Hay quien confronta los discursos de odio de su presidente

Entro en un medio de comunicación para enterarme de las últimas noticias y veo el rostro apesadumbrado de Donald Trump: Pánico en Wall Street. El Nasdaq se desploma ante los temores económicos en EEUU. Y pienso: “¡Que se joda!”

Pero en el país del cual hoy hablamos con desprecio e indignación, debido a la cobertura mediática de cada palabra del presidente, hay activistas, universidades, estudiantes, sindicatos, bibliotecas, incluso políticos, que hoy siguen resistiendo y tejen redes para proteger a sus vecinos, a sus amigos, a la gente más vulnerable. Estas historias de amor y solidaridad no venden, no dan clics y no llegan a los titulares.

En una pequeña biblioteca de Chicago, Gloria revisa los estantes con cuidado, asegurándose de que cada libro censurado encuentre su camino de regreso a manos jóvenes e inquietas. Lleva años en esta lucha, resistiendo los embates de legislaciones que buscan acallar historias, borrar identidades, enterrar verdades. Sabe que cada título devuelto a su lugar es un acto de amor, un gesto de desafío contra quienes quieren que el conocimiento tenga dueños.

En la misma ciudad, Mario, un profesor universitario, recibe en su despacho a un grupo de estudiantes latinos, afroamericanos y asiáticos. Han llegado con preguntas, con miedo, con dudas sobre su lugar en una universidad que muchas veces los ignora. Él los escucha, los orienta, les recuerda que su voz importa, que su mirada tiene un valor irremplazable. A veces, su propia carrera académica ha estado en riesgo por estas posturas, pero él no retrocede.

Más al sur, en Texas, Jessica pasa otra noche en vela coordinando asistencia legal para inmigrantes detenidos en los centros de reclusión. Junto a otros abogados, enfrenta un sistema implacable, un laberinto de reglas diseñado para quebrar la voluntad de quienes sólo buscan una vida mejor. Su teléfono nunca deja de sonar. A pesar del cansancio, sigue adelante, porque sabe que cada caso ganado es una familia reunida, una vida reconstruida.

Mientras tanto, en un barrio de Arizona, Andrés, un periodista independiente, recorre calles polvorientas con su grabadora en mano. Entrevista a trabajadores, madres solteras, activistas. Su trabajo es denunciar, contar esas historias que rara vez llegan a los titulares. Ha recibido amenazas, ha perdido oportunidades en grandes medios por negarse a suavizar sus palabras, pero sigue escribiendo, sigue revelando la verdad.

En Nueva York, Alexandra, una organizadora comunitaria, reúne a sus vecinos en una iglesia para repartir víveres y coordinar protestas pacíficas. Ha visto cómo el miedo se infiltra en su comunidad, cómo las redadas y las deportaciones siembran el terror. Pero también ha visto resistencia, valentía, solidaridad inquebrantable. En cada marcha, en cada reunión, en cada acto de ayuda mutua, reafirma su fe en el país que lucha por ser mejor.

Estados Unidos es más que sus titulares, más que su gobierno de turno, más que sus discursos de odio. Es la resistencia silenciosa de millones que cada día eligen la empatía sobre el miedo, la acción sobre la resignación, la justicia sobre la indiferencia.

Es el país que se construye con cada libro rescatado, con cada estudiante apoyado, con cada inmigrante defendido, con cada historia contada, con cada comunidad protegida. Ese también es el rostro de Estados Unidos de Norteamérica. Y es un rostro que merece ser visto, escuchado y celebrado.

En ese país con 77 millones de personas que votaron por el actual presidente, hay más de 160 millones que no votaron por él.

Muchos de estos ciudadanos siguen trabajando con generosidad y empatía para construir un lugar mejor para todos. A ellos les debemos el “no olvidarlos”, y una mirada justa, que reconozca su capacidad de actuar, su inteligencia y su valor. Hablemos de ellos, preguntemos por ellos, por sus historias, sus sueños y sus pequeñas victorias.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

6 comentarios sobre “Hay quien confronta los discursos de odio de su presidente

  1. Al final parece que sólo parió un ratón la tan cacareada pérdida económica, es que la mayora de los ricos nos aterran los números rojos. Jajaja. Un abrazo.

    1. Hola Carlos
      Sí, nos aterran con los números rojos pero no sólo «los ricos», sino los gobernantes de todo tipo y aquellos que tienen intereses no muy conocidos. Parece que aterrar al habitante fuera la moda generalizada. ¿Te has comprado ya el «kit de supervivencia»?
      Gracias por tu comentario. Un abrazo.

    1. Hola Chechi
      Pues sí, lo único que nos deja un poco más tranquilos es que existen personas conscientes y responsables que siguen creyendo en los valores universales, que se la juegan para lograr una civilización más justa y mejor y que resisten. Y lo único que yo creo que puedo hacer, desde mi pequeñísimo rincón en el mundo, es intentar que no nos olvidemos que esa gente existe, que no todo en este maravilloso universo se está yendo al garete, y que mucha gente hace pequeños gestos de empatía, de justicia, de amor por el semejante. No todo está perdido, reflexionar con los demás siempre es positivo, no claudiquemos ante la imposición del miedo. ¡¡¡Resistamos!!!
      Muchísimas gracias por entrar en mi rincón y comentar. Un beso grandote para ti y tu hermosa familia.
      Marlen

  2. Hola, Marlen.
    Al final, siempre son los propios ciudadanos los que se ven afectados por las necedades de sus propios gobernantes. Desde una medida económica hasta la mismísima guerra. Se enorgullecen de defendernos ante el enemigo «exterior», pero, en realidad, nos están castigando con sus majaderías (aunque muchos siempre le aplaudirán y seguirán fielmente, reafirmando y agrandando el nivel de estupidez).
    Afortunadamente, hasta en el país más odiado y repudiado por su chulería y menosprecio, hay gentes (siempre los de abajo) que se resisten al odio propagado; que protesta con sus gritos ante tanta barbarie. Menos mal, porque si no, el futuro estaría más negro de lo que ya se ve.
    Supongo que todavía podemos seguir enarbolando la bandera de la esperanza, esa cuyos colores no tienen fronteras, ni ideologías, y que cada vez tiene el mástil más quebrado.
    Creamos en el PUEBLO estadounidense (con mayúsculas). No son todos como sus mandatarios.
    Abrazo Grande, amiga.

    1. Hola Jose
      Desde luego, son los propios «ciudadanos» quienes se ven afectados por las necedades de los gobernantes. Pero tampoco todos, porque quien está en el grupo, bando, partido del susodicho y le aplaude las medidas o se beneficia de las mismas, tendrá la vida bastante más fácil. Afortunadamente siempre habrá también, porque haberlos haylos, quien mantiene vivos sus valores, quien sigue en la senda de no dejarse manejar o convencer tan fácilmente, quien se niega al odio, quien prima su empatía y su sentido de la justicia a cualquier prebenda o beneficio injusto, quien sigue gritando y resistiendo. Y no creo que sean siempre los de abajo, Son, eso sí, los más corajudos. Por eso hablo de ellos, para que los recordemos, para que «RECORDEMOS QUE EXISTEN», que no todo es odio, que nuestros granitos de arena siguen impulsando la esperanza.
      Totalmente de acuerdo contigo, creamos en el PUEBLO, en los pueblos de todos los países, desde el del país más poderoso hasta el del más débil y pobre. Un abrazo grandote Amigo.

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