El negro que se convirtió

No hace mucho tiempo se comentaba que, a algún escritor ganador de premios y famoso, los libros se los escribía un negro. Sí, un negro, pero esto no tenía nada que ver con su color de piel. Un “negro literario” era ese autor que era contratado para escribir un libro para otra persona. Un trabajo para el cual renunciaba a aparecer como el autor de ese texto y lo cedía a quien lo había contratado, para que lo hiciera pasar por suyo.

De ahí el nombre de “negro”.  Trabajaba desde las sombras, sin darse a conocer, firmando, por supuesto, un contrato de confidencialidad. Estos autores ocultos renunciaban no sólo a sus creaciones, sino también a todo lo que envuelve el aspecto público de un escritor: no acudían a las ferias de libros ni hacían las presentaciones, no se preocupaban por la promoción, ni las críticas, ni tampoco por las ventas. Les daba igual que el libro fuera un éxito o un fracaso, porque ellos ya habían cobrado por su trabajo.

Claro que esto sólo se comentaba entre bambalinas, era bastante vergonzoso reconocer que trabajabas de eso. Bueno, era más ignominioso conceder que en ese libro por el cual te estaban felicitando, lo único que habías puesto era tu nombre.

Desde monarcas hasta escritores famosos, presidentes y primeros ministros, el “negro literario” ha sido aceptado durante mucho tiempo en el mundo de la publicación tradicional. De hecho, durante cientos de años, personas famosas y poderosas han contratado a alguien para que escribiera sus libros.

Pero ahora, en nuestros días, ya no existen los “negros literarios”. ¡No, no seas inocente, no han desaparecido! No existen porque han cambiado de nombre. Ahora se llaman “ghostwriter”. Hacen lo mismo, pero con un nombre mucho más estiloso. Y en inglés ¡dónde va a parar! Un nombre que no les da vergüenza pronunciar al responder a la estúpida pregunta: ¿Y tú, en qué trabajas?

Si pienso en un personaje famoso que desea dejar para la posteridad el relato de su vida, sus logros, y no se siente capaz de hacerlo por sí solo, me parece perfecto que recurra a un escritor para que le ayude a lograr su sueño. Pero en ese caso, me parece que lo lógico y justo es que el nombre de ese autor quede debidamente incluido en el libro, que aparezca con nombre y apellido y, en todo caso, la aclaración de que es un trabajo compartido, o de colaboración o asesoramiento literario, incluso de coautor o lo que sea, pero dejando en claro que la autoría no es (por lo menos, no exclusivamente) del personaje en cuestión.

Para las personas que han pasado toda una vida construyendo su personalidad pública, tiene sentido invertir en un escritor talentoso de alto precio, que mejorará su reputación. ¿De cuántos políticos o famosos has leído o has visto la biografía? ¿Estás seguro que la han escrito ellos? Porque esa es otra cuestión, al final desconfiamos de todos y habrá algunos que realmente se hayan puesto manos a la obra. ¡Quiero creerlo!

Y ahora, siguiendo con la comparación, hoy en día no sólo no se comenta y el verdadero escritor queda en el mundo de los fantasmas, como siempre, sino que se ofrece como un trabajo: el “ghostwritting” que se promociona de la siguiente forma, tirando a la basura años de vergüenza y cuchicheos:

Sí, ya sé lo que me vas a decir: Y a ti, ¿qué te importa, si no va contigo la cosa? Pues la verdad es que, ironías aparte, me importa. Primero porque crear cada uno de mis pequeños libros (investigar o documentarse, la escritura en sí, las fotos, la edición, correcciones y nervios hasta tenerlo en mis manos) me ha costado a parto por obra. Y que conste que no estoy adjudicándoles ningún valor ni importancia especial.

Pero segundo y más importante, porque es un engaño, un fraude, se hace el paripé y la verdad no aparece en ningún momento. ¿Cuántos lectores compran o leen esa obra sin saber cómo y quién la ha escrito? Y si me dices que no importa quién la ha escrito, sino lo que se cuenta, entonces ¿por qué lo escondes?

Detesto los fraudes, detesto las mentiras. Y ya sabes que en este, mi txoko (mi rincón) particular, reflexiono sobre todo y, aparte de escribir mis cuentos, aplaudo y grito sobre temas tan diferentes como este que te he traído hoy.

