La selva esconde secretos

En este, mi primer viaje a la India, partimos de Agra para hacer en avión el trayecto hasta Khajuraho, apenas 40 minutos. Lo que se ve desde el aire antes de aterrizar es una selva bastante cerrada. Antes de salir a recorrer el pueblo, aprovecho para enterarme de quiénes eran los Chandela. Las dinastías antiguas suelen estar cubiertas por un velo de misterio y, