La historia de los libros es apasionante. Merece la pena hacer un recorrido por la vida de ese fascinante artefacto que inventamos para que las palabras pudieran viajar en el espacio y en el tiempo. Investigar los tipos de libros que hemos ido creando a lo largo de casi treinta siglos: libros de humo, de piedra, de arcilla, de juncos, de seda, de piel, de árboles y, los últimos llegados, de plástico y luz.
“La Villa de los Papiros” era una casa como cualquier otra en la ciudad italiana de Herculano. Bueno, quizás fuera un poco más grande y lujosa. El problema es que tuvo la mala suerte de ser construida en plena colina del Vesubio.
El bucólico lugar perteneció al suegro de Julio César, Lucius Calpurnius Piso Caesoninus. La región de Nápoles era entonces el lugar elegido por los amantes de la cultura para descansar, para pasar su tiempo de ocio.


Más de 250 metros cuadrados de fachada paralela a la línea de la costa, daban la bienvenida al visitante. Con una amplia franja de jardines abiertos, viñedos y arboledas, se llegaba hasta una pequeña bahía. Situada a unos cientos de metros de la casa más cercana en Herculano, la casa de Pisón tenía cuatro niveles dispuestos en una serie de terrazas en la ladera y era una de las casas más lujosas de todo Herculano.
Dentro de la villa, un enorme jardín –el peristilo–, con estanque incluido rodeado de una amplia colección de 80 imponentes esculturas de magnífica calidad, muchas de ellas conservadas actualmente en las salas del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
La villa permanecía fiel en su disposición general al esquema arquitectónico de una villa de Campania. El atrio funcionaba como vestíbulo y medio de comunicación con las diversas partes de la casa. La entrada se abría con un pórtico de columnas hacia el lado del mar. Alrededor del cuenco del impluvio del atrio había once estatuas surtidor representando a sátiros vertiendo agua de un cántaro y putti (figuras de niños, frecuentemente desnudos y alados, en forma de Cupido, angelote o amorcillo), lanzando agua de la boca de un delfín.




Las salas de estar y recibir estaban agrupadas alrededor de los pórticos y las terrazas de manera que la luz del sol y la vista del campo y el mar podían disfrutarse más directamente por los ocupantes e invitados a la casa. En la zona de habitaciones, fueron rescatadas instalaciones de baños y la biblioteca de papiros carbonizados colocados dentro de tubos de madera, algunos de ellos en baldas ordinarias de madera alrededor de las paredes y otros en una serie de estantes en el medio de la habitación.
Al producirse la erupción del Vesubio en el año 79, toda la ciudad fue sepultada bajo 30 metros de ceniza volcánica. Los papiros que había en la biblioteca de esta villa fueron protegidos para efectuar su traslado, pero ya era demasiado tarde: la Villa entera desapareció bajo las cenizas.
El estar sepultadas ha permitido que se conservaran hasta nuestros días: la única biblioteca de la antigüedad que se conserva. No obstante, el efecto de la erupción ha hecho ilegibles casi todos los textos.
Una biblioteca de 1.785 rollos de papiro, sobre todo de carácter filosófico, reunidos y seleccionados por el amigo de la familia y cliente de Pisón, el epicúreo Filodemo de Gadara, a quien se atribuían 36 tratados que hablan de estética, de poesía, de oratoria, de teología (sobre los dioses, sobre la piedad), de la música, la retórica, la ética (sobre los males, la muerte, las riquezas, la sensación, los vicios, la salud, la cólera, la franqueza de palabra), los signos, el buen rey, y defienden el punto de vista de los epicúreos frente a los estoicos y los peripatéticos.
Los seguidores de Epicuro estudiaban esta filosofía que predicaba que el hombre es mortal, que el cosmos es el resultado de un accidente, que no hay ningún dios providencial, y que el criterio de una buena vida es el placer y la templanza.
Unos 17 siglos después, entre 1750 y 1765, las ruinas de Herculano fueron excavadas por Karl Jakob Weber. Cuando las obras alcanzaron esta villa, Weber encontró la enorme Biblioteca. Las dificultades que implicaba desenrollar, leer e interpretar estos textos eran formidables. Nápoles no era un destino particularmente hospitalario para los eruditos clásicos. Y las filosofías de las escuelas helenísticas no eran ni bien conocidas ni muy apreciadas. Así que pronto se paralizó el interés de los eruditos y el uso de los papiros de Herculano.
Recientemente, sin embargo, en parte debido a los esfuerzos del “Centro Internacional para el Estudio de los Papiros de Herculano”, estos rollos han sido objeto de un renovado trabajo académico y han producido muchos hallazgos indispensables para el estudio de la filosofía helenística. Hoy en día, los investigadores trabajan a partir de fotografías mejoradas digitalmente, fotografías infrarrojas, de imágenes múltiples y de la ayuda de Inteligencia Artificial.
Por otra parte, en la biblioteca se hallan las únicas ediciones conservadas de la obra de Filodemo de Gadara. Actualmente, esta colección de papiros está siendo reconstruida por el “Proyecto Filodemo” que es un esfuerzo internacional, apoyado por una subvención de la “Dotación Nacional para las Humanidades” y por las contribuciones de individuos y universidades participantes, para reconstruir los textos de los trabajos de Filodemo sobre poética, retórica, y música.


De los 3 niveles que tiene la villa, sólo el superior ha sido explorado hasta ahora. En el piso medio, los arqueólogos descubrieron una gama de habitaciones bien amobladas con vista al mar, algunas de las cuales fueron abiertas.
Las autoridades italianas se resisten a permitir más excavaciones, argumentando que perjudican a los residentes de la moderna ciudad de Ercolano, construida literalmente sobre Herculano.
Quizás tengamos el 10% de las grandes obras de la literatura clásica, así que cualquier probabilidad de recuperar el resto es preciosa. Sólo la excavación dará pruebas. Pero estoy segura que, algún día, podremos releer parte de los antiguos papiros.
A continuación, podéis ver un video de “Los cazadores de libros”, capítulo «Los papiros carbonizados de Herculano». Es un poco largo, pero interesante.
Atendiendo a la convocatoria de Adrián y Carlos, en su blog “Las Crónicas del otro mundo”, que llamaron a los internautas a festejar el Día de las Bibliotecas, y como amo las bibliotecas y los libros, me acerco para contaros una interesante historia.
ESTE JUEVES 24 DE OCTUBRE DEL 2024, PARA CELEBRAR SU DÍA INTERNACIONAL, ¡ABARROTEMOS LA BLOGOSFERA DE BIBLIOTECAS!
«La única biblioteca de la antigüedad que se conserva» son palabras que hacen que te recorra un escalofrío al descifrarlas todas seguidas. Vaya… ¿Qué nuevos viejos textos nos revelará el futuro? ¿Qué nuevo conocimiento extraeremos del pasado?
Gracias por compartir este fleco de sabiduría con todos, y ¡feliz Día de las Bibliotecas! (porque su día puede durar todo lo que nosotros las utilicemos)
Sí, el tiempo pasa y todo se transforma o se destruye, a veces, por motivos dramáticos como un fenómeno de la naturaleza. Tal vez, dentro de un tiempo y gracias a las nuevas tecnologías, viejos textos perdidos sean recuperados y admirados.
Gracias a vosotros por organizar esta reunión anual de amantes de las bibliotecas. ¡Felíz día! Un abrazo.
Marlen
La Historia siempre me ha atraído en general y, si se trata de la concerniente a las civilizaciones antiguas, todavía más; por eso te agradezco que hayas compartido estas pinceladas sobre la Villa de los Papiros, que hasta ahora desconocía.
Bien hecho, Marlén.
Un abrazo.
Hola Daniel.
A mí también me gusta la historia, pero no la de fechas y nombres que nos enseñaban en la escuela, sino la de esas pequeñas historias de las que te enteras cuando viajas y estás cerca de «la vida que fue». Por eso suele aparecer en muchas de mis entradas. Creo que sería una forma ideal de aprender historia y entender muchas relaciones entre hechos.
Me alegro que hayas descubierto la Villa de los papiros a través del relato. Gracias por tu comentario.
Un abrazo
Marlen