La necesidad de ser solidaria

“Cuando se producen tragedias como la que ahora nos duele, cuando el mundo que conocíamos se pone cabeza abajo sin que nadie sepa qué hacer, como ahora nos pasa; incluso cuando se sigue cocinando a fuego lento y sin testigos un genocidio como el que hemos permitido en Palestina; cuando el emperador muestra al desnudo sus intenciones de darnos por saco y hay más necios que sabios en la sala en donde se reúnen quienes tienen que defendernos.
Cuando todo eso sucede a la vez, hay algo que echo en falta profunda y conmovidamente. Ser joven, tener energía, ser periodista como tantos colegas que están dando el callo; trabajar día y noche hasta reventar para poder, en el fragor del minuto a minuto, anestesiarme y centrar la mente sólo en el hecho de informar.
Solía decir que un periódico (uno bueno, se entiende; o cualquier medio audiovisual decente) ordena la actualidad y, al hacerlo, proporciona un asidero al que podemos aferrarnos. Al priorizar sus contenidos crea una especie de mapa que nos obliga a reflexionar a la hora de palpar nuestras heridas.
Era algo, eso que lamento no estar en condiciones de ofrecer, que ayudaba a sobrellevar la pena. En estos momentos sólo se me ocurre una forma de sustituir esa sensación de que estar metida en la acción y contarla aclarando las indicaciones del mapa podía servirme para algo.
Pienso que estar cerca, ser un buen ciudadano, alguien que arrima el hombro para ayudar en la catástrofe, es el único modo de soportar medianamente la aflicción.
Divagaciones de vieja profesional aparte, creo que en estos días aciagos estamos bastante jodidos quienes no podemos ni siquiera donar sangre.”

Estas palabras se las escuché a la periodista Maruja Torres en la cadena Ser, el día después del descarrilamiento del tren de Adamuz. Pero se aplican a cualquier tragedia que implica a nuestra comunidad. En esos momentos, necesito reflexionar, priorizar contenidos, necesito un mapa, un apoyo donde palpar las heridas, recuperar fuerzas para seguir sosteniéndome en medio de la angustia y el dolor, y pensar en algo que pudiera ayudar por lo menos a una persona.

Muchas veces, esa necesidad de ser solidaria, ese “arrimar el hombro” se trasluce en una entrada en mi Blog del Trujamán. ¡Y doy gracias por ello!

Hay personas que no saben vivir del todo bien si se desentienden de lo que ocurre a su alrededor. No porque sean mejores ni más generosas por naturaleza, sino porque algo interno se les desajusta cuando eligen la apatía. Como si ignorar al otro tuviera un costo íntimo, silencioso, pero persistente.

Ser solidario no siempre nace de una gran convicción moral. A veces nace de una incomodidad. De esa sensación difícil de explicar que aparece cuando vemos una injusticia, una carencia, un dolor ajeno y seguimos caminando como si nada. El cuerpo avanza, pero algo se queda atrás. Y esa grieta, pequeña al principio, se ensancha con el tiempo.

Vivimos en una época que premia la distancia emocional. Se nos enseña, de manera explícita o no, que involucrarse es peligroso, que comprometerse desgasta, que mirar de cerca, duele. Y es cierto: duele. Pero también ocurre algo menos evidente y más grave cuando no miramos: nos vamos desconectando de nosotros mismos.

La apatía no es neutral. No es una simple falta de acción. Es una forma de renuncia. Renuncia a la idea de que lo que le ocurre a otros también nos afecta, aunque sea de manera indirecta. Renuncia al vínculo. Renuncia a la responsabilidad compartida de habitar un mismo planeta, un mismo tiempo, una misma comunidad.

Ser solidario no implica cargar con todos los problemas del mundo ni vivir en un estado permanente de sacrificio ni de angustia. Implica algo más sencillo y más profundo: reconocer al otro como parte del mismo paisaje humano. Entender que nadie vive aislado, aunque lo intente y que el bienestar individual siempre está entrelazado con el colectivo.

Quien elige no ser apático suele hacerlo porque intuye que la indiferencia empobrece. No sólo a la sociedad, sino a la propia vida. Ayudar, involucrarse, participar —aunque sea en gestos pequeños— devuelve una sensación de pertenencia que ninguna comodidad individual puede reemplazar.

Nos recuerda que no estamos solos ni somos autosuficientes, y que eso no es una debilidad, sino que forma parte de la condición humana.

La solidaridad, en ese sentido, no es sólo un acto hacia afuera. Es también una forma de cuidado interior, un modo de sostener la propia coherencia, de poder mirarse al espejo sin la sensación de haber pasado de largo cuando algo pedía atención.

Estoy segura de que no podremos cambiar grandes estructuras ni resolver grandes conflictos. Pero sí podemos decidir cómo nos posicionamos frente a ellos. Si elegimos la indiferencia como refugio, o la implicación como forma de estar vivos.

Porque, al final, la comunidad no es algo abstracto, está hecha de personas concretas y cada gesto cuenta más de lo que parece.

La solidaridad no es épica, es cotidiana.

No ser apático no nos convierte en héroes. Pero nos mantiene humanos.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “La necesidad de ser solidaria

  1. Efectivamente, Marlen.
    Solidaridad, empatía, respeto, educación… tantas palabras preciosas que nos harían mucho mejores en la convivencia a la que, aunque no queramos, estamos obligados.
    Como siempres nos dices con tus artículos, hay mucha más «güena gente» que de la otra, pero no suelen salir en las noticias.
    Sigamos teniendo esperanza.
    Abrazo Grande.

    1. Empiezo por el final. Estoy convencida que hay mucha más gente educada, sensible, empátíca que los que tienen el «privilegio» de salir en las noticias y/o en las redes. Pero son los que están empeñados en hacer del mundo un lugar más amistoso y acogedor. Y piensan que no es noticia, es simplemente «lo que hay que hacer», sin más.
      Por otro lado, también estoy segura que, así como de pequeños nuestros padres se preocuparon porque estuviéramos vacunados contra las posibles enfermedades, en ese gesto de prevención iban incluidas las dosis de educación, respeto, gratitud, generosidad, honestidad, responsabilidad, perseverancia, tolerancia, diálogo, perdón… Y la vacuna se inyectaba con una jeringa llamada «Ejemplo diario». Si recuperáramos la costumbre de las vacunaciones y convencemos a los antivacunas, nuestro mundo sería mucho más agradable para todos. Pero eso es trabajo de todos y significa esfuerzo. 👍Esperanza🤝
      Un abrazo grandote.

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