El hombrecito del azulejo azul

Decidieron que había que hacer la reforma que tanto estaban postergando, cuando se dieron cuenta que el suelo del patio estaba cada vez más bajo y el hueco que se había formado entre el suelo y la pared era cada vez más grande.

Si no se hacía algo urgentemente, se corría el riesgo de que la pared que separaba el patio del hall se desmoronara y tuvieran un problema muchísimo mayor.

Se juntaron entonces los cinco hermanos y pensaron que lo primero era hacer un estudio de esos que se hacen ahora, pasando una cámara por la tubería para ver el estado real de la zona. Buscaron un profesional y lo contrataron para que hiciera el peritaje dentro de un mes y medio o dos. Sí, ya sé, había que esperar todo ese tiempo y el tema era urgente. Pero, al parecer, cada vez había menos fontaneros en Buenos Aires y los que trabajaban a conciencia eran muy solicitados.

Durante el tiempo de espera, el tema de la obra se hizo fundamental en todas las conversaciones. Carlos, el mayor de los hermanos, pensaba que ya era hora de vender la vieja casona, comprar un departamento a Carolina, la hermana que se había ocupado de sus padres hasta que murieron y luego se quedó viviendo en la vieja casa con su familia. Y olvidarse de tantos recuerdos.

Concepción, la que se había quedado viuda y pasaba las horas lamentándose por la pensión tan baja que le habían otorgado, también hablaba de deshacerse de la casa y repartir la herencia entre los cinco. Eso y lo que sacara de la venta de su departamento, le permitiría comprar uno en Mar del Plata y vivir el resto de su vida de vacaciones en la playa. Sus hijos ya eran grandes y ya no la necesitaban.

El tercer hermano, César “el de la cabellera abundante” como le decía su padre, a quien se le notaba mucho su amor por el latín, se parecía a mucho a Carolina. Él también se había ocupado mucho de sus padres y venía todos los domingos a comer y charlar con ellos. Amaba a sus padres, su casona y el tiempo ido, ese del que uno se acuerda cuando ya no está. Y amaba también a Alejandro, el hijo que le hubiera gustado tener, pero su amor incluía un compañero varón. Y aún no eran tiempos en los que la homosexualidad fuera aceptada. Salvo en esa casa, el único lugar en el que César se sentía libre y feliz.

Conrado, “el abogado de causas perdidas”, como le llamaban sus hermanos, porque a pesar de su espléndido despacho y de su cartera de clientes, hacía su fortuna con trapicheos en el ambiente del Congreso más que en la oficina. Como siempre, no tenía una opinión fija pero lo que a él le importaba era no perjudicar a la pequeña Carolina y, sobre todo a Alejandro, su sobrino preferido.

En cuanto a Carolina, a pesar de ser muy desprendida y no importarle las cosas materiales, se aferraba a esa casona como si fuera el último recuerdo de sus padres. Cada rincón, cada cajón de alguno de los muebles, le traía escenas que quería seguir conservando. Nada se tiraba en esa casa y en la piecita de arriba había tantas cajas y cajas, con cartas, fotografías, carpetas de la escuela de cada uno de ellos, herramientas viejas, los apuntes de la guerra que escribía su padre para, algún día que nunca llegó, escribir el libro de sus pensamientos, muebles que habría que arreglar, juguetes que ya no se usaban… Porque Alejandro, su amado hombrecito, se divertía mucho más leyendo y haciendo experimentos que había aprendido con su abuelo, que con sus juguetes.

Desde luego, Alejandro era el vivo retrato de su abuelo, cada día se parecía más y cuando soltaba alguna de esas reflexiones profundas, a Carolina le parecía oír la voz de su padre. Desde que su marido los había abandonado y había legalizado la familia oculta que tenía en Isidro Casanova, a pesar de sus siete años, Alejandro había asumido el lugar de hombre de la casa.

Cuatro meses y medio después, las obras iban a comenzar. Carolina fue la encargada de elegir las cerámicas, porque puestos a modificar el patio, decidieron que sería bonito dotarlo de una fuente que permitiera regar más fácilmente las plantas y crear un rincón agradable con una mesita, unos sillones y la fuente que diera un bonito toque decorativo, para disfrutar en las tardes veraniegas.

