Presunción, prisión y castigo

La encontré en el álbum de las fotos de mi juventud. Mi habitación, dibujos, el póster de Pierre Clémenti, actor francés que se había convertido en mi predilecto.

Nacido en 1942, Pierre se había comprado una cámara, había filmado sus películas, su carrera de actor se expandía bajo la dirección de Luchino Visconti, Luis Buñuel, Bernardo Bertolucci, Pier Paolo Pasolini…, cuando rodando en Roma, el 24 de julio de 1971, llegó la policía al departamento de la amiga donde él estaba residiendo con su hijo Balthazar de 5 años.

En el registro que realizan, encontraron unos gramos de cocaína. Balthazar contaba que un policía había dejado el paquete bajo la cama, le había dicho que volviera a dormir. Pero a un niño, ¿quién le hace caso?

Italia vivía un periodo de intensa inestabilidad política, de movilización radical donde la lucha de clases, las nuevas formas de activismo juvenil chocaban con el orden establecido. Gobiernos democristianos trataban de mantener el control ante el creciente poder del Partido Comunista y la sociedad italiana continuaba radicalizada tras los movimientos de 1968. El país era un escenario de confrontación. La contracultura no era sólo un fenómeno cultural, sino una fuerza política que buscaba transformar radicalmente el Estado.

El poder utilizó a Clémenti como ejemplo. Estrella de cine, ícono de la contracultura… arquetipo a perseguir.

Lo encerraron en la prisión de Regina Coeli bajo simple presunción. Pierre negó haber conocido la existencia de la droga. Esperará 8 meses antes de ser juzgado, será condenado a 2 años de reclusión, obtendrá la desestimación del caso en apelación, después de 18 meses de prisión. Saldrá marcado de por vida.

Su libro es testimonio contra el fascista código penal italiano, el régimen carcelario y la sociedad represiva, reclamando humanidad en las prisiones.

En esos días de declaraciones en el tribunal, ante las falsas acusaciones, Clémenti opta por el silencio, callar ante quienes lo juzgan, con una rebeldía que pretende hacer reflexionar al tribunal. Callando intenta que sus jueces sean conscientes de su inocencia. Piensa que no les debe nada, que tiene el mismo derecho que ellos a callar. El hombre mudo al que juzgan les hace oír su propio juicio.

Cuando el presidente del tribunal acabó su alegato, Pierre estaba convencido que la sentencia ya estaba dictada antes de oír a los testigos. Ese no era un proceso contra él, sino un proceso contra los drogadictos. Daba lo mismo la importancia de la verdad, incluso la importancia de ese ser a quien estaban juzgando. Lo único que hacía falta era que el caso fuera ejemplar, que él tuviera la apariencia del retrato-robot del drogadicto, que a los ojos de toda la sala pudiera encarnarlo, que le pudieran identificar en el rol: separado, viviendo con una mujer que no es su mujer, con el pelo largo, pinta de hippy, actor de cine…

Pero aún era más grave. La droga no estaba en la sala más que como un pretexto, como un símbolo. No era sólo la figura del drogadicto la que era blanco de los ataques. A través de él, a quien se acusaba era a los bastardos de la sociedad, a la fraternidad de los marginales, de aquellos que no viven de acuerdo a las normas de la sociedad.

En los primeros días del proceso Pierre Clémenti sufrió la decepción de querer explicar su inocencia, pero faltarle las fuerzas para hacerlo. Luego, cuando comprendió porqué él estaba ahí, para qué servía el teatro del proceso, que castigándolo la justicia italiana ponía un ejemplo a la sociedad, decidió callar. Era mejor que el silencio permitiera que los jueces ejecutaran su tarea, que todos vieran hasta dónde estaban dispuestos a atreverse.

El gran dolor que le atormentaba era comprobar que esa cohorte de abogados vivían tratando de endilgar cuatro, cinco años de prisión a decenas de hombres que habían tenido la mala suerte de haber nacido pobres.

Cuando el hombre fue expulsado del paraíso, no se le privó de estar con su esposa, se le permitió fundar una familia, no le aniquilaron. Pero los hombres que veía en el tribunal destruían a los pecadores. Y Pierre, desde su sitio de acusado, los recusaba porque no existía justicia en sus palabras.

Ahí estaban, ocupados en su caso, preguntándose si su infancia difícil y sin padre podía ser una causa atenuante… falsas preocupaciones. Simulaban interesarse cuando ya se habían olvidado de él, cuando ya le han condenado. Con sus respuestas no esperaban conocerle mejor, únicamente confirmar la condena. 

“La predisposición de Clémenti demuestra una predisposición psíquica al uso de drogas. El asunto está cerrado, nadie te condena salvo tú mismo y tus ideas dan testimonio suficiente de ello” dijeron.

¡Pero no hay pruebas! ¡Cómo que no, mírelo!

El veredicto era irrefutable: todos los hombres con su aspecto son sospechosos y todos los sospechosos son culpables.

Para todos aquellos que, erigidos en detentores del orden moral, no conciben que los jóvenes del mundo puedan soñar con otro ideal que no sea “Dios, Patria y Familia”, la droga es la explicación suprema.

En la ley italiana no se establecía diferencia entre el uso y el tráfico de droga. A propósito del proceso de Pierre Clémenti y de su repercusión en la prensa, se cambió la ley, ya que contradecía el principio constitucional de igualdad. El nuevo texto dirige a uno a un centro de desintoxicación y reserva la prisión para el otro.


EL TINTERO DE ORO (ABRIL 2026)

El Tintero de Oro nos propone el
Concurso de relatos 51ª Edición
La propuesta de esta edición es escribir un relato
cuyo tema sea el destino y en cómo influye este,
positiva o negativamente, en nuestra vida.
La extensión no podrá superar las 900 palabras.
Si queréis leer el resto de los escritos presentados:
Concurso El Tintero 51º Edición

https://concursoeltinterodeoro.blogspot.com/2026/04/concurso-de-relatos-51ed-cien-anos-de.html

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

40 comentarios sobre “Presunción, prisión y castigo

  1. Hola, Marlen, cuántas reflexiones nos planteas, genial tu crónica y ese «nadie te condena salvo tú mismo» dice mucho más de lo que expresa. También me ha gustado mucho la foto y que esa foto sea el detonante de tu historia.
    Muchas gracias por participar en el reto del Tintero.
    Un abrazo. 🙂

    1. Hola Merche. Ante todo, gracias por la organización del Concurso. Es un placer participar.
      Y me alegra que te haya gustado mi relato. Me ha quedado siempre presente el caso de este actor porque me parecía increíble que pasara tanto tiempo en la cárcel siendo inocente. Y cuando vi el tema del reto, lo tuve claro.
      Gracias a ti por tu comentario. Un abrazo.

  2. Hola, me parece muy valioso que rescates esta historia, porque Clémenti no es un nombre tan recordado como otros de su época, y su caso ilustra con crudeza cómo la justicia puede ser un teatro de poder. La posdata sobre el cambio en la ley italiana —gracias a la repercusión mediática de su proceso— es un respiro de justicia tardía, aunque no borra los 18 meses que pasó en prisión. Un texto necesario sobre la presunción de culpabilidad, las víctimas colaterales del orden moral y la resistencia silenciosa. La conexión que estableces con tu propia fotografía de juventud —el póster de Clémenti en tu habitación— le da al texto un tono íntimo y nostálgico, como si el recuerdo personal activara la memoria histórica. Y esa frase final que citas del tribunal —»nadie te condena salvo tú mismo»— adquiere un significado siniestro en boca de quienes ejercen la condena real: es la victimización del inocente, el cinismo elevado a doctrina. Abrazos virtuales desde Puerto La Cruz, Venezuela.

    1. Hola Raquel. Es cierto, ni siquiera era muy conocido como actor. En Argentina no salían noticias del caso y yo me enteraba por el periódico francés «Libération» que leía en la biblioteca. Como a mí me encantaba, me parecía increíble que estuviera preso siendo inocente. Lo viví con mucho interés y fue el descubrimiento de que a cualquiera, conocido o anónimo, le puede afectar una injusticia de esa magnitud. Del cambio en la ley italiana, me enteré mucho después. No se le dio importancia. ¡Y a mí me parecía la justa aunque tardía revancha a todo lo que había pasado!
      Y no es un invento para el relato, la frase final fue dicha por un abogado en el tribunal. Como bien dices: «el cinismo elevado a doctrina».
      Gracias por tu comentario. Un abrazo.

