Cuando la humillación se vuelve un negocio

Imagina que entras a una plataforma de streaming y ves a alguien siendo golpeado, insultado o humillado mientras miles de personas lo miran… y pagan para que eso siga ocurriendo.
Eso, que parece sacado de una película distópica, es real. Se llama trash streaming (¡sí, lo sé, otra expresión en inglés de las nuevas tecnologías!). Es un fenómeno que está creciendo en las redes sociales. Se traduce como “Retransmisiones basura”. Y es el espectáculo del sufrimiento en vivo y en directo.

Pero no hablamos de bromas inocentes, sino de contenido extremo que convierte el dolor humano en entretenimiento. Y lo más preocupante: hay gran cantidad de espectadores jóvenes.

Debo reconocer que el idioma alemán tiene una palabra todavía más precisa para eso que sienten los usuarios de estos canales cuando observan los videos de sus antihéroes favoritos: “schadenfreude”, que algunos traducen por “alegría malsana” y que alude a la obtención de placer a partir de la desgracia ajena.

El caso que encendió las alarmas fue el de “Jean Pormanove”, un influencer trash francés muy popular, que comenzó transmitiendo videojuegos y retos divertidos. Pero la competencia por conseguir más visitas lo llevó a participar en transmisiones cada vez más violentas y humillantes.

El lunes 18 de agosto, el streamer Jean Pormanove, de 46 años, cuyo nombre real era Raphaël Graven, murió durante la transmisión en vivo de un vídeo, después de una secuencia de 298 horas filmada en vivo, durante la cual sufrió humillaciones, bofetadas, insultos homófobos, descargas eléctricas, cubos de agua fría, disparos de paintball, privación del sueño, estrangulamientos e ingestión de sustancias tóxicas.

JP como se hacía llamar, era conocido por participar en vídeos que lo mostraban sufriendo violencia y humillaciones, tanto verbales como físicas, por parte de sus compañeros de stream: Narutovie y Safine. Seguido por medio millón de suscriptores, los espectadores en vivo participaban en la escena con comentarios burlones o incluso financiándolo con donaciones.

El lunes por la mañana, mientras JP estaba en directo, era posible verlo tumbado e inmóvil en una habitación con sus dos compañeros. En la pantalla, un dial indicaba “298 horas”, lo que sugería que el directo había durado doce días.

Después de algunos mensajes de internautas preocupados en el chat, los dos hombres intentaron despertar a JP, sin recibir respuesta. Uno de ellos le arrojó una botella de agua, sin más éxito. Finalmente, Narutovie se levantó para inclinarse hacia el streamer, antes de terminar el directo.

Después de un día de preocupación por parte de los fans, Narutovie confirmaba la mala noticia en su cuenta de Instagram “Desafortunadamente, esta noche, JP (Raphaël Graven) nos dejó”, escribió. “Les pido a todos que respeten su memoria y que no compartan el vídeo de su último aliento mientras duerme”, añadió. El vídeo, eliminado en la repetición por la plataforma australiana de transmisión en directo Kick, se ha compartido ampliamente desde entonces en las redes sociales.

La muerte del streamer en la plataforma de vídeo australiana “Kick” arroja una cruda luz sobre la parte más espeluznante de esta industria del entretenimiento digital, que se alimenta de los más bajos instintos de la humanidad. Kick es la plataforma competidora del líder mundial Twitch, que ha destacado siempre por una moderación más “flexible” —casi un eufemismo, ya que su laxitud no conoce límites— y por las condiciones económicas favorables a los creadores, ya que devuelve a los streamers el 95 % de los ingresos generados, frente al 50 % de sus competidoras. Es la plataforma donde la crueldad más feroz puede convertirse en un negocio.

Las autoridades francesas calificaron el caso como un “horror absoluto”. La fiscalía indicó que había abierto una investigación para “buscar las causas de la muerte” y ordenó una autopsia. Aunque la autopsia descartó los golpes como causa directa, se sospechan factores médicos o tóxicos.
El caso ha sido una llamada de atención global sobre la responsabilidad de plataformas como Kick y la necesidad urgente de regulación. Plantea la cuestión del papel de la justicia y la regulación de los contenidos difundidos en internet, también abre una ventana a un verdadero negocio de la humillación. En la plataforma de streaming Kick, hay un terreno propicio para la validación de la violencia.

El debate sobre Kick lleva ya años candente en Estados Unidos, con denuncias por parte de medios como el “New York Times” sobre crímenes cometidos en directo en la plataforma, casos de acoso sexual, alertas sobre la presencia habitual de sexo en vivo, anuncios de juguetes sexuales a niños o insinuaciones a chicas menores de edad. Desgraciadamente, en un país que «supuestamente» pone la libertad de expresión por encima de cualquier otra consideración, sus advertencias han caído por el momento en saco roto.

El sórdido espectáculo emitido en la plataforma descubre los resortes de una violencia “ritualizada” que ha unido a miles de personas. Pero hay que ser conscientes de que, desde los padres de familia a las estrellas del fútbol, el perfil de los espectadores del canal de “Jean Pormanove” está lejos de limitarse a adolescentes o marginados. Hay un núcleo duro en nuestra sociedad, ávido de violencia, que todavía lucha por no cuestionarse.

Si te preguntas por qué engancha… y por qué es peligroso este tema, te explico.

El trash streaming utiliza un mecanismo muy simple: morbo + dinero. Los influencers trash hacen lo que sea para atraer visitas, incluso aceptar humillaciones, porque cada clic y cada donación suma. Pero para los espectadores, especialmente los adolescentes, hay riesgos enormes:

Normalización del sufrimiento → Se empieza a ver como “normal” que alguien sea degradado.

Adicción al contenido extremo → El cerebro busca cada vez más intensidad para sentir emoción.

Erosión de la empatía → Ver humillaciones constantes puede hacer que nos desensibilicemos al dolor ajeno.

Presión social → En redes, compartir o comentar estas transmisiones puede sentirse como “lo que todos hacen”.

¿Y por qué no se habla más de la cara más horrorosa de las redes? Lo que nadie te cuenta sobre este espeluznante negocio es que plataformas como Kick o transmisiones privadas de Telegram permiten que este contenido exista casi sin control. Detrás de cada directo hay patrocinadores, donaciones y miles de euros.

Algunas audiencias pagan para pedir castigos específicos: más gritos, más golpes, más vergüenza. En muchos casos, quienes participan en estos “shows” lo hacen por necesidad económica o por el deseo desesperado de ser famosos.

Quizá pienses: “Yo no vería algo así”, pero el algoritmo de las redes sabe cómo atraparte. Empieza con un video divertido, luego otro “retador”, y cuando menos lo notas, te recomiendan clips de trash streaming.

Las consecuencias: cambian tus límites morales sin que te des cuenta, puedes compartir sin pensar contenido que perpetúa la humillación y aumenta la presión por “hacer algo extremo” para destacar online.

Entonces, ¿qué puedes hacer y qué deben hacer los adultos?

Si eres adolescente hazte preguntas: ¿Por qué me gusta este contenido? ¿Cómo se siente la persona que lo vive?

Pon límites digitales: no todo lo que es viral merece ser visto o compartido.

Crea una comunidad positiva: sigue cuentas que difundan humor sano, arte, deporte, ciencia… ¡hay mundos más interesantes que el morbo!

Necesitas buscar apoyo si recibes o reproduces humillación.

Si eres madre, padre o educador: habla con ellos, sin juzgar, escucha qué consumen y qué sienten.

Educa en empatía: ayuda a que los chicos se pongan en el lugar de quien sufre.

Supervisa sin invadir: configura controles parentales y participa en su mundo digital.

Y una reflexión final.

El caso de Jean Pormanove nos deja una lección dolorosa: hay vidas reales detrás de las pantallas y hay espectadores que pagan por ver el sufrimiento.

Cuando el contenido humano se convierte en circo, pierde dignidad y puede costar vidas.
Cuando la humillación se convierte en entretenimiento, todos perdemos nuestra humanidad.

El respeto, la empatía y el sentido crítico son las verdaderas armas para defendernos. No caigamos en la trampa de convertir el dolor en espectáculo.

Es hora de que familias, empresas tecnológicas y legisladores hagan su parte. La humillación no debe ser vista como entretenimiento ni aceptada como normal. Debemos proteger a las generaciones nuevas de ese espejo oscuro.

“Todo lo que miramos nos transforma. Pregúntate qué te está enseñando tu pantalla.”

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

8 comentarios sobre “Cuando la humillación se vuelve un negocio

  1. Gracias por sacar a la luz un tema tan duro y cruel , el de reír del dolor de los demás , es embrutecedor, nada menos humano que esa diversión mal sana. Gracias de nuevo y todos deberíamos ser conscientes de que seguir la violencia nos rebaja como humanos.

    1. Hola Manuel
      Cuando me enteré que existía esto, no me extrañó porque todo tiene cabida en internet, pero me horrorizó la idea de que jóvenes y niños tuvieran acceso tan fácilmente a una faceta lamentable del ser humano. Cada uno tiene derecho a elegir lo que va a meter dentro de sí. Pero, me resistía a no protestar contra el morbo, esa atracción hacia lo truculento, lo desagradable, el placer por el sufrimiento de otro ser. Y hacia la posibilidad de que cualquiera tuviera acceso a ello. Tienes razón, todos deberíamos tomar consciencia de que regocijarnos en la violencia y el dolor, nos rebaja como humanos.
      Gracias por comentar. Un abrazo.
      Marlen

  2. Tu artículo me ha impresionado y estremecido. Las nuevas tecnologías se han impuesto con todo lo bueno y todo lo peor. No había leíado nada sobre este hecho que cuentas. Me ha hecho pensar sobre todo en los jçovenes y los adolescentes, los más frágiles e influenciables para caer en estas redes. Como docente que he sido pienso que en los colegios e institutos hay una gran tarea por delante a este respecto. Estupenda entrada Marlen. Un abrazo!

    1. Hola pensadora
      Yo tampoco conocía este tipo de «espectáculos» y me sorprendió mucho que no se hubiera tomado alguna medida para no permitir un espectáculo denigrante como este (aclaro que no lo he visto y hablo por lo leído en diferentes publicaciones). Desde luego, los más influenciables (y no sólo los jóvenes y niños) y la gente en general supongo que se sentirán horrorizados por la crueldad en directo. Pero el morbo moviliza más gente de lo que creemos. Sí, hay por delante una gran tarea para ubicar a niños y mayores.
      Gracias por tus palabras. Un abrazo.
      Marlen

  3. This article exposed a dark side of online content that I never considered. Its disturbing to see how platforms like Kick normalize suffering for views and money. We must demand better regulation and awareness to protect people from this harmful trend.

    1. Yes, we must demand better regulation and awareness to protect people from this dangerous trend. And we must demand greater oversight of platforms like Kick, which normalize suffering in exchange for views and money.

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