Kurt y el río de la memoria

El Río de la Plata se extendía inmenso ante los ojos de Kurt, reflejando el sol de diciembre con destellos dorados. Desde la dársena, el niño sentía el olor a salitre y madera mojada que se mezclaba con el aroma a café que salía de los bares cercanos. Sujetaba con fuerza la mano de su abuelo mientras ambos observaban el puerto de Montevideo agitado como pocas veces. Marinos, comerciantes y curiosos se congregaban en los muelles. Todos hablaban del mismo asunto: el acorazado de bolsillo alemán Graf Spee había ingresado a la bahía.

Kurt tenía diez años y, aunque desde hacía dos que vivía en Uruguay, llevaba Alemania en la sangre y en la lengua. En su casa se hablaba alemán, su madre le leía cuentos de los hermanos Grimm y su padre insistía en que nunca olvidara sus raíces. Pero, a diferencia de la mayoría de las familias de la Deutsche Schule a la que asistía, la suya detestaba a Hitler y a su régimen. Por eso, cuando el Graf Spee llegó, Kurt sintió que su mundo se dividía en dos.

.- Es una vergüenza —susurró su abuelo mientras miraba el imponente barco fondeado en la bahía—. La Kriegsmarine en Montevideo… Nunca creí que vería algo así.

Aquel fue el único enfrentamiento bélico relacionado a la Segunda Guerra Mundial que vivieron. El “Admiral Graf Spee” había partido del puerto de Wilhemshaven en agosto de 1939. Tenía órdenes de hundir buques mercantes británicos, pero sin entrar en combate con barcos de nacionalidades neutras.

Llegando al estuario del Río de La Plata, cerca del puerto de Montevideo, el 13 de diciembre, el Graf Spee había sido acorralado por tres naves de guerra británicas: Ayax, Achilles y Exeter, con las que había intercambiado fuego frente al puerto de Punta del Este, en lo que se denominó la “Batalla del Río de la Plata”. Averiado, el capitán del Admiral Graf Spee decidió refugiarse en el puerto de Montevideo, al cual pidió permiso para descender.

Graf Spee en el Río de la Plata- Foto Archivo El País

Si bien Uruguay había declarado su neutralidad en la guerra, en el país predominaban las simpatías hacia Francia y Gran Bretaña. Las autoridades uruguayas negaron el descenso y marcaron un plazo hasta el domingo 17, a las 20 horas, para que el barco completara sus reparaciones y abandonara la costa uruguaya.

La incertidumbre crecía con lo que podía acontecer una vez que el Graf Spee zarpara de Montevideo, ya que los buques británicos lo esperaban en la desembocadura del Río de la Plata y se especulaba con que otros barcos podrían llegar a la zona para reforzar el combate. Lo único que permitieron fue bajar los cuerpos de los marineros muertos para ser enterrados en el cementerio de la capital y los heridos que fueron internados en hospitales. Para ese entonces, el hecho había colocado a Uruguay en el mapa del mundo y los ojos estaban puestos en lo que podría pasar si el buque decidía no abandonar el país en el plazo estipulado.

Kurt miró a su abuelo con ojos llenos de preguntas, pero antes de que pudiera responder, un grupo de hombres pasó junto a ellos murmurando enérgicamente en alemán. Eran comerciantes y marinos alemanes que vivían en Montevideo. Algunos parecían preocupados, otros emocionados.

.- ¡Nuestra patria es poderosa! —exclamó uno de ellos. Tienen que darles asilo.

Kurt sintió un nudo en el estómago. Amaba a Alemania. En la escuela cantaban himnos en su idioma y aprendían sobre su historia gloriosa. Pero en casa, su padre hablaba con amargura del país que habían dejado atrás. Kurt nunca había visto un soldado nazi en persona, pero la presencia del Graf Spee en Montevideo le hacía sentir su sombra más cerca que nunca.

.- ¿Por qué están aquí? —preguntó Kurt.

.- Los ingleses los persiguen —dijo su abuelo—. No pueden quedarse. Y no pueden irse.

