¿La amistad es más fuerte que la política?

Tu vida se desarrolla normal y tranquila hasta que un día tu amigo o amiga, suelta la bomba: piensa votar a un partido que representa todo lo opuesto a lo que tú defiendes. ¿Puede mantenerse una relación sana con alguien que ha decidido apoyar a los que tú consideras “el enemigo”?

Ser amigo de alguien con quien no compartes las mismas opiniones políticas no siempre es fácil. Los debates pueden subir de tono y llevar a la ruptura. ¿Puede la amistad resistir estos desacuerdos ideológicos?

¿Todo es política? Un reciente artículo del New York Times hablaba de este fenómeno. Aunque se refería a un momento concreto en Estados Unidos y al “trumpismo”, es aplicable a muchas situaciones que hemos vivido. Una de las cosas más graves que trajo el conflicto catalán no tuvo lugar en despachos elevados ni en el Parlament, ni siquiera fueron esas imágenes de la Policía Nacional enfrentada a los votantes en los colegios electorales. Fue la quiebra en relaciones de familia y de amistad.

Y en Argentina la polarización política entre peronistas y antiperonistas implicó posiciones diametralmente opuestas que, a lo largo de los años ha dado en crear lo que los argentinos llaman “la brecha”.

Siempre hemos tenido identidades partidistas, pero esas identidades están formando una alineación más fuerte con las identidades sociales. Esto es preocupante para nuestra capacidad de compromiso. Significa que los de izquierdas y los de derechas no sólo apoyan diferentes políticas hoy, sino que se han clasificado en dos campos que son cada vez más homogéneos y más agresivamente distintos entre sí.

“Dios los cría y ellos se juntan”. Este viejo proverbio también es válido en la amistad. Tomemos dos minutos para analizar nuestros círculos de amistad. ¿Realmente tenemos amigos que votan por un partido profundamente opuesto al nuestro? Normalmente tenemos uno o dos como mucho. En su mayoría son personas que conoces desde la infancia o la escuela.

Cuando somos niños o adolescentes, elegimos nuestras amistades según nuestras pasiones comunes: la música, un artista, un deporte… Pero a medida que crecemos, queremos compartir más valores comunes. Humanismo para unos, nacionalismo para otros. Superamos mejor la etapa de la camaradería, con personas que son como nosotros ideológicamente. Nuestras ideas políticas dicen mucho sobre nuestra visión de las cosas y del mundo que nos rodea.

Ser amigos sólo de personas que están al mismo nivel que nosotros en el espectro político tiene un nombre, son «burbujas de relación». Ellas mismas generan las “burbujas conversacionales». Estas teorías fueron desarrolladas por el investigador en ciencias de la información y la comunicación Romain Badouard, autor del libro «El desencanto de Internet». De hecho, según los estudios, el círculo de amigos es en general, políticamente homogéneo. La homogamia política es muy fuerte, el 70% de las personas frecuentan amigos del mismo espectro político que el suyo.

Sin embargo, la mayoría de nosotros no tendríamos mucho reparo con las opiniones políticas de nuestros amigos. Son amistades que pueden ser difíciles de manejar. Lo cual no impide que lo pasemos muy bien juntos cuando no hablamos de política. Dejar de lado los desacuerdos para centrarse en las cosas que nos unen, puede ser una solución. ¿Entonces, evitar el tema es la única forma? ¿Pero hablar y debatir, no puede ser también, algo bueno?

Me gusta confrontar mis ideas con las de los que no opinan como yo y, además, uno aprende poco cuando todos los que te rodean piensan lo mismo. Si hay algo que valoro en esta vida es la pluralidad. La política que, para mí, es sinónimo de democracia, trata de inventar cotidianamente lo común a partir de las diferencias, es decir, su motor es la imaginación. La política no puede seguir intoxicando nuestras vidas y siendo la culpable de que haya amigos y familias que se dejen de hablar.

En esta época de polarizados que no se hablan, ahora que ya nadie sabe si el político que se dice de derechas es de derechas y el de izquierdas es realmente de izquierdas, tu esperanza para mantener relaciones de amistad y de familia, es cerciorarte de que nunca vas a estar completamente de acuerdo con todo el mundo. Que, limadas las diferencias entre tu existencia y las del otro, vuestros sueños y esperanzas son probablemente bastante parecidos y entender que ese desacuerdo puede existir y no tiene por qué suponer un problema.

Recuerdo un debate acalorado que presencié entre dos amigos, sobre la aplicación de Uber. Una creía que era genial y no veía ningún determinismo social en el sistema, mientras el otro, y coincido con él, creía que es un modelo económico muy peligroso para la integridad de los trabajadores precarios, que a menudo son de origen inmigrante. Finalmente, ninguno cambió de opinión, pero siguieron siendo amigos. Debatir realmente puede ayudar a entender los argumentos de los demás. Por supuesto, esto es más difícil si tienes un amigo abiertamente racista.

¿Entonces, deberíamos aceptar todas las opiniones políticas, incluso las más odiosas, en nombre de la tolerancia y la libertad de expresión? El filósofo austriaco Karl Popper no está de acuerdo. «Deberíamos reivindicar, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes», escribió al hablar de la extrema derecha alemana de los años 40. Podemos pensar que sus palabras también son válidas para la actual extrema derecha que a veces sostiene un discurso xenófobo, mientras blande la bandera de la libertad de expresión.

Al final, no es ni la izquierda ni la derecha las que corrompen las amistades, sino las divisiones morales y culturales que se les pueden asociar. Cada uno tiene que encontrar sus propios límites. Lo que puede ser el límite para unos, puede no serlo para otros.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

6 comentarios sobre “¿La amistad es más fuerte que la política?

  1. La pregunta por si hay que tolerar o no tolerar las opiniones concierne sobre todo a lo moral, entendido como norma o costumbre social. La sociedad tiene mecanismos obligados para marginar al que piensa lo contrario de la mayoría, para destruirlo socialmente. Aunque haya muchos individuos que toleren todo, no conseguirán que la comunidad a la que pertenecen lo haga. La sociedad como grupo siempre será intolerante, si no se destruirá ella.

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  2. Totalmente de acuerdo contigo. No aceptar todas las opiniones políticas, tiene que ver con la marginación a la que la sociedad somete a quien no piensa como la mayoría. Y la intolerancia como medio de supervivencia, es la base sobre la que están construidas dichas sociedades.
    Gracias por tu comentario y tu reflexión.
    Un saludo.

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  3. No creo viable mantener una amistad con alguien de ideas políticas totalmente opuestas a las mías. El contraste de ideas es necesario porque es un factor de progreso en las sociedades pero llevado al terreno personal en mi caso no funciona. Con alguien que políticamente opina de forma radicalmente opuesta a lo que pienso me resulta imposible compartir las sensaciones agradables que se derivan de las relaciones entre personas. Y si es un antiguo conocido se comparten tan sólo recuerdos de situaciones pasadas incontaminadas por los puntos de vista actuales, en conversaciones de duración inevitablemente limitada, sin interés por seguir desde ambos lados.

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    1. Interesante tu comentario. Yo no me lo había planteado hasta que empecé a escribir esta entrada. Vivimos unos tiempos en los que las crispaciones se acentúan. Reflexionando un poco, creo que nunca he tenido una verdadera amistad con alguien que tenga ideas políticas diametralmente opuestas a las mías. ¿Casualidad? No creo en las casualidades.
      Tal vez, sin ser consciente de ello, este es uno de los factores que influyen en mí para que la amistad se vaya consolidando o no. Por más tolerante que quisiera ser, me pasaría como a ti, que no lograría compartir ese mundo maravilloso que se arma en torno a la amistad con alguien que opinara radicalmente diferente de lo que pienso.
      Gracias por pasarte y por tus palabras. Saludos.

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  4. Una cuestión interesante. Lo más curioso del asunto es que los políticos de más diverso signo suelen llevarse bien entre ellos. Quizás resulta que las ideologías son para nosotros, la plebe, y ellos se consideran por encima de estas cosas… de las que viven, y nada mal por cierto.

    Yo pienso que la amistad está por encima de las ideas políticas. Y, en caso de no estarlo, lo que habría que preguntarse es si eso era amistad al fin y al cabo. A partir de ahí, existe un gran valor que debe estar a la misma altura de los que abandera cualquier ideología, y no es otro que la tolerancia.
    Un abrazo, me ha gustado mucho tu exposición: clara, argumentada y con interés. 👏👏

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  5. Gracias Isra, por tu comentario. Lo de los políticos es un mundo aparte. No creo que nos enteremos de si se llevan bien, si tienen amistad o si están interpretando un papel para nosotros, la plebe.
    Pienso, como tú, que la amistad debería estar por encima de las ideas políticas. Y que la tolerancia debería mediar para que la amistad continuara. ¡Ojo que uso el condicional! Le comentaba recién a Veset, que no tengo ni he tenido una verdadera amistad con nadie que tenga unas ideas diametralmente opuestas a las mías. Tal vez porque, sin darme cuenta, nuestras ideas afines han formado parte de esa amistad.
    Me pregunto qué pasaría con una persona, por ejemplo racista. ¿Podrías ser amigo de una persona racista? Yo estoy convencida de que podríamos compartir muchas otras cosas, pero la chispa saltaría en algún momento y creo que iría minando la amistad. No creo que, por más tolerante que me considere, podría sentirme «amiga», verdaderamente amiga, con todo lo que eso conlleva, de una persona con esos pensamientos, que le llevarían a actuar en contra de mis principios elementales. ¿Qué piensas?
    Un abrazo.

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