El vagón del último viaje

Mi deseo se había cumplido. Después de muchas ilusiones y de mucho ahorrar, por fin viviría en el centro del mundo. Lo único que ensombrecía mi alegría era que mi madre no pudiera disfrutarlo ¡le hubiera encantado!

El ruido ensordecedor de la ciudad, calles abarrotadas, luces que nunca se apagan, bocinas chillonas de taxis amarillos, pantallas desproporcionadas de Times Square, rascacielos que parecen engullirse las nubes, el latido del alma de Nueva York.

Basta entrar en una boca de metro para conocer el monstruo de hierro, encontrar humedad, metales oxidados, el tacto frío de los pasamanos, escaleras resbaladizas, las melodías apasionadas de músicos callejeros, el olor mezcla de grasa, transpiración y comida rápida, mapas imposibles de descifrar. El mundo entero fraccionado en apresurados seres con auriculares. Refugiados en sus pantallas, no miran, no ven.

Yo estaba detenida en el andén, tomando nota mental de cada detalle, cuando sentí la vibración en el suelo.

En el extremo del tren que acababa de detenerse rugiendo, una puerta se abrió con un chirrido que nadie más pareció escuchar. Era un vagón antiguo, con ventanas opacas y luz cálida en su interior, como si no perteneciera a ese lugar ni a ese tiempo.

Los asientos tapizados de terciopelo gastado en vez de plástico, la luz acogedora como la de la casa de mis padres, pero sobre todo, el silencio inusual de pasajeros que parecían fantasmas, que no hablaban, sin pantallas, sin auriculares, que se quedaban mirando por la ventanilla, como si viajaran a otra vida, me hizo detenerme aferrada a la barra.

El tren se puso en marcha.

Un rumor extraño parecía invadirnos desde los rieles.

Y de pronto la vi.

Estaba sentada en el segundo asiento.

El aire no entraba a mis pulmones.

Mi madre, vestida con su precioso conjunto beige ribeteado de marrón, miraba hacia el frente. La cartera Louis Vuitton que le habíamos regalado en Navidad entre sus brazos, como protegiéndola de cualquier imprevisto. El foulard de pequeñísimas rosas beige y rosa al cuello.

Estaba más guapa que nunca.

Me acerqué despacio, como para no asustarla.

Su sonrisa espléndida me envolvió en una ola de amor. Su abrazo fue aún mejor.

Me senté a su lado.

No quería hablar para no romper el embrujo.

Así que fue ella quien me contó que estaba bien, orgullosa de lo que había logrado su niña.

Me pidió que besara muy fuerte a mi padre, que fuera al Museo Guggenheim y viera la Colección Thannhauser que exhibe las maravillosas obras de impresionistas como Claude Monet, Édouard Manet o Camille Pissarro. 

.- “El Palacio Ducal visto desde San Giorgio Maggiore” de Claude Monet, es de una sutileza extraordinaria. ¡Disfruta!

¡Mi cara debía de ser un poema!

¡Mi madre muerta me estaba diciendo que fuera a un museo a ver una pintura impresionista!

.- Y que sepas que el piso que has alquilado me gusta mucho, tiene mucha luz y los muebles antiguos que has …

.- ¡No!, -la interrumpí- dime cómo, por qué estás aquí hablando conmigo.

.- Pues es sencillo. Este es un vagón invisible para la mayoría de la gente. Algunos lo ven y otros no. Se abre sólo a quienes han perdido algo irremplazable, un ser querido, una relación, un sueño. Y les permite saldar esa deuda.  Cuando el tren se detenga en la próxima estación, yo bajaré y desapareceré. 

.- Pero entonces, ¿por qué me hablas del museo, del piso…? -pregunté con rabia-.

.- Porque nosotras no tenemos cosas pendientes. Mi legado eres tú y estamos en paz y armonía. Aprendiste hace mucho tiempo la importancia de no dejar nada por decir o hacer. Y cuando se acercó mi muerte, nos hicimos tiempo y no tuvimos miedo de hablar de todo. Así que no nos quedaron arrepentimientos ni la necesidad de cerrar ciclos. ¿Te acuerdas cuando papá se iba al gimnasio? A él nunca le ha gustado hablar de estas cosas. Pero nosotras nos hacíamos un té con mucho limón del árbol del jardín y charlábamos de muchísimas cosas, las cosas realmente importantes, los sentimientos, alegrías y frustraciones, tiradas en el sillón, riendo, aplaudiendo. Siempre disfrutamos cada instante y aceptamos lo que el destino traía, amando profundamente a las personas que llegan a nuestra vida. ¡Un verdadero camino hacia la felicidad! ¡No llores! Yo seguiré contigo. Aunque no me veas, yo estaré. Dile a Yvon que se siente contigo a tomar un té. Es un chico que te adora.