Carolina, César y Alejandro recorrieron los pasillos de Easy, el supermercado de la construcción y, después de mucho pensar y repensar, eligieron unos azulejos vintage, de Delft del siglo XVII, con unos preciosos dibujos azules.

Ha pasado el tiempo en la casona de San Cristóbal. Las obras han acabado y todo quedó espléndido. Las paredes relucen con nuevos colores, el comedor luce imponente bajo la araña de cristal que un día fue orgullo de la abuela y el patio volvió a la vida. 

Pero, a pesar de que a todos les gusta cómo ha quedado la reforma, ya no se escuchan las risas en las cenas familiares. La tristeza se ha instalado en cada rincón. El médico, un hombre de rostro agotado y manos curtidas, cierra la puerta de la habitación y sale a respirar al patio alumbrado por la luna llena. Preferiría no tener que dar estas noticias, pero no lograba acabar con la infección.

.- Hicimos todo lo posible. Si sobrevive esta noche, habrá esperanza.

César lo acompaña hasta la puerta de calle. Afuera, la brisa nocturna apenas mueve las hojas de los árboles, pero dentro, la quietud pesa como una lápida. En el patio, Carolina seca sus lágrimas. Pero no es la única espectadora. Sentada en el borde de la fuente, la Muerte, vestida con un manto oscuro que deja entrever sus huesos relucientes, se abanica con paciencia infinita.

Además, el hombrecito azul, el amigo de Alejandro, lo ha escuchado también.

En esa pequeña cerámica, un hombre diminuto, vestido como mercader, parece observarlo todo con ojos atentos. Nadie sabe cómo llegó ahí, tan diferente del resto de los azulejos azules y blancos que adornan la fuente. Nació en Delft en el siglo XVII, concretamente en 1625. Delft es una ciudad holandesa, a mitad de camino entre Róterdam y La Haya, conocida tradicionalmente por la cerámica de Delft, un tipo de alfarería que se hizo muy popular por la calidad del esmalte cerámico y el refinamiento de sus decoraciones pintadas. Los ceramistas se acercaron a la perfección y el aspecto de la porcelana china, produciendo vajillas, jarrones, azulejos, baldosas y el típico azulejo holandés, pintado a mano con decoración figurativa sencilla en una gama de tonos azul cobalto sobre fondo blanco.

Y vino a Buenos Aires por equivocación. Sus creadores no lo destinaban aquí, pero lo incluyeron por error dentro de uno de los cajones rotulados para la capital argentina, e hizo el viaje, embalado prolijamente. El único distinto de los azulejos del lote. Los demás, los que ahora lo acompañan en la fuente, son azules como él, con dibujos estampados cuya tonalidad es el azul cobalto, pero ninguno tiene la imagen de un hombre comerciante o labrador, que nos mira curioso como queriendo hablar.

Cuando el albañil que realizaba las reformas de la casona encontró el peculiar azulejo con su extraño dibujo, lo colocó abajo, en el extremo derecho, pensando que nadie lo descubriría.

El tiempo transcurrió sin que nadie notara un azulejo tan diferente. Hasta que Alejandro, el niño inquieto de la casa, mientras pasaba su dedo creando un camino imaginario de hormigas, dio con él y lo convirtió en su amigo imaginario. Le apasionó el misterio del hombrecito azul, ese diminuto ser dueño de un territorio cuadrado de diez centímetros de lado, que por supuesto debe vivir ahí por razones muy secretas. Y por supuesto, le dio un nombre. Luego de pensarlo cuidadosamente, se decidió por “El petiso”. Un petiso describe a una persona que es más baja de lo habitual o más baja en comparación con los demás. Pero es una palabra que se usa de modo familiar y no tiene connotaciones negativas, incluso tiene un tono cariñoso cuando se refiere a alguien querido.

Así que cada mañana, al despertarse, Alejandro antes de lavarse la cara, corre a saludarlo: ¡Petiso, Petiso, buenos días! Alejandro se acuesta en el suelo junto a la fuente, le habla al Petiso durante horas, le cuenta cosas de la escuela, sus travesuras, sus compañeros, los sueños que tiene para cuando sea grande. Y el Petiso lo escucha desde su silencio azul mientras el patio se perfuma de los jazmines veraniegos o de los sahumerios que enciende su tío en invierno.

