Ser negro o tercermundista es estar al costado del mundo

Hoy quiero traeros a mi txoko (mi rincón) a Leandro “Gato” Barbieri, el saxofonista argentino que unió dos mundos para crear uno nuevo: el free jazz y el brillo del bronce sobre ritmos indoamericanos. El folklore sudamericano y la música popular mezclados con la experimentación del “jazz latino”, subgénero que se fue conformando con la música cubana, la bossanova brasileña y se enriqueció con influencias musicales procedentes de Argentina, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela y Colombia. “Era una guerrilla musical y tenía que sonar así”, dijo Barbieri sobre sus sonidos latinoamericanos. La sombra del Gato vuelve a escena estos días con la publicación de una biografía firmada por Sergio Pujol: “Gato Barbieri. Un sonido para el Tercer Mundo”.

Un rosarino por el mundo (de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fé), con invariable sombrero, anteojos negros y pañuelo al cuello, que tocaba volcando su cuerpo hacia atrás, como si la correntada que provocaba su propio aliento amenazara con desprenderlo para siempre de su instrumento. Ese es el eterno retrato de Leonardo “Gato” Barbieri, que el pasado 28 de noviembre hubiera cumplido 90 años. Este recuerdo comienza con el rescate de una charla distendida junto a su hermano mayor, el trompetista y músico de jazz como él, Rubén Barbieri, en la que ambos repasan la historia del jazz a su manera.

Rubén fue el primer hijo de Vicente Barbieri y Adalcinda Gimello. Nació en diciembre de 1928 en Rosario y cuatro años después, nacería Leandro. Infancia en barrio Parque, cerca de la cancha de Newell’s. Los hermanos se hicieron hinchas de ese club, como su padre, por la proximidad, por los goles que escuchaban desde su casa, como un eco lejano. El Gato quería ser futbolista, pero siguió los pasos de su hermano mayor.

Lo enviaron a estudiar en la escuela del barrio: “Infancia Desvalida”. Y contaba que en ninguno de los países en los que estuvo (Japón, Rusia, China, Italia) nunca encontró “una escuela tan divina”. “Adelante era una escuela y atrás un maestro te daba clases de clarinete, saxofón. Y otro te enseñaba tuba, trompeta. De allí salieron muchos buenos músicos”.

A los 12 años escuchó “Now’s the Time”, con Charlie Parker en saxo alto y lo deslumbró. “Te acordás que venían a Rosario los discos en 78 rpm cada 20 días”, le recuerda a su hermano. “Mi primer disco que escuché de jazz fue uno de Parker con Dizzy Gillespie, tendría 18 años», le replica este.

En 1945, los hermanos Barbieri ya vivían en Buenos Aires. “Yo estoy influenciado por muchos, incluso por Perón que me hizo tocar tangos y chacareras. Estaba en una orquesta cuando tenía 17 o 18 años y dijo que debíamos tocar tango y música folclórica, así que tuve que aprender”, agrega El Gato con humor. Por un lado, él vivió conflictivamente el desarraigo. Seguramente, interpretar esos y otros temas de raíz argentina y latinoamericana cuando estaba lejos de casa, fue un modo de volver o de no terminar de irse del todo. Del mismo modo que amaba Newell´s; el tango y el folclore jamás le fueron indiferentes, no los había practicado, porque su iniciación musical fue el jazz, pero estaban impresos en su memoria emotiva.

“Me acuerdo que iba a la casa de un amigo, que me explicaba las diferencias entre el bop y las frases redondas del jazz clásico. Pero a mí, el dixieland me cansaba, al igual que la música brasilera vieja. En cambio, Parker y Miles tocaban juntos un melódico. Se me cayeron los pantalones, se me abrió el techo en una ciudad donde no pasaba tanto… En los 50 estaban sonando Clifford, Fats, Kenny Dorham, un montón de tipos, pero Miles rompió algo, lentamente.”

En el siguiente video, el Quinteto de Charlie Parker, formado por: Miles Davis – trompeta; Charlie Parker, saxofón alto; Al Haig-piano; Tommy Potter – bajo; Max Roach – batería; en el Royal Roost, New York City, 11/12/1948.

Le preguntan por nombres de músicos preferidos. “Ornette Coleman, Miles, Coltrane, Parker, Armstrong, Clifford Brown, Fats Navarro… el clarinetista Howard McGhee. ¿Quién más me gusta? Duke Ellington, Stan Kenton, que hizo su contribución, Gerry Mulligan, pero el de los primeros discos, el de las baladas, no los que te ponen a Mulligan en una jam sesión.”