Desperté de mi sueño en un vagón normal del metro, sentada sola en el segundo asiento y rodeada de gente enfrascada en sus conversaciones virtuales.

Pero con el foulard de pequeñísimas rosas beige y rosa entre las manos.


EL TINTERO DE ORO (OCTUBRE 2025)

El Tintero de Oro nos propone el
Concurso de relatos 48ª Edición
Podéis participar en este homenaje a "Caperucita en Manhattan"
de "Carmen Martín Gaite" con un relato ambientado en Nueva York
donde la ciudad tenga cierto protagonismo en la historia.
La extensión no podrá superar las 900 palabras.
Si queréis leer el resto de los escritos presentados:
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Hola, hola, estoy que salto de alegría. Mi enhorabuena a Enrique, a Pepe y a todos los nominados.
Muchas gracias a Marta por todo el trabajo que ha realizado, incluyendo la Gran Gala. Y muchas gracias a quienes han tenido la deferencia de votar mi relato. Me alegra mucho que os haya gustado, porque fue difícil elegir a quién dar los votos. ¡Había un muy alto nivel en la participación! Ya lo habéis dicho, pero coincido en que en cada nueva edición, resulta más difícil dejar relatos sin puntos.
Un abrazo fuerte. Nos leemos.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

52 comentarios sobre “El vagón del último viaje

  1. Hola, Marlen, ¡vaya experiencia! Se me han saltado las lágrimas al final. Muy emotivo y luego encontrarse el pañuelo entre las manos, señal de que no había sido un sueño. Entrañable. El metro suele inspirar historias de miedo, en este caso era un reencuentro bonito.
    Un abrazo. 🤗

    1. Hola Merche
      Sí, la chalina de su madre deja a la protagonista con la seguridad de que lo vivido no ha sido un sueño. Es cierto, las historias en el metro suelen inspirar historias truculentas, pero a mí me gusta viajar en «metro», y me saqué el gusto de crear una historia que lo convierta en nostálgico. ¡Y nada menos que el famoso metro de New York!
      Gracias por tu comentario. Un abrazo para ti también.

  2. Yo veo los asientos de terciopelo y el segundo pie ya no sube al vagon. Que miedo…porque sl principio np sabía que representaba ni que pasaba.
    Muy buena ls descripción de ambiente antes de subir al vagón.
    Y bien argumentado el no tener una conversación intensa. Cuando se está en paz, la paz reina.
    Final bonito e impactante a la vez.
    Abrazooo

    1. Hola Gabi
      Los asientos de terciopelo no me darían miedo. Pero, en nuestra época, ver a todos los pasajeros sin móviles y mirando por las ventanillas… Me alegro que te haya gustado la descripción de la ciudad. La reflexión final de no dejar cosas pendientes cuando se acerca el momento final de esta vida, es algo que siempre me ha llamado la atención. Muchas gracias por el comentario. Un abrazo grande también para ti.

  3. Bellisimo, Marlén! Es un canto de amor a los que se han ido. Gran prosa poética y mucho sentimiento verdadero. Conmovedor. Un abrazo grande

  4. Me ha gustado, Marlen, la forma en que has retratado el alma de N.Y., como una pulsación de un corazón gigante, iluminado y ruidoso… y más aún, el contrapunto del anacrónico vagón de luz cálida y silencio.
    Un precioso y delicado encuentro, contado tan bien que no solo nos haces ver la escena que describes, sino estar en ella, entre tu madre y tú (la narradora).
    Te felicito, Marlen.
    Isabel Caballero (Tara)

    1. Hola Isabel
      Me alegro mucho de que te haya gustado el encontrar el latido de New York en el ruido, las calles abarrotadas de gente, las luces que nunca se apagan, las bocinas de los taxis, las monstruosas pantallas de anuncios y esos rascacielos que tocan las nubes. Es que todo eso en el mismo instante, sin darte tiempo a pensar ni elegir, todo eso es, para mí esa ciudad. Por eso el vagón especial debía ser lo opuesto.
      Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo fuerte.

  5. Un cuento precioso, Marlen. Has plasmado en él la impresión (la animadversión, por qué no decirlo) que me provocan las grandes urbes como Nueva York. Y el contraste con la calma y el sosiego que evocan en la protagonista la aparición del vagón de otro tiempo en el que viaja su madre me ha encantado.

    Enhorabuena. Un abrazo y suerte en el concurso.

    1. Hola Enrique
      Me alegro mucho que te haya gustado el cuento. El contraste entre los dos mundos, el de los vivos y el de los muertos lo busqué dentro de la tierra, en ese vagón de metro algo especial. Porque ¿dónde encontrar en medio del ruido y el caos, un rincón tranquilo para conectar con quienes ya no están en este plano?
      Gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte.
      Marlen

  6. Nos has relatado un viaje conmovedor y mágico que entrelaza el bullicio de Nueva York con una experiencia sobrenatural cargada de emoción, y eso me encanta. La conversación con su madre, quien la guía hacia el Guggenheim y le habla de su piso con ternura, destila amor y reconciliación. El detalle del foulard que aparece al despertar ancla lo místico en lo tangible. La narrativa me impacta por su delicadeza, su exploración del duelo y la conexión eterna con los seres queridos.
    Abrazos!

    1. Hola Marcos
      Has captado perfectamente mi intención al escribir el cuento: la locura de una gran urbe, la experiencia sobrenatural a bordo de un extraño vagón de metro y la paz que le deja a la protagonista la conversación con su madre y el entender la lección aprendida. No había nada pendiente entre ellas, todo estaba claro y sin temas pendientes.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte.
      Marlen

  7. Hola Marlen,
    Me ha encantado tu relato. Tiene ese toque romántico y dulce de la historia madre e hija, y al mismo tiempo un toque inquietante con ese vagón fantasma! Además de incluir pinceladas de muchísimos elementos de la ciudad protagonista con los que la describes perfectamente! Un abrazote y mucha suerte en el concurso!

    1. Hola Marifelita
      Me alegra mucho que te haya gustado el relato. Sí, he intentado que la ciudad estuviera representada con esos aspectos que a unos les gustan y los disfrutan y a otros les producen repulsión. ¡Así son las grandes urbes! A mi protagonista, desde luego le gustan. Y más desde su experiencia con su madre.
      Gracias por el comentario. Un abrazo.

  8. Pues es una maravilla que la mujer del relato pudiera reencontrarse con su madre y que ésta le dijera que todo estaba bien con ella y que no se preocupara. Eso sí, creo que tiene cuentas pendientes que hablar con su padre antes de que sea tarde.

    1. Hola Noelia
      Sí, es cierto. Creo que para la protagonista fue sumamente importante sentir la paz que le dejó la conversación con su madre y entender la lección aprendida. No había nada pendiente entre ellas, todo estaba claro y sin temas por resolver. Y yo también creo que hay una conversación pendiente con su padre. La madre ya le está dando la pista.
      Gracias por el comentario. Un abrazo
      Marlen

  9. Hola Marlen, un relato súper lindo y tierno. Me encanta ese vagón medio espectral en el que uno puede platicar con los que ya se fueron. El relato está muy bien ambientado y la historia es preciosa. Pintas una sonrisa en el corazón con tus palabras. Te deseo mucha suerte en el concurso. Abrazo fuerte.

    1. Hola Ana
      La idea de poder comunicarse con quienes están en otro plano siempre me ha llamado la atención. Y se me ocurrió utilizarla en este reto, como contrapunto a la locura que suele tener una gran ciudad como New York. Me alegra mucho que te haya gustado.
      Muchas gracias por el comentario. Un abrazo fuerte
      Marlen

  10. ¡Hola, Marlen! Vaya experiencia más emotiva que nos has hecho vivir. Sí, porque ahí estábamos, como lectores, en el asiento de al lado. Todo es tan sensorial en torno a ese encuentro con la madre, que se paran en seco los ruidos de trenes para oír con claridad su voz. Y se convierte en la madre de cada lector. Es así como la Literatura libera nuestras emociones.
    Un abrazo!

    1. Hola María Pilar
      ¡Cómo me gusta tu comentario! Es muy importante para mí saber que has logrado meterte en el cuento y vivirlo. Y que la madre, con sus palabras, se convierte en la madre de cada lector. Es lo mejor que me podías decir.
      Muchísimas gracias. Un abrazo
      Marlen

    1. Hola Jose
      Creo que unos cuantos de nosotros pagaríamos por una visita al vagón… aunque no haya nada pendiente entre nosotros, aunque todo esté claro y sin temas por resolver. Pero verse nuevamente, escuchar su voz.
      Gracias por el comentario. Un abrazo
      Marlen

  11. Podría tratarse, a todas luces, de un vagón mental que la protagonista ha generado en su conciencia con el fin de entrevistarse con la progenitora en momentos cruciales. A fe que considero esta una buena guisa para rememorar a aquellos que nos precedieron y contribuyeron a nuestra formación y desarrollo. ¡No me digas tú!