Pero ahora el niño no viene a verlo. El hombrecito, inmóvil en su rincón, siente el vacío de la ausencia. La Muerte, aburrida, se sienta a su lado mientras su reloj de guadaña marca el paso de los minutos. Se aburre esperando la hora fija en la que cumplirá su función. Toma su reloj, mira la hora y bosteza. La muerte de Alejandro no es una gran muerte, sino una de tantas muertes, una muerte de barrio. Y se aburre de tanto silencio.

.- Es una pena, ¿no? —dice la Muerte con voz que resuena como un eco cavernoso—. Los niños suelen ser los más interesantes.

El Petiso, que nunca antes había hablado con ella, decide intervenir.

.- ¿Sabías que nací en Delft? —pregunta con tono despreocupado.

La Muerte lo mira con curiosidad. Rara vez alguien se atreve a dirigirle la palabra.

.- Delft, ¿eh? ¿Qué tiene eso de interesante? 

El hombrecito azul se ha acercado a ella sonriendo y ha comenzado a hablar. Aún faltan diez minutos de espera. ¡Puede escuchar!

El Petiso empieza a contar un cuento que transcurre a muchísima distancia de aquí. Le explica que ha nacido en la ciudad holandesa de Delft, en casa de los creadores de cerámica. Describe los hornos de cerámica, los pigmentos extraídos de minerales raros y la magia del azul cobalto. Y que él pudo haber sido de ese color, o negro, o carmín oscuro, o amarillo cromo, o verde, ocre,  rojo, pero que prefiere este azul cobalto que es muchísimo más bonito, un color que parece encerrar el cielo y el mar en un pequeño fragmento de cerámica. Le cuenta que vino aquí por una equivocación. Habla de viajes por mar, de tormentas y le describe las gentes que venían en el barco. Dando saltos e imitando voces, hace reír a la muerte.

La muerte, fascinada, ríe con un sonido extraño y seco que resuena en el patio, se mueve con sus huesos que hacen ruido al bailar y mira el reloj. Faltan cuatro minutos. ¡Puede escuchar! El Petiso se alisa la ropa y como no quiere nombrar a Alejandro ni a la amistad que les une, sigue hablando de Delft.

.- Alfareros de mayólica italianos se instalaron en Amberes al inicio del siglo XVI. La destrucción de la ciudad por las tropas de Felipe II en 1576, conocida como la Furia Española, los llevó a abandonar la ciudad, y muchos de ellos se establecieron en Delft. El saqueo de Amberes fue una sublevación por parte de los soldados de los tercios españoles fieles a la corona española que se produjo en la ciudad de Amberes entre el 4 y el 7 de noviembre de 1576. En él murieron diez mil ciudadanos y fue el detonante para la sublevación de las provincias de Flandes que aún permanecían leales a la corona española en la guerra de los Ochenta Años. Los amotinados de Aalst marcharon hacia Amberes para ayudar a los sitiados, y cuando les ofrecieron que recuperasen fuerzas con algo de comida, los españoles replicaron orgullosos: “Venimos con propósito cierto de victoria, y así hemos de cenar en Amberes, o desayunar en los infiernos”.

El Petiso interpreta las escenas que va contando y se esmera en muecas de miedo.

.- A pesar de que las tropas rebeldes eran mucho más numerosas, los amotinados y la guarnición del castillo se lanzaron al ataque por las calles de la ciudad, haciendo huir a los holandeses. Algunos de ellos se refugiaron en el ayuntamiento. Los españoles lo incendiaron, propagándose las llamas por la ciudad. Acto seguido procedieron a saquear la ciudad durante tres días, contándose los muertos por miles.

La Muerte ríe como una histérica imaginando el drama. El tiempo pasa sin que ninguno lo note.

.- Y además… -prosigue el hombrecito del azulejo azul.

Pero la muerte lanza un chillido siniestro. Ha mirado su reloj de nuevo, y ha comprobado que el plazo establecido para Alejandro pasó hace un minuto y medio.

.- ¡No puede ser! —grita, poniéndose de pie de un salto. Su manto negro ondea como una sombra viva—. ¡No puede ser!

