Izar la bandera de San Jorge, protesta antiinmigrantes en el Reino Unido

«Operation Raise the colours»: cuando las banderas se convierten en trincheras

LONDRES / DUBLIN /MADRID _ Octubre de 2025

En algunas partes de Inglaterra, actualmente, se observa un fenómeno que suele reservarse para los grandes torneos de fútbol: banderas de San Jorge por todas partes: colgadas de farolas, ondeando en pasos elevados de autopistas, pintadas en pasos de cebra y bordillos.

Los organizadores de la campaña de las banderas afirman que la ¨Operation Raise the Colours¨ (Operación Alzad los Colores) no está relacionada con la reciente ola de protestas antiinmigrantes en el Reino Unido, pero es difícil no vincular la rápida proliferación de las banderas con un verano en el que la extrema derecha se ha envalentonado cada vez más.

En un artículo típicamente reflexivo, el columnista John Harris relacionó las banderas con la capacidad de la derecha para organizarse en las redes, así como con su uso de la desinformación y la provocación. Todo esto, según Harris, se suma a una «emergencia política evidente» que exige una respuesta urgente.

La bandera de San Jorge

El contexto político predominante en Gran Bretaña para esto es el auge del Partido Reformista de Nigel Farage, que lidera las encuestas de opinión. El mes pasado, Farage lanzó sus planes de línea dura para deportar a cientos de miles de solicitantes de asilo y asestar un duro golpe a protecciones clave de derechos humanos, si su partido llega al poder. El columnista Rafael Behr analizó cómo Farage está siguiendo la estrategia del Brexit, esta vez en materia de migración, y preguntó por qué el Partido Laborista no puede hacerle frente. Pero, analicemos qué significa esta oleada de sentimiento antiinmigratorio.

Lo que comenzó como una aparente campaña patriótica en el Reino Unido se ha convertido en un fenómeno social y político que inquieta a toda Europa. ¨Operation Raise the Colours¨ está tiñendo pueblos y ciudades británicas con miles de banderas nacionales, pero también está despertando viejos fantasmas de nacionalismo, exclusión y división social.

La operación nació a mediados de 2025 impulsada por grupos de ciudadanos que animaban a colgar banderas británicas (la Union Jack y la cruz de San Jorge) en farolas, rotondas y edificios.
En apariencia, se trataba de una iniciativa inofensiva: celebrar el orgullo nacional y recuperar los símbolos patrios para la calle. Pero con el paso de las semanas, el movimiento empezó a ser capitalizado por organizaciones de extrema derecha, colectivos euroescépticos y grupos antiinmigración. Una ola de banderas con trasfondo político.

Algunas figuras políticas conservadoras elogiaron la campaña como una muestra de “unidad y orgullo británico”. Sin embargo, en muchas localidades, desde Birmingham hasta Leeds o Manchester, los ayuntamientos han tenido que retirar las banderas colocadas ilegalmente por razones de seguridad o para evitar tensiones vecinales.

En redes sociales, el hashtag #RaiseTheColours se ha convertido en un campo de batalla ideológico: para unos, un grito de identidad; para otros, un gesto de intolerancia disfrazado de patriotismo.

Aquellos que izan la bandera de San Jorge para afirmar su inglés, a menudo lo hacen como un símbolo de sus prejuicios contra la inmigración (Foto Temilade Adelaja/Reuters)

En Irlanda, el movimiento ha tenido un efecto espejo. Algunos grupos nacionalistas y antiinmigración comenzaron a colgar banderas tricolores (verde, blanca y naranja) en espacios públicos, presentándolo como una “reacción legítima” frente a las políticas migratorias del Gobierno.
El ejecutivo irlandés, encabezado por el Taoiseach (primer ministro), ha advertido del riesgo de “secuestrar la bandera nacional para discursos de odio”. Varios ayuntamientos de Dublín y Cork han iniciado campañas para retirar símbolos instalados sin permiso y promover un uso responsable del emblema nacional.

Este fenómeno tiene una carga histórica especial: Irlanda, país marcado por la lucha contra el colonialismo británico, vive con particular sensibilidad cualquier uso político de sus símbolos nacionales. Por eso, el uso de la bandera en contextos xenófobos ha generado una fuerte reacción pública.

Expertos en sociología y política británica coinciden en que “Operation Raise the Colours” refleja un malestar más profundoMás que un gesto, se ha convertido en un síntoma social.
Tras el Brexit, el Reino Unido atraviesa una crisis de identidad: desigualdades sociales, tensión entre las naciones del Reino (Escocia, Gales, Inglaterra e Irlanda del Norte) y el incremento de discursos populistas han dejado un vacío que muchos buscan llenar con símbolos.

“Cuando una sociedad se siente perdida, levanta banderas”, explica la politóloga irlandesa Fiona Gallagher. “El problema no es el símbolo, sino el significado que se le atribuye. En manos equivocadas, una bandera puede dejar de unir y empezar a separar”.

Los manifestantes que piden que los solicitantes de asilo sean retirados del hotel Bell se reúnen fuera de las oficinas del consejo en Epping el 8 de agosto (Foto Henry Nicholls)

En el resto del continente, la situación se observa con preocupación. Existe el riesgo de contagio en Europa. Analistas temen que la campaña británica inspire movimientos similares en otros países europeos, especialmente en un contexto de crisis económica, aumento de la inmigración y polarización política.

España, Francia, Alemania o Polonia no son inmunes.
En todos ellos existen grupos que apelan al patriotismo para capitalizar el descontento social. Si la estrategia británica demuestra ser efectiva como herramienta de movilización simbólica, podría replicarse fácilmente: banderas, himnos y orgullo nacional convertidos en lenguaje político cotidiano.

El sociólogo francés Étienne Morel lo resume así: “La bandera es un símbolo poderoso porque todos la reconocen. Pero también puede convertirse en un arma: quien la agita reclama el monopolio del amor a la patria, y deja fuera a quien no se pliegue a su interpretación.”

Mientras tanto, en Inglaterra la situación sigue dividida. ¿Orgullo o provocación? Algunos ayuntamientos han defendido la permanencia de las banderas, alegando que son “una expresión libre del sentimiento nacional”. Otros, como los de Londres o Liverpool, han ordenado retirarlas para evitar conflictos entre comunidades.

En los barrios multiculturales, los residentes inmigrantes confiesan sentirse intimidados. “Al principio pensé que era por el Día Nacional, pero cuando empezaron a pintar cruces de San Jorge en la puerta de mi tienda, entendí que no era una fiesta”, relató un comerciante pakistaní de Birmingham al diario “The Guardian”.

El Gobierno británico, de momento, evita intervenir directamente. Sin embargo, fuentes del Ministerio del Interior han admitido que “cualquier movimiento que utilice símbolos nacionales para fomentar la división será vigilado de cerca”.

Nigel Farage lanza la reforma de la política de inmigración y asilo del Reino Unido

Los expertos españoles consultados coinciden en que movimientos como “Operation Raise the Colours” deben observarse con cautela.
España, con su diversidad territorial y su propia historia de tensiones identitarias, podría ser terreno fértil para versiones locales de esta ola simbólica.

“Los símbolos nacionales son importantes, pero hay que protegerlos de la manipulación”, advierte la profesora de Comunicación Política Clara Ramírez, de la Universidad Complutense. “Una bandera puede representar orgullo, pero también miedo o exclusión si se usa como herramienta política”.

El debate que recorre las calles británicas y las redes europeas no es, en el fondo, sobre las banderas, sino sobre quién tiene derecho a sentirse parte de un país.
Si “Operation Raise the Colours” se convierte en una moda o en un movimiento político más profundo dependerá de la respuesta ciudadana.Porque las banderas, como las ideas, no son peligrosas por sí mismas.
El peligro empieza cuando alguien decide que su color es el único que debe ondear.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

Deja un comentario

error: Content is protected !!

Descubre más desde El blog del Trujamán

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo