El día 22 de mayo es el “Día de la Biodiversidad” declarado por la ONU. Sí, ya sé, hoy que te estoy contando esto, no es 22 de mayo. Pero es que no es suficiente recordarlo con un día al año. Luchar por mantener la biodiversidad en nuestro planeta debería ser, siempre, una prioridad.
En la reserva de vida salvaje de Lopé, en Gabón, un elefante africano se pasea despacio. Ojos hundidos, enjuto, huesos marcados, sufre inanición. Hace ya unos años que los catorce frutos que son su sustento escasean en el bosque, y ni cáscaras ni semillas caen sobre el suelo que pisa. Las noches cada vez más cálidas y las lluvias cada vez más escasas están acabando con la vida natural de los árboles, con la posibilidad de que las especies autóctonas coman, de que las simientes se diseminen a través de las deposiciones de los elefantes, de que en otros lugares, a varios kilómetros, los mismos árboles crezcan para alimentar a gorilas y chimpancés.
Nuestro planeta está formado por una serie de ecosistemas conectados. Llanuras, desiertos, océanos, bosques, lagunas, montañas, ríos, selvas, donde vivimos 8.700.000 especies, todas jugando un papel en un frágil equilibrio que no entiende de distancias. Los árboles del Amazonas se alimentan de 22.000 toneladas de fósforo que llegan en el polvo que transporta el viento desde el desierto del Sáhara, a muchos kilómetros de distancia.
Si hay especies de insectos que desaparecen y dejan de polinizar cultivos, los vegetales se van acabando. Según la ONU, diariamente se extinguen unas 150 especies. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el organismo internacional con mayor potestad sobre el problema, nos cuenta que 5.200 especies de animales se encuentran en peligro de extinción.

Orangután de Borneo 
Atún rojo 
Jaguar 
Oso Panda 
Quebrantahuesos
Dependemos unos de otros, unidos por un hilo invisible. Y de estas 8.700.000 especies del planeta, la única capaz de darse cuenta de la magnitud de esta delicada estructura es el Homo sapiens. Nosotros. Sí, tú, yo, nosotros.
Por eso os propongo que alcemos la voz. Sí, tú, yo, nosotros. Niños, jóvenes, mayores, gritad al mundo que no vamos bien en cuestiones de biodiversidad pero que hay soluciones y mucho por hacer. Evitar la deforestación, perseguir y castigar con dureza la caza ilegal y el tráfico de especies, impulsar la creación de reservas naturales, fomentar programas de reproducción, reintroducción y de mejora genética, luchar contra la contaminación y el cambio climático, luchar para que el reciclaje no sea únicamente una palabra y los deshechos sean realmente reciclados, reutilizar y arreglar lo que puede ser arreglado en lugar de desecharlo.
Explicad a vuestros amigos, a la familia, a quien os quiera escuchar que existe un problema en cuanto a la flora y a la fauna que estamos perdiendo, y que hay pequeños y grandes gestos para buscar la salida. Necesitamos un cambio. Nuestro cambio.
¡Conciencia social de la población para luchar contra la pérdida de biodiversidad!
Habla, escribe, comenta, grita por el lince ibérico, por los osos polares, por los rinocerontes, por el águila imperial blanca, por el visón europeo, por esa especie de flor que hoy puede ser la última vez que se abra, por las abejas, por los insectos, por ese bosque que te maravilla. Hazlo por ellos y por ti, por los tuyos y por el planeta.

Baobab (Andansonia Digitata) en Tanzania 
Araucaria (Arceas Araucariceas) en la Patagonia argentina 
Orquídea zueco o Zapatito de dama (cypripedium calceolus) 
Pinsapo (Abies Pinsapo) de Andalucía 
Drago de Gran Canaria