Con furia y vergüenza, abandona el patio, dejando al Petiso en su rincón, sereno y sonriente. ¡Nunca había sucedido esto, desde que prestaba servicios en el barrio de Montserrat! ¿Qué sucederá ahora y cómo rendirá cuentas de su imperdonable distracción? Se va, rabiosa. Aún tiene mucho que hacer y esta noche nadie volverá a burlarse de ella.

El médico regresa por la mañana. En cuanto entra en la habitación, se da cuenta del cambio ocurrido. El niño abre los ojos y sonríe debilmente. Cuando por fin le permiten levantarse, Alejandro corre a ver a su amigo, a contarle todo lo que ha vivido y a escuchar, estupefacto, la aventura milagrosa del Petiso hombrecito azul que logró vencer a la muerte.


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VadeReto, El Acervo de los Cuenta Cuentos
En el blog “Acervo de letras” de Jose Ant. Sánchez, existe este reto literario que me encanta. Es una invitación a escribir, sólo un tema

cada mes que puedes desarrollar como más te guste.
Pero este mes vamos a hacer el reto conjunto con el blog de Cristina Rubio "Alianzara".
¿Qué os parece? Es una maravillosa forma de unir las dos familias y afianzar nuestros lazos literarios. Así que, el VadeReto de este mes se va a llamar: El Espacio.
Con un par más de condiciones: el género en el que debéis categorizar vuestro relato será el terror, que también puede englobar el Suspense y el Misterio.
Y vamos a darle a nuestro relato una banda sonora, la Danza Macabra, de Camille Saint-Saëns.

¡No os los perdáis! Podéis leer el resto de aportes aquí:

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

28 comentarios sobre “El hombrecito del azulejo azul

  1. ¡Qué preciosidad de cuento! ❤️❤️❤️

    Pensaba que nos ibas a dar una lección de historia y sí, también, pero además, nos has regalado una fantástica fábula llena de amor y fantasía en dónde un ser tan insignificante como inadvertido es capaz de burlar a la muerte y salvar a su amigo.

    Solo una maravillosa CuentaCuentos como tú es capaz de darle un giro tan mágico y bonito a la historia.

    El espacio escogido es muy significativo. Las casas son seres inmateriales que atesoran los recuerdos de la familia que las habitó. Cuando varias generaciones las impregnan de sus vivencias, estas van adquiriendo esas vidas y se enriquece con las lágrimas y las risas que las nutren.

    Me satisface mucho que hayas elegido un final feliz. Necesitamos más cuentos así, la realidad ya es demasiado siniestra.

    Muchas gracias, Amiga.

    Abrazo Grande de este hombresillo colorao. 😜😝🤗

    1. Y empiezo por el final. Siendo un relato de miedo, terror, suspenso, dudé si el final que me estaba sugiriendo sería apropiado. Sin embargo, cada cual elige cómo tomar la vida que le toca vivir. Y a los cuentos les pasa lo mismo.¡Por suerte!
      En cuanto al espacio, me encanta entrar en una casa que se me muestra y me permite describirla, sintiendo lo que en ella se ha vivido o se ha sufrido. Así que este mes el ambiente estaba claro. El resto fue surgiendo, como los personajes incluido «El Petiso», alguien tan pequeñito y ¡tan grande!
      Muchísimas gracias a ti por tus palabras, siempre alentadoras, Amigo.
      Un abrazo grandote.

  2. ¡Hola, Marlen!

    Tu relato me ha gustado muchísimo. ¡Qué forma tan ingeniosa de engañar a la muerte por parte de ese Petiso hombrecito azul! 😊 Al principio parece que todo el relato va a girar en torno a la casa, pero luego hay un giro estupendo en el que aparece el hombrecito del azulejo azul. Ese hombrecito en el que nadie se fija más que el pequeño Daniel. Me encanta que los dos se hagan amigos y finalmente el hombrecito logre salvar la vida al niño. Una historia muy original y bonita sin duda.

    ¡Muchas gracias por participar en el reto y un fuerte abrazo!

