El buey: animal doméstico sagrado para los vascos y los pirenaicos

Si el oso es el animal emblemático del bosque (la fiera salvaje), el toro o la vaca es el animal totémico del corral. Gracias a este animal, los habitantes de los Pirineos han podido sobrevivir a lo largo de siglos en un medio hostil. La raza vacuna les ha dado alimento (carne y leche), ropa de abrigo y calzado (la piel) y, sobre todo, fuerza para trabajar el campo (los bueyes).

No es extraño, pues, que bueyes y vacas, aparte de dar nombre al valle del Bohí (conocido en los primeros textos medievales como Vallis Bovinus), sean también los encargados de guiar a los humanos montaña abajo e indicar el sitio donde tienen que construir el nuevo pueblo. 

Esta leyenda, que combina el animal-guía con el paraíso perdido y con un tema tan actual como es el cambio climático, es sin duda una de las narraciones más preciosas y significativas de los Pirineos. La encontramos en Arinsal (Andorra), en la Cerdaña y en otros lugares de los Pirineos gascones. 

Os cuento como me lo han contado, el origen legendario del municipio leridano de Lles de Cerdanya:

En la cima de la Tossa de Sirvent, a más de 2.800 metros de altura, había en tiempos antiguos una cabaña donde vivía una familia de pastores formada por los abuelos, el matrimonio joven y un niño de siete u ocho años. Era una época en la que no nevaba ni hacía frío, de forma que el ganado pacía todo el año por la montaña, verde en verano e invierno.

Una mañana el niño se despertó temprano y, como tenía ganas de mear, se levantó para salir a orinar afuera. Al abrir la puerta de la cabaña se quedó maravillado ante un espectáculo que no había visto nunca. Volvió adentro a despertar a los padres:

-. Padre, madre, corred, ¡salid! Llueven vellones de una especie de lana limpia, muy fría. 

Los padres, que tampoco conocían la nieve ni habían visto nunca nevar, fueron a comunicar este extraño fenómeno al abuelo de la casa, un hombre tan viejo que no podía andar y no se movía de la cama en todo el día. El viejo masculló:

-. ¡Ya tenemos aquí la nieve otra vez! 

Dijo que había oído explicar a sus abuelos que en tiempos antiguos allí arriba no se podía vivir porque hacía mucho frío y la nieve, que cubría la montaña buena parte del año, no dejaba crecer los pastos. Ahora, pues, que la nieve había vuelto, tenían que irse y bajar a establecerse al lugar más hondo del valle. Les advirtió que abandonasen la cabaña aprisa y tirasen abajo sin entretenerse, ni preocuparse por él, que solo les resultaría un estorbo durante el viaje. Que no padeciesen por un viejo, que pronto moriría. Ya le enterraría la nieve. Los jóvenes no lo acababan de ver claro:

-. El valle de la Cerdaña es muy profundo, padre. Explíquenos hasta dónde tenemos que llegar.

El viejo les dijo:

-. El buey os guiará. Conducidlo montaña abajo y en el sitio donde el buey se pare, construid la nueva casa.

Así lo hicieron. Cogidos al rabo del buey se pusieron en marcha en medio de una tormenta de nieve, tan espesa que no se veía a dos dedos de la nariz. Al cabo de mucho rato de deslizarse cuesta abajo, salieron de la niebla y poco después, el buey se paró. En este llano de más abajo de Arànser, conocido como Casanadill, los fugitivos de la nieve levantaron la nueva barraca, la primera casa del pueblo de Lles de Cerdaña. 

Entre los númenes o genios subterráneos, tiene particular importancia en Euskal Herria y sobre todo en Orozko (Bizkaia), uno que se presenta en figura de buey, cuyo culto fue practicado en la zona desde la época romana, según se conoce por los grabados descubiertos en el poblado de Elexazar de Amurrio, en la muga con Orozko.

Como elementos singulares encontrados en este yacimiento datado entre el s. I y III D.C. y en otros yacimientos como el de Ujué (Navarra), destaca un grupo de aras (trozos de altar) de piedra, pertenecientes a un taurobolio (un rito en el que se sacrificaba un toro). La cabeza de toro labrada en la piedra, puede representar a un dios precristiano llamado Lacubegi.

Los toros , bisontes y bueyes han sido idolatrados por nuestros ancestros desde las cavernas, hasta no hace muchas décadas. Desde la antigüedad, las excelencias atribuidas a la carne del toro eran tan variadas como las propias creencias que las sustentaban. Unas consideraban transmisible las propiedades del animal y por tanto las condiciones de fuerza, de potencia o de virilidad podían ser adquiridas por la persona que comiese la carne de este animal, siendo la ingestión de testículos de toro (ricos en testosterona) muy habituales en los rituales diabólicos de magos y brujas.

El padre Manuel Larramendi, conocido historiador del s. XVII recoge en su libro sobre las ferrerías de Euskal Herria, la costumbre ritual de sacrificar un buey al finalizar cada ciclo de producción anual.

«¿Dónde se matan bueyes más cebones y se prepara mejor la cocina que en las ferrerías? Los grandes señores van a veces a éstas sin otro quehacer que remojar el pan en los pucheros de los ferrones y comerlo después de haberse ablandado con aquel caldo mantecoso y dicen que, en sus casas, a pesar de prepararlo con la mejor cocina y el mejor tocino, no logran guisar cosa tan rica y sustanciosa».

Cuentan en Orozko que la familia Axpegorta, últimos regidores de la hoy extinta ferrería de Zubiaur, sacrificaban un buey para celebrar la finalización del año ferrón, invitando a todos los gremios que habían participado en la campaña a su fiesta y despidiéndolos hasta la siguiente época lluviosa de otoño, para volver a arrancar.

Otra leyenda de Orozko relata que cerca de la Cabaña de Altzagorta, en una cueva llamada Atxulo próxima al «Ojo de Atxulaur» vivía un ladrón que fue atesorando montones de oro en su rincón. Falleció en Francia y algunos vecinos se interesaron en la localización de las riquezas para apropiárselas sin éxito, pues un Toro de Fuego, guardián de la caverna, que lanzaba fuego por su boca y nariz, no permitía que entrara allí ninguna persona. Era el alma del ladrón. Mas tarde, volvieron unos forasteros y depositaron en la cueva los huesos simulados del ladrón. Entonces pudieron sacar libremente cuanto oro tenía el difunto, atesorado en aquel lugar. El toro no apareció más.

También cuentan en el Duranguesado que los Señores de Bizkaia, del linaje de Haro, renovaban regularmente el pacto de fidelidad de su familia con Mari, la Dama de Anboto, a quien consideraban su antepasada mítica, ofreciéndole la casquería de las vacas que sacrificaban en su casa.

Así cuenta la leyenda el conde Pedro de Barcelos en el Livro de Linhagens (1340):  «E cada que i é o senhor de Bizcaia (…), todo los de ventres das vacas que matam em sa casa, todo los manda poer em una peça fora da aldea, em ûa penha; e pela menhâa nom acham i nada…”  Traducido: «Y cada vez que allí está el Señor de Bizkaia (…) todos los vientres de las vacas que matan en su casa, los manda poner enteros sobre una peña, y por la mañana no hallan nada allí…” 

De ahí puede venir la relación de Mari con los buitres, considerados como genios a su servicio, siempre vigilantes en las peñas de Lekanda en su morada de Supelegor o en el Paso del Diablo junto a la cueva de Anboto, para que nadie penetre sin el permiso en las habitaciones de la diosa sin sufrir castigo.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “El buey: animal doméstico sagrado para los vascos y los pirenaicos

  1. Si Ana, el tema de la relación entre humanos y animales, me interesa mucho. En general te hablan de perros, gatos, caballos… pero ¿qué pasa con un mamotreto como un buey? Hay mucho que contar de este animal sagrado para muchos pueblos. Gracias por tu comentario.
    Saludos para ti también.

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