El perfume que te identifica

Los primeros rayos de sol anuncian un radiante día de verano. Los recogedores, y sobre todo, recogedoras de flores se apresuran a los campos de jazmín. Las frágiles flores blancas esperan la mano del recogedor, mientras su fragancia perfuma el aire. Los trabajadores empiezan su ardua labor. Los amplios bolsillos de sus delantales, en poco tiempo, rebosan de flores. Trabajan infatigablemente, encorvados todo el tiempo. Un trabajador con experiencia puede recoger 4 kilogramos (40.000 flores) en una mañana. La cosecha se coloca luego en cestas y se lleva rápidamente a los laboratorios, antes de que su perfume se desvanezca.

La ciudad de Grasse, cerca de Niza, en el mediodía francés, es famosa por su perfume. El jazmín ha sido durante mucho tiempo la reina de las flores en esa región, aunque en años recientes la mayor producción se ha dado en Egipto.

Se necesitan de 650 a 750 kilogramos (unos siete millones de flores de jazmín) para conseguir 1 kilogramo de lo que se llama esencia absoluta o quintaesencia, un perfume muy concentrado que en Francia cuesta unos 20.000€ el kilo. Y ¿cómo se produce la esencia absoluta?

Este es el procesado de flores y plantas que se sigue para crear una esencia absoluta.

Para extraer los aceites esenciales, los que van a actuar como vehículo en el proceso de extracción, suelen usarse disolventes volátiles, como el benceno. Se introducen en el disolvente recipientes metálicos perforados llenos de flores. El disolvente pasa a través de las flores y luego se destila. El proceso se repite hasta que las flores ceden todos sus aceites perfumados y ceras insolubles.

De este modo se consigue un producto espeso y concentrado, que es una mezcla de los aceites perfumados y las ceras. Separando aquellos de estas, se obtiene la esencia absoluta. Este método de extracción se utiliza principalmente para las variedades más delicadas de flores, como el jazmín, la rosa, la mimosa, la violeta y el nardo.

Los disolventes volátiles también se usan para extraer los aceites esenciales de plantas secas, como la vainilla y la canela, para disolver resinas, como la mirra y el gálbano, y para procesar sustancias animales que se usan como fijadores. Estos ralentizan la evaporación de los aceites esenciales y de este modo hacen más duradera la fragancia.

Entre las sustancias animales que se usaban como fijadores se encuentran el ámbar gris, procedente del cachalote; el castóreo, del castor; el almizcle, del buey almizclero macho, y la algalia, del gato de algalia, de Etiopía. Sin embargo, estos fijadores son raros y costosos, y tienden a desaparecer del mercado.

Otro procedimiento que suele utilizarse es la destilación. El perfumista extrae los valiosos aceites esenciales con la ayuda de un alambique. La destilación está indicada para plantas como la lavanda y la citronela, que no se estropean con el vapor.

Las flores se colocan en el alambique, se sumergen en agua y se calientan lentamente hasta el punto de ebullición. El vapor de agua que transporta los aceites esenciales pasa luego por un condensador, donde se licua. Este proceso produce los aceites esenciales, y el agua que queda después de efectuarse la operación se vende en el comercio con el nombre de agua de rosas, agua de azahar, etc. El agua de colonia de calidad contiene esencias de limón, naranja o bergamota, que se obtienen exprimiendo las cortezas de las frutas.

La industria del perfume todavía utiliza cientos de estos productos naturales. Sin embargo, en la actualidad también se emplean miles de sustitutivos sintéticos.

Alambiques para elaborar perfumes

Los descubrimientos sobre la composición química de los olores realizados en los dos últimos siglos han engrandecido el arte de la perfumería. Hasta la fecha se han catalogado unas diez mil sustancias odoríferas.

El perfume de una flor es una mezcla extraordinaria de muchos constituyentes químicos. Por ejemplo, los científicos han aislado 200 constituyentes en el perfume natural de jazmín. Sin embargo, a principios del siglo XX solo se conocían media docena.

El siguiente paso que dieron los científicos fue intentar reproducir los nuevos constituyentes que descubrieron. En ocasiones crearon sustancias odoríferas enteramente nuevas sin equivalentes en la naturaleza. Algunas de estas nuevas sustancias dieron lugar a algunos de los mejores perfumes del mundo.

Suelen requerirse años de trabajo para crear una sustancia sintética, y es un proceso bastante caro. En algunos casos, estos métodos han reproducido el mismo perfume que tiene la flor antes de cortarla, mientras que las esencias naturales se obtienen de flores cortadas de las plantas, que hasta cierto grado se han deteriorado.

El señor Jean de Lestrange, director de la Perfumería Fragonard, de Francia, explica: “La industria del perfume actual no puede sobrevivir sin las sustancias sintéticas. Todas las esencias naturales del mundo no podrían satisfacer la demanda del mercado internacional”. Sin embargo, no todas las flores han cedido sus secretos. Por ejemplo, nadie ha descubierto aún un sustitutivo sintético del auténtico lirio de los valles.

Un solo perfume es la mezcla de 30, 50 o incluso 100 constituyentes distintos, ya sean esencias absolutas, aceites esenciales o sustancias sintéticas. Pero la historia no termina ahí.