    1. Hola Lucía.
      Todo lo que escribimos está libre de ser interpretado por el lector. Así que tu apreciación es perfectamente válida. ¡Podría ser!
      Sí, yo también creo que es una bonita forma de recordar a quienes amamos y ya no están en este plano.
      Gracias por tu comentario. Saludos.

  12. Hola Marlen. Hay un contraste entre la descripción inicial de la ciudad de Nueva York, con su ajetreo, los rascacielos, los ríos de gente enfrascados en su rutina… y la quietud de ese vagón de tren que resurge del pasado con un aire antiguo, en el que se respira paz y se reviven los recuerdos. Muy importante eso que dices del no dejar cosas pendientes con nuestros seres queridos, una vez que se van no hay vuelta atrás, al menos no en esta vida. ¿Sueño o realidad? esa bufanda de rosas abre la posibilidad a esa conexión entre lo material y lo espiritual. Un abrazo.

    1. Hola Jorge
      Es cierto lo que destacas, intentaba contrastar la vida vertiginosa actual con la reflexión acerca de cómo evocamos los recuerdos. Y cómo deberíamos tratar de solucionar los temas pendientes antes de que sea demasiado tarde. Porque, como bien dices «una vez que se van no hay vuelta atrás, al menos no en esta vida.»
      En cuanto a si ha sido un sueño o una realidad, eso os lo dejo decidir a vosotros. Todo lo que escribimos está libre de ser interpretado por el lector.
      Gracias por el comentario. Un abrazo
      Marlen

  13. Hola, Marlen. Nos traes a este reto un relato intimista y precioso. Un vagón fantasma para saldar las cuentas pendientes pero… ¿Qué sucede cuando no las hay? Sólo queda hablar de arte o de un piso, hacer saber al otro que lo está haciendo bien y que se está muy orgulloso.
    Un trabajo genial. Felicidades.

  14. Buenos días, amiga Marlen.
    Te lo suelto así, sin más: me ha gustado mucho tu relato. Es entrañable la forma en la que nos muestras dos mundos antagónicos, el de la ciudad de Nueva York con su fama, pero con todas sus miserias, y el onírico/espiritual de ese vagón fantasma en el que transcurre esa conversación que tanto (al menos a mí) emociona. Enhorabuena y gracias por compartir esta belleza con todos nosotros.
    Patxi.

    1. Hola Patxi
      Pues yo también te lo suelto así, sin más: me alegra mucho que te haya gustado el relato y que te haya emocionado. Y te agradezco tus palabras, porque has captado exactamente lo que me proponía: pretendía mostrar los dos mundos antagónicos, e intentaba contrastar la vida vertiginosa actual con la reflexión acerca de cómo evocamos los recuerdos. Y cómo deberíamos tratar de solucionar los temas pendientes antes de que sea demasiado tarde.
      Así que, gracias a ti por el comentario. Un abrazo fuerte.
      Marlen

  15. Kaixo Marlen, que relato más hermoso. Ese tren o metro que reencuentra a gente que ya no esta. Que cura el alma y recuerda que es lo importante. Te mando un abrazo. Muxus.

    1. Hola Ainhoa
      No sabes lo que me alegra que hayas leído especialmente este relato.Con él pretendía contrastar la vida vertiginosa actual con el vagón de metro que nos acerca a aquellos seres amados que han pasado a otro plano y la reflexión acerca de cómo evocamos los recuerdos. Y cómo deberíamos tratar de solucionar los temas pendientes antes de que sea demasiado tarde.
      Así que, muchas gracias a ti por el comentario. Un abrazo fuerte. Muxus

  16. Hola, Marlen, pues sí que nuestros relatos tienen un parecido. Muy parecido. Una historia que se rescata de recuerdos, o no, como bien dejas en el aire con la última frase. Me encanta la ambiéntación que le das ala ciudad, se palpa. Esos trenes deben de ser un agobio, y más ahora con ese estilo que tenemos de estar siempre de cara al movil. Y qué decir del mensaje. Un relato delicioso con una potente moraleja como base. Me encantó.
    Un fuerte abrazo!

    1. Hola Pepe
      ¡Los recuerdos! ¡Ay los recuerdos! Esos extraños que vuelven cuando uno menos los espera y se resisten cuando intentas rescatarlos. Me gusta mucho el tema y todas las posibilidades que abre.
      Me alegra que te haya gustado la ambientación de Nueva York. Sólo he estado dos veces, pero me atrapó eso que mucha gente detesta: el ruido, el bullicio permanente, los carteles, el mundo en un espacio tan pequeño… Creo que no me gustaría vivir allí, pero ir a conocerla es como visitar Disneyland. 🤣
      Gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte
      Marlen

  17. Hola, Marlen, me ha gustado mucho este relato que retrata tal cual a ese Nueva York moderno en el que los autómatas, los ruidos, los inmensos monstruos de hormigón y de hierro y todas las deslumbrantes luces entre otras cosas son los protagonistas de esa gran urbe. ¡Ay! esos trenes y estaciones tan pintorescas, frías, algunas muy bonitas, la mayoría patéticas.
    Pero el contraste que haces entre esos dos trenes y esos dos mundos, nos deja una brecha que nos dice que no todo es tan extravagante como parece, Nueva York tiene también un lado tranquilo y muy hermoso donde se dan encuentros tan mágicos como el que nos regalas, con un mensaje final de fondo muy revelador y alentador, hay que saber aprovechar el tiempo y valorar lo que de verdad nos hace seres emocionales, racionales y sensibles, que comparten de corazon a corazon sus impresiones de vida. Fue grato viajar con tu protagonista, observar la ciudad y subirnos a ese tren y vivir con ella una hermosa experiencia en ese otro tren. Que sean agradables los días venideros. Besos.

    1. Hola Idalia
      Es cierto, Nueva York, como casi todo en esta vida, tiene facetas distintas a las que usualmente se comentan. No todo es ruido en la gran urbe. Yo he estado en alguna misa gospel en Harlem, he tomado un Coke Float (Coca Cola más sirope más una bola de helado de vainilla) en una luncheonette de Lexington renovada por última vez en 1948, charlando con los vecinos, he leído un libro en la colina de Cedar Hill, un rincón poco concurrido de Central Park… Si salimos de los lugares más transitados y fotografiados, todo es diferente. Hasta puede ser diferente un vagón de metro, uno que nos permita vivir una experiencia mágica de estar nuevamente con ese ser querido al que añoramos.
      Me alegro que te haya gustado el relato. Gracias por tu comentario y que los días venideros también sean agradables para ti. Un abrazo.
      Marlen

  18. Mi más sincera y cordial enhorabuena, Marlen, por tu flamante «Tintero de BRONCE». Tu relato es buenísimo.
    Un abrazo, compañera.
    Patxi.

    1. Hola amigo Patxi.
      El Tintero de Bronce me tomó totalmente desprevenida. Hay meses de concurso del Tintero en que cada vez, resulta más difícil adjudicar los puntos, porque el nivel de los relatos es muy alto. Así que, aunque los comentarios eran buenos, no me hice ninguna ilusión. Me he enterado hace un momento por tu mensaje y el de Enrique. Y, por supuesto, me ha hecho muchísima ilusión.
      Gracias por tu enhorabuena y un abrazo grandote.

    1. Hola Enrique
      Ante todo, mi gran y merecida felicitación por tu Tintero de Oro. A mí me pasó lo mismo que a ti, cuando leí tu relato supe que estaba ante uno de los premiados. Empaticé rápidamente con Susan y me quedé pensando si un infierno como el que vimos en directo por el mundo entero, podría lograr lo que no lograba su voluntad. ¡Difícil luchar contra una adicción!
      ¡Enhorabuena y un abrazo!

  19. Marlen! Felicidades por ese Tinterazo. Como dijiste, mi relato te recordó al tuyo, y la verdad que tienen ese deje tan común que casi quedan en el mismo lugar.
    Un abrazo!

    1. Hola Pepe
      Gracias. A ti también ¡Felicidades! Creo que los dos hemos intentado hablar de sentimientos en un ambiente que nos suele llevar a la megaciudad superpoblada, ruidosa, con un impacto social y medioambiental impactante. Y parece, por los resultados, que no nos hemos equivocado. Así que, ¡a festejar! Que un Tintero no se gana tan fácilmente.
      Un abrazo fuerte.

    1. ¡Muchas gracias Bruno! Tú también has sido muy votado, por un pelo no entras en el podio. Así que ¡Felicitaciones! por tu relato que nos narra la catástrofe por haber enfurecido a los dioses y la expulsión del Paraíso. ¿Profético? Si seguimos tentándolos…
      Un abrazo grande.

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