La buena hija

Al principio no se daba cuenta, pero llegó un momento en que descubrió que lo más inteligente que hay que hacer es averiguar qué es una prisión y qué no lo es. Algunos espacios aparentemente libres son en realidad prisiones disfrazadas. Y una vez que distinguió la prisión de la libertad, una vez que constató que vivía en una prisión desde su nacimiento, tuvo que decidir qué iba a hacer.

Era su décimo octavo cumpleaños y pensaba festejarlo con su flamante novio y unos amigos, en casa de su amiga Oihana. Hacerlo en su casa ni siquiera se le había ocurrido, pero cuando el lunes su madre le preguntó qué quería para su urtebetetze (cumpleaños), a ella le salió del alma contestarle que lo único que deseaba era poder pasarlo en casa con sus amigos y su novio. Luego se arrepentiría de su impulso, pero ya estaba hecho.

La torta y las bebidas las traerían ellos, dijo apurada para evitar la excusa del dinero. No podía entrar nuevamente en la discusión de por qué no la dejaban trabajar. No era el momento.

Así que cuando su madre le contestó: “Ya veremos”, una marea de optimismo la invadió y le hizo salir corriendo a hacer las camas y limpiar los cuartos.

Arantza pasó feliz esos días, haciendo planes, arreglando un vestido con unas puntillas que le había sacado a una sábana vieja, limpiando unos zapatos que a su madre le habían quedado ajustados, escapándose entre recado y recado para hablar con su amiga y darle algún mensaje para Julen, el novio que tenía tantas o más ganas que ella de pisar por fin la casa de su novia.

Pero ya lo dice el dicho “El hombre (o la mujer en este caso) propone y Dios dispone”. El sábado por la mañana su madre no se levantó a la hora de costumbre. Se sentía muy fatigada, no había dormido en toda la noche y pidió a su hija que avisara al médico enseguida.

El médico, después de revisarla concienzudamente, les dijo que no le encontraba nada especial, pero prescribió que, por precaución, comiera ligero, descansara un par de días y que volvería el lunes a verla.

Por supuesto, el festejo del cumpleaños de Arantza se anuló. No se podía hacer en casa, para no agravar la enfermedad no diagnosticada. Y tampoco podía dejar a la enferma sola en el caserío, sus dos hermanos saldrían con su cuadrilla y no volverían hasta tarde. Estaban en su derecho, era fin de semana.

Fue un fin de semana muy triste, ni siquiera pudo ver a Julen porque Sabin y Ander volvieron muy tarde a casa. Pero fue, al mismo tiempo, la primera vez en que reflexionó sobre temas que hasta entonces no se había planteado.

Julen le había estado hablando sobre cárceles y prisiones y a ella le daba mucho miedo que estuviera metido en política. Así que el domingo, con la excusa de no perderse la misa y ya que los chicos estaban en casa, se encontró con Julen y abiertamente le preguntó en qué andaba metido. Una vez aclarado que la política no era lo suyo, él le explicó que estaba preocupado por la forma en que la trataban en casa. Hablaron una misa y media y a Arantxa la conversación le sirvió para abrir los ojos al mundo que no quería ver.

Nunca subestimes el grado en que la gente se empeñará en cerrar los ojos para evitar ver la realidad de sus propias jaulas. El bloqueo más fuerte de la prisión es siempre la evitación, no la fuerza.

Llegó a la conclusión de que Julen le estaba pintando su vida completa, aún sin conocer muchos detalles. Él decía que hay tres tipos de prisiones: de la mente, del cuerpo y del alma y que cada uno debe ser consciente de si está atrapado en alguna de ellas. Y si es así, si descubrimos que no somos libres, ver la forma de planear una fuga de la cárcel.

Hablaron mucho, muchísimo, hasta que Arantza con miedo de lo que tendría que aguantar por llegar tan tarde, volvió corriendo a casa, con un beso furtivo y un nudo en la garganta. Nada pasó al llegar al caserío, su madre se había levantado, habían comido los tres y charlaban tranquilamente en la cocina. Al ver a Arantza colorada como un tomate por la carrera, aceptaron la versión de que era ella la que se había contagiado y necesitaba acostarse y estar tranquila.

Pasó el resto del día con una manzanilla y las palabras de Julen haciéndose un hueco en su interior. Las actitudes de su madre, los sentimientos que en ella despertaban, iban formando un casillero con piezas que encajaban perfectamente.

En la casilla de la prisión de la mente entendió que su madre jugaba con la culpa. La historia ya estaba escrita de antemano, el hermano mayor heredaría la casa y las tierras, se casaría y daría descendencia al linaje. El hermano menor estudiaría y entraría al seminario para ser cura.

Y ella, la chica de la familia, estaba predestinada a hacerse cargo de la casa mientras sus hermanos fueran pequeños y de hacerse cargo de la madre cuando fuera vieja y no se pudiera valer por sí misma, hasta que muriera. ¡Cuántas veces había oído eso en las conversaciones! Tantas, que en ningún momento había pensado en otra realidad.

Era una forma ideal de vida para las familias, cada uno tenía su sitio, los bienes no se repartían porque las tierras, el caserío, siempre eran propiedad del hijo mayor, el resto de los varones aprendían oficio, las mujeres se casaban y se iban al caserío del marido. Y nadie quedaba desprotegido porque era la obligación del mayor hacerse cargo de sus hermanas neskazarrak (solteras) o alargunak (viudas). Pero era una forma absolutamente injusta para la hija menor de la familia. La pregunta era ¿cómo no se había dado cuenta antes? ¿Cómo escapar de los lazos de la esclavitud mental? El primer paso era entenderlo y eso era lo que estaba haciendo.

En la casilla de la prisión del cuerpo, su madre no le dejaba salir ni tener amigos para que no se enamorara, no le dejaba trabajar ni seguir los estudios para que no consiguiera independencia económica. Todo estaba relacionado con el sistema de vida que tenían como comunidad. Ni hablar de casarse, tener cierta independencia o irse a vivir a otro lugar.

Su futuro estaba predeterminado y, a cambio de su trabajo en la familia, tenía asegurada su supervivencia, pasara lo que pasara. O sea que, además debía estar agradecida a sus hermanos.

No sé quién dijo: «Hay dos formas de conquistar y esclavizar a una nación. Uno es por la espada. El otro es por deuda». Y ella estaría pagando su deuda toda la vida.

Por último, en la casilla de la prisión del alma, se encontraba el poder espiritual de la comunidad que había mantenido sus costumbres desde hacía siglos. Y el nada despreciable poder religioso del cura a través de confesiones y penitencias, en 1930 y en un pueblo pequeño de Navarra donde todos conocían la vida de todos. Rebelarse significaba romper con la sumisión mansa, enfrentar el alma a la voluntad del resto del mundo.

Es demasiado doloroso admitir que estamos atrapados en una prisión. Pero reconocerlo es dar el primer paso para escapar de ella. Escapar de la prisión del alma tal vez requiere que nos sintamos verdaderamente incómodos. La gran mayoría de nosotros somos incapaces de tolerar el auto-sacrificio. Pero ¿y si ese auto-sacrificio lo ves en todas las casas, como algo normal, algo que forma parte de la vida de la sociedad en la que vives?

Triste por no haber podido festejar su ansiado cumpleaños y mareada por todo lo que estaba descubriendo, resolvió que necesitaba más tiempo a solas para seguir indagando en lo que deseaba y en cómo lo conseguiría.

El lunes, cuando llegó el médico, fingió estar enferma. Al fin y al cabo, algo había aprendido de su madre. Unas cucharadas de laxante, un paño empapado en agua muy caliente sobre la frente y una buena actuación convencieron al buen doctor, que la conocía desde que había nacido.

Dos días después ya estaba en pie. Nadie se dio cuenta de la diferencia que se había producido en ella. La palidez y un cierto brillo en la mirada, podían relacionarse con la fiebre y las descomposturas que había sufrido. Las visitas al médico le permitieron discretos encuentros con Oihana y con Julen.

Planificó todo hasta el último detalle. El pequeño bolso de Oihana con todas sus pertenencias: el camisón, el vestido que no usó en su cumpleaños, las zapatillas de casa, el mandil y el retrato de los cuatro de su mesilla de noche.

La fecha era evidente. Mientras pasaban las semanas, su decisión se fue fortaleciendo. Y cuando llegó el día señalado, se vistió, se colgó su medallita de nacimiento, tomó su bolso, cerró la puerta del caserío y partió sin mirar atrás.

Sobre su cama quedó el sobre con la dedicatoria: Urtebetetze zoriontsu Ama (Feliz cumpleaños Mamá).