El maestro perfumista no sólo debe ser capaz de identificar todos los constituyentes, sino también debe saber mezclarlos según sus afinidades. Ha de tener mucho cuidado con las proporciones y tomar en consideración si ciertos constituyentes son duraderos o no. Tiene que poseer una sensibilidad extraordinaria que le permita identificar unos 3.500 olores distintos utilizados en la mezcla de una infinita variedad de perfumes.

Por supuesto, todo maestro perfumista debe tener una preparación. Cuando tenemos en cuenta que los complejos órganos olfativos del ser humano están compuestos de decenas de millones de fibras nerviosas, no resulta difícil entender la razón. Cada una de esas fibras es capaz de transmitir información independientemente de las demás. 

El maestro perfumista puede compararse a un músico que medita en un tema y escucha las notas musicales en su imaginación antes de pasarlas al papel para que se interpreten con un instrumento. Del mismo modo, el perfumista imagina las “notas”, escribe la fórmula y luego la experimenta en el laboratorio.

Sentado en el “órgano” especial del perfumista, también llamado paleta, donde se guardan cientos de viales de esencias, deja caer unos miligramos de las sustancias escogidas como constituyentes en tiras estrechas de papel secante. El “compositor” perfumista selecciona a continuación las “notas” para conseguir una progresión de “acordes” como si estuviera componiendo una sinfonía.

Los constituyentes tienen una diferente volatilidad, de modo que las fragancias más ligeras o volátiles, llamadas notas altas, salen primero cuando se abre un frasco de perfume. Estas notas dominantes, atractivas aunque efímeras, pueden ser fragancias cítricas, como el limón o la naranja amarga. Jean de Lestrange continúa su explicación: “Esta es la etapa más importante y delicada en la composición de un perfume. En realidad, si las notas altas no tienen éxito, el perfume será un fracaso. La fragancia debe poseer un atractivo inmediato”.

Sólo después emergerán las notas medias más persistentes, fragancias como la rosa o el jazmín. Por último, se perciben las notas bajas subyacentes, que perduran todo el día. Estas son las que fijan la fragancia, y, aunque en el pasado solían ser de origen animal, en la actualidad son mayormente sintéticas.

Colección de esencias absolutas

Una vez se han escogido los constituyentes, han de realizarse cientos de experimentos para obtener la mejor combinación, pesando y mezclando cuidadosamente los constituyentes según las proporciones fijadas por el maestro perfumista. El extracto de perfume que se obtiene así también puede disolverse en alcohol para hacer perfume y agua de colonia.

Después del filtrado, etiquetado y empaquetado final, la mercancía está lista para la venta. Este procedimiento complicado explica hasta cierto punto por qué el perfume es tan costoso. “Hasta cierto punto”, porque en un gran número de países los perfumes están gravados con muchos impuestos, lo que aumenta aún más su precio.

En el futuro cercano, la aplicación de la informática y la biotecnología a la perfumería hará posible la obtención de células vegetales odoríferas sin tener que esperar a que la flor madure. Estas técnicas revolucionarán la industria del perfume.

Sin embargo, la creación de un gran perfume sigue siendo una obra de arte en la que es indispensable el talento del maestro perfumista. Sólo hay que repasar el progreso en la industria del perfume para convencerse de que únicamente el talento explica por qué perfumes creados hace más de cincuenta años, siguen siendo tan populares en la actualidad.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “El perfume que te identifica

  1. ¡Qué maravilla, Marlen!

    Como tantas cosas, no sabemos lo que cuesta (en trabajo, dedicación y horas) tener en nuestras manos un frasquito de cualquiera de estos perfumes. No dejo de recordar a un pequeño que se sorprendió muchísimo cuando se enteró de que la leche salía de las vacas.

    Increíbles los números: siete millones de flores para conseguir un kilo de esencia de jazmín.

    Tampoco puedo dejar de pensar en la forma en que esquilmamos la naturaleza para conseguir nuestros «juguetes».

    Era inevitable que tu artículo me recordara la excelente novela «El Perfume», de Patrick Süskind, en donde Jean-Baptiste Grenouille persigue hasta el crimen la obtención de una esencia muy especial. Narrada, además, en primera persona. Muy recomendable.

    Muchísimas gracias, amiga, por ilustrarnos con estos artículos tan didácticos. Porque además, nos muestras la realidad de los artesanos, los perfumistas lo son.

    Abrazo grande.

    1. Hola Jose.
      Es cierto, no sabemos lo que cuesta tener en nuestras manos cualquier artesanía en la que se invierte no sólo horas de trabajo, también imaginación y esperanzas. Cuando estaba investigando, a mí también me impactó la cantidad de flores necesarias para hacer 1kgr de esencia. Desde ese momento, veo con diferentes ojos las flores pequeñitas.
      No conozco la novela «El perfume», pero ahora me has dejado la intriga. La buscaré. Aunque ando un poco lenta con mis lecturas. Las pilas de libros no bajan. ¡Mecachis!
      Gracias a ti, por tu comentario. He subido la segunda parte del tema que saldrá mañana, con la experiencia de la India.¡Me gustó conocer los lugares y la gente! ¡Amo los perfumes! Y mucho más después de conocer ese mundo. Un abrazo grandote.

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