Hoy estaba pensando que muchas veces hacemos cosas creyendo que hemos tomado la decisión por nosotros mismos y, sin embargo, quizás no sea exactamente así. O expresamos opiniones, sin darnos cuenta que sólo estamos repitiendo opiniones de otros o ideas preconcebidas, sin molestarnos en poner en tela de juicio si realmente es lo que pensamos.
Creo que esto refleja muchas situaciones que se viven hoy en día con los temas más heterogéneos y polémicos, como la política, la religión, el fútbol, la inmigración, las redes sociales y un larguísimo etcétera. Se puede aplicar en muchos de los escenarios en los que vivimos en este mundo tan agitado y manipulado por unos pocos.
Me reencontré con este cuento corto de Oscar Wilde y me volvió a parecer una maravilla, que te hace reír, hasta que tu mente se pone en funcionamiento.
Espero que lo disfrutéis. Las reflexiones os las dejo a vosotros. Aunque no me resisto a hacer un par de comentarios. Por un lado, así como hay imanes negativos que pretenden colonizar nuestro cerebro, también los hay positivos. Y de una u otra forma, todos pretendemos convertirnos en imanes de nuestros hijos, de aquellos a quienes intentamos ayudar o formar. Para algunos de nosotros ese es el destino y no es mal destino.
Por otra parte, ser limadura de hierro no es necesariamente malo. Siempre y cuando la fuerza que nos atrae al imán vaya de la mano de nuestros principios. Lo importante, si se va a seguir, es hacerlo conscientemente y compartiendo los ideales del imán. De lo contrario no tiene sentido. La razón de ser no es seguir, es comprender y construir. Y algunas veces, se construye siguiendo. Si no, ¿dónde quedaría la educación, el aprendizaje, la filosofía, la reflexión, el libre albedrío?

Había una vez un imán y en el vecindario vivían unas limaduras de acero. Un día, a dos limaduras se les ocurrió bruscamente visitar al imán y empezaron a hablar de lo agradable que sería esta visita. Otras limaduras cercanas sorprendieron la conversación y las embargó el mismo deseo. Se agregaron otras y al fin todas las limaduras empezaron a discutir el asunto y gradualmente el vago deseo se transformó en impulso. ¿Por qué no ir hoy?, dijeron algunas, pero otras opinaron que sería mejor esperar hasta el día siguiente. Mientras tanto, sin advertirlo, habían ido acercándose al imán, que estaba muy tranquilo, como si no se diera cuenta de nada. Así prosiguieron discutiendo, siempre acercándose al imán, y cuanto más hablaban, más fuerte era el impulso, hasta que las más impacientes declararon que irían ese mismo día, hicieran lo que hicieran las otras. Se oyó decir a algunas que su deber era visitar al imán y que hacía ya tiempo que le debían esa visita. Mientras hablaban, seguían inconscientemente acercándose. Al fin prevalecieron las impacientes, y en un impulso irresistible la comunidad entera gritó: -Inútil esperar. Iremos hoy. Iremos ahora. Iremos en el acto. La masa unánime se precipitó y quedó pegada al imán por todos lados. El imán sonrió, porque las limaduras de acero estaban convencidas de que su visita era voluntaria.
Oscar Wilde (Dublín-1854 / París-1900), fue un escritor, poeta y dramaturgo de origen irlandés. Wilde es considerado uno de los dramaturgos más destacados del Londres victoriano. Además, fue una celebridad de la época debido a su gran y aguzado ingenio. Hoy en día, es recordado por sus breves historias, obras de teatro, su única novela El retrato de Dorian Gray, y la tragedia de su encarcelamiento, seguida de su muerte prematura. Este cuento que hoy os traigo se llama "El imán".
Óscar Wilde, un grande. Delicioso cuento . Buen día.
Hola Azurea.
Sí, un grande con muchos textos para reflexionar, una deliciosa lectura para volver a ella cada tanto. Buen día para ti también y gracias por tu comentario.
Buenos días, Marlen.
¡Qué relato más güeno!
Efectivamente, dice mucho más de lo que aparenta.
Hoy en día, las RRSS son ese imán que parece una zona de divertimento o pasarratos, pero que, en muchos casos, usa el adoctrinamiento, el aborregamiento y el atontamiento del personal.
Antes, había que subirse a un púlpito, un estrado o una banqueta para aleccionar (amaestrar) a la plebe; hoy en día es tan fácil como manipular un tweet (ahora llamados posts).
Este relato dice una verdad grandísima, no nos damos cuenta de cuántas cosas hacemos pensando que son voluntarias. Los rastros que quedan en nuestras cabezas, las tradiciones, la sinergia borreguil, la vaguedad por verificar las cosas antes de tomar cartas en el asunto… Somos manipulados de una forma brutal y no nos damos cuenta.
Siempre ha sido así, tampoco nos demos golpes en el pecho de la dignidad; pero creo que ahora es demasiado fácil arrastrar a la gente en una dirección, aunque esta no les convenga. Nada más que hay que ver las elecciones «democráticas».
Solo nos queda el consuelo, como bien dices, de que seamos una barquita con suerte, que se deja arrastrar por un río honesto, con sabiduría y buenos principios; que no nos lleve directos a una catarata. Porque sé nadar, pero prefiero tragar cerveza, o tinto de verano, que agua.
Gracias por esta sapientísima fábula-entrada, amiga. Siempre aprendiendo de tus reflexiones.
Abrazo incondicional.
Hola Jose.
Sí, nos encontramos a diario con gente que repite como loro opiniones de otros o ideas preconcebidas, sin pararse a pensar un segundo si realmente está convencido que eso es lo que cree y lo que le conviene a él y a la comunidad. Y tienes razón, siempre fue así, siempre nos hemos dejado convencer por quien lo hace en nombre de la religión o de un partido político. El tema es que ahora es tan fácil que las ideas se cuelen y se queden dentro de nuestra mente, por las redes sociales y por la inmediatez con que nos llegan las cosas y pasan a otro tema. La gente no se da el tiempo ni de confirmar, ni siquiera de reflexionar cuando emite una opinión. Repetimos como loros y nos auto-convencemos que lo que opinamos «va a misa». Nunca mejor dicho.
Y no nos damos cuenta de cuántas cosas hacemos pensando que son voluntarias, como las limaduras de acero del cuento de Oscar Wilde.
Esperemos que, por lo menos, el imán al que elegimos ser atraídos coincida con nuestros principios y con los valores universales que pretendemos no traicionar.
Como siempre, gracias por tus palabras. Me alegro que te haya gustado la fábula.
Un abrazo grandote meditado, reflexionado, enviado a conciencia y no por mera costumbre. 😍😍
!Acudimos al escándalo como las moscas a la miel! Parece imposible resistir la emoción que nos sitúa frente al artículo de moda que nos pretenden vender. Un abrazo.
Hola Carlos.
Es que las empresas de mercadotecnia se las saben todas y te encuentras, inesperadamente, con algún artículo que te entusiasmó y no tenías necesidad de comprar. ¡Suele pasar, aunque te resistas!
Un abrazo.