Pero siguiendo con los fantasmas, buscando el término “ghostwriter” he encontrado una novela de Robert Harris con el nombre “The ghostwriter” de la cual Roman Polanski hizo una película “El escritor”. La veré y ya te contaré. A lo mejor, cambio de opinión.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

8 comentarios sobre “El negro que se convirtió

  1. Lo que más pereza da es revisar un y otra vez cada frase, cada párrafo y atrapar en el lugar adecuado a esa coma esquiva. Sin ese esfuerzo adicional de corrección, escribir es maravilloso.

    Un abrazo.

    Se admiten fantasmas voluntarios.

    1. Pues las comas no suelen costarme cuando lo leo en voz alta. La misma entonación me las indica, pero las repeticiones me dan bastante que hacer. ¡Viva los sinónimos! Ahora di la verdad: ¡Escribir es maravilloso con comas y hasta con punto y coma!
      En mi casa no se admiten más fantasmas que los familiares, a esos se los acoge con cariño.

  2. Hace un tiempo estuve en una serie de conferencias donde una ghostwriter denunciaba lo mismo. La opacidad y precariedad de su trabajo, que ella hacía, según contaba, «porque tenía que comer». Hace poco denunciaba yo en redes que esta práctica estuviese tan aceptada por muchos y vista hasta como una «figura literaria», mientras que ahora todos se rasgan las vestiduras por las obras escritas con inteligencia artificial. ¡Ah! así no, claro. Explotar a alguien, sí. Que una máquina lo haga, no. Hipocresía.

    En todo caso, existen muchos antecedentes. Desde las mujeres del XIX que escribían obritas que luego publicaba su marido (o ella, pero con un seudónimo masculino) porque si no, no publicaba en absoluto; hasta los hombres y mujeres que escribían novelas de bolsillo a razón de una por semana a principios del siglo XX y que publicaban con un nombre ficticio, extranjero la mayoría de las veces. El caso más conocido es quizá el de Marcial Lafuente Estefanía, pero hubo muchos. Hay un par de novelas preciosas con un protagonista de este tipo, una es de Alexis Ravelo, titulada «La otra vida de Ned Blackbird», y la otra es de Rosa Ribas, titulada «Pensión Leonardo». Claro que me dirás que esto es como «romantizar» la precaridad, y puede que tengas razón, pero estamos hablando de hechos sucedidos hace uno o dos siglos. Hoy no debería suceder eso en ningún caso, sino reconocer a cada uno la autoría de su trabajo.
    Muy buena y necesaria tu entrada. Felicidades 🙂

    1. Hola Alma Leonor.
      Absolutamente de acuerdo con lo que dices de la inteligencia artificial. ¡Se monta un cristo cuando un texto lo escribe una IA, pero un libro entero escrito por un fantasma, recibe aplausos y congratulaciones! ¡Pues menudo doble rasero!
      Sí, tienes razón en la historia muchas mujeres han tenido que convertirse en fantasmas por la moral mojigata que reinaba. Pero aceptarlo en esta época, me parece vergonzoso. Claro que ¡de algo hay que comer! Pero seguimos hablando de hipocresías varias. Y lo que, para mí fue el colmo, es la propaganda para aprender el «oficio».
      Gracias por pasarte y por tu comentario. Un abrazo.
      Marlen

  3. Me has dado coba con el título, Marlen. Pensaba que ibas a hablar de uno de esos chicos «inteligentes» que votan a partidos que serán todo lo que ellos quieran menos beneficioso para sus intereses vitales. (Hablo de color de piel, de identidad sexual o de status social).

    Cada vez que escucho la palabra NEGRO relacionada con algo «shungo» no puedo evitar recordar el monólogo de Alexis Valdés «El Negro». Aunque muy humorístico, dice verdades inmensas y aceptadas.

    ¿Ghostwriter? ¡Lamarequelosparió! Hasta los gemeliers de ponerle nombre en inglés a las cosas para darle «más estilo». Ninguno de los dos términos me gusta, evidentemente. Pero si hay que ponerle alguno «estiloso», ¿qué tal Pluma de Alquiler? o ¿el que escribe pero no firma? o ¿el fantasma que dice que escribía, pero al que nadie creía?

