Arquitectura de cartón bajo los jacarandás

Cuando Buenos Aires se acuesta, no se duerme: negocia con la noche.

Las persianas metálicas bajan en la avenida Santa Fe con ese estruendo que suena a persiana pero también a punto final. En Corrientes, los teatros apagan marquesinas y los últimos espectadores salen comentando la obra como si la crítica les perteneciera por derecho constitucional. En Palermo, los bares apilan sillas con una resignación coreográfica. Y sin embargo, cuando la ciudad formal se repliega, otra empieza a levantarse.

No figura en el Código Urbanístico ni en los renders optimistas del Gobierno de la Ciudad. No tiene corte de cinta ni discurso inaugural. Es una Buenos Aires paralela, hecha de cartón, plástico, colchones verticales, palets astillados y mantas que alguna vez fueron rojas, verdes o con estampado floral, antes de convertirse en el color oficial de la intemperie.

Una ciudad que nace cada noche y se desarma antes de que el primer colectivo 60 cruce Callao.

Bajo las arcadas elegantes de Avenida Alvear, en Recoleta, frente a vitrinas donde un vestido cuesta lo mismo que un departamento en Caballito, alguien despliega su dormitorio portátil. Dos planchas de cartón, un nylon prolijamente tensado, una mochila que hace de almohada y una botella de agua colocada con precisión casi ceremonial.

La escena tiene algo de instalación contemporánea, pero sin curador ni champagne de nombre conocido.

Las luces de la boutique iluminan el refugio improvisado con una generosidad involuntaria. El vidrio actúa como pared simbólica: de un lado, maniquíes erguidos; del otro, un cuerpo que se acomoda para pasar la noche. La arquitectura aquí no es un oficio: es una urgencia con horario restringido.

A las seis de la mañana, cuando el empleado de limpieza baldee la vereda con una manguera que no distingue destinos, esa casa deberá desaparecer.

En Plaza San Martín, a metros de Retiro, el banco público se convierte en módulo habitacional. Un plástico negro, sujeto con nudos expertos, envuelve la estructura de hierro como si alguien hubiera leído a Mies van der Rohe en una biblioteca pública y hubiera decidido simplificarlo todo: “menos es más”, incluso cuando menos es casi nada. ¡El minimalismo extremo al poder!

A un costado, un carrito de supermercado cuidadosamente ordenado: bolsas, frazadas, una radio pequeña. Hay una lógica interna, una organización que desmiente cualquier idea de caos.

El minimalismo porteño no se exhibe en revistas de diseño. Se practica porque no hay alternativa.

Un hombre, mientras acomoda el plástico, bromea:

.- Esto es monoambiente premium, vista al monumento.

Y señala con la cabeza la Torre de los Ingleses, como si la vista fuera un servicio incluido.

El humor no resuelve la noche, pero la vuelve un poco menos larga.

En la zona de Constitución, donde los trenes llegan con historias pegadas a la ropa, la chatarra es una oportunidad arquitectónica. Un colchón apoyado contra una reja hace de muro blando. Un mueble sin puertas funciona como alacena abierta al cielo. Un par de tablas encontradas delimitan territorio.

La composición parece una fortaleza improvisada alrededor de un árbol flaco que ha visto demasiadas cosas.

Es una muralla efímera, levantada con la rapidez del que sabe que el amanecer trae camiones municipales y miradas incómodas. La ciudad descarta, otros diseñan con lo descartado.

Aquí la planta arquitectónica se dibuja en el aire y dura lo que dura la noche.

Noviembre viste la ciudad de lila/violeta. Una alfombra tapiza la avenida 9 de Julio, la Libertador, Cabildo, el barrio de Palermo, con las flores de los bellísimos jacarandás.

Cerca del Jardín Botánico, la elegancia de las veredas parece coreografiada. No es casualidad: gran parte de los parques y espacios verdes de Buenos Aires fueron concebidos por el visionario arquitecto y paisajista Carlos Thays, que entendió la ciudad como un organismo que necesitaba respirar.

