Conversaciones en la sala 204

Hospital de día del Instituto Donostia de Onco-Hematología, Piso 2B, Zona de sillones. Es una unidad que ofrece cuidados especializados y administración de tratamientos sin necesidad de estar ingresado. Se puede acudir al hospital de día de oncología para la sesión de quimioterapia. Una vez acomodado, una enfermera le coloca un catéter al paciente. Ayudado por medio de unas máquinas (bombas de infusión) le irán administrando la medicación correspondiente. Finalizado el tratamiento, puede volver a casa.

Es una tarde de invierno. El cielo está nublado, y las ventanas del pasillo reflejan la luz cálida del atardecer. En una de las salas con sillones abatibles, dos jóvenes comienzan a conocerse.

Una televisión apagada y un tablero de ajedrez con una partida sin terminar reflejan la falta de ánimo por una distracción sencilla.

Ekain, de 18 años, está sentado en su cama con auriculares colgando del cuello. Beñat, de 16, recién estrenado en la sala, mira por la ventana, encorvado, con una sudadera gris demasiado grande para su cuerpo.

EKAIN .- ¿Te dije que los miércoles traen helado?

BEÑAT .- Sí, de vainilla y algo que dicen que es chocolate pero no lo es.

EKAIN .- (sonríe) Entonces ya sabes más que yo cuando llegué.

BEÑAT .- Pero tú ya eres un veterano aquí. Todo el mundo te saluda.

EKAIN .- Tres años de práctica, amigo. Lo llamo “mi posgrado en quimio aplicada”.

BEÑAT .- No sé cómo puedes hacer chistes con esto.

EKAIN .- Porque si no lo hago, el miedo me come vivo. Y el miedo tiene peor sabor que el helado ese que odias. Piénsalo, podría ser peor.

Onkologikoa Recepción

(Silencio. Se escucha el sonido de los pasillos, una camilla que pasa, una enfermera que ríe en voz baja.)

BEÑAT .- ¿Todavía te da miedo?

EKAIN .- Siempre. Pero ya no lo dejo manejar. Lo llevo en el asiento de atrás.

BEÑAT .- Yo no puedo. 

EKAIN .- ¿No se lo has contado a nadie, no?

BEÑAT .- No quiero ni que mis padres lo sepan. Les dije que me iba a hacer análisis, nada más.

EKAIN .- ¡Bienvenido a tu nueva vida! Eso va a durar lo que tarde el médico en llamar a tu casa.

BEÑAT .- Ya lo sé. Pero necesito tiempo.

EKAIN .- ¿Tiempo para qué?

BEÑAT .- Para que se acostumbren… o para que yo lo haga. No sé. No quiero que me miren con lástima.

EKAIN .- (serio) No te van a mirar con lástima. Te van a mirar con miedo. Y después con amor. Con mucho amor.

BEÑAT .- El amor no cura.

EKAIN .- No, pero te sostiene. Y eso vale más de lo que puedes creer.

(Beñat se gira, apoyando una mano en el vidrio.)

Onkologioak – Sala de sillones

BEÑAT .- Mi aita no soporta los hospitales. Dice que huelen a derrota. Cuando mi ama estuvo enferma, él ni entraba a verla.

EKAIN .- Entonces quizás necesite otra oportunidad para hacerlo bien.

BEÑAT .- No sé si quiero dársela.

EKAIN .- Te entiendo. Yo tampoco quería.

BEÑAT .- ¿Tampoco?

EKAIN .- Mi aita se fue de nuestra vida cuando yo tenía 12. Creó otra familia, tuvo otros hijos… Volvió el día que me diagnosticaron. Llegó con flores y cara de culpa. Lo odié durante meses. Hasta que una noche lo escuché llorar en el baño del hospital. Ahí entendí que yo no era el único con miedo.

(Beñat lo mira por primera vez con atención.)

BEÑAT .- ¿Y ahora?

EKAIN .- Ahora jugamos al ajedrez todas las tardes. Él siempre pierde. A veces creo que lo hace a propósito.

BEÑAT .- (suelta una sonrisa) Mi aita no sabría mover una pieza.

EKAIN .- Buena ocasión para enseñarle. Y si no aprende, le juegas al mus, eso seguro que sabe. Lo importante no es el juego. Es que esté ahí, a tu lado.

(Pasa una enfermera y les deja una bandeja con vasos de jugo. Ekain levanta el suyo, como brindando.)

EKAIN .- Por el club de los vivos.

BEÑAT .- ¿Club de los vivos?

EKAIN .- Sí. No importa cuánto duremos, lo que importa es que estamos aquí. Y que seguimos eligiendo reírnos, comer helado, jugar a lo que sea, quejarnos del jugo y hablar.

BEÑAT .- ¿Y si pierdo?

EKAIN .- Te estás estresando por un futuro que todavía no ha llegado. Lo importante es que estás vivo ahora. Los que nos vamos no desaparecemos. Nos convertimos en historias que otros cuentan.

(Beñat guarda silencio. Luego toma un sorbo de jugo.)

Tú me preguntarás: ¿Por qué yo? Es lo primero que se nos pasa por la cabeza.  ¿Y por qué no? No somos especiales por tener cáncer. Ni diferentes tampoco. Así es la vida.

BEÑAT .- Sabes… no sé si puedo decirles.

EKAIN .- Puedes. La primera vez que lo digas va a doler, pero después… vas a sentir alivio. El cáncer no es un secreto que esconder. Es una guerra que no se gana solo.

BEÑAT .- ¿Y si se van?

EKAIN .- Entonces sabrás que no valía la pena retenerlos. Pero te aseguro que no lo harán. Los padres no siempre saben cómo abrazar, pero cuando lo hacen, no te sueltan.

(Beñat respira hondo, aprieta las manos sobre la manta.)

BEÑAT .- Voy a intentarlo. Hoy mismo.

EKAIN .- Bien. Diles la verdad. Que tienes miedo, que no quieres estar solo, que los necesitas.

Y cuando termines, pídeles un helado.

BEÑAT .- ¿De vainilla o de ese chocolate raro?

EKAIN .- Del que toque. Lo importante es que lo comais juntos.

Onkologikoa, Donosti
(Más tarde. Las luces del pasillo se atenúan poco a poco.
Beñat está dormido, tranquilo. Ekain lo mira, sonríe, y saca una libreta del cajón.
Escribe algo y deja una nota doblada sobre la mesilla del chico.)
“No se trata de dejar huella en el mundo, sino en las personas. Cuando no sepas cómo seguir, recuerda: Lo valiente no es no tener miedo, sino contarlo en voz alta.
Nos vemos mañana para el ajedrez. —Ekain.”
(Cierra la libreta, apaga la lámpara, se prepara para irse y mira por la ventana.
El cielo sobre la ciudad tiene una luz débil, pero suficiente para iluminar la palabra “MAÑANA” escrita con rotulador rojo en un dibujo de niño pequeño pegado en la pared de enfrente.)

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “Conversaciones en la sala 204

  1. Hola, Marlen.
    Un relato triste, pero tremendamente emotivo y esperanzador.
    Bendito Ekain que llena de optimismo cada hueco entre palabras.
    Todos necesitaríamos a un acompañante como este en tantísimas situaciones parecidas.
    Yo, que he vivido tantas pérdidas en los hospitales, siento como este relato se te cuela hasta el alma.
    Ojalá algún día podamos desterrar esa maldita palabra al baúl de las enfermedades olvidadas (y superadas).
    Felicidades y gracias por soplar un poquito de esperanza.
    Abrazo Grande.

    1. Hola Jose
      Sí, la enfermedad, la muerte son temas difíciles de tratar. Y más aún cuando se trata de niños o adolescentes. Deberíamos hablar más y de forma natural de estos temas con ellos. Pero parecen temas tabú, por eso me interesa tratarlos en mi txoko. Ekain es la representación del ser que todo niño (o adulto, no importa la edad) debería tener a su lado cuando le toca afrontar el tema y aprender. Con delicadeza, con comprensión y conocimiento de lo que está viviendo Beñat.
      Totalmente de acuerdo contigo: «Todos necesitaríamos a un acompañante como este en tantísimas situaciones parecidas.» Y de acuerdo también en nuestro deseo de que algún día podamos desterrar la palabra «cáncer». Pero siempre habrá una enfermedad que nos obligue a reconocer que no somos eternos y que ese es un tema que, tarde o temprano, debemos afrontar. Me parece importante estar cerca, cuando alguien amado pasa por ese trance.
      Gracias Amigo por tus palabras. Un abrazo grandote.

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