Esa noche, en la casa del Prado, la conversación giró en torno al barco. Su padre, con el ceño fruncido, repasaba las noticias del periódico.

.- El capitán Hans Langsdorff pidió refugio. Pero los ingleses no lo permitirán.

.- ¿Qué pasará con los marinos? —preguntó Kurt.

Su madre sirvió la cena en silencio. Su padre suspiró.

.- Algunos intentarán escapar. Otros… —hizo una pausa—. Otros cumplirán órdenes.

Kurt no durmió bien. Pensó en los hombres dentro del barco, flotando sobre el Río de la Plata. ¿Eran como su padre y su abuelo? ¿O como aquellos que hablaban de gloria y poder?

Él solía acompañar a su abuelo en las inspecciones que hacía a los barcos que entraban a puerto. Ese era su trabajo. Y cuando el barco era alemán, los marinos se alegraban de que un niño les hablara en su idioma, le daban chocolatinas y chucherías y se reían con sus ocurrencias.

Al día siguiente no tuvo clase, vio con su abuelo el triste viaje de un pequeño barco que trajo a tierra desde el Graf Spee, los cuerpos de los 36 marineros muertos en la batalla del 13 de diciembre. Y la caravana que se movió por las calles de la ciudad desde el puerto hasta el cementerio. Una hilera de jóvenes marineros llevaban en andas a sus compañeros y en medio de un silencio impresionante, sólo se escuchaba algún sollozo que acompañaba a los jóvenes casi niños.

Ante la inminente invasión que sufriría el barco por parte de los británicos, el capitán Hans Langsdorff lo hizo explotar el 17 de diciembre, para impedir que cayera en manos enemigas.

Tras navegar unas cuatro millas, el acorazado de bolsillo viró hacia el oeste y se detuvo, a la altura de Punta Yeguas. Desde la distancia se pudo ver cómo se le acercaban embarcaciones menores, a las cuales trasbordaron los últimos marinos y su capitán. Langsdorff había ordenado colocar granadas, pólvora y cabezas de torpedo en distintos puntos de su barco, sincronizadas para estallar al mismo tiempo.

El Graf Spee ardía. Desde el puerto, Kurt vio las llamas que devoraban la embarcación. El capitán había decidido hundir su propio barco antes de entregarlo a los británicos. El Río de la Plata, el mismo que lo había traído de Alemania a Uruguay, se tragaba ahora un pedazo de su patria.

El Graf Spee ardió durante varios días luego de las explosiones. Pese a ello, la parte superior de su estructura siguió asomando durante algún tiempo sobre las aguas del río.

Kurt nunca olvidó aquel diciembre de 1939. Creció con el recuerdo de las llamas reflejadas en el agua marrón, con el eco de las terribles noticias que llegaban, con las reflexiones entre su padre y su abuelo, con la certeza de que siempre sería alemán, pero nunca uno de aquellos. Y cada vez que miraba el río, sentía que en sus aguas se entrelazaban sus orígenes y su destino, como dos corrientes imposibles de separar.

Esta es la historia de Kurt, un niño atrapado en el conflicto de su identidad en un Montevideo sacudido por la llegada del Admiral Graf Spee.  Cada vez que pasaba cerca del puerto, se acercaba al ancla rescatada del barco nazi, acostada junto a las aguas del río color de león y la tocaba en recuerdo de aquellos marineros casi niños a quienes vio desfilar, llevando a sus compañeros muertos.

Ancla de siete toneladas del Graf Spee en el Puerto de Montevideo

En el blog “VadeReto” de Jose Ant. Sánchez, existe este reto literario que me encanta. Es una invitación a escribir, sólo un tema
cada mes, que puedes desarrollar como más te guste.
Para este VadeReto, Jose nos propone:
Si hay algo esencial en nuestras vidas es el agua, no solo como alimentación, también como influjo de la naturaleza.
Su cercanía, en grandes masas o en pequeños torrentes, nos sirven de transporte,
de ocio o de simple compañía.
Viviendo rodeado del mar, como yo lo estoy, se siente esa pertenencia al agua.
Por algo lo somos en un porcentaje muy grande.
El agua es vida, aunque en determinados momentos prefiramos una cerveza bien fría
o una copa de buen vino (zumito para los abstemios). 😜
En el VadeReto de este mes vamos a centrarnos en un tipo de agua más específico,
porque el tema principal será:
LOS RÍOS