Si Thays pudiera caminar hoy por estos senderos que diseñó con precisión casi poética, vería cómo bajo sus árboles también se construyen refugios nocturnos. 

En una de las plazoletas, una casa infantil de madera—pensada para juegos diurnos— asume su destino habitacional y se transforma en dormitorio. Una sábana blanca hace de cortina. Cartones refuerzan el techo. Un edredón gastado simula un colchón.

No hay improvisación ingenua, sino reinterpretación del mobiliario urbano.

Es una microarquitectura parasitaria, sí, pero también ingeniosa. El diseño original pensaba en la infancia, la noche piensa en la supervivencia.

Quizás Thays, con su mirada de urbanista del siglo XIX, no imaginó este uso alternativo. O tal vez sí: los buenos arquitectos saben que la ciudad siempre será más creativa que sus planos.

En la avenida Corrientes, a la altura del Obelisco, el contraste es casi teatral. Las luces LED de las pizzerías iluminan cajas apiladas que forman una muralla baja frente a una fachada histórica.

Guerrin, Las Cuartetas, Los Inmortales: la liturgia de la muzzarella continúa mientras, a pocos metros, alguien acomoda su “fachada” de cartón con la misma dedicación con la que un escenógrafo ajusta un decorado.

Las cajas no sólo protegen del viento. Delimitan territorio. En una ciudad donde cada metro cuadrado cotiza en dólares y discusiones de sobremesa, incluso la vereda necesita fronteras.

Un hombre, mientras termina de alinear su pared improvisada, responde a una pregunta imaginaria de quien lo observa con curiosidad:

.- Sí, la hago todas las noches.

.- ¿Y la desarma al día siguiente?

.- A primera hora. Esto tiene vencimiento diario.

Trabaja con una precisión que cualquier estudiante de arquitectura en la UBA miraría con respeto. Lámina sobre lámina. Ángulo sobre ángulo. Casa con fecha de caducidad.

Arquitectura efímera por obligación.

En Puerto Madero, donde el vidrio y el acero prometen modernidad eterna para los pijos, los soportales de algunos edificios funcionan como cápsulas habitacionales. No hay muros propios, sólo el techo ajeno.

Una manta enrollada, un colchón fino, una mochila que contiene toda una biografía comprimida.

Es la arquitectura de los parásitos urbanos que se adhieren a edificios ya existentes, para aprovechar su infraestructura o servicios creando viviendas en lugares públicos. Donde la ciudad formal deja un hueco, alguien lo convierte en dormitorio.

El contraste es casi obsceno. Torres de lujo proyectando sombra sobre una cama de cartón. Pero la noche iguala volúmenes: bajo la misma luna, todos los techos son temporales.

Entre las diez de la noche y las seis de la mañana, Buenos Aires se convierte en un taller colectivo de diseño involuntario. Cada persona calcula materiales, vientos, recorridos policiales, horarios de limpieza. Es un urbanismo paralelo que no figura en estadísticas ni en maquetas institucionales.

No es una historia de pena fácil. Es una historia de adaptación. Una segunda piel para la ciudad, que aparece y desaparece.

La arquitectura de cartón aquí no busca emocionar, busca resolver. Con lo que haya. Cuando se pueda. Hasta que amanezca.

Al alba, cuando los runners atraviesan los parques diseñados por Thays y los oficinistas apuran café en vasos térmicos, la piel se repliega. Las murallas de cartón desaparecen. Los colchones se pliegan. Los plásticos se enrollan.

La escenografía se desmonta antes de que el telón del día se levante por completo.

Pero cada noche vuelve a surgir.

Una Buenos Aires que no sale en las postales del Obelisco ni en las publicidades con tango de fondo. Una ciudad que existe porque la otra —la luminosa, la ordenada, la que presume de cafés notables y avenidas arboladas— todavía no ha aprendido a alojar a todos.

