Empatía, compasión, simpatía y lástima son palabras que suelen usarse de manera intercambiable. Las cuatro tienen una connotación altruista, pero no se refieren a la misma experiencia. Esa diferencia se puede ilustrar con una frase, de la siguiente manera:
–Lástima es “Me compadezco de ti”.
–Simpatía es “Siento lo que te está pasando”.
–Empatía es “Lo siento contigo”.
–Compasión es “Estoy aquí para ayudarte”.
Cuando sentimos lástima, no tenemos intención de actuar, sólo sentimos pena por el otro. Cuando sentimos simpatía, se incrementan las ganas de entender al otro porque nos unimos en su sentir. Al sentir empatía, realmente nos conectamos con las emociones del otro y sentimos lo que siente. Nos ponemos en su lugar, calzamos sus zapatos, sin infravalorar el grado de emoción que la persona otorga al problema por el que está atravesando. Esto no resuelve nada para la otra persona, excepto porque la hace sentir acompañada y entendida en su experiencia. Y, si hemos llegado a interpretar nuestras emociones y las de los demás, podremos descifrar cómo desea ser tratada la persona que tenemos enfrente y detectar si necesita de nuestra comprensión.
Pero en el nivel más alto de conexión, está la compasión donde además de haber un profundo entendimiento de la experiencia del otro, también está la voluntad de ayudarlo para que salga del desconsuelo, pensando opciones de manera racional. La compasión ocurre cuando usamos la mente y el corazón y exploramos posibles acciones que verdaderamente ayuden a aliviar el sufrimiento del otro.
Es curioso, pero mucha gente entiende que la empatía es mucho más cercano y fuerte como sentimiento que la compasión. Sin embargo, no es así. Compasión literalmente significa “sufrir juntos”. Y esto es así porque, en los países en los que se habla castellano, la palabra compasión ha tenido muy mala publicidad, confundiéndose con pena o lástima hacia uno mismo o hacia otros y además, en general, agregándole un carácter religioso del cual huimos.
La ciencia ha estudiado las bases biológicas de la compasión, y se ha demostrado que cuando sentimos compasión, nuestra frecuencia cardíaca se ralentiza, secretamos oxitocina, “la hormona del apego” y las regiones del cerebro vinculadas a la empatía, el cuidado y los sentimientos de placer se activan, lo que a menudo resulta en nuestro deseo de atender y cuidar a otras personas.
Pero hablemos también del aspecto negativo. Hay algo que podemos llamar “fatiga por compasión”. Es un estado mental en el que nos volvemos cada vez menos capaces de ayudar a los demás por temor a ser lastimados o por falta de energía emocional. Los humanos estamos diseñados para cuidar el uno del otro, pero, ¿qué sucede cuando tienes que enfrentar el dolor y la angustia todos los días? ¿Qué sucede cuando eres médico, enfermero o trabajador social y la compasión es parte de la función de tu trabajo? ¿O cuando convives con una persona que demanda permanentemente esa ayuda?
Lo primero que podemos hacer es tomar conciencia. Esto implica darnos cuenta de cuándo podemos estar presentando síntomas como ansiedad por el trabajo de atención y cuidados, falta de motivación, incapacidad para concentrarse e incluso bajo estado anímico. Ser conscientes de cómo nos sentimos y así prevenir la fatiga por compasión o incluso abordarla cuando sucede. Podemos intentar mantener una cierta distancia sana de la persona, recordar que su angustia no es nuestra angustia, que no la causamos y que podemos ayudarla mejor al no participar en su malestar. Por muy mala que sea la situación, siempre podemos hacer algo para mejorarla.
Y lo segundo es practicar la autocompasión, es decir, cuidar de uno mismo. Mostrar compasión por uno mismo no es egoísmo. Es diferente de la pena por uno mismo, cuando nos sentimos desgraciados y no hacemos nada para cambiarlo. Guardar tiempo para uno, para hacer cosas que disfrutas y que te recargan de energía, física y emocional.
Cultivemos el arte de la compasión. Un abrazo, un beso, una caricia, pero sobre todo, aprendamos a escuchar con respeto, dando nuestra opinión sin imponer nuestro pensamiento, sin juzgar, respetando creencias y valores, utilizando nuestra mente y experiencia para aliviar el sufrimiento del otro.

Excelso, gracias por esto 🤍🌎🫂
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Me alegra que te haya gustado. Un abrazo de Marlen.