Preguntas indispensables

La pregunta me sorprendió. Y no porque no reflexionara la respuesta en muchos, muchos momentos de mis últimos tiempos. Pero un médico que así, a bocajarro, pregunta: ¿Tienes miedo a la muerte?, de alguna forma está anunciando algo. Y ese algo, cabe suponer que es cercano.

¿Tienes miedo a la muerte? No, tengo miedo al dolor, a no poder, a no saber enfrentarla con dignidad, a no estar suficientemente preparada. Prepararse para morir tiene mucho que ver con haber tenido una buena vida.

¿Pero alguien está suficientemente preparado para dejar este hoy? ¿Lo estaba mi abuelo que padeció sus últimos meses con dolores que le transformaban la cara? Me di cuenta que ya no estaba cuando sus facciones se relajaron, cuando dejó de sufrir, cuando se desprendió por fin de esa piel.

¿Estaba preparado mi marido cuando entró al quirófano hablando de dónde íbamos a ir a festejar cuando saliera o si yo prefería volver a Marrakech, una de mis ciudades amadas?

¿Estaba preparado Fernando que dejó todo planificado hasta el último detalle, las cartas, el cuaderno, las instrucciones, quién, qué, cuándo, antes de colgarse frente al mar, para tener ese, su paisaje favorito como última visión? Sí, él estaba preparado. ¡Lo deseaba desde hacía tanto tiempo!

Hoy puedo morir, ¿estoy preparada? Quería responderme y aseverar un rotundo sí a tal cuestión. Pero una retahíla casi infinita de “pendientes” me sobrecogió, apenándome con un escalofrío instantáneo. Creía estar preparada para recibir esa noticia inexorable y que mi check-list de “cosas por hacer” activaría una maquinaria automatizada que en poco tiempo, pensando en que ese existiera, hiciera el balance final y dejara todo y a todos ubicados.

¿Tienes miedo a la muerte? No sé si es miedo, es más la pena de causar a mis seres queridos el sufrimiento de tener que enfrentarla, de sufrir mi dolor, deshacerse de mi piel, de mis pertenencias, de mis recuerdos. ¿De mis recuerdos? Tal vez es eso.

¿Tienes miedo a la muerte? Tengo miedo al olvido de los que quedan. Ya no recuerdo la voz de mi madre o la de mi padre. En algún lugar tengo grabaciones. Tendría que buscarlas.

Quizás eso es lo que busco escribiendo lo que escribo, quizás es ese mi verdadero miedo, miedo a desaparecer y que nadie se acuerde ya de mi existencia.

Me encanta juntarme con la familia, con los amigos y contar anécdotas, recuerdos de momentos vividos, disfrutados o simplemente compartidos. ¡No, ella no dijo eso! ¡No, eso pasó mucho antes! Te voy a contar cómo pasó de verdad. Y así, entre risas y nostalgias, los muertos vuelven a la vida y se sientan entre nosotros, compartiendo pasados en estos presentes.

¡Felices los privilegiados que hemos decidido aprovechar los instantes! ¡Felices los seres humanos con sentimientos!

¿Tienes miedo a la muerte? Tengo miedo a haber pasado sin dejar huella, a que ninguna fotografía mía quede en pie, como las de mis seres amados que me acompañan desde el rincón del salón. A que nadie, por las prisas, por el trabajo, por estar lejos, tome la iniciativa de juntarlos para un asado o un té, para una sobremesa que dure hasta las tantas.

¿Cuánto tiempo durará a la venta un libro de autor desconocido en Amazon? ¿Cuánto tiempo antes de que decidan que los libros en papel son perniciosos para la salud o para la vista o el colesterol? ¿Cuánto antes de que WordPress decida borrar de sus servidores los blogs viejos y desaparezca Facebook? ¿Cuántos años hasta que las nuevas generaciones olviden, hasta que tiren a la basura las tarjetas de visita no utilizadas?

La proximidad, por calendario, a un final que la biología anuncia, el haberme separado hace tiempo de seres muy queridos y ver a mi familia, que poco necesitan de mí, hace, no que no tema al momento, por desconocido y por si vendrá acompañado de dolor que no puedan ayudarme a vencer. Pero creo que con menos estridencia que lo que uno se imagina.

Pienso que en este cuerpo bastante perfecto, al que vamos sumando cada año desajustes, muchos por desgastes, algunos por mal uso, en ese declinar hacia el final de la vida, existe una bomba con un elixir formulado por partes iguales de serenidad, paz por la forma en que has actuado y recuerdos positivos, una bomba que comienza a gotear sin interrupción, acompañándote hasta el final.

Entonces ¿por qué aferrarse tan estúpidamente? Por la misma razón por la que me resulta insoportable desprenderme de un libro gozado, vender una casa vivida o quemar los álbumes de fotografías que atesoran retazos de lo que un día fue.

No me preguntes más si tengo miedo a la muerte. El miedo a morir no es nada comparado con el miedo a no vivir.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

5 comentarios sobre “Preguntas indispensables

  1. Buena reflexión. Yo creo que deberíamos promover la cultura de la muerte, sin miedos, sin dramas. Para aprender a asumir que vivimos en una permanente cuenta atrás y aprender a valorar cuanto tenemos. Vivimos de espaldas a la muerte como si no hubiera un final y perdemos demasiado tiempo en cosas intrascendentes. Lo peor es que cuando lo comprendemos suele ser demasiado tarde. Buen texto! Saludos cordiales!

    1. En el mundo occidental, la muerte parece ser algo que no nos atañe. Como si, no hablando de ella, nos fuéramos a librar. Ni siquiera somos conscientes de que tarde o temprano, nos va a llegar a todos. Y se la ocultamos a los niños, mejor no hablar de esas cosas. Por eso, como bien dices, perdemos demasiado tiempo en cosas intrascendentes. ¿Cuántos traumas se crean por esta forma de actuar?
      ¡Más hablar! ¡Menos ocultar! Un abrazo. Marlen

  2. Totalmente de acuerdo Marlem, en algunas ocasiones miedo da vivir.. Pero creo que el tabú a nombrar la muerte es algo que debería desaparecer porque estamos de paso, nacemos sabiendo que un día moriremos y nadie puede evitarlo, simplemente aceptarlo. Emotivas y sentidas letras reflexivas que transmiten melancolía. Un abrazo

    1. Hola Nuria.
      Me reafirmo en mi última frase. El miedo a morir no es nada comparado con el «miedo a no vivir». Eso sí que da miedo, perder la oportunidad de disfrutar de la vida y de aquellos que la vida ha puesto en nuestro camino. Por tonterías, por orgullo, por no perdonar, por celos…
      Dices: » …estamos de paso, nacemos sabiendo que un día moriremos y nadie puede evitarlo…» Creo que no, creo que nos inculcan tanto miedo a la muerte, que hasta negamos el hecho de que nadie se queda aquí después de su hora.
      Lamento si he transmitido melancolía. Esta entrada es sólo fruto de la reflexión y de ver la reacción de la gente ante la mera idea de que un día ya no estaremos por aquí y será mejor que nos vayamos acostumbrando a aceptarlo.
      Un abrazo para ti también.

Responder a Nuria de EspinosaCancelar respuesta

error: Content is protected !!

Descubre más desde El blog del Trujamán

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo