Reunión de chicas

La enfermedad primero y la pandemia después, habían roto la costumbre de mis viajes anuales. Así que regresaba a mi ciudad natal después de cinco años viviendo en Paris. Apenas había tenido contacto con mis antiguas compañeras de trabajo. Algunos WhatsApp esporádicos, cada vez más distanciados, salvo por algunos mensajes de felicitación de cumpleaños, nacimiento de nietos o cuando llegaban las fiestas de fin de año.

Por eso, cuando anuncié que pasaría veinte días en la ciudad y que tenía la intención de organizar una reunión en casa, como en los viejos tiempos, el grupo se revolucionó y empezaron a tirar fechas para ponernos de acuerdo.

Maia.- Dentro de un mes, estaré por allí. No me lo puedo creer. Estoy entusiasmada. Y quiero hacer la reunión que hacíamos siempre en casa. Tenemos que estar todas para charlar tranquilas. ¡Qué ganas de verlas!

Meghan.- Lo mejor será a media tarde, para que a Haydée no se le haga muy tarde para volver a su casa. 

Haydée.- Pido que no sea el 14, que es el cumpleaños de mi nieta, porfi.

Isabel.- Maia ¡¡¡qué bueno!!! ¡Nos veremos! Yo recién acabo de sacar el vuelo para el 11 de noviembre para ir a ver a mi familia norteamericana.

Camille .- Te estamos esperando ansiosamente.💋

Pasaron los días y llegó el viaje.

Maia .- Hola chicas. Ya estoy por aquí, tratando de solucionar algún problema. El que os pasé es el nuevo número de teléfono aquí en Buenos Aires. ¿Qué tal si nos reunimos el 12/9 a las 17 horas en casa? Tengo ganas de que nos juntemos y charlemos un poco. ¿Quién se apunta? 

Camille .- Yo me apunto. No tengo problema, ojalá que las chicas tampoco… me parece buena hora para no volver tan tarde a casa.

Lisa .- ¡Hola Maia! ¿Cómo estás?💥💥 Yo el jueves 12 tengo dentista 15:10 hrs y me ponen mucha anestesia que me dura como dos horas en irse. Si no tenés otra fecha, iría un poco más tarde.

Maia .- Se me complicaron las fechas, Lisa. Perdona ¿podrías venir, aunque fuera más tarde?

Lisa .- Sí, claro.

Haydée .- Hola Maia ¡bienvenida! ♥️♥️♥️ Yo me anoto.

Lena .- ¡Yo también voy!

Meghan .- Bien, en marcha los preparativos.

Camille .- Ok ¿qué te llevamos algo dulce, salado? …

Maia .- Hola chicas, estoy organizando un poco porque el viernes nos vamos para el sur. No traigáis nada, por favor. Compraré alguna tarta salada y algo de postre. Y vino.

Yo había preparado mi casa con mis mejores deseos de agradar a las amigas. Flores frescas en la mesa, vajilla y copas buenas, y una pequeña colección de tartas saladas, quesos traídos de Francia y sandwichitos, junto a algunas botellas de vino.

Las primeras en llegar fueron Lisa y Lena, que seguían siendo inseparables desde los días de oficina. Lisa, siempre pragmática, se lanzó a la cocina a ayudar. «¡Esto parece de revista!» dijo, mientras ojeaba la nueva decoración de la cocina. Lena, en cambio, con su pelo blanco plata, se acomodó en la mesa con una copa de vino. «Paris te ha cambiado» bromeó, haciendo referencia a mis asumidas canas. «Pero lo que no cambia es el vino. Este es divino».

No tardaron en llegar Isabel, con la foto de su nieto que acaba de cumplir 2 años, Haydée, contando de su nieta, y Camille, que entró cargando una bolsa de regalos para todas. «Es sólo un pequeño detalle, por si te olvidas de nosotras allá en Paris», se rio.

El ambiente estaba cargado de anécdotas. Recordaban el día en que Meghan accidentalmente había mandado el correo de renuncia de Haydée en lugar del suyo, o la vez en que Lisa confundió al gerente de ingeniería con un cliente y casi le vendió una impresora vieja que teníamos en la oficina. Cada historia era recibida con carcajadas y chistes adicionales.

«¿Y qué pasó con Carlitos?», preguntó Camille, arqueando una ceja con curiosidad. Carlitos había sido el típico «galán» del grupo, y muchas chicas de la empresa habían suspirado por él en algún momento. Yo me reí recordando. «Se casó con una francesa», dije mientras llenaba las copas de vino. «¡Pero no conmigo! Siempre recuerdo nuestra “Banda de analistas” con quienes nos lo pasábamos tan bien”

“¡Es cierto! Ustedes cuatro estaban siempre juntos”, recordó Camille. “En la hora de la comida, se iban a jugar a los “36 Billares”.

“Y nos lo pasábamos genial con nuestros campeonatos.”, evoco con nostalgia. Pero hubo una anécdota que nunca contamos. Un día estábamos tomando una copa antes de ir cada uno a su casa y Juan Carlos nos cargaba a Carlitos y a mí porque él siempre me llevaba a casa. Mi casa quedaba camino a la suya, claro. Pero a Carlitos se le ocurrió decir que “teníamos otras cosas que hacer en el camino”. Y como Juan Carlos era muy celoso de sus amistades, se quedó serio y pensativo. Al despedirnos de ellos, Carlitos me dijo que seguro nos iban a seguir. Así que en Independencia entramos en el garage de un hotel alojamiento y nos escondimos, agachándonos en el coche. Mientras, Juan Carlos y Eduardo nos buscaban en el estacionamiento y, como no nos encontraban, entraron a la recepción a preguntar y los confundieron con una pareja de gays. ¡No nos hablaron en una semana! ¡Ja ja ja, lo tenían merecido!

La conversación pronto giró hacia nuestras vidas actuales. «¡Ah! Aquí viene la parte difícil», murmuré mientras esperaba que cada una contara sobre su vida. Los maridos, los hijos, los trabajos. Lisa empezó: «Bueno, Manuel y yo seguimos juntos, aunque no sé si debería presumir de eso». Hubo risas cómplices, sabiendo que Lisa solía bromear sobre su matrimonio. «Tenemos cuatro hijos, ya sabéis Paloma, Rosita, Joaquín y… ¿cómo se llamaba el otro?», bromeó. «¡Juancito! Perdón, lo olvidé, pasa cuando tienes cuatro». El ambiente se relajó más, la tarde iba tomando un tono de humor.

Yo, que para mis amigas parecía vivir una vida de telenovela, seguí: «Pues yo… estoy con Michel. Él es el amor de mi vida. Por cierto, es curioso pero casi todas tenemos maridos con nombres que empiezan con ‘M’? Porque el mío… Michel. Meghan está casada con Martín, Lisa con Manuel. Y Lena está casada con… ¿Marcos?»

Lena soltó una carcajada. «¡No! El mío se llama Mario, ¡gracias por el interés!» 

Camille, entre risas, agregó: «Bueno, el mío es Carlos, así que no te confundas. ¡Pero no ese Carlos!» Todas rieron recordando al compañero de oficina de años atrás.

Me sorprendí de lo fácil que era volver a conectar. Recordábamos cómo, en la oficina, siempre había malentendidos con los nombres de los hijos. En una época, Meghan confundía el nombre del hijo de Camille, llamando «David» a «Diego» durante meses, sin que esta le corrigiera por delicadeza. «Al menos te acordabas que empieza con D, que ya es algo», bromeó Camille.

Con la tarde avanzando y las copas vaciándose, las bromas y los recuerdos se multiplicaban.

Jorge siempre recordaba de cuando se empezó a comentar que yo salía con Johan, el ingeniero que estaba en la Gerencia General, recordé. Si estuviera con nosotros, nos contaría de las apuestas que organizaban sobre si éramos pareja o no, comenté.

Si, ¡qué pena que muriera tan joven! ¡Cómo se le extraña! ¡Pobre Jorge!, dijo Isabel.

En algún momento, Lisa empezó a contar una anécdota de su nieto más pequeño, que ahora tenía cinco años. «El otro día estaba jugando con un amigo y de repente me dice: ‘Mamá, ¿qué es París?’ ¡Y claro! Recordé que Maia estaba allá, y me dije: ¡tengo que ir a visitarla! Y al día siguiente nos escribías contando de tu viaje.'»