    1. Hola Cristina
      Me alegro mucho que te haya gustado el relato.
      A veces, los pequeños seres insignificantes que te encuentras a través de la vida, hacen la diferencia entre el pasarlo bien o mal, entre aprender algo importante o no, entre tener amigos o no, entre la vida o la muerte.
      Y El Petiso cumplió con su rol de salvar a un buen amigo de la muerte. Seguro que los dos seguirán viviendo muchas aventuras geniales. Aunque como esta… ninguna.
      Gracias a ti por tu comentario. Un fuerte abrazo para ti también.
      Marlen

  3. Lo he estado leyendo con una angustia creciente temiendo lo peor. Menos mal que al final el niño se recupera y el hombrecillo azul que podrá contar muchas historias, seguirá paciente deslumbrando en su espacio. Me gustó mucho, muy emotiva y entrañable. Un abrazo

    1. Hola Nuria.
      Sí, las perspectivas no eran buenas. Pero el hombrecito del azulejo azul tenía un as en la manga y pudo salvar a su amigo, engañando a la muerte. Una aventura más que podrá contar al niño mientras se divierten jugando.
      Me alegro mucho que te haya gustado. Gracias por tu comentario. Un abrazo para ti también.
      Marlen

  4. Hola Marlen, tu relato me gustó mucho. Me parece muy original lo del niño en el azulejo y la forma en la que «engaña» a la muerte que se quiere llevar a Daniel. Una historia que es tierna, interesante y llena de detalles sorprendentes. La narración no nos aburre en ningún momento, al contrario, uno quiere ver cómo acaba todo. Has hecho un gran trabajo como siempre. Te mando un abrazo desde México. Ana.

    1. Hola Ana
      Muchas gracias por tus palabras, sabes que las valoro mucho.
      Este fue uno de esos cuentos que se inició con una simple anécdota y fue creciendo durante días, enriqueciéndose con detalles que parecían ser susurrados como al pasar, hasta que nació fuerte y con mucho que contar. Lo cierto es que me divertí mucho al entrar en esa casa y conocer a sus personajes. Me hubiera quedado más tiempo, escuchando el combate entre la muerte y el pequeño hombrecito del azulejo azul. Pero no quise cansar al lector. Y Daniel nos esperaba para despertar y volver a jugar en el patio.
      Un abrazo grandote para ti desde Zarautz.
      Marlen

  5. Qué bien que terminó así el cuento. Pobre y suertudo Daniel que gracias al Petiso burló a la muerte.

    Yo no vi terror en sí en el cuento, sino el aterrador (que no terrorífico) drama de la muerte de una criatura. Una cosa muy dura.

    Enhorabuena 🌻

    Me ha gustado la presentación que has hechi de los personajes.

    1. Hola Noelia
      Sí, a veces, los cuentos se las arreglan para terminar bien y dejarnos contentos.
      En este relato no había terror (salvo el terror de que se te muera un niño). Pero la propuesta del reto aclaraba que era de terror. aunque también podía englobar el Suspense y el Misterio. Y por ese lado se encaminó el cuento.
      Gracias por tu comentario. Saludos.

  6. Hola Marlen, es un cuento precioso, realmente al principio tuve miedo de lo peor, pero cuando el hombrecito comienza con su historia, adiviné sus intenciones y por suerte logró su cometido, no me hubiera gustado que Daniel muriera.

    Me gusta ver en tu historia los espacios conocidos de la ciudad donde vivo, la hace mas bonita aún.

    Un abrazo grande.

    PATRICIA F.

    1. Me quedé pensando porque me recordó a mis épocas de estudiante secundaria, hace muchos años ya, me trajo recuerdos del cuento de Mujica Láinez, «el hombrecito del azulejo», que me había impactado. Un abrazo.

      PATRICIA F.

      1. La verdad es que no recuerdo haber leído nada de Mujica Láinez, pero sí tengo siempre presente el recuerdo de un muy buen amigo que siempre, en las noches de charlas con los amigos, tenía un cuento apropiado para lo que estábamos hablando, cuentos de derviches, cuentos antiguos, fábulas…
        Aquellos relatos que extraño, me dejaron imágenes en la memoria que, a veces, suelen aparecer en mis sueños o en mis divagues buscando un cuento que se deje ser escrito. Tal vez alguno tuviera que ver con el que tú comentas. Es extraño cómo los hilos de cosas que te pasaron, que te contaron, leíste o simplemente escuchaste a alguien, se unen misteriosamente. Gracias por comentarlo. Un abrazo.

