haya gente que viaja por el mundo buscando el paraíso. Si está aquí mismito, bien cerquita. Bueno, tú lo tienes más cerca que yo. 😉🤟🏻
    La verdad es que la propia naturaleza se encarga de fabricarnos hermosos cuentos y la imaginación de los que tenemos la mente abierta, lo enriquece con la fantasía. ¡Qué preciosidad!
    Ya me gustaría a mí atravesar esa «puerta», a ver si me pasa lo contrario que a la pastora y regreso hecho un chavea. 😜😝
    Aunque, lo mismo le doy vueltas al cuenta-kilómetros y regreso siendo un niño en la siguiente vida. 😂😂
    Muchísimas gracias, amiga, por traernos estos parajes tan bellísimos y alentar nuestra imaginación.
    Abrazo Grande.

    1. ¡Ay Jose! Con lo maravilloso que es viajar buscando el paraíso, por el mundo o cerquita, pero ¡¡¡VIAJAR!!! Es una de las cosas que más extraño. Por lo menos, tengo algunas fotos y cosas que escribía en mis viajes. Los recuerdos y la imaginación hacen el resto. Revivir esas experiencias es realmente un placer.
      Tienes razón, la naturaleza se encarga de regalarnos lugares paradisíacos, aunque no todos los humanos están preparados para apreciarlo, una gran mayoría está ocupada en la zona negra de la vida y pasan por delante de la magia , con gafas oscuras.
      ¡Ah, un detalle! No desees darle vueltas al cuenta-kilómetros y regresar siendo un niño. ¿Pa qué? ¡Si ya lo eres! Sino, no estaríamos charlando en estos términos 🤣😂🤣
      Gracias a ti Amigo, por disfrutar de estos rincones como auténticos privilegiados que somos. Y gracias, como siempre, por tu comentario. Un abrazo grandote.

    1. Hola Uxue
      ¡Anímate, es un lugar precioso para recorrer! Aunque te aconsejaría que dejes pasar un poco de tiempo, estas lluvias y vientos fuertes hacen el paseo menos agradable. ¡Pero no importa! También tenemos planes para estos días. Hoy el mar, a pesar del xirimiri, estaba espectacular.
      Me alegro que te haya gustado el cuento. Gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte.

      1. ¡Hola!
        Lo conozco y voy a menudo, por eso lo de que puede que nos crucemos, quién sabe, ¡quizás ya hemos coincidido! Vengo de familia de montañeros y Opakua es una zona especial para nosotros; de hecho, hay un punto cerca del laberinto donde vamos a recordar a mi padre.
        Y me ha gustado mucho cómo has presentado esa zona tan mágica en tu entrada.
        Un abrazote 🙂

        1. Hola Uxue
          Yo hace bastante que no voy por allí, me resulta difícil movilizarme. Pero Navarra es un territorio que amo y me encanta. La familia de mi madre es guipuzcoana y la de mi padre navarra.
          Tenía un tío montañero: Esteban Larrayoz que me hizo recorrer la tierra de mi padre y su hermano. Ahora solemos pasar temporadas en el caserío familiar de Gulina. ¿Tu familia es navarra? Lo digo por el lugar donde recordáis a tu padre. Un lugar mágico para hacerlo.
          Me alegro mucho que te haya gustado el relato, sobre todo por lo que representa para ti. Besarkada haundi bat.

          1. Mis madre es de Cáceres, de niña fue a Oñati y de allí a Vitoria. Mi padre es de Zamora y también fue a Vitoria jovencito. Esa zona queda muy cerca de allí, justo ahí se juntan Álava y Navarra. Yo vivo en Oñati.

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