“Kind Of Blue de Miles Davis es el gran disco en la historia del jazz (silba “So What”) Es la cosa más súmmum que hizo Miles. ¡Pero Miles hizo tantas cosas! Tenía siempre los mejores músicos. Philly Joe Jones, Paul Chambers, Jimmy Cobb…” 

“ Bix Beiderbecke era un fenómeno de la época (era un cornetista estadounidense de jazz tradicional, que poseía un espectacular estilo de improvisación). Cuando todos tocaban pipiripipí, Armstrong acentuaba en otros lugares… hacía pipú dadú.”

“De esta conversación surge una cosa que es el centro, es lo humano, sin mentiras, iban hacia algo esencial del hombre”, filosofa Rubén. “Se chupaban, se daban… era gente hermosa. Y se fueron muriendo casi todos” señala el Gato, con un dejo de tristeza.

Los hermanos disparan recuerdos, anécdotas, comentarios, van y vienen por la historia musical, las frases quedan abiertas, cambian de tema, complicidades.

En una época El Gato compartió piso neoyorquino con Naná Vasconcelos (percusionista brasileño, especialista en el birimbao) y Glauber Rocha (director de cine, actor y guionista brasileño). “Improvisábamos con Naná durante horas, mientras Glauber preparaba feijoada en la cocina. Y fue él, Glauber, quien me dijo que yo también era de una cultura pobre y marginada y que el jazz podía ser el vehículo para expresarlo. Yo entonces le contesté que ser negro o tercermundista era la misma cosa, era estar al costado del mundo”.

El 19 de noviembre de 2015 fue distinguido con un Grammy a la Excelencia Musical. Fue el segundo Grammy de su vida, el primero lo recibió por la música de “Último tango en París”, trabajo que significó el salto de su carrera profesional. Su débil corazón y una ceguera que iba en aumento, no le impidieron tocar hasta sus últimos días, cuatro meses después. Lo hacía en el Blue Note de Nueva York, mítico reducto del jazz, donde El Gato Barbieri vivía en un departamento frente al Central Park.

Se formó en la noche porteña de los años 50, saltó joven hacia Europa, para finalmente instalarse en New York y hacer desde allí, un jazz absolutamente personal. Alcanzó lo que todo músico anhela: un sonido propio, personal, el sobrevuelo panorámico de su melodía sobre ritmos tan diversos como el samba, la zamba, la chacarera, el tango y todo lo que derivó de África en América. En ese vuelo panorámico, que intercala los espasmos de excitación y fiebre con tramos de distensión, está condensado el sonido que lo hace distinto a todos.

En la década de 1970, El Gato Barbieri se decidió por la incorporación en su música de melodías, instrumentos, armonías, texturas y ritmos sudamericanos. En el próximo video el tema «Nunca más» del álbum “Chapter one: Latin America” de 1973. Gato Barbieri – saxo tenor; Dino Saluzzi – bandoneón; Adalberto Cevasco – bajo; Osvaldo Bellingieri:  – piano

“El último tango en París” es una película franco-italiana de 1972 dirigida por Bernardo Bertolucci y protagonizada por Marlon Brando y María Schneider. Bertolucci entendió que la historia que quería contar necesitaba de la fibra y los vaivenes de la música, un leitmotiv que auto-regulara su intensidad y sugerencia a lo largo de la película. La partitura fue compuesta por Gato Barbieri. Fue un éxito, lo lanzó a la popularidad, y quedó como un sello característico de la película. El jazz lleno de suspense, la orquestación melancólica y los tangos reales encajan con el aire de anhelo erótico y la desesperación melancólica.

En 1975 El Gato Barbieri sacó el álbum “Chapter four: Alive in New York” del que os traigo el tema “Milonga triste”.

Carlos Santana y Gato Barbieri tocando en vivo el tema “Europa” de 1977. Un placer en blanco y negro.

El Gato Barbieri estuvo inactivo prácticamente a lo largo de toda la década de 1990, pero regresó en 1997, tocando intensamente en el Playboy Jazz Festival de Los Ángeles, grabando a partir de entonces varios discos, como este tema de una sensualidad exquisita “Eclipse” del álbum “Che corazón” de 1999.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

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