        1. Sí Raquel. Lo que me hace pensar que ¿si un personaje conocido en su país y ambiente (uno de los testigos de su juicio fue Federico Fellini) tuvo una experiencia así, qué le podía pasar a un ciudadano normal, desconocido?
          Abrazos desde Euskal Herria.

  3. Magnifica cronica de un actor poco conocido ( yo no lo conocía) pese a haber trabajado con directores tan importantes. Aquí, el problema del destino injusto dictado por el todopoderoso, o como se le llame, es que este que nos presentas lo han dictado los hombres, o peor aun , la sociedad humana. Una persona , antes o despues se compadece, o arrepiente o reconoce su error, y la sociedsd es mucho mas insensible. Es como un trsnsatlantico: tarda mucho en frenar o virar.
    ¿COMOo se limpia luego un nombre? ¿Como se compensa el tiempo encerrado?
    AbeZooo y suerte

    1. Hola Gabi. Pues sí, pese a haber actuado en películas de directores famosos, en Argentina prácticamente no se lo conocía. Y luego, cuando le colgaron el sambenito de drogadicto, menos todavía. Pero yo frecuentaba el ambiente francés y me fui enterando de todo el proceso a medida que me fui enamorando de su personalidad y de su mala fortuna. El destino, a veces, es injusto. Pero muchas veces la injusticia tiene una razón que no solemos conocer y que marca una persona de por vida. Tu comparación con un transatlántico es exacta, sólo que las razones que ocultan los grupos de poder son invisibles para quienes no están en ese mundo, especialmente para el acusado que cae en sus redes. ¿Como se compensa el tiempo encerrado? No hay forma de cicatrizar esas heridas, quedan abiertas para siempre.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo de Marlen.

  4. Eran otros tiempos, a fe mía, regidos por leyes que hoy se nos antojan harto severas y draconianas; días en los que, por el mero hurto de un mendrugo de pan, se veía una expuesta a que le cercenaran brazos y piernas sin rastro de misericordia. Y todo aquel rigor resultó ser en vano, pues la sociedad persistió en sus latrocinios y hoy en día es empresa de romanos hallar a alguien que sea hombre de bien y de probada honradez.

    Lo propio le aconteció al caballero que tenéis a bien mencionar: si fue dado a los vicios y hubo de penar por su flaqueza, de nada sirvió tal escarmiento. En este nuestro siglo, andan todos tan marrulleros y entregados al sopor de la morfina que no puede una salir a la calle sin tropezarse con esos zombis, encorvados y perdidos por el vicio del fentanilo, que parecen almas en pena vagando sin rumbo por la vía pública.

    1. Hola Lucia. Gracias por comentar. Te diré que no eran tiempos muy lejanos, no hablamos del medioevo, era el año 1971. Y no estoy de acuerdo en que «hoy en día es empresa de romanos hallar a alguien que sea hombre de bien y de probada honradez.» Y aunque no cierro los ojos a las barbaridades que algunos cometen, estoy convencida que hay muchos más seres que actúan honestamente, trabajando e intentando sacar a su familia adelante con el esfuerzo diario. ¡No son noticia, claro! Pero existen, existimos y no somos pocos.
      En cuanto al hombre, actor y director de cine Pierre Clémenti, a quien doy el protagonismo en mi relato, o no me he sabido explicar o no me has entendido. Porque lo que cuento es la realidad de una persona inocente que pasó 18 meses de su vida en la cárcel sin ser culpable de nada. La prueba está que su caso fue desestimado por no ser verdadero, sino un montaje. No fue «dado a los vicios», «no debió pagar por un pecado que no cometió» Y el escarmiento sí que le sirvió, pero para reflexionar sobre la condición humana. Y para conseguir una ley más justa en la legislación italiana. El tiempo recluído en la prisión no le fue retribuido. A la salida, continuó trabajando, haciendo películas y criando a su hijo.
      Saludos.

  5. Hola Marlen, una crónica muy bien escrita sobre un hombre que yo no conocía. Me parece que el «destino» se ensañó con él. Claro que ese «destino» en realidad fue una combinación de factores: la época en la que le tocó vivir, que su trabajo «pisaba callos», y ese afán por controlar y escarmentar que tienen los gobiernos fascistas. Me parece trágico que le hayan robado tiempo con su hijo, tiempo para crear más cosas, y que sin duda ese tiempo recluído injustamente le afectó. Leí que después de ello siguió trabajando e hizo otras cosas, pero ya no fue conocido tan ampliamente como lo hubiera sido si no vive ese episodio.
    En fin, un gran trabajo Marlen, gracias por presentárnoslo. Se me hizo muy interesante. Abrazo fuerte.

    1. Hola Ana. Totalmente de acuerdo en lo que dices. El destino se ensañó con él porque era la víctima perfecta para usarla como ejemplo en una lucha que no era la suya. Cumplía con el personaje a quien querían juzgar. Y a pesar de que salió libre de cualquier cargo, el tiempo pasado en la cárcel no lo olvidó nunca. La modificación de la ley italiana de estupefacientes fue todo un logro. Muchos de sus ex-compañeros de prisión salieron libres por ella. Siguió trabajando y viviendo con Balthazar. Por supuesto el cartelito de drogadicto le cerró ciertas puertas y le abrió otras. Su reacción fue positiva, creó un grupo de teatro en el que incluyó algunos de los presos liberados. «Les Idoles» traía a escena muchas de sus reflexiones. Los quisieron convertir en super-stars y lograron subir al escenario lo mejor de ellos mismos. Toda una lección de supervivencia.
      Me alegro, Ana, que te haya resultado interesante. Como siempre, gracias por tus comentarios. Un abrazo fuerte.

  6. Hola Marlén, te felicito por cómo has sabido mostrar el destino y a sus ejecutores en esta historia real., y tan real…El mundo se ensaña muy fácilmente con las personas tan expuestas a lo público para dar casi sin esfuerzo «lecciones ejemplificadoras» del poder de turno, como en este caso, o bien para vengarse de quienes no quieren sumarse a sus fechorías. Está maravillosamente relatado, lo que se suma a su verdad. Sí, el destino existe, pero como decía antes, la humana justicia, el poder, la economía etc, son sus ejecutores más visibles. Un abrazo y felicidades

    1. Hola Juana. A veces, el destino se ensaña con alguna persona. Y, a veces, es el poder quien está interesado en utilizar a esa persona para sus propios fines. Pierre Clémenti cumplía con el retrato típico y lo pagó caro, con su libertad. Él explicaba luego que para la burguesía que entraba en pánico porque sus hijos no querían parecerse a sus padres, para entender que aquellos jóvenes no vieran más que desorden, violencia, explotación, injusticia, donde la mayoría no veía más que confort y progreso, para que denunciaran las guerras, a los militares y a las fuerzas públicas que encarcelan los indeseables, sólo había una explicación: las drogas. Así que la lucha contra los drogadictos era indispensable. Por un lado, les permitía lavarse las manos de la realidad, por otro lado les permitía mantener una red penitenciaria que les daba buenos ingresos. La cuestión entonces era «ejemplificar».
      Estoy de acuerdo contigo: «Sí, el destino existe, pero la humana justicia, el poder, la economía etc, son sus ejecutores más visibles.» Y actúan en consecuencia.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo.

  7. Menuda historia, Marlen, y qué bien la has contado. Encoge el alma tu relato. Un hombre con el destino marcado, desde luego, víctima de la época y los prejuicios. Yo no conocía a este actor y qué pena tanto sufrimiento y tanto olvido posterior. Un gran relato. Me ha encantado leerte.

    1. Hola Marta.
      Sí, una vida marcada por el destino , por los prejuicios y por los intereses. La pena es el sufrimiento que debió soportar durante todo ese tiempo que estuvo preso, él y quienes lo querían como su pequeño hijo Balthazar. Por lo menos, tuvo la satisfacción de que, a causa de su proceso, se cambiara la ley de las adicciones en Italia, con lo cual pudo ver a muchos de sus compañeros de celda libres y formando parte del grupo de teatro que formó.
      Como siempre, muchas gracias por tus comentarios. Un abrazo fuerte.

    1. Hola Estrella.
      Gracias por tu comentario. Me alegro que te haya llegado y que hablemos de Pierre Clémenti, un actor y director de cine comprometido con el tema de la justicia y de la realidad penal de la época, con el cariño y la empatía que uno puede tener hacia alguien que ha sufrido una gran injusticia.
      Un abrazo fuerte de Marlen.

  8. Hola Marlen,
    Tremendo el caso que nos presentas, da mucho en que pensar, aunque creo que ya estamos acostumbrados, desgraciadamente a casos ejemplares como el que muestras. Sin duda el destino dejó huella en la vida del protagonista, y él con su caso también dejo huella a su manera en la historia de su país. Un abrazote y suerte en el concurso!

    1. Hola Marifelita.
      Sí, tienes razón, la sociedad se ha acostumbrado a que los poderes utilizan la ejemplaridad para «enderezar» a los mentes pensantes.
      El destino manejado por intereses particulares dejó huella evidentemente en la vida de Pierre Clémentine. Pero su reacción fue fantástica porque no sólo se consiguió el cambio de la ley italiana de estupefacientes. Muchos de sus ex-compañeros de prisión salieron libres por ella. Siguió trabajando y viviendo con Balthazar. Por supuesto el cartelito de drogadicto le cerró ciertas puertas y le abrió otras. Creó un grupo de teatro en el que incluyó algunos de los presos liberados. «Les Idoles» traía a escena muchas de sus reflexiones. A pesar de que salió libre de cualquier cargo, el tiempo pasado en la cárcel no lo olvidó nunca.
      Un abrazo de Marlen.

  9. Enhorabuena. Me ha parecido una crónica muy bien escrita, casi periodística, interesante de principio a fin. Yo no conocía a este hombre pero su historia, por desgracia, es recurrente en este mundo que habitamos. Un abrazo, Marlen.

    1. Hola Eitán. Me alegra que te haya parecido un relato interesante. Sí, lamentablemente, injusticias se provocan a cada momento en esta sociedad que prioriza la individualidad y los intereses particulares a la empatía, la solidaridad y la justicia. ¿Seremos capaces de revertir esta penosa situación? Todo está en nuestras manos y en cómo eduquemos a las próximas generaciones.
      Un abrazo fuerte y gracias por el comentario.

  10. Hola Marlen. En efecto en la época en la que se desarrollan los hechos que narras la contestación social todavía se hacía notar en las calles, y los poderosos temían perder sus privilegios. Todo lo contrario a nuestros tiempos, en los que la domesticación y la individualidad parecen la norma. No conocía el caso de Clementí, pero por lo que he leído fue muy polémico en su día, siendo primero condenado en un controvertido juicio y luego absuelto. Los juicios de valor del juez respecto a que el aspecto físico del actor lo predisponían al consumo de drogas resultarían cómicos como prueba condenatoria, si no fuera porque finalmente fue así. Gracias por evitar que este episodio caiga en el olvido. Un abrazo.

    1. Hola Jorge. Tienes razón, la revolución sin armas de mayo del 68 acababa de hacer tambalear los cimientos. Estudiantes y obreros contra el gobierno de Charles de Gaulle, la sociedad de consumo y las estructuras tradicionales. La mayor huelga general en Francia, paralización de fábricas, medios de transporte, barricadas en el Quartier Latin, toma de la Sorbonne. El «Prohibido prohíbir» y el «La imaginación al poder» ocuparon calles, aulas y habitaciones juveniles no sólo de París, sino del mundo entero porque se propagó como reguero de pólvora, asustando a los poderosos que respondieron intentando ejemplarizar a toda costa. Y Pierre Clémenti era el personaje perfecto: 29 años, soltero con un hijo, pelo largo, aspecto hippy, actor de cine que frecuentaba el ambiente, todo un desafío para las rígidas estructuras del poder italiano. Y lo pagó con su libertad y la peor experiencia de su vida. No sólo por el tiempo creativo y el tiempo de vivir con su hijo que le robaron, sino por los sufrimientos y humillaciones carcelarios que tuvo que soportar. Las palabras de los fiscales y del juez retratan perfectamente el sentido de todo ese teatro montado. Y tienes razón, resultarían cómicos, si no hubieran sido determinantes de las consecuencias.
      Gracias a ti, Jorge, por tu comentario. Ha sido un placer recordar a Clémenti y, por lo visto, hacerlo conocer entre vosotros. Supongo que aquí en España, no fue un tema muy divulgado ya que ninguno de los compañeros lo conocía. Un abrazo fuerte.