    2. Hola Patricia
      ¡Qué bien que te haya gustado el cuento! Y que reconozcas lugares de mi querida Buenos Aires. Es inevitable, no pueden dejar de aparecer en lo que recuerdo o imagino.
      Gracias por tu comentario.
      Un abrazo grande para ti también.
      Marlen

  7. Hola, cómo va? Te quedó muy bueno el cuento y mi amigo Manuel Mújica Lainez te debe de haber susurrado el título y algo de la trama en sueños. En Argentina, mi país, es uno de los títulos más promocionamos en las escuelas por su forma, su estilo, su afán por los sitios reales y la magia de nuestra Buenos Aires, tan bien descrita. Un saludo inmenso.

    https://ciudadseva.com/texto/el-hombrecito-del-azulejo-1875/

    te dejo el enlace para que puedas comprobar lo increíble de las coincidencias.

  8. Hola, Marlen

    Acabo de leer el cuento de El hombrecito del azulejo, de Manuel Mujica Lainez y trata de lo mismo que has escrito en este relato. Sintiéndolo mucho me veo en la obligación de suprimir tu participación en este reto por plagio. Espero que lo entiendas y que esta situación no vuelva a repetirse. Un saludo.

    1. Hola Cristina.
      Lamento esta decisión ya que no he plagiado ningún cuento, ni siquiera lo había leído.
      No pido perdón por algo que no creo haber cometido. Pero, desde luego, acato cualquier decisión que tomes al respecto.
      Saludos.

    2. Hola, Cristina.

      Me entristece mucho enterarme de esto por terceros y, aquí, de esta forma.

      He leído el relato al que aludes, en dos versiones distintas, y sí, la idea es muy similar, pero si hay que acusar de plagio por usar la misma idea tendrían que quitar del mercado el 90% de las películas estadounidense, mal-llamadas remakes, de las novelas y hasta de la música. Fíjate tú el Crandy Crush que usa la misma idea de un juego, el colores, al que yo jugaba cuando tenía 10 años, ya hace la tira. Ahora todo el mundo la usa para sus «originales» juegos.

      Por lo que respecta al VadeReto, este relato seguirá en la lista de participación, dado que yo NUNCA he pedido exclusividad ni originalidad. Demasiado tenemos con sacar un poco de tiempo para intercambiar historias y disfrutarlas, como para perderlo buscando por internet copias o semejanzas. Tampoco es que este relato se haya presentado a un premio o Marlen esté lucrándose con ello.

      Siento que estemos en desacuerdo, pero tanto tu medida como la de Rosana, enviando los correos, me parecen desmedidas.

      Un Abrazo.

  9. ¡Hola Marlen! Precioso cuento con final feliz, afortunadamente gracias al hombrecito azul. Por otro lado, el escenario que has elegido me parece muy adecuado para ubicar la historia. Las casas antiguas están llenas de recuerdos y siempre tienen algo que contar, algo que queda impregnado en ese espacio y que parece pervivir con el tiempo.

    También temía que el niño al final muriera pero el pequeño personaje encerrado en un azulejo pudo salvarlo de las garras de la muerte.

    Un saludo.

  10. Holaa: Amé este cuento. Es muy tierno. Y hay un dicho que dice: «ladran Sancho?, señal que cabalgamos» Lo dice mucho un amigo mío cuando hace oídos sordos a algunos comentarios estúpidos que lo único que quieren es demostrar que saben. Es bueno saber, pero también no ofender. Es de buenas personas. Algunos tienen el plagio a flor de piel. Tengo experiencia con algunos de estos. Te felicito. Me encanto TU relato. Abrazo grande. Y te espero por mi blog que es muy nuevito. Besotes.

    https://elisabetsusanadesimonerelatos.blogspot.com/

  11. Qué bueno, jajaja, menudo final con ese hombrecito engañando a la muerte… como decimos aquí, un corte de manga total. Esa imagen de la muerte enfadada porque se le ha pasado el momento riéndose no tiene precio…

    Genial historia.

    Un abrazo.

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