    Sí, lo de los cursillos, tutoriales o coachers (que suena requetebien) para cualquier cosa funciona y hace influencers. Solo tienes que ver a estos genios:

    https://happyfm.es/happy-test/los-tutoriales-mas-estupidos-de-youtube-428/

    No sé si tomármelo a broma o salir pitando pal WC a vomitar. ¡Qué época más bonica!

    Con respecto a la pregunta que haces: «¿qué te importa, si no va contigo la cosa?». Asevero lo segundo que comentas (lo primero no creo que llegue a hacerlo en la vía). Hasta los mismísimos de aguantar tanto fraude, engaño, bulos, enseñabobos…

    ¿Es que no existe un mínimo de dignidad y raciocinio para salir del rebaño y dejar de consumir memeses? Puede que no.

    Vale, ya paro. Que sabes que me caliento y corre peligro la integridad del blog.

    Espero a que veas o leas las obras que mencionas antes de meterme con ellas. Confío en tu criterio y recomendación.

    En fin. Menos fantasmas, zombies y chupasangres, y más currantes y gente honesta.

    Abrazo grande, amiga ilustradora (porque nos abres la mente, no porque dibujes, que no lo sé) ;).

    1. Hola Jose.
      ¡Te despisté con el negro! Menos mal que no salí con lo de: «Mami, ¿qué será lo que tiene el negro? 🤣🤣🤣
      No conocía el monólogo de Alexis Valdés «El Negro». Me gustó y aunque me reí con él, dice verdades como puños: «Las tetas de las blancas salían en el Playboy y las de las negras en el National Geographic».
      Lo de los cursillos, tutoriales o coachers idiotas, da más pena que risa. No entenderé nunca ese tipo de humor gilipollas, ni me causa risa ni lo soporto. No logré verlo entero. Supongo que la época te da la posibilidad de grabar fácilmente un video, pero idiotas ha habido y habrá siempre.
      En cuanto a las recomendaciones, no he leído la novela, pero he visto la película de Roman Polanski y no me dejó nada interesante, demasiado obvia. Un escritor acepta a regañadientes hacer de negro para terminar las memorias del primer ministro británico Lang (Pierce Brosnan), tras la muerte de la persona que lo estaba haciendo. Para organizar el material y escribir, lo instalan en una isla de la costa de Estados Unidos. Al día siguiente de su llegada, un exministro acusa a Lang de autorizar la captura ilegal de presuntos terroristas y su entrega a la CIA, hechos por los que podrían acusarlo de un crimen de guerra. Polanski podría haber sacado partido del escándalo y las implicaciones morales, pero se queda en el borde, sin mojarse. No me pareció una película digna de las críticas y premios que le dieron. Pero es sólo mi opinión.
      Me adhiero a tu propuesta: «Menos fantasmas, zombies y chupasangres, y más currantes y gente honesta.» No sé yo si nos harán caso.
      Abrazo grandote de quien tiene un título de «Dibujante Publicitario» (aunque nunca lo usé, ni sé en dónde podría estar… Pero también eso se me ocurrió estudiar en algún momento de la vida 🤣😂😱 Ja Ja Ja!!!

      1. Lo que tú no hayas hecho es que no estaba inventado. 😂
        Sí, tanto para opinar como para dar «consejos» o dárselas de lishto, antes nos limitábamos a soportarlos en la familia, el entorno cercano o el bar, ahora tienen la posibilidad de propagarlo a gritos a los cuatro vientos.
        El problema es la gran cantidad de seguidores y aplaudidores de estos «bichitos».
        Hace poco leí una cita de un clásico que decía algo así como: cuando se aplaude al inútil y se mofan del inteligente, el mundo se pudre. Lo digo de memoria, que ya sabes lo chunga que la tengo. 😅😂
        Abrazos, amiga, y esperanza. 😜🤗🤟🏼

        1. ¡Buena cita! «Cuando se aplaude al inútil y se mofan del inteligente, el mundo se pudre.» Podrías grabar un tutorial para escribir buenas citas: Seleccionar cuidadosamente un inútil idiota, el que tenga a mano. Total, hay muchos… 🤣😱🤣😱

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