  11. Hola, Marlen. Un relato muy interesante el que nos traes. Me uno a los que no conocían a Pierre Clementi. Es un caso paradigmático de un destino fatal, aunque perpetrado por hombres y no por dioses o fuerzas supremas. Como bien indicas, sucedió en una época en la que los prejuicios de cualquier clase, y desde luego los físicos, podían condenar a una persona a un infierno. La forma en la que se repuso, propiciando mejoras para todos, me parece digna de alabarse.

    Un abrazo.

    1. Hola Enrique. Sí, un destino cruel se cebó en una persona inocente. No parece muy interesante, pasa en todos lados, en cualquier época. Pero las reflexiones que en su día me provocaron los hechos y volver hoy a recordarlos con vosotros para que no se pierdan en el olvido, me hacen sentir bien y mal. Bien porque Clémenti reaccionó de la forma más digna que podría esperarse y porque la ley de adicciones italiana fue modificada a raíz de este caso, liberando de las prisiones a cientos de seres inocentes. Mal porque si miro un poco alrededor, me pregunto si verdaderamente hemos aprendido y si somos mejores, más empáticos, más justos, menos prejuiciosos en nuestros días. ¿De verdad los prejuicios no condenan a un infierno a ciertas personas? Seguir luchando es el único camino y hablar de ello, recordar, ayuda.
      Gracias por el comentario. Un abrazo.

  12. A veces a quienes tienen cierta fama la justicia se le aplica con mayor rigor, quizas por envidia o para simplemente «poner en su lugar» a alguien. En italia eran (o siguen siendo) no lo se especialmente estrictos con extranjeros portando droga dentro del pais. Eran penas tan altas que por un gramo de «algo» se pasaban años en prision. Muchos han criticado el sistema carcelario, no parece «ayudar» en particular a quien cae alli. la carcel es como la peor pesadilla que afronta un ser humano. Perder la libertad y encontrarse con un grupete de gente peligrosa, no es nada bueno para alguien que llega alli por una infraccion muy leve.

    1. Hola Jose. Cuando no hay pruebas y se juzga sólo por la apariencia del acusado, hay otras razones para acusar, no se trata de «poner en su lugar» a alguien. Se trata de elegir a alguien que sirva para «ejemplificar», para que sirva de modelo negativo, para escarmentar a un grupo o una clase social. En Italia eran especialmente estrictos con extranjeros portando droga dentro del país. Pero Pierre Clémenti no tenía drogas, se la pusieron bajo la cama del niño para implicarlo. La prueba es que terminaron desestimando el juicio por falta de pruebas.
      Tienes razón en que «Eran penas tan altas que por un gramo de «algo» se pasaban años en prisión». A raíz de este juicio, ocho días después del proceso, se consiguió el cambio de la ley italiana de estupefacientes. Hasta ese momento la condena para un drogadicto y para un traficante eran la misma. Muchos de sus ex-compañeros de prisión (unos 150, algunos porque les habían pillado con un canuto) salieron libres por este cambio. Cuando la ley es injusta, se deben corregir las aberraciones.
      Gracias por tus comentarios. Saludos.

  13. Hola, Marlen.
    Tu relato da un buen toque de atención al sistema judicial en general, y al italiano, en particular, y no hablamos de tiempos muy pasados, como pudiera parecer, sino de la segunda mitad del siglo XX.
    Me ha gustado que no te hayas reprimido a la hora de contar verdades como puños y que hayas acabado informando de los cambios a raíz del proceso relatado, por lo que podemos afirmar que tu texto, además de estar muy bien estructurado y escrito, resulta didáctico a la vez; o sea que te doy las gracias por compartirlo.
    Te deseo mucha suerte en el Tintero y te envío un fuerte abrazo.