El mundo fue hecho para ser libre. Este conocimiento es lo que nos obliga a alejarnos de nuestras vidas seguras pero poco felices. Sin embargo, la gran mayoría de nosotros nos aferramos a nuestras vidas seguras aunque poco felices, completamente ajenas a las aventuras que podríamos vivir fuera de nuestra zona de confort.

Así está la cosa: todos sabemos que nacimos para ser libres. Pero también estamos condicionados a tener miedo. La libertad y el miedo están en una batalla constante dentro de cada uno de nosotros, todos los días. Una gran parte no somos lo suficientemente fuertes como para escapar. Años y años de propaganda parroquial y condicionamiento anticuado tienen a un segmento de nuestra especie revolviéndose en su infancia.

Bebés asustados, inmaduros, codependientes e inseguros que imaginan ser adultos bravíos, reflexivos, autónomos e invulnerables, muy lejos de darse cuenta de que tenemos el potencial de ser héroes valientes, auténticos, emancipados e imbatibles.

Así que todo se reduce a esto: ¿abriremos la puerta y tendremos el coraje de alzar el vuelo, o nos estancaremos en una sociedad poco saludable, sin imaginación y anclada en el pasado?

VadeReto, ¿Jugamos a Inventar Historias? En el blog “Acervo de letras” de Jose Ant. Sánchez, existe este reto literario que me encanta. Es una invitación a escribir, sólo un tema cada mes que puedes desarrollar como más te guste. Así que, aceptando el desafío de Jose, aquí os presento mi relato que este mes va de «El cumpleaños«.

¡No os los perdáis! Podéis leer el resto de aportes aquí: https://jascnet.wordpress.com/2023/10/01/vadereto-octubre-2023/

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

34 comentarios sobre “La buena hija

  1. No estiendo a estas familias.
    Conocí a una mujer que se pasó la vida cuidando de sus padres. Nunca se casó o tuvo hijos.
    Los padres querían lo mismo para su hermana. Pero ésta se casó y tuvo dos hijos, y por ello, los padres dejaron de hablarlr…

    1. Hola Noelia.
      Hay personas sumamente absorbentes que no conciben que sus hijos tengan vida propia y hay otras que, por egoísmo pretenden que se dediquen únicamente a la familia. Cada familia es un mundo. Gracias por tu comentario. Saludos.

  2. Desde luego hay personas muy absorbentes que no conciben que sus hijos vivan su vida, como hay otras que son egoístas y orgullosas y pretenden que se dediquen exclusivamente a la familia. Y otras dedican su vida plenamente a sus hijos y nietos. Buen aporte al reto. Un placer leerte. Abrazos.

    1. Hola Nuria.
      Y creo que esas, las que dedican su vida plenamente a sus hijos y nietos, son la mayoría, aunque no son noticia. Pero hablar de personas como los personajes de este cuento, puede servir a alguno para abrir los ojos. 
      Gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte.

  3. Hola, Marlen.
    Estoy acabaito de comé, con la panza llena; en la antesala de una clase, preparándome mentalmente; y leo tu cuento y… me dan ganas de coger una mochila y tirar millas. Pero claro, justo al levantarme de la silla, las rodillas me dicen… «aonde va chavea». 😂😂😂😂
    Bueno, bromas aparte. Es un preciosísimo relato que bien podría ser de obligatoria lectura para muchos y, sobre todo muchas, en edad de cambiar de vida. La familia es importante, pero no puede ser un impedimento para que los hijos se desarrollen, sigan sus ilusiones y creen sus propias vidas; no te digó ná con respecto a la comunidad y la religión.
    No digo esto de boquita pafuera; mi hijo estudió en Granada, a casi 300 km de su nido; y ahora vive y trabaja en Madrid, todavía más lejos. Y estoy seguro de que el futuro se lo llevará más pa’llá de nuestras fronteras. Su felicidad va en ello.
    Julen tienen una sabiduría digna de un anciano sabio y experimentado. Esa chica no debería perder el contacto con él. Su amistad es muy preciosa y preciada.
    Muchísimas gracias, amiga, porque, como siempre, nos has regalado un cuento lleno de reflexiones, sapiencia, buenos consejos y maravillosas moralejas. ¡Hazte un podcast! 😂😝
    Un Abrazo, Ipuin Kontalari Bikaina

