Hay ciudades con las que sueñas toda la vida, aunque ya las hayas conocido, hay ciudades que atrapan y merecen mil visitas porque en cada una de ellas seguramente descubras algo nuevo.
Esa ciudad para mí es París.
Seguramente muchos se preguntarán: ¿Qué ver en París si ya lo he visto todo? y la respuesta a eso es que muchísimas cosas. París es increíble porque siempre descubres una tienda, una callecita, un rincón o una plaza nueva. Hoy me he propuesto llevarte por calles que no son tan típicas o conocidas.
Pequeñas calles empedradas que enamoran, con restaurantes, tiendas, mercadillos que todavía conservan un ambiente muy parisino, zonas de la ciudad con un encanto muy especial y que no están invadidas por el turismo masivo.
Si ya has recorrido lo esencial: los alrededores de Nôtre Dame, la Tour Eiffel, el Louvre, los Champs Elysées, Montmartre y las Galeries Lafayette, ahora toca visitar lugares más tranquilos con encanto e historia, esos que te imaginas cuando ves una película, esos con un toque de pueblo dentro de la gran ciudad. Son los que me gustan más y me enamoran de París.
Desde luego, algunos no son ya ningún secreto, porque ¿dónde no encuentras un turista en Paris?, pero al menos no hay tantos como en los puntos clásicos. Y otros, como Montmartre o el Quai d´Orsay son tan especiales, que no puedo dejar de ir a disfrutarlos cada vez que viajo.
Pero ven, no te pierdas. O mejor sí, ven a perderte conmigo.
Cuando voy a Paris, suelo parar en el encantador Quartier Latin. El ambiente estudiantil y desenfadado de los jóvenes que estudian en la Sorbonne y la cantidad de pequeños bistrots donde ver y dejarse ver, son lienzo maravilloso donde comenzar cualquier recorrido.
Muy cerca del Panteón, en pleno Quartier Latin, hay una calle: la Rue Mouffetard con una ligera pendiente, en la que el bullicio de los coches de la ciudad desaparece y los domingos está cortada completamente al tráfico porque acoge un mercadillo.
Antiguo tramo de una calzada romana, se encontraba en la carretera principal que conducía a Italia a través de Fontainebleau y Lyon, vía principal de la comuna de Saint Médard anexada a París en 1724. A partir del siglo XVII, barrio obrero y popular, se convirtió en un importante centro de protesta política. Durante las Jornadas de Junio de 1848, los trabajadores protestaron contra el cierre de los talleres nacionales y contra la política social. Los insurgentes levantaron barricadas, especialmente en el barrio de Saint Médard. La represión contra los alborotadores fue extremadamente violenta, con un gran número de muertos.
En 1871, la Comuna encontró una fuerte respuesta en el barrio. Durante la Semana Sangrienta, las tropas Versaillaises de Thiers que vinieron a someter a los comuneros, derribaron las barricadas de la calle Mouffetard y causaron un número considerable de víctimas.
Durante el Segundo Imperio, la calle Mouffetard fue cortada hacia el sur por las grandes obras del barón Haussmann para trazar la Avenue des Gobelins y la Rue de Bazeilles.
Durante la Segunda Guerra Mundial, las antiguas canteras de yeso de la ladera sureste de la montaña Saint Geneviève sirvieron de refugio a las “Forces françaises de l’intérieur” (FFI), conjunto de organizaciones militares clandestinas que operaban en Francia, como la “Armée secrète”, la “Organisation de résistance de l’armée”, o los “Francs-tireurs et partisans”, en apoyo de las fuerzas aliadas, en acciones de preparación al desembarco de Normandía y en la liberación posterior de numerosas ciudades de la Francia ocupada, bajo el mando del coronel Henri Rol-Tanguy.



Poissonnerie (Pescadería) 
Fromagerie (Quesería) 
Hoy en día, el barrio aún conserva casas adosadas medio torcidas y atesora el encanto único del Vieux Paris. La abundancia de tiendas de comida y artesanía le da la atmósfera de un simpático mercado. Se perpetúa de esta forma la tradición nacida en torno a la plaza de Saint Médard. En la calle Mouffetard, panaderías, carnicerías, tiendas de alimentación, empresas de catering, comerciantes de vinos, horticultores y fruterías compiten con cervecerías, cafeterías y otros puestos de comida rápida, tentando al paseante.
Esta calle marca la historia de la literatura con la presencia de estaminets (pequeños y acogedores cafés típicos) frecuentados por poetas del Quartier Latin, como el famoso “Cabaret de la Pomme de Pin” en el número 1, frecuentado por François Villon y Rabelais en el siglo XV, o los poetas de la Pléiade en el siglo XVI. El marqués de Sade había adquirido aquí una garçonnière (piso de soltero), donde fue arrestado en 1763. Y Víctor Hugo relataba las barricadas de la calle Mouffetard en «Les miserables».
En el 141, Rue Mouffetard, se erige en el lugar de un oratorio construido por los merovingios, la iglesia de Saint Médard. Es del siglo XV, en estilo gótico, que aparece en la fachada principal. Con una portada sencilla y sin decoración rematada por un gran vitreau y un capitel. Un campanario cuadrado, rematado con techo puntiagudo, está desplazado de la nave. Lamentablemente, está enmarcado por edificios cercanos y no es fácilmente visible.

Église Saint Médard 
Plaza frente a la iglesia 
Interior de la iglesia 
Capitel esculpido
Hermosa de ver por su arquitectura interna, pero además por el cuadro del pintor español de la Edad de Oro Zurbarán, que por sí solo justifica la visita. En 1784 se añadió la capilla axial de la Virgen, rodeada por un «Sol Radiante» bajo un marco con columna y capitel de estilo clásico.

En 1624, una primera construcción en la esquina de la calle Mouffetard y la calle Pot-de-Fer sustituyó a un pozo medieval. Se encuentra en el 67,Rue Mouffetard y lleva el nombre de Fontaine du Pot-de-Fer, la vía bautizada en homenaje a los calderos humeantes de las cocinas del barrio, ya que Mouffetard era famosa por sus numerosas tabernas desde la Edad Media. La fuente era entonces uno de los pocos puntos de agua de la comuna de Saint-Médard.
Pero si hablamos de agua, mira esta preciosa fuente.

Las fuentes Wallace, que son ciento ocho y están repartidas por toda la ciudad, son símbolos de la capital incluso en el extranjero y son tan famosas como la Torre Eiffel. Las pequeñas construcciones de hierro fundido pintados de verde botella proporcionan, como dato poco conocido, agua perfectamente potable. La primera fuente se inauguró en agosto de 1872, en el Boulevar de la Villette.
Se crearon tres modelos: uno grande, uno pequeño y uno de pared. El modelo grande mide 2,71 metros y pesa 610 kg. Base de piedra de Hauteville de ocho lados, cariátides que sostienen una pequeña cúpula decorada con delfines. Las cuatro cariátides representan tanto las virtudes como las estaciones: Sencillez y primavera, Caridad y verano, Sobriedad y otoño, Bondad e invierno.
Eugène Belgrand, ingeniero hidrólogo del barón Haussmann, director de Agua y Alcantarillado de París, eligió su ubicación garantizando su accesibilidad, pero también su integración armoniosa en el entorno urbano. El filántropo británico Richard Wallace financió su diseño e instalación.
Hay que contar que la ciudad de París ofrece periódicamente fuentes Wallace como muestra de amistad durante los intercambios culturales internacionales. Algunas de ellas viajaron a Estados Unidos para establecerse en Los Ángeles y Nueva Orleans, a Israel a Jerusalén y Haifa, a Canadá a Montreal, Quebec y Granby, al Reino Unido a Londres e Irlanda del Norte, a Mozambique, a Brasil, a Portugal en Lisboa, pero también a Jordania, Suiza o a China en la isla de Macao.
En España hay tres: en Barcelona, El Ferrol y también aquí cerca, en San Sebastián/Donostia.
Demos una vuelta por las tiendas antiguas de las que se mantienen curiosos recuerdos. En el número 6 de la calle Mouffetard, un notable cartel de una antigua carnicería cubre el primer piso de la fachada de un edificio del siglo XVIII. Sobre un fondo rojo descolorido por soles y lluvias, se encuentran dos bueyes curiosamente ensillados y tres medallones que representan ovejas, pintados de un amarillo que ha conservado su vivacidad. La carnicería en funcionamiento desde finales del siglo XVIII hasta finales de los años 70, dio paso a un negocio de alimentación de tipo ligeramente diferente, un restaurante libanés «Le Cèdre».

En 1848 el 69, Rue Mouffetard fue un club revolucionario, en 1870 fue lugar de reunión de los comuneros.Y desde comienzos del siglo XX, una tienda de vinos: “Au Vieux Chêne”. Símbolo de la tienda, un cartel estaba colocado en el primer piso. Desapareció en 2008.
El cartel de madera finamente tallada ya no se encuentra por ninguna parte. Fue sustituido por una copia tosca y rudimentaria en resina, donde las ramas y hojas se han convertido en víboras o salchichas.


La fotografía original de Eugène Atget que data de 1911 
Hoy en día
En principio, se explicó que se llevaba al Museo Carnavalet para restaurar. Pero lo cierto es que fue destruido durante una torpe maniobra de un camión de reparto. La fotografía original de Eugène Atget que data de 1911 muestra la elegancia de las líneas grabadas, el refinamiento del diseño de las ramas, hojas y bellotas. La reproducción en resina no capta, evidentemente, aquellos delicados detalles. Símbolo de un Paris que va muriendo.
Inscrito en el inventario de Monumentos Históricos, el antiguo cartel de madera policromada del 122,Rue Mouffetard, indica la ubicación de un antiguo comerciante de vinos. La bucólica escena representada no es del todo inocente, contrariamente a las apariencias. Su nombre “À la bonne source” (En la buena fuente) oculta un juego de palabras acorde con los juegos de palabras y otros acertijos, una práctica habitual desde finales del siglo XV. Los dos personajes que sacan agua de un pozo hacen referencia a “un vino potente”. Los chistes amistosos tenían como objetivo impresionar y atraer a más clientes potenciales gracias al carácter humorístico de los comerciantes.


À la bonne source
En el siglo XIX, pasó a convertirse en una tienda de comestibles y se transformó en la “Maison Piétrin”, conservando el antiguo cartel de madera tallada policromada.
En el 134, Rue Mouffetard nos llama la atención una fachada, ¿cómo decirlo? ¿Superabundante, pintoresca? Una decoración de los años 1930 de la charcutería “Maison Facchetti”, con la técnica heredada del Renacimiento italiano del Esgrafiado. La cierva, el jabalí y el faisán retozan sobre un fondo de motivos vegetales, elegantes arabescos y abundantes volutas. La incongruente presencia de este juego aporta un toque pintoresco al pequeño edificio del siglo XVII.

Entre las ventanas del entrepiso, cuatro carteles están decorados con paneles de chapa que representan escenas rurales. Esta fachada barroca es desde hace mucho tiempo la marca de la “Maison Facchetti”, una empresa de charcutería y catering.
La decoración, encargada por el patrón a un albañil compatriota italiano: “Eldi Gueri” o “Adigheri” y fue realizada entre 1929 y 1931. Siguiendo la tradición de las antiguas marcas heredadas de la Edad Media, Facchetti vio en esto una oportunidad de hacer publicidad para atraer nuevos clientes, afirmando al mismo tiempo la prosperidad del comercio.
En la calle Mouffetard, la omnipresencia de las tiendas de alimentación empujaba a los artesanos a destacar por su creatividad. Situada justo enfrente de la plaza de la iglesia de Saint-Médard, donde se celebra el mercado, esta fachada sigue llamando la atención casi un siglo después. El establecimiento Facchetti cerró el 2 de febrero de 2001 y fue sustituido por una lechería famosa en todo París.

Little Napoli 
Le Vieux Bistrot 
Le Consulat 
La Fontaine 
Crepería «Au p´tit Grec» 
Crêpes de «Au P´tit Grec»
Con tanta caminata, se me ha abierto el apetito. Muy famoso en esta zona es el restaurante “Aup’tit Grec”, siempre con colas, pero dicen que son los mejores crêpes de París. Contrariamente a lo que predice su nombre, los crêpes son enormes y tienen de todos los gustos, salados y dulces. Todos crujientes y finos.
Puedes crear el crêpe salado más gourmet, eligiendo y combinando los múltiples ingredientes de la carta: verduras, bacon, huevos, chorizo, atún, pollo, pavo, cebollas, berenjena a la plancha, queso de cabra, tarama (un puré cremoso típico de las cocinas griega y turca, hecho con una pasta de huevas de pescado en salmuera), boloñesa, queso feta, jamón, gruyere rallado, 4 quesos, champiñones y una infinidad de ingredientes que están escritos en un panel y decorándolo con una ensalada de tomate y cebolla.
Y también el dulce, desde el clásico de mantequilla y azúcar, hasta compotas, confituras, chocolate, crema de castañas, frutas, plátano, miel, Nutella, etc. Para mi ¡están todas riquísimas! Pero desde luego las Galettes son muy originales.

Aprovechando la visita a esta calle, muy cerca se encuentra la Gran Mezquita de París y también las Arenas de Lutecia. Son dos lugares que están también un poco lejos de la masificación turística. Por un lado la mezquita es bastante bonita y además tiene un restaurante que sirven un té riquísimo.

Las “Arenas de Lutecia” son los restos de un anfiteatro galo-romano, que merece la pena ser visitada. Hoy en día es más bien un patio de juegos. Y aquí nos quedamos descansando mientras nos comemos alguno de los pasteles que hemos comprado. ¡Bon profit!

La acuarela del inicio se llama “Paris, rue Mouffetard”, es de L.P. Lavoine
Buen trabajo. Y encantadora ciudad…
Gracias Daniel. Un saludo.
Maravillosa ciudad a la que nunca renuncias regresar. Saludos!
Exacto lady_p, tiene un encanto especial y siempre es un placer volver y descubrir nuevos rincones.
Gracias por tu comentario. Un abrazo.