    1. Hola Patxi. Tienes razón, no hablamos de hace tanto tiempo. Pensar que se equiparaban las penas para los drogadictos (algunos por tener un cigarrillo de marihuana), con las de los traficantes, me parece increíble. Pero, por supuesto, el resultado de un proceso judicial puede verse influenciado por la predisposición, experiencia y criterio personal del juez que te toca, lo que en términos jurídicos se conoce como la «subjetividad judicial» dentro del margen de discrecionalidad que permite la ley. Y aunque el sistema estuviera diseñado para ser imparcial, los jueces son humanos y su interpretación de los hechos y las pruebas puede variar de lo que piensan y de lo que les conviene pensar.
      También tienes razón en que no suelo reprimirme a la hora de contar lo que creo que es una injusticia. Lecciones que aprendí en familia y que me siguen marcando en la vida. Aún recuerdo muy vívidamente este episodio.
      Gracias a ti por haberte acercado, y por comentar. Mucha suerte también a ti en el Tintero con ese relato tan bello y tierno. Un abrazo fuerte.

  14. Hola Marlen, un relato magnífico que seguro que no pasa de moda. Da que pensar y a la vez produce miedo y dolor. Triste que juzguen y sentencien y acaten antes. Suerte en el concurso. Abrazotes.

    1. Hola Ainhoa. Es cierto, hechos así producen miedo y dolor porque hacen que tomemos consciencia de lo desprotegidos que estamos ante instancias superiores como la justicia, la autoridad, el poder… Juzgar y sentenciar sin tener pruebas no es cosa del pasado. Ahora también se hace, con el agravante que el juicio se multiplica exponencialmente al aparecer en las redes y en los medios de comunicación con total impunidad y consecuencias desastrosas para la fama y la vida del o de la imputada. Si, por lo menos hubiera consecuencias, si se retractaran los desinformadores, falsos comunicadores o directamente los que utilizan bots para desinformar, difundir bulos, manipular, engañar de manera viral… Pero este tipo de culpas quedan en el olvido, mientras el que ha sido vilipendiado lo paga caro.
      Gracias por el comentario. Un abrazo fuerte.

  15. Estaba cantado que este personaje real que nos presentas ya estaba condenado de antemano porque así le convenía al sistema. Muy buena la reflexión sobre que al hombre expulsado del paraíso no se le condena a alejarse de la mujer sino que se le deja fundar una familia. Es muy contraria la justicia divina que la humana, aunque esta se ampare muchas veces en los designios de Dios.
    Buen relato.
    Un abrazo.

    1. Hola Francisco. Sí, es cierto, sin saberlo, era el prototipo de un ejemplar ideal para convertirse en un modelo negativo. Y ante eso, no podía hacer nada. ¡Estaba clarísimo!
      Tienes razón, la justicia humana es muy diferente a la divina. Por algo es tan importante para algunos, refugiarse en la religión y hacer creer a los demás que su versión es la verdadera y que «la verdad» es «su verdad».
      Gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte.

    1. Hola Puri
      Por lo visto, en España no se le conoció y no llegó la noticia de su calvario. Un destino que no le favoreció, pero q quien ayudaron a condenar los prejuicios, las injusticias, los intereses.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo para ti también.

  16. Hola, Marlen.
    Pues nos planteas un relato que casi es un informe de investigación. El legado de un ley que, como bien dices, al final tuvo que cambiar en pos de una justicia más justa. Me ha impactado cómo lo has tratado, y esos cambios de tiempo que aportan otro punto de vista, desplaza el hipotético informe para convertirse en relato y viceversa. Un ejercicio valiente e inmenso. Gracias por ofrecerlo.
    Un abrazo y suerte

    1. Hola Pepe. Muchas gracias por tu comentario. Tuve bastante cuidado para los cambios de tiempo verbales y, al final, pensé que no había logrado el objetivo. Me alegro mucho que lo destaques, porque quiere decir que se consiguió.
      Gracias a ti por tus palabras.Un abrazo y suerte a ti también con tu relato, que me gustó.

  17. Esta es una de esas historias, triste por lo demás, en las que el destino y la maldad de los hombres parecen ser una misma cosa. No conocía a tu protagonista, o tal vez sí, pues su rostro se confunde con las imágenes e historias de tantas otras víctimas en nuestra Latinoamérica. ¡Saludos!

    1. Hola Octavio. Es cierto, el destino parece haberse aliado con los intereses de la justicia y los hombres que la representan.
      Pierre Clémenti no era muy conocido como actor, aunque trabajó con muchos directores cinematográficos famosos.
      Su rostro es un poco particular, como aniñado.
      Gracias por tu comentario. Un saludo de Marlen.

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