Sonreí con nostalgia. «Es raro estar de vuelta», pensé mientras miraba el cielo a través del techo acristalado. «París es maravilloso, pero no tiene lo que tenemos aquí». Todas asintieron, aunque sabían que yo estaba muy feliz con mi vida parisina.

Luego siguieron los recuerdos más emotivos. «¿Se acuerdan de aquella vez que fuimos todos a la fiesta de fin de año de la empresa?», preguntó Haydée. «¡Cómo olvidarlo!», respondió Isabel. «Estábamos tan borrachas que creíamos que nuestro jefe nos iba a despedir… ¡y luego descubrimos que él estaba peor que nosotras!»

Risas, risas y más risas. Pero no todas las anécdotas eran risueñas. Meghan recordó cuando yo tuve que tomar la decisión de irme a París por trabajo, y cómo todos sabían que sería un adiós definitivo. “¡Lo tristes que estábamos!” “Pero al final… aquí estamos», dije levantando la copa. «La distancia no significa nada».

El reloj marcó las ocho de la tarde. «Bueno, creo que es hora de irme», dijo Lena mientras se levantaba, torpemente, después de tantas copas. «Mi marido, que no es Marcos sino Mario, me estará esperando». Las demás comenzaron a recoger sus cosas, mientras yo las acompañaba hasta la puerta.

Ya en la entrada, Meghan se confundió: «Ah, Maia, ¿cómo están tus hijos?», preguntó un poquito piripi. Yo, que no tenía hijos, la miré divertida. «Aún no tengo, pero si me das tiempo…», respondí con una sonrisa traviesa. Ella se sonrojó, pero todas estallaron en risas nuevamente.


VadeReto, El Acervo de los Cuenta Cuentos
En el blog “Acervo de letras” de Jose Ant. Sánchez, existe este reto literario que me encanta. Es una invitación a escribir, sólo un tema

cada mes que puedes desarrollar como más te guste.
Para este VadeReto, Jose nos propone:
En primer lugar, la trama tiene que ocurrir alrededor de una celebración:

un cumpleaños (creo que ya lo hicimos), un aniversario de bodas, la graduación de una carrera, la consecución de un trabajo, la llegada de un bebé, un homenaje a un personaje importante, la reunión de unos amigos que hace mucho que no se ven…
En definitiva, la celebración de un día muy especial.
En segundo lugar, en dicha celebración tiene que aparecer el número CINCO (no valen las rimas): quinto aniversario, quincuagésimo quinto, quingentésimo…
Y en tercer lugar, debéis darle un tono festivo, divertido, de buen rollo.

Dejemos por un mes los dramas y las lágrimas. Nos merecemos un relato con final feliz.
No os los perdáis! Podéis leer el resto de aportes aquí:

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

21 comentarios sobre “Reunión de chicas

  1. Hola Marlen, esas reuniones con amigas de muchos años son buenísimas. Lo que dices es cierto, a pesar de la distancia, quizás a pesar de no estar en contacto permanente, hay gente con la que vuelves a conectar enseguida. Para mí eso es un síntoma de que la amistad es profunda y vale oro. Me chocan esas amigas que te tratan diferente después de que ha pasado el tiempo, en cambio las que te abrazan y te hablan con naturalidad y que se les nota el cariño, ésas son las buenas. Muy buen aporte para el VadeReto. Te mando un abrazo…

    1. Hola Ana
      ¡Tienes toda la razón! Son las amistades que perduran a través del tiempo y la distancia, las que te dejan calentita por dentro y feliz de volver a charlar y reír como si nos hubiéramos reunido la semana pasada.
      Me alegro que te haya gustado el relato, mi viaje me vino que ni pintado. Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte.
      Marlen

  2. Hola, Marlen.

    Un relato entrañable, lleno de buen rollo y con un mensaje claro: «qué importante es la amistad».

    Como bien dice Ana, más arriba en los comentarios, la buena amistad no conoce de distancias ni de tiempos. Es grato verse a menudo, pero, a veces, el destino es demasiado caprichoso y nos lo impide.

    Me encantó esa celebración llena de buenas anécdotas, cariño, risas y la esperanza de nunca perder el contacto. Hoy lo tenemos más fácil con las Redes Sociales, pero hay que esforzarse y no dejar de hacerlo.

    Me sentí invitado a la fiesta, aunque solo fuera como observador. Un relato que me contagió muy buenas vibraciones y positivismo. ¡Qué necesario! Muchísimas gracias, amiga.

    Abrazo Grande.

    1. Hola Jose
      Sí, es muy lindo tener esos encuentros con los/las amigas. Y sentir que, a pesar del tiempo y la distancia, los lazos siguen estando vivos y se disfrutan plenamente. Tuve la suerte de poder constatarlo en vivo, una vez más. Buenos Aires fue el escenario de este reencuentro que organicé como siempre en casa y que disfrutamos plenamente. Y, aunque lo dicho no fue reflejado en el relato, me sirvió para festejar los 5 (sí, casualidad 5 también) años en los que no nos veíamos. Las risas y las anécdotas sí que estaban presentes, bueno ¿para qué te lo voy a contar, si estabas en la fiesta?
      Gracias a ti, por organizar el VadeReto y por tu comentario. Un abrazo grandote.

  3. Fue una reunión laboriosamente preparada, entrañable en su desarrollo y donde quedó demostrado que la amistad entre buena gente que no tiene demasiado malo que ocultar, es un baluarte en defensa del paso de los años.

    Me ha encantado tu aportación, Marlen.

    Un abrazo!

    1. Hola Marcos
      El paso de los años es inexorable, eso no podemos evitarlo, por eso también apareció en el relato. Pero la decisión de volver a reunirnos y de disfrutar del festejo del reencuentro y de la amistad es una decisión que espero dure por muchos años más.
      Me alegro que te haya gustado y gracias por tu comentario. Un abrazo
      Marlen

  4. Hola Marlem, las reuniones de chicas son tan fructíferas que deberíamos tener esa obligación de al menos una vez al año, reunirnos y pasarlo bien bromeando y cotorreando. Aún y así en cuanto se prepara una por poco contacto que tengas, siempre acuden alegres al encuentro. Me gustó que me recordases que tengo una reunión de amigas pendiente, jeje, un abrazo

    1. Hola Nuria
      Sí, son fructíferas y necesarias. Y deberíamos tomarnos la tarea de organizarlas como algo muy importante, porque lo son. Son la reafirmación de que la vida sigue, pero hay cosas que nunca pasarán de moda.
      ¡Que te diviertas en la tuya!
      Gracias por pasarte y comentar. Un abrazo.

  5. Hola, Marlen, reunión de chicas, genial, es lo mejor del mundo y, además, ya están creciditas por lo que el bien es mucho mayor. Cuando creces, el tiempo no te da para las amistades así. Qué buena sensación te deja el relato.

    Un abrazo. 🤗

  6. hermoso relato de una reunión de amigas, es así, el tiempo parece acortarse y al vernos se reaviva todo lo vivido.No importa que tan lejos te encuentres, siempre estás cerca para las amigas.Abrazo❤️.

    1. Hola Anita, ¡conseguiste dejar tu comentario! ¡Qué bien! Decile a Angela cómo lo hiciste porque dice que me escribió y aquí no llegaron sus comentarios.
      Tienes razón, al vernos se reaviva todo lo vivido y deja de importar la distancia y el tiempo. ¡Siempre están cerca!
      Gracias por entrar y dejar tu comentario. Un abrazo grandote.
      Marlen

  7. ¡Hola, Marlen! Como te dije una vez, las reuniones de amigas deberian ser protegidas como patrimonio de la humanidad 😀 😀 Y si encima pasan cinco años desde la última, ha de ser apoteósica. 😀 😀 ¡Felicidades por este relato y por ese encuentro! <3

    Saludos. AlmaLeonor_LP

  8. Lo mejor es la facilidad para conectar aunque se lleven años sin hablar, cuando ha habido mucha confianza en el pasado.

    Muy esperanzador y alegre y ademas, entrañable.

    Saludos cordiales.

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