No os los perdáis! Podéis leer el resto de aportes aquí:

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

17 comentarios sobre “Kurt y el río de la memoria

  1. Ay, amiga Marlen, ¿qué decirte?
    No solo es un relato precioso, lleno de reflexiones y de historia, también nos trae a la memoria terrores que se están haciendo demasiado evidentes, ante la ceguera de medio mundo (tal vez más, pero demasiado impotente).
    Hacía mucho que no redundaba en la atmósfera la palabra «patria» y su eufemismo «patriotismo». Porque nunca estuvieron más alejados el amor hacia la tierra que nos vio nacer y como la quieren usar los gobernantes, para sus propios intereses, llevándonos a otra cruel contienda.
    ¿Se puede uno sentir estadounidense, ruso, ucraniano, israelita… y quedarse impávido ante los desmanes de los inútiles, ineptos y desvergonzados que los gobiernan?
    Parece que la historia se empeña en repetirse, muy a pesar de la memoria. Parece que les queda demasiado lejos a las nuevas generaciones. Cuanta necesidad de escuchar a nuestros ancianos y evitar los mismos errores.
    Ojalá, muchos Kurt en todos los países que hagan reflexionar, porque esos «casi niños» siempre serán las verdaderas víctimas de tanto egoísmo y avaricia de estado, creyendo que defiende a su patria.
    Muchas gracias por este relato que debería llegar a todos los Kurt del mundo.
    Abrazo Grande.

    1. Hola Jose.
      Cuando vi el tema del reto, pensé en el Río de la Plata. ¡No podía ser otro! Y me puse a escribir sobre los asados con los amigos de mis padres en un recreo de la costa cercana. Pero entonces recordé este episodio de la vida de Kurt que me contaba con detalle, porque evidentemente le marcó mucho y estuvo muy claro sobre qué iba a tratar este VadeReto. Así que ha sido un viaje al pasado que, además, viviendo en la época que estamos viviendo, remueve muchas cosas por dentro.
      La palabra «patria» fue apropiada con fines non sanctos, como tantas otras. Pero quise recuperarla porque en aquellos lejanos años distinguíamos muy bien el sentido de «patria» de lo que no lo era y sentíamos el orgullo de cantar a nuestra patria.
      Parece que estamos en la misma onda de pensamiento, porque en lo que respecta a sentirse norteamericano, ruso, ucraniano, israelita…pasé esta tarde escribiendo una entrada sobre el tema y buscando imágenes. La sacaré recién en abril, porque quiero darle tiempo para que se asiente. Pero evidentemente, hay temas que necesito gritar.
      Tienes razón, la historia se empeña en repetirse. Y aunque a las nuevas generaciones les queda lejos, a los que no somos tan jóvenes parece que nos han hecho un lavado de cerebro o que nos hemos acomodado demasiado al buen vivir porque me da la impresión de que el «A mí déjame vivir tranquilo, no me hables de esas cosas del pasado.» es una frase que está de moda.
      ¿Evitar los mismos errores? ¿En serio? ¿Le has preguntado a algún chaval qué estudia en Historia? Dan ganas de llorar de rabia.
      Muchas gracias a ti por tus comentarios. Si este relato le llega a algún Kurt de nuestro tiempo, si le ayuda a reflexionar, me sentiré sumamente feliz.
      Un abrazo grandote.

  2. Hola Marlen, una historia triste y emotiva. El río de la muerte parece gritar…
    En tu caso «el río de la memoria» en el mío, «el río del olvido», casi coincidimos en el título.
    Impresionante relato.
    Un abrazo

  3. Precioso, Marlen. Un relato que deja una sensación de melancolía tremenda. Qué bien has contado el episodio histórico, la emoción del niño y el rechazo que siente frente a algo que quizá no comprende del todo pero intuye terrible. Me ha encantado. Tanto el tono de la historia como la denuncia de fondo y la reflexión que provoca. Una maravilla.

    1. Hola Marta
      Melancolía, tristeza, no lograr entender este mundo tan complicado, demasiado para un niño que, de pronto ha perdido mucho más que sus amigos y el colegio. La historia la conocía bien, pero he necesitado documentarme: fechas, nombres y he encontrado periódicos de la época que transmiten lo que significó para Uruguay este hecho histórico. Y me he vuelto a meter en la piel de ese niño.
      Me alegro mucho que te haya gustado. Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo.

  4. Marlen, es un relato muy bien documentado y contado de una forma que hace que uno lea y ya no pare. Es una historia muy emotiva, que toca el corazón. Tanta vida desperdiciada, tanto conflicto, tanta ansia de poder y nomás no aprendemos, seguimos en lo mismo. Me gustó mucho tu participación. Abrazo fuerte.

    1. Hola Ana
      La historia la tenía muy oída, porque el pequeño Kurt era mi marido y vivió ese hecho que le marcó mucho. Pero sí, tuve que documentarme porque no recordaba fecha exacta, nombre del capitán del barco… Y me encontré con periódicos de la época que me permitieron volver a escuchar su voz, sus sentimientos. ¡Me gustó especialmente escribirlo! Y reflexionar sobre los tiempos que estamos viviendo.¿Qué me diría él?
      Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo grandote.

        1. Hola Ana
          Sí, es un homenaje a Kurt, a sus sentimientos, a sus pensamientos. Y me gustó traerlo al blog porque siempre lo tengo presente.
          ¡Muchas gracias por tus palabras! Un abrazo fuerte.

  5. Hola, Marlén, te he dejado un comentario pero no sé si se ha quedado o no…
    Te decía que me ha gustado mucho el relato, escrito además con la ayuda de la perspectiva de un niño que sabe lo que ve y no le gusta, siendo testigo de los hechos y dando su opinión velada cuando acaricia el ancla del barco hundido por su capitán. Muy buen aporte al reto.
    Un abrazo. 🙂

    1. Hola Merche
      No me había llegado un mensaje anterior tuyo, pero ya está incluido este. Gracias por acercarte y comentar.
      Me alegro que te haya gustado el relato. La anécdota es real y marcó mucho a su protagonista. Toda su vida recordó esos días y sus sentimientos.
      Un abrazo
      Marlen

  6. Marlen, me ha parecido un relato tan íntimo como potente. Esa mirada de Kurt, atrapado entre dos ríos —el real y el de su memoria—, me ha dejado pensando bastante rato. Porque aquí no se trata solo de contar un episodio histórico, sino de mostrar cómo se filtra en la piel de quienes lo vivieron, aunque fueran apenas niños.

    Me ha gustado mucho cómo logras que todo fluya sin caer en discursos ni juicios. Basta el gesto del abuelo, las preguntas sin resolver, el eco de los féretros, para que el peso de la historia se instale en el lector. La escena del ancla me ha parecido especialmente simbólica: tocarla como quien toca un recuerdo que no se termina de soltar.

    Y esa frase final, con los orígenes y el destino entrelazados en el mismo cauce, es de las que uno se lleva puesta.

    Gracias por escribir algo así. No solo se lee: se queda.

    Un abrazo.

    1. Hola Tarkion
      Muchísimas gracias por tus palabras. A veces, uno intenta transmitir sentimientos y el relato se vuelve pesado o insípido. Así que me alegro mucho que te haya llegado, lo hayas sentido cercano. Y que hayas descubierto lo que siente Kurt tras esa realidad que está viviendo y que le cuesta digerir y aceptar. He intentado dejar de lado mis opiniones políticas y mis juicios de valor para anteponer los razonamientos y sentimientos del niño.
      Muchas veces me pregunto cómo un pueblo puede elegir a través de elecciones libres un régimen político como el nazismo, cómo se conjuga el orgullo de ser alemán con el dolor y la vergüenza por todo lo que pasó. Eso es precisamente lo que planteo a través de este niño que aprende a nadar en el río de la vida.
      Gracias a ti por tu comentario. Un abrazo fuerte.
      Marlen

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