Extraña balanza

Las noches en el hospital son horribles. Los gritos desgarradores en mitad de la oscuridad. Los ruidos de las camillas empujadas a toda velocidad por los pasillos desiertos, que te dejan pensando en quién será el degraciado que está perdiendo la batalla en ese mismo momento.

Pero lo peor es el vacío. Ese silencio compartido por quienes esperamos que la balanza se incline hacia uno u otro platillo. ¿Qué pesa más, haber sido toda la vida un hijo de puta o un buen compañero que tuvo un traspiés? ¿Ser un padre cariñoso y comprensivo o acordarte en el lecho de muerte de dejar bien parados a los herederos? ¿Ir a misa todos los domingos o ayudar a quienes te rodean? ¿Qué pesa más?

Mi padre nunca tuvo un gesto que le redimiera de tantas injusticias como cometió. No sé cómo habrá sido durante su juventud, no sé si alguna vez quiso a mi madre porque a nosotros, no. Eso lo dejó muy claro cuando abandonó a Lucien herido en mitad del bosque y lo condenó a morir solo, sin una mano amiga que le sujetara el alma cuando partía.

Cuando lo contó a la policía, les explicó que fue a buscar ayuda. Pero no se busca ayuda en la taberna, bebiendo un vino. Al final la ayuda la recibió él. Ni una semana pasó en la cárcel. Pero mi hermana Marie tuvo que dejarnos. Se casó con el comandante y ya no podía venir a visitarnos. Tenía mucho trabajo en casa y con sus hijos.

Fue una pena porque era ella quien nos contaba los cuentos antes de dormir. Los inventaba con tanta facilidad que yo nunca entendí cómo lo hacía. ¡Ahora un cuento de brujas! ¡No, no, uno de miedo! ¡No, uno de una familia feliz donde los padres se quieren y protegen a los hijos! Ese es el que siempre pedía yo. ¡No era tanto pedir! Pero mis hermanos se reían y Marie, por escuchar sus risas, les contaba sus fantasías.

Al final, me quedé sin saber cómo es la vida de una familia feliz. Creo que nunca me enteraré, porque la guerra es peligrosa, no se trata sólo de correr y disparar. Es que, a veces, las balas te buscan donde tú estás. Y a veces, cuando la balanza se inclina un poco, nadie te puede salvar.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

9 comentarios sobre “Extraña balanza

    1. Es cierto, los hospitales son lugares en los que afloran los miedos, los reproches, las dudas. Y en los que la mente entra a reflexionar todo lo que no nos permitimos reflexionar en la vida diaria.
      Gracias por tu comentario. Un saludo. Marlen

  1. Hola Marlem. Los hospitales, ese lugar en ciertos momentos sombrío en el que a veces tu alma se rompe. Unas letras reflexivas que percibo con angustia, no se si porque me hace recordar los seis días tan angustiosos que mi padre pasó en coma. Desde luego días en los que son muchos los pensamientos y reflexiones que se te cruzan en la mente. Te aplaudo. Un abrazo

    1. Hola Nuria.
      En esas dos primeras líneas de comienzo del cuento, quise plasmar esos momentos sombríos, de angustia, cuando tomas la mano de quien recurre a sus últimas fuerzas, de quien se te va o de quien te habla sin hablar, sólo con los ojos.Sí, son muchas las reflexiones, los recuerdos. Lo malo es cuando llegan con los sentimientos de rabia, de impotencia, como en el caso del protagonista, de cosas que probablemente ya no se van a resolver.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo.

    1. Hola Carlos.
      Me gusta que nos traigas la esperanza a este escenario. Porque yo, en este cuento, me metí en el peor de los panoramas. Pero tienes razón, el hospital también es un lugar donde sanar, donde encontrar la esperanza y el futuro. Y la prisión, si no lo es, debería serlo.
      Así que gracias por tus palabras. Un abrazo.

  2. Hola, Marlen.
    Tres lugares singulares para grandes reflexiones: los Hospitales, las zonas en Guerras y las Familias.
    En cada una de ellas se libran batallas, distintas, pero que marcan, sobre todo, a los niños.
    Hablas de balanzas cuando yo soy, (eso que dicen la estrellas), de signo Libra. Yo suelo decir que, más bien y con orgullo, soy un desequilibrado total.
    También hay quien habla del Karma y su justicia en el tiempo. Yo lo dudo y creo en lo que se puede hacer en el momento pertinente, sin dilación ni titubeos. Cuando las cosas se enfrían las ayudan son tardías e innecesarias, las más.
    Creo que en los tres lugares que comentas, lo peor es la Soledad. Cuando no tienes con quién conversar, reír, llorar o convivir, la vida se hace demasiado dura.
    Un cuento lleno de emotividad y reflexiones para sentir empatía por todos los que sufren.
    Muchas gracias, amiga.
    Un Abrazo.

    1. Hola Jose.
      Tienes razón, tres lugares singulares para grandes reflexiones: los hospitales, las zonas en guerra y las familias. Y me quedé pensando en los tanatorios. Pero en realidad, creo que en los tanatorios uno intenta refugiarse en la broma, en el recuerdo agradable, tal vez para no reflexionar precisamente. Y también coincido contigo en que lo peor es enfrentar esos lugares en soledad. La fragilidad se agranda y los fantasmas de culpas, de conflictos no resueltos, de miedos, de rabias contra injusticias (no, a mí tampoco me consuela el karma, creo que se lo inventaron como remedio a la desesperación) los fantasmas se meten en las camas de los que esperan. Porque los gritos son horribles, pero los silencios son peores.
      Buenos lugares para cultivar el arte de la compasión, sobre todo con los extremos de la vida, con los niños y los ancianos, los más vulnerables. Buenos lugares para entender el valor de una mano amiga, el de un ser dispuesto a escuchar. Aunque sea sólo eso: escuchar. Nada más y nada menos.
      Muchas gracias a ti, por tus palabras. Un abrazo, Amigo.

      1. Exacto, Marlen.
        Es tan difícil, hoy en día, escuchar sin opinar; o encontrar a alguien que te dedique un poco de tiempo para espantar la soledad.
        Siempre digo que vivimos en un mundo de prioridades, pero, por desgracia, que mal las administramos.
        Feliz domingo y mejor semana, amiga.
        Abraaazooo

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