¿Es posible recuperar el sabor del saber?

Buenas tardes. Hoy nos hemos juntado en esta tarde lluviosa, padres y abuelos de los niños y niñas de esta escuela, para hablar de un tema que nos interesa a todos. Pero antes de empezar, les voy a hacer una pregunta muy sencilla… y no se preocupen, no hay examen al final.

¿A ustedes les gustaba ir a la escuela?
(Pausa. Sonrisas. Algún “depende del día”.)

Porque una cosa es ir a la escuela… y otra muy distinta es tener ganas de aprender.

Hace más de dos mil años, Aristóteles —que no era precisamente un influencer— escribió una frase preciosa, muy sencilla y muy profunda: “Todos los seres humanos desean saber.”

No dijo: todos desean aprobar, ni todos desean títulos, ni todos desean tener razón (aunque a veces lo parezca). Dijo: saber. Como quien dice: todos tenemos hambre… pero hambre de entender.

Y ahora les pregunto otra cosa: ¿Aprender les resultaba un placer… o más bien una obligación?

Porque aprender puede ser como una buena comida compartida o como una medicina amarga. Necesaria, pero que uno toma haciendo una mueca.

Es que aprender, en nuestros tiempos, daba gusto. Y pareciera que hoy, el saber… se ha quedado sin sabor, desabrido.

Hoy tenemos de todo: escuelas, universidades, cursos online, tutoriales para cualquier cosa…
Nunca hubo tanto acceso al conocimiento. Y, sin embargo, ocurre algo curioso: muchos niños y jóvenes estudian sin ganas, aprenden sin entusiasmo y aprueban sin alegría.

Tenemos datos preocupantes: abandono escolar, aburrimiento en las aulas, estudiantes que sólo quieren el aprobado con el mínimo esfuerzo, clases que se viven como una carga…

Y uno se pregunta: ¿En qué momento el saber dejó de ser un manjar y pasó a ser una obligación indigesta?

Hay una anécdota deliciosa: un estudiante extranjero vino a estudiar a España y dijo algo que le llamó mucho la atención: “Aquí los estudiantes no llevan libros.”

Llevan apuntes, fotocopias, resúmenes, esquemas… pero el libro —ese viejo amigo— parece haber perdido prestigio. Como si el saber hubiera pasado por la batidora y se sirviera ya masticado, sin textura ni aroma.

Les lanzo otra pregunta: ¿Cuántos de ustedes han oído decir alguna vez: “¿Y esto para qué me sirve?”

Eso es una pista muy importante. Cuando uno no ve para qué sirve algo… el interés se evapora.

Aquí viene una curiosidad lingüística que a mí me encanta y que no es casualidad.

La palabra “saber” viene de la misma raíz que “sabor”. En latín, sapere significa: “saber”, pero también tener gusto, saborear. O sea, que saber algo era, originalmente, disfrutarlo.

Y ahora piensen un momento: ¿Cuántas cosas han aprendido en la vida que realmente “les supieron bien”?

No sólo en la escuela, en la vida, en el trabajo, en casa. En los errores cometidos, incluso.

Y esta es buenísima: la palabra “escuela” viene del griego scholé, que significaba “ocio”, “tiempo libre”, “descanso”.

Imagínense eso hoy: “Me voy a la escuela, a relajarme un poco.”

La escuela era el lugar donde uno iba a pensar con calma, no a correr detrás de exámenes. Hoy la escuela se parece más a una carrera de obstáculos que a un espacio de calma.

¿No creen que algo se nos ha descolocado por el camino?

Deberíamos hacer una reflexión sobre algo muy importante: los niños, los jóvenes no han perdido las ganas de saber. Lo que pasa es que no siempre encuentran sentido a lo que se les enseña, respuestas a sus preguntas importantes. Ellos quieren saber: quiénes son, qué sentido tiene la vida, tener un futuro digno, cómo vivir mejor.

Aquí va otra pregunta incómoda: ¿La escuela siempre habla de estas cosas? Muchas veces, no.
Y entonces buscan respuestas en otros sitios: amigos, redes, internet… y no precisamente en las aulas.