    1. Hola Jose.
      Sí, en estos momentos la sociedad está más concienciada sobre estos comportamientos dentro de las familias. Por eso sitúo el cuento en 1930. Era una forma de vida y de pensamiento normal. Y sin embargo, no nos podemos imaginar las cosas que aún hoy se encubren tras las puertas. La diferencia de trato y de educación protegiendo al niño y no a la niña. ¡Déjalo, que para poner la mesa ya está la hermana! Eso lo he escuchado yo, por suerte no en mi familia.
      No se trata sólo de impedir que se alejen de casa, que también. Es la mentalidad de que el género impone comportamientos. Los hermanos se van de farra y no se pueden ocupar de la casa ni de la madre porque ya han trabajado toda la semana. Pero la hermana no puede ni siquiera ir a festejar su cumpleaños porque debe hacerse cargo de la casa y la madre. Esas son «sus labores», como se ponía en los documentos, y eso no era un trabajo. La madre por su egoísmo, los hermanos por su pasotismo, configuran la cárcel donde encierran a Arantza.
      Menos mal que se topó en la vida con una buena amiga y con un super-amigo Julen que, además de novio cumple el rol de despertador de mentes dormidas.
      Enfin, que el cuento empieza y termina en cumpleaños, pero en el medio hay una etapa de descubrimiento y evolución de la mujer, que merece un festejo. Y, por mi parte, creo que la pareja tiene buen futuro. Espero que lo consigan.
      ¡Un podcast! ¡Ni hablar! Tengo demasiados frentes abiertos y sería descuidar alguno. Pero me gusta aprender cosas nuevas y me tienta aprender a crear un archivo de sonido, con su música de fondo. A ver si me animo y me pongo a ello.
      Gorri geratzen naiz zure laudorioagatik. Besarkada bat.

  4. Forma parte de ma vida el salir volando aunque, detrás de una cárcel viene otra y, la peor de todas no se ve. No llevamos grilletes con nosotros mismos y sin embargo… esas creencias de las que somos reos! Un saludo

  5. Hola Montserrat. 
    Las cárceles son siempre penosas, pero las peores son aquellas que no vemos. ¿Aceptaremos la incomodidad que proviene de ser abofeteados con la verdad, o nos adaptaremos a la tranquilidad de una mentira? ¿Despertaremos o seguiremos durmiendo? 
    Saludos.

  6. ¡Hola Marlen! Un relato precioso en el que nos dejas profundas reflexiones. Tratas un tema que a simple vista parece haber quedado muy atrás pero tiene raíces profundas que aún perduran. También he escuchado comentarios como el que mencionas más arriba (ese ¡Déjalo, que para poner la mesa ya está la hermana!). O que amigas mías no pudieran salir a determinadas horas y después te encontrabas con que el hermano de la misma edad si que podía salir a la calle a esas horas. Ese tema en concreto, por fortuna, no lo he vivido pero si en cuanto a los gustos que te imponen. Los videojuegos siempre me han gustado mucho y a partir de cierta edad ya no estaba tan bien visto que quisiera comprarme un videojuego en vez de maquillaje.
    Y bueno, ese es un ejemplo de mi época, que ya han pasado unos cuantos de años pero he tenido la suerte de impartir algunos talleres de igualdad de género y a veces te encuentras con mujeres o niñas que todavía siguen viviendo escenas parecidas a las que nos relatas en tu historia.
    En general, creo que es un tema que da para mucho, que tiene múltiples aristas y que has resumido, explicado y transmitido muy bien con tu cuento. Enhorabuena!!!
    Un saludo.

    1. Hola Rocío.
      Sí, por suerte yo tampoco he vivido situaciones así. Mi madre era avanzada a su época . Tengo un hermano y en casa los dos teníamos las mismas tareas en las que nos turnábamos. Y parece increíble que, habiendo pasado tantos años, en más familias de las que uno se imagina, aún quedan reglas desparejas según el sexo o comentarios que te dejan con la rabia adentro.
      ¡También tú, comprarse un videojuego en vez de un primoroso kit de maquillaje! 🤣🤣🤣
      Me alegro que te haya gustado. Muchas gracias por tus palabras.
      Un saludo para ti también. 

      1. El kit de maquillaje me lo regalaban igual, por reyes o cumpleaños, aunque no lo pidiera, y ahí se quedaba en un cajón por años jajajaja ahora está llegando el tema de las cremas antiarrugas, que parece que después de los 30 hay que embadurnarse en ellas.
        Es horrible el bombardeo constante en torno a como debemos ser y mostrarnos.

  7. Yo ya estoy en la edad de haber aceptado mis canas y no hacer caso a quien no le gusta verme más vieja. Hace ya unos años decidí dejar de teñirme y dejar que mi pelo fuera cambiando con el paso del tiempo. Desde la peluquera, hasta mis amigas y familia, todos (salvo una amiga) intentaron convencerme que se me veía mejor si seguía tiñéndome. Por supuesto yo seguí pensando que Yo soy yo con mi cuerpo y mis circunstancias. Y al que no le guste, que mire para otro lado. Pero como tú dices, es horrible el bombardeo constante en torno a cómo debemos ser y mostrarnos. Por suerte, algunas/algunos tenemos las ideas claras.

    1. Hola Carlos.
      Sí, es cierto. Hay casos en que parece que la decisión hubiera estado esperando para hacerse realidad en el momento justo. Pero, desde luego si uno no está preparado, no hay momento adecuado.
      Gracias por comentar. Un abrazo.

  8. ¡Qué relato más tremendo, Marlen! Qué bien lo has contado y con cuánta profundidad y sabiduría. Situaciones frecuentes hace unos años y relaciones familiares plagadas de culpas y chantajes. Me ha encantado esta historia y todo lo que se desprende de ella. Felicidades.

    1. Hola Marta.
      ¡Cómo me alegra que te haya gustado la historia! Son costumbres que durante muchos años, se han ido haciendo fuertes por el bien de la comunidad, sin tener en cuenta el bienestar de los integrantes de la familia. Por suerte, han ido evolucionando con el tiempo. Pero siempre quedan rescoldos en el fuego, sobre todo cuando uno se topa con personalidades egoístas o machistas. Que machistas no son sólo los hombres.
      Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo.

    1. Hola, ¿tienes algo que ver con los Carabajal o simplemente te gustan y pides que se les contrate? Pregunto porque me gustan y me llamó la atención.
      No soy Rocio, soy Marlen. Y me alegro que te haya dejado reflexionando. Eso siempre es positivo. Muchas gracias a ti, por pasarte por el blog y comentar.
      Un abrazo. Marlen.

  9. Hola Marlen, un excelente relato para el VadeReto. Nos haces reflexionar y aunque la mente se va a tiempos pasados, sin duda este problema de la libertad se da hoy en día, con diferentes matices. Regresando a los tiempos antiguos siempre me ha impresionado la forma en la que esas chicas tenían que vivir, la sociedad tan injusta en la que se movían y el patriarcado rampante que tanto afectaba que una mujer pudiera tener otros caminos. Me encanta que tu protagonista se anima a escapar de esa jaula. Muy buen aporte Marlen, saludos.

  10. Hola Ana.
    Es cierto, la mente se va a tiempos pasados. Pero lamentablemente, quedan resquicios de machismo que impresionan. No sé cómo será en México, yo estaba acostumbrada a una cultura en Argentina, en la que la mujer hace mucho que dejó de ser menospreciada. Pero en España, no sé si porque se quedaron parados en la evolución a causa de la dictadura, es increíble que escuches esas frases hirientes en boca de chicos jóvenes. Y, lo que es peor, en boca de mujeres. A pesar de los progresos, todavía hay madres que educan a sus hijos en la desigualdad.
    Por supuesto, mi protagonista merecía un final de libertad. No podía ser otro.
    Me alegro mucho que te haya gustado. Un abrazo.

  11. Muy buen relato Marlen,
    Desde luego haces un extraordinario retrato de las situaciones que debían de sufrir numerosas jóvenes de aquellas épocas, especialmente en zonas rurales como la que nos muestras. Imagino, o quiero imaginar, que aunque hoy en día todavía siguen existiendo esos caseríos navarros y vascos (que duren por muchos años), la situación será diferente.
    Un abrazo.

    1. Hola Antonio.
      Imaginas bien, los caseríos siguen existiendo, pero la mentalidad de sus habitantes, como la de toda la sociedad, ha ido cambiando. Lamentablemente (también en toda la sociedad) aún queda gente que no evoluciona y que se niega a aceptar derechos de todos. Hay que estar atentos y hablar del tema, ayuda.
      Me alegro que te haya gustado el relato. Gracias por comentar. Un abrazo.

  12. Antiguamente, aunque tampoco hace demasiados años, en el mundo rural, también en Cataluña, era lo habitual. El hermano mayor heredaba la casa y las tierras, los otros hermanos estudiaban o aprendían un oficio y las hermanas se casaban, excepto una, que era la que cuidaría de sus padre ancianos hasta que morían. Muy bien descritas las cárceles de la mente.

  13. Hola María Cristina.
    Si lo analizamos, era la forma que tenían para que el patrimonio de la familia no se fuera perdiendo y nadie quedara desprotegido. Porque los padres, al hacerse mayores, no tenían que abandonar su casa y sus pertenencias y ser internados en residencias, como hacemos ahora. Y si una de las hijas quedaba viuda, era el hermano mayor quien se hacía cargo de ella y sus hijos menores.
    Visto desde nuestra mirada actual, es un horror que la hija menor estuviera obligada a no tener vida propia. Pero la vida de los ancianos a muchos de los cuales se interna actualmente contra su voluntad, tampoco es una delicia.
    Enfin, que la convivencia nunca es fácil.
    Gracias por tu comentario. Un abrazo. Marlen.

  14. Gran regalo de cumpleaños el que le hicieron a nuestra protagonista aunque sin saberlo! Y es que hay tantas prisiones invisibles! Es todo un regalo darse cuenta, conocerlas y atreverse a fugarse de ellas! Un abrazote!

  15. Tristemente, pero seguro que hay todavía familias que se rigen por esas costumbres. Y es verdad, me has hecho pensar con tu teoría de las «prisiones». Es un relato que avanza a paso firme, en el que nos muestras la evolución de la protagonista con los acontecimeintos que la rodean. Poco a poco abre los ojos y echa a volar.
    Un placer leerte

    1. Hola Jose.
      Muchas gracias por tus palabras. Sí, ese tipo de tradiciones seguramente seguirán latentes hoy en día. Es difícil que se pierdan, se mantienen de generación en generación, sobre todo en pueblos pequeños donde la influencia del exterior no es mucha.
      Por suerte, nuestra protagonista tiene buenos amigos que la ayudan a volar del nido.
      Un fuerte abrazo. Marlen.

  16. Hola Marlen, ¡guauuu! ¡Qué pedazo de relato! (No lo digo por la extensión, sino por la carga de sus palabras). Totalmente de acuerdo en todo, Marlen, ayyy, si yo te contara… Pero es cierto, repetimos patrones aprendidos socialmente que resultan ser prisiones y no nos damos cuenta hasta que es demasiado tarde, por suerte, tu protagonista abrió los ojos pronto. Muy buen relato. Te felicito.
    Un abrazo. 🙂

    1. Hola Merche.
      Pues precisamente los blogs dan pie a escribir relatos que echan mano tanto de la fantasía como de los recuerdos. Nadie te va a preguntar a qué mundo te refieres. Y, a veces, son una excelente terapia que ayuda a reflexionar y a curar heridas. ¡Ánimo!
      Me alegro que te haya gustado. Gracias por tu comentario.
      Un abrazo. Marlen.

  17. Tremendo relato, Marlen, porque es una realidad que todos hemos conocido y aunque afortunadamente pertenece al pasado, algunas de esas situaciones se mantienen aún hoy en día de forma encubierta, por ejemplo la hija soltera de la que se aprovechan los padres y las hermanas casadas y que no conviene que tenga novio ni sea independiente de la familia. Afortunadamente esto esta cambiando, pero como muy bien dices, lo más importante es darse siempre cuenta de las jaulas que nos aprisionan y escapar a tiempo. Me ha gustado mucho, un abrazo muyy grande!!

    1. Hola Lola.
      Sí, Lola. A veces lo que hace falta es que alguien que ve la situación desde fuera, despierte a la o el prisionero, para que se de el tiempo de reflexionar y actuar de acuerdo a su parecer. Pero es difícil cambiar costumbres que parecen tan lógicas e inofensivas. ¿Cómo no vas a ayudar a tus padres, tus hermanos, tus seres queridos? ¿Eres tan mala persona, no sientes nada por los tuyos?
      Difícil escapar a lo que otros no viven, pero critican.
      Me alegro que te haya gustado. Un abrazo grandote. Marlen.

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