Y sin embargo, incluso ahí, entre cartones y jacarandás, sobrevive algo que no figura en los planos: la obstinación de seguir construyendo.

Aunque sea con nada.
Aunque sea por unas horas.


La situación de personas que viven en la calle en Buenos Aires ha mostrado un aumento significativo, con más de 5.000 personas relevadas en situación de calle en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) a principios de 2026, lo que representa un incremento del 27,8% en un año.
Las personas en esta situación suelen armar estructuras temporales precarias, utilizando cartones, mantas, plásticos y maderas en veredas, plazas, bajo autopistas y en cajeros automáticos.
Ante la falta de vivienda, se han documentado situaciones extremas como personas pernoctando en el Aeroparque Jorge Newbery.
Estas estructuras son altamente inestables y no ofrecen protección adecuada contra el clima extremo, especialmente en invierno o durante tormentas intensas.
La crisis habitacional y los altos niveles de inflación han impulsado este fenómeno, obligando a muchas personas a elegir entre pagar alquiler o comer.
El gobierno porteño ha implementado políticas que buscan trasladar a las personas a albergues temporales y prohíbe que duerman en la calle, generando tensiones.
En resumen, la "construcción provisional" en la calle en Buenos Aires es una respuesta de emergencia ante la falta de acceso a vivienda digna, reflejando una profunda crisis social y económica.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “Arquitectura de cartón bajo los jacarandás

  1. Hola Marlen, esta entrada coincide en tema con la última mía. Tratas el asunto con mucho respeto, con mucha empatía; con admiración por el ingenio de las personas que los gobiernos y la sociedad egoísta, los han condenado a vivir en la calle. A mí me da mucho coraje cuando oigo que alguien dice que están así porque no se esforzaron. Lo que sucede en Argentina es escandaloso, también en México y en muchos lugares de América Latina, pero lo de ahí no tiene nombre. Un gobierno empobrecedor que ha usado la «motosierra» con los más débiles.
    Creo que una de las cosas más «interesantes» es cómo el ser humano se adapta a todo. Y cómo arman y desarman y me pregunto, durante el día, mientras la otra ciudad se instala… Ellos y sus cosas, ¿dónde se esconden? Me gustó tu entrada, hay que hablar de estas cosas, mucha gente cree que no pasa. Te mando un abrazo fuerte.

    1. Hola Ana, «Amnesia» me pareció un relato genial Vivimos en un mundo real donde las cosas no sólo nos afectan, además nos duelen. A mí también me da mucha rabia cuando oigo que alguien dice que están así porque no se esforzaron, porque esperan que todo les caiga de arriba. Lo que pasa en América Latina es increíble, hay muchas teorías para explicar una situación que ha convertido a toda una zona del planeta en un campo de ensayo y error. Países con un potencial natural maravilloso, con culturas originarias desprestigiadas y olvidadas, con industrias que ayudaron a que Europa volviera a renacer, acogiendo miles de inmigrantes… Pero la vida sigue, evoluciona y no siempre a mejor. La rabia, la bronca genera odio, violencia y lleva a grupos enteros de población a elecciones erróneas. Luego vienen las consecuencias y ya no hay vuelta. Hay que asumir lo que se ha votado. Tienes que asumirlo tú, tus hijos, tus padres y los menos favorecidos, que no son pocos.
      Tengo muchas ganas de volver a ir. Y me duele mucho pensar en volver a ver rostros, escuchar quejas, no querer reflexionar con ellos y que crean que pienso que la verdad está de mi lado. ¡¡Es muy difícil!!
      El lado positivo: la capacidad de adaptación del ser humano, la imaginación cuando el agua llega al cuello. Duele hablar de estas cosas cuando muy poco puedes cambiar. Pero el olvido no puede hacer desaparecer la realidad. ¡Me niego!
      Un abrazo muy fuerte, Ana.

Deja un comentario

error: Content is protected !!

Descubre más desde El blog del Trujamán

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo