Ya lo dice el dicho: “Un vasco, una txapela; dos vascos, un frontón; tres vascos, una trainera y cuatro, un orfeón.” Y cuando hablamos de un frontón, hablamos de un partido de pelota y de las apuestas que se cruzan a una u otra pareja. La pregunta ¿Qué te apuestas? incita, desde hace siglos, a incontables disputas verbales entre vascos. Hoy en día es una coletilla de uso casi diario, que suele terminar en una cena que abona el perdedor, pero desde mucho tiempo atrás viene siendo antesala de históricos desafíos protagonizados por hombres que hacían alarde de la fuerza o la maña de las que les dotaban sus duras ocupaciones de sol a sol en el campo, la mina o el mar.
Ya en el siglo XVII el juez Pierre de Lancre recriminaba a los vascos su afición por estas rivalidades deportivas. De pasar de aquellos envites de sana rivalidad a jugarse los cuartos y las propiedades, seguro que no medió mucho tiempo. La primera apuesta escrita de la que se tiene noticia en Araba, data de mediados del siglo XIX, teniendo como protagonistas a dos aizkolariak de Amurrio y Albeniz. Un aizkolari es en Euskadi quien corta troncos.
Esta costumbre de retar al contrario viene de lejos, mucho antes de que en 1915 los corredores de apuestas irrumpiesen en los frontones. En la década de 1940, los periódicos vascos se empiezan a hacer eco de los herri kirolak (deportes populares). Pero esas disputas por ser el más fuerte o más rápido venían de mucho tiempo atrás y en las más variadas especialidades. Sólo hacía falta un retador y alguien que aceptara el envido.
Afirmaba hace unos años el director de Juegos y Espectáculos de Lakua, Alberto Sanz, que “El vasco más que jugador es apostador. Jugador es el que juega y juega, mientras que un apostador es el que admite un reto”. Y el vasco es hombre de retos. Esa afición apostadora está ligada históricamente a los deportes rurales tradicionales en los que los vascos siguen dirimiendo quién levanta más peso, quién corta más troncos, quién siega más rápido un prado, quién arrastra más piedras con sus bueyes, quién llega antes a la meta (antiguamente a la ballena) navegando con su txalupa o quién barrena más rápido una roca. El desafío es inherente a los vascos. Y la apuesta es su perejil. Es la máxima olímpica del más alto, más fuerte, más rápido… o lo que se tercie.
En 1910, un popular deportista bilbaíno se apostó 1.000 pesetas contra otro contrincante a que iba andando de Bilbao a Donostia en 24 horas como máximo. Uno de los desafíos que más interés concitó en aquellos años fue el que enfrentó a un caballo, un grupo de ciclistas y un corredor, por ver quién llegaba antes desde el muelle de Uribitarte al monte Artxanda. Ganó el corcel, y hasta los trabajos de los muelles se paralizaron. El 22 de febrero de 1912, según recogía la prensa de la época, un casero de Deba se apostó 200 pesetas a que a las once de la mañana daba un grito en el caserío Arriola y se oiría en el muelle, a kilómetro y medio. ¡Y ganó, claro! En 1963 Ricardo Urzelai Astegia organizó una apuesta de arrastre de una piedra de 1900 kg. entre una pareja de bueyes y Mary, la elefanta del Circo de Milán, que había llegado a Berriz. La elefanta, nerviosa y nada acostumbrada a aquel arrastre, hizo sólo 10 clavos contra los 52 de los bueyes y el desafío acabó con más silbidos que aplausos.
Tampoco el deporte de las traineras vivió ajeno a los cruces de apuestas. Un ejemplo es el reto del 30 de noviembre de 1890 entre donostiarras y ondarrutarras. Se apostaron 25.000 pesetas, pero es que semanas antes de la cita ya había personas que se querían jugar sumas mayores. ¿Quién ganó? Donostia. En Ondárroa muchos se arruinaron y perdieron lanchas. Incluso los marinos participantes en el desafío, necesitaron de suscripciones populares para pagar la apuesta.
Pero si de ganar y perder se trata, nada como el reto cruzado entre Bermeo y Mundaka el 22 de julio de 1719, en el que se jugaron nada menos que la isla de Izaro. Ganaron los primeros y desde entonces, cada 22 de julio lo celebran en el pueblo.
Y ya que hablamos de deportes populares vascos, os cuento cuáles son algunos de ellos.
La aizkora proba es una variante vasca del deporte de cortar troncos que se practica en muchas partes del mundo. El que lo practica es el aizkolari. Este deporte tiene posiblemente su origen en la corta de árboles para su uso en las carboneras, y por lo tanto está profundamente arraigada a la historia y la economía rural vasca. Consiste en cortar una determinada cantidad de troncos de un determinado diámetro, mediante un hacha. Se suele utilizar madera de haya y los troncos se suelen preparar sin piel. La característica principal de las pruebas vascas, más que la velocidad (como en las pruebas australianas y canadienses), es la resistencia. Este deporte suele practicarse en frontones y plazas de pueblos.



La trontza es otro deporte de cortar troncos, que se practica con un tipo de sierra llamada trontza, que tiene dos mangos. Consiste en cortar el tronco tumbado a 45-50 centímetros del suelo. Como se trata de dos atletas, deben coordinarse para tirar de un lado o del otro de la sierra. El que trabaja en tronza se llama trontzalari. Las piezas obtenidas como resultado del corte deberán ser sacadas enteras, para que los jueces las consideren válidas. Los hombres tienen que hacer un total de 22 cortes, mientras que las mujeres tienen que hacer 10. La ganadora es la pareja que corta más rápido. Este popular deporte se practica mayoritariamente en los pueblos de montaña de los Pirineos.
El sega jokoa consiste en cortar el mayor número posible de kilos de hierba con guadañas, en un prado de una zona determinada y en un tiempo predeterminado. El atleta se llama segalari (en euskera, el plural se refleja en la terminación -ak: segalariak).



Harrijasotzea es una forma de levantar piedras del suelo, en la que dos jugadores se retan levantando el mayor número posible de piedras de diferentes formas, tamaños y pesos. Los levantadores son harrijasotzaileak. A principios de siglo se regularon los pesos de las piedras, que suelen ser de granito macizo. Hay cuatro formas geométricas distintas: cilíndrica (de 100, 112,5 y 125 kg), cúbica y rectangular (de 125 a 212,5 kg) y esférica (de 112,5 y 125 kg).
Además, la piedra de color oscuro o piedra negra es uno de los materiales de fabricación más preciados, especialmente de las canteras de Zumárraga y Lastur. Uno de los levantadores de piedras más famosos es Iñaki Perurena, quien en 1999 logró el récord de levantamiento continuo de piedras de 100 kg en 5 horas, 4 minutos y 46 segundos. También fue el primer harrijasotzaile en levantar piedras de 300 kg o más, alcanzando los 322 kg en 1994. Las mujeres también tienen cabida en este deporte, e Idoia Etxeberria Ikutza es la harrijasotzaile más famosa que ostenta el récord de levantar una piedra de 163’4 kg.



El ingude altxatzea consiste en levantar un yunque tantas veces como sea posible, tocando un tope que tienen arriba, en un tiempo limitado. Los herreros solían llevar el yunque a la espalda cuando iban a algún lugar a trabajar. Entonces surgió una competencia entre ellos. El yunque estándar es de 18 kg para hombres y 10 para mujeres. La prueba dura un minuto y treinta segundos.
La idi proba es un deporte popular en el que una yunta de bueyes tiene como objetivo arrastrar una piedra de entre 1.500 y 4.500 kg. por una zona preparada a tal efecto, en un tiempo limitado, durante el cual se cuenta la cantidad de veces que hacen el recorrido. Al que conduce los bueyes se le llama idiprobalari. La primera vez que asistí a una idi proba fue en el frontón de Aia y me sorprendió la cantidad de apuestas que se cruzaban entre los asistentes. Según me contaba mi tío, él mismo había visto, en ese lugar, a un casero jugarse el caserío y perderlo.
La sokatira es una competencia entre dos equipos de 8 participantes, sumando los pesos de todos los integrantes del equipo, sin sobrepasar un determinado peso máximo. Aferrándose a una cuerda gruesa, cada equipo tiene como objetivo arrastrar con fuerza al oponente a su área. Hay diferentes categorías de acuerdo al peso total del equipo y se juega sobre césped en exterior o sobre goma en interior.
La lasto botatzea consiste en levantar el mayor número posible de fardos de paja hasta una altura determinada, con la ayuda de una polea. Justo antes de que toque el suelo, la cuerda se agarra fuertemente y la fuerza de la caída del fardo se usa para levantar al jugador hacia arriba La prueba dura dos minutos. El fardo es de 45 kg para hombres y 30 kg para mujeres. La estructura tiene 7 metros de altura para los hombres y 5 para las mujeres.
Para las traineru estropadak (regatas de traineras), los barcos, divididos en varias tandas, compiten entre sí en una cierta distancia. En Donosti, por ejemplo, salen de la Kontxa, dan vuelta a la isla de Santa Clara y vuelven a la Kontxa. El equipo que gana la regata recibe una bandera como premio.

Traineruak del equipo donostiarra Arraun Lagunak 
Sokatira Euskal Selekzioa 
Idi probak 
Ingude Altxatzea 
Lasto botatzea
No sé si las apuestas forman parte de la idiosincrasia vasca, creo que es un rasgo distintivo de su temperamento, de su forma de actuar. Hoy en día, seguimos viendo en frontones, plazas y puertos vascos, la afición por las apuestas. Los órdagos se lanzan a través de programas de radio o televisión. Y, según la Dirección de Juego del Gobierno Vasco, se hace una apuesta deportiva cada segundo. ¿No te lo crees? ¿Qué te apuestas a que es verdad?
Buenos días, Marlen.
¡Qué buena entrada!
Hace tiempo, cuando lo echaban en la tele pública, me encantaba ver a los aizkolaris y sus proezas. Para mí eran auténticos superhéroes, sin necesidad de capita. Su fuerza, su precisión en el manejo del hacha, la velocidad que le imprimían… ¡Espectacular!
También veía de vez en cuando el frontón. De hecho, jugábamos en el colegio con una pelota de tenis y una pared. No necesitábamos nada más. Bueno, los peazo de brazos que gastaban tus amigos. 😂😂😂
Creo que me encantan todos estos «juegos» y deportes porque usan lo que tienen más a mano: piedras, troncos, un barco, una cuerda… No es necesario montar un pabellón y gastarse un pastón en aparatejos. Más mundano y cercano, imposible.
En el tema de las apuestas no andamos muy lejos los andaluces; siempre estamos con el… ¡A que no hay huevos! Y eso nos permite hacer las mayores tontás y majaderías. La mayoría de las veces, como comentas que pasa allí, la apuesta no pasa de unas cervezas o una buena comida pagada por los perdedores. Tampoco necesitamos hipódromos, estadios o coliseos, en la misma calle se puede plantear una buena competición.
¿Nos pareceremos tanto, porque al doblar el mapa de España en dos, caemos uno encima del otro? 😜😝
Si ya me gustaba todo lo relacionado con tu cultura, con estas entradas y estas fotos haces que la ame y sienta muy cercana. Gracias, Amiga.
Abrazo en modo basko. 🤗😘👍🏻
Hola Jose.
Sí, a mí también me encantaba ver esos torneos de superhéroes y el entusiasmo que se apoderaba de todos en casa, cada uno tomando partido por uno, como si lo conociera de toda la vida. En la televisión actual autonómica, no te creas que dan ya esas retransmisiones. Y no porque no las haya, es que deben ser más importantes los concursos…
Lo que siguen pasando son los partidos de pelota y, aunque no se viven como en directo, son entretenidos y emocionantes. A mí me encantan los de cesta punta.
Y también las regatas de traineras. Con la empresa estamos patrocinando un equipo de baloncesto de aquí, de Zarautz. Y hemos empezado a patrocinar este año un equipo femenino de traineras: el «Arraun Lagunak» de San Sebastián. Ya sabes, algo de labor social para apoyar a los jóvenes. Así que en las próximas regatas, estaremos cinchando por las chicas.
Los del club nos han invitado a hacer un recorrido por la Kontxa en uno de los entrenamientos de la trainera. Yo, solamente de imaginarme afrontando las olas del Cantábrico en una enanez de trainera, me he mareado. Así que dejo mi sitio para algún otro de la familia. A menos, claro, que a alguien se le ocurra decir eso de: ¿qué te apuestas a que no te atreves?, muy parecido al ¡A que no hay cojones! o a vuestro ¡A que no hay huevos! Es que tienes razón, ¡somos tan parecidos!
A mí también me encantan estos deportes en los que el trabajo se convierte en juego y no es más necesario que las herramientas o elementos con los que lidias a diario, tu ánimo y tus ganas de desafiarte. En la plaza del pueblo, frente a todos tus vecinos. ¡Una maravilla!
Me gustó mucho eso de que «nos pareceremos tanto, porque al doblar el mapa de España en dos, caemos uno encima del otro» 😂👍🏻🤣👏
Bueno Josetxo, agur bero bat eta besarkada handi bat.
Muchas gracias por publicar esta estupenda entrada y por las fotos que la acompañan. En alguna ocasión pude asistir a algunas de las pruebas y sorprendentes retos que citas. Un abrazo.
Hola Carlos.
Me alegro que te haya gustado la entrada. Algunos de estos deportes rurales son realmente sorprendentes. Cuando ves por primera vez los segalaris, por ejemplo, en medio del campo, compitiendo como si en ello les fuera la vida y, al mismo tiempo, trabajando como en un día normal, te impacta realmente.
Un abrazo para ti también.