El saber académico no responde a esas preguntas. Curiosamente, muy pocos dicen encontrarlas en la escuela o la universidad.

Uno de los grandes sabios de la historia, Sócrates, decía: “Solo sé que no sé nada.”

Y no lo decía por tonto, sino por sabio. Porque quien cree que ya lo sabe todo ¿qué ganas va a tener de aprender algo nuevo?

Una pregunta bien hecha vale más que cien respuestas memorizadas.

Les pregunto: ¿A ustedes les gustan las personas que nunca dudan de nada?

Se empieza a aprender cuando uno se permite preguntar. Preguntar no es molestar
Y una educación sin preguntas es como un guiso sin sal.

Aquí viene una verdad que no siempre gusta oír: aprender de verdad requiere esfuerzo, tiempo, paciencia y constancia.
Como casi todo lo valioso en la vida. No todo lo bueno es inmediato. Y no todo lo que gusta, conviene.

El saber con sabor no es siempre dulce: a veces es amargo al principio… pero deja buen poso.

Hoy vivimos en la cultura del: “rápido”, “fácil”, “sin complicaciones”. Es la famosa “cultura del pelotazo”: ganar mucho con poco esfuerzo.

Pero díganme: ¿Las cosas más importantes de su vida fueron las más fáciles?

Aprender, como amar, a veces cuesta. Pero deja huella.

¿Y se puede recuperar el sabor del saber? La buena noticia es que sí.

Porque una educación que deja completamente satisfecho al alumno… probablemente no lo ha movido mucho por dentro.

Podríamos proponer algunas ideas muy sencillas: que el saber hable de la vida real, que responda a las grandes preguntas de la vida (quién soy, para qué vivo, qué merece la pena), que ayude a vivir mejor, que prepare para un trabajo digno, sin olvidar a la persona, que valore el esfuerzo, no sólo el resultado, que despierte una sana insatisfacción, ganas de seguir aprendiendo, curiosidad, no sólo obediencia.

Porque una educación que deja completamente satisfecho al alumno… probablemente no lo ha movido mucho por dentro.

Y aquí va otra pregunta clave: ¿Recuerdan a algún maestro o maestra que les despertara ganas de aprender? No al que explicaba más, sino al que transmitía pasión.

Antes, la autoridad venía de la experiencia, del haber vivido, haber reflexionado, haber aprendido de la vida.

El buen profesor no es el que lo explica todo, sino el que despierta el deseo de saber, el que contagia entusiasmo, el que abre puertas, el que deja con ganas de más.

¿Cuántas cosas han aprendido fuera de los libros? Eso también es saber. Y del bueno.

Para terminar, no voy a cerrar con una conclusión, sino con una invitación. Tal vez hoy no se trate sólo de que los jóvenes recuperen el sabor del saber. Tal vez se trate de que todos, a cualquier edad, nos preguntemos:

¿Qué cosas todavía nos despiertan curiosidad?

¿Qué nos gustaría seguir aprendiendo?

¿Qué preguntas nos siguen acompañando?

Porque mientras haya preguntas, mientras haya ganas de entender, mientras haya curiosidad…el saber seguirá teniendo sabor.

Y eso —a cualquier edad— es una excelente noticia.

Les invito a reflexionar, a hacerse preguntas, a hablar con sus hijos y nietos. El próximo mes nos volvemos a juntar y seguimos pensando en cómo recuperar el sabor del saber. El futuro de nuestros chicos, merece el esfuerzo.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

4 comentarios sobre “¿Es posible recuperar el sabor del saber?

