Martina, heredera de una finca tucumana, debía firmar la expansión de cultivos sobre tierras indígenas.
Su hermano insistía: “Papá confió en nosotros”.
Ella calló y buscó refugio bajo los jacarandás que amaba su madre.
Allí, el anillo de calcedonia blanca en su mano vibró suavemente.
Recordó canciones, historias, la voz de su madre.
Sabía que firmar era traicionar esa memoria.
Un pétalo cayó sobre su palma.
“Tu decisión ya está tomada”, pensó.
No firmó. Renunció.
Y partió hacia el norte como maestra rural.
Cambió poder por propósito.
En el silencio del jardín, floreció una nueva raíz: la suya.
Agradezco al “Blog de Lidia” su divertida iniciativa que nos desafía
con la propuesta “Escribir jugando”.
La idea es escribir un microrrelato o una poesía de no más de 100 palabras (sin incluir el título), en el que aparezca la idea y el objeto correspondientes al mes.
Cada mes un nuevo reto. En este caso para el mes de julio, las consignas son:
La imagen de la carta: Earth Wisdom 7 Clear aura
Mineral: Calcedonia.
Y como opcional: Que aparezca en la historia algo relacionado con la flor de Australia: Jacarandá.

Hola, Marlen.
¡El poder de la naturaleza! ¡Ojalá!
Nuestras mentes necesitan mejores consejeros.
Felicidades. Un micro con mucha enjundia.
Abrazo Grande.
Hola Jose
Volvamos a los orígenes, la naturaleza es sabia.
Me quedé con ganas de escribir algo más en este microcuento.
Gracias por tu comentario. Un abrazo grandote.
Hola, Marlen. Qué bonita historia. «Cambió poder por propósito» y mente por corazón, diría yo. Me ha encantado la conexión con su madre a través de las jacarandas. Muchas gracias por tu aportación al desafío de este mes. Un abrazo.
Hola Lidia
Sí, la madre, aunque ya no está físicamente, sigue guiando los pasos de Martina e influyendo en la vida de toda la casona.
Los jacarandás y su lluvia de flores son una hermosura que siempre me ha enamorado. ¡Me encantó que aparecieran en el desafío de este mes!
Gracias a ti por organizar los retos. Un abrazo.
Wow, en este relato te luciste. Es un relato redondito, con su crítica social incluída, pero no solo eso, también el arco de la chica es muy bueno, de dudar y estar a punto de firmar algo injusto a pasar a ayudar a aquellos que son los más afectados cuando son despojados de sus tierras ancestrales. El final es poético y hermoso. Un relato que te deja con un muy buen sabor de boca. Gracias por él. Me llamó la atención que, como hablas de Tucumán, supongo que en Argentina les dicen jacarandás así con acento. En México les decimos jacarandas así sin él. Curioso. En muchas ciudades de México se sembraron árboles de éstos, sobre todo en Cd. de México. Un japonés emigrado, que se convirtió en el jardinero favorito durante la época llamada Porfiriato, se puso a sembrarlos porque le recordaban un poco los cerezos de su tierra cuando floreaban. Este arbol es originario de Brasil. Ay ya me desvié…
En fin. Precioso relato, me super gustó, y te felicito.
Hola Ana
Como le decía a Jose, me quedé con ganas de escribir algo más en este microcuento, pero era importante para mí la decisión que toma la protagonista, contrapuesta a la firma que le están intentando forzar y que tú rescatas.
Sí Tucumán se refiere a San Miguel de Tucumán, una ciudad en el noroeste argentino. Sabía que en México y Centroamérica, se utiliza la forma llana «jacaranda» con género femenino, pero en Argentina se usa la forma masculina «jacarandá» con su plural «jacarandás», que en otros países es «jacarandaes». Riquezas de nuestras lenguas. Como en Ciudad de México, también en Buenos Aires se sembraron muchos de estos árboles y es un bello espectáculo la Avenida 9 de Julio florecida.
Muchas gracias por tu comentario, siempre me animas a seguir escribiendo. Un abrazo grandote.
Has gestionado los elementos del reto muy bien y te ha quedado un micro estupendo. Un abrazo
Hola Nuria.
Gracias por tu comentario. Me alegro que te haya gustado.
Un abrazo.