  1. Hola, Marlén! Me encanta la propuesta que nos dejas. Coincido en que se ha perdido el gusto por el saber en las aulas. Es que la realidad que se vive afuera de ellas quizás se está distanciando y los niños a lo mejor lo ven como algo que «no sirve» para sus vidas. La pasión del docente se ve contrarrestada por sus dificultades económicas y por el esfuerzo que requiere atender los problemas que los estudiantes traen consigo en relación a sus situaciones familiares. Me ha pasado dar clases en secundario y tener que atender más a sus problemáticas sociales que a los contenidos de las materias. Creo que el deseo de saber no está perdido, pero requiere entrenamiento tanto para los estudiantes como para los docentes. Es un gran trabajo responder preguntas! Por otro lado, hay tantas cosas que aprender! Los contenidos se van sumando y eso hace del aprendizaje una carrera de obstáculos. Antes usábamos un solo libro para la materia. Ahora fotocopias o extractos. Eso no lo veo mal, porque a veces es mejor tomar de cada autor lo que mejor ha desarrollado. (lo de los derechos de autor es otro tema…) Por eso, lo mejor que nos puede pasar es mantener viva la llama del deseo, para que fuera del aula sigamos aprendiendo, porque creo que el aprendizaje no termina en la escuela, la escuela nos tendría que preparar para seguir siendo preguntones.
    Un abrazo

    1. Hola Mirna. La realidad que se vive fuera de las aulas siempre se distancia de lo que los niños y jóvenes estudian en ellas, es lógico. Pero para eso es necesario reveer los planes de estudio, los temas, la forma de encararlos y todo lo que haga falta para adaptarse y que la escuela no sea sólo un trámite necesario y obligatorio, sin importancia para los futuros hombres y mujeres del mañana. Y actualmente, por lo menos en España, los niños y jóvenes tienen razón en ver lo que estudian como algo que no les sirve más que para pasar rápido por la experiencia.
      Quien elige ser maestro o maestra debe saber que está moldeando un ser humano, no una enciclopedia, ni un medio para cumplir con un programa. Responder preguntas es un «gran trabajo» y no sólo por el esfuerzo que requiere, sino por la importancia esencial que tiene para el presente y el futuro de los seres humanos. Y claro que hay muchas cosas para aprender ¡Por suerte! ¿Te imaginas estancarte en un momento de la historia y no evolucionar?
      Coincido contigo en que lo mejor es mantener viva la llama del deseo de saber. Por eso la educación es un pilar fundamental en la vida de cualquier comunidad. Y por supuesto que el aprendizaje no acaba en la escuela, sólo acaba al morir. ¡Y pobre del que no lo haya entendido antes! La escuela nos ¡¡¡TIENE!!! que preparar para seguir siendo preguntones.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo.

  2. Oyoyoyoyyyyyyy
    Ya imaginarás lo que significa este artículo para mí. jejeje
    ¿Cuántas páginas puedo extenderme sin que te cierren el blog? Ná, es broma. Ya hemos hablado mucho sobre esto y pensamos más o menos igual, aunque tú siempre tienes el lado positivo de la esperanza. La esperanza de que todo mejore. Así que no me excederé en el comentario.
    Lo primero de todo, a mí me encanta aprender, saber, conocer, reconocer errores o averiguar cosas que creía saber y me sorprende no saberlas. Por eso me ha encantado «saber» que la palabra «saber» viene de la misma raíz que «sabor». Ahora entiendo muchas cosas. ¿Por qué los niños preguntan tanto? ¿Por qué a muchos les gusta aprender del mismo modo que comer? ¿Por qué después de conseguir entender algo, se saborea en el paladar, sobándose la lengua, lo logrado?…
    También hemos hablado de que hoy que estamos sobre-informados, «somos» los más desinformados. Y de aquellos «maestros» (también hablamos de lo preciosa que es esta palabra en comparación con «profesor») con vocación que conectan fácilmente solo con empezar a hablar, a razonar, a mostrar las cosas difíciles, pero que parecen muy fáciles… Por eso de esto no voy a comentar nada, ya lo hemos hecho otras veces.
    Si comento algo en lo que no estoy de acuerdo: «todos los seres humanos desean saber». ¡Ay, si Aristóteles levantara la cabeza! Tengo muy claro que hoy en día hay mucha gente que prefiere NO SABER. Quieren creerse el primer bulo que les llega y ya no hay necesidad de razonar. Solo quieren información sobre lo que les beneficia o interesa, pero que no necesiten mucho tiempo para digerirlo. De hecho, hay por hay una cita que me encanta, por lo clara y actual, dice algo así: «Es muchísimo más grande la energía necesaria para demostrar una verdad que una mentira». Solo hace falta ver como, a través de las redes sociales, fluyen como cataratas los bulos y, sin embargo, las noticias con base razonada se pierden en el bosque de las falacias.
    Bueno, al final me extendí más de lo que quería, pero es que me pinchas y… 🤷🏻‍♂️😂
    Gracias, como siempre, por poner sobre la mesa estos temas tan interesantes que deberían ser estudiados y debatidos en las escuelas, en las casas, en las tertulias, en cualquier reunión de gente que desee un mundo mejor.
    Abrazo Grande. ❤️💝🥰
    PD. ¡Qué placer sería poder asistir a una «clase» de Aristóteles! Allá en su academia (Liceo), al aire libre, recibiendo tanta sabiduría y, sobre todo, tantas respuestas que promoverían muchas más preguntas.

    1. ¡Ay Jose, con lo bien que estaríamos charlando aquí en la pradera, frente a los montes y los árboles, de estos, los temas que nos apasionan, esos que «deberían ser estudiados y debatidos en las escuelas, en las casas, en las tertulias, en cualquier reunión de gente que desee un mundo mejor»!
      No creo que me cierren el blog por el tema de las extensiones. ¿Tú has visto algún blog con entradas tan largas? En algún momento soy yo quien tira la toalla. 🤣😂🤣 ¡¡Mentira, mentira, mentira!! Necesito asumir mi rol de trujamán en mis días.
      Sabes que a mí también me encanta aprender, paladear el sabor del saber y, de vez en cuando, sorprender a algún amigo o sobrina con un detalle curioso. Me hubiera gustado verte la cara en ese momento, porque la expresión cambia en ese instante y es un placer apreciarlo. Divagaciones aparte, y recordando a algún maestro con vocación de serlo, a alguno de los seres que no sólo conocí en la escuela, sino en la escuela de la vida, vaya para ellos mi más profundo agradecimiento. Fíjate si es increíble el universo, que hace un momento, ordenando papeles para que no me sumerjan en el caos absoluto, encontré un texto reescrito para mi yo de hace 60 años por uno de mis mayores maestros de la vida y que había esperado traspapelado, una ocasión como esta para reaparecer. ¿Qué tonto habla de las coincidencias?
      Y ahora hablemos de lo que dices no estar de acuerdo. ¿No te ha pasado alguna vez que vas al frigorífico en busca del trozo de tarta que sobró del festejo de cumpleaños, esa tan rica con crema y cobertura de chocolate y lo que encuentras es un budín soso que alguien trajo. Y te lo comes, tratando de convencerte de que te gusta, porque es lo único que hay?. Tú DESEABAS tu tarta exquisita, pero no quieres razonar, lo que quieres es comer YA y pasar a otra cosa. 🙇‍♂️🙇‍♂️🙇‍♂️ Meditación (lo siento, pero el gastronómico es el ramo que he elegido para ti).
      Sí, «a través de las redes sociales, fluyen como cataratas los bulos y, sin embargo, las noticias con base razonada se pierden en el bosque de las falacias» Tienes razón. A lo mejor, no es casualidad, a lo mejor, hay una causalidad que no vemos por el apuro que tenemos en seguir rápido adelante (algo que también no están metiendo con fórceps en las cabecitas).
      Como verás, a veces escondo mi optimismo natural en un cajoncito secreto para que no sufra demasiado.
      PD. A mí también me fascinaría poder meterme en el DeLorean DMC-12 de Doc Brown y asistir de incógnito a muchos instantes de la historia. ¡Una charla de Aristóteles sería un apasionante regalo! Aunque, que me avisen antes, para aprender griego antiguo.
      Como siempre, muchas gracias por promover estas charlas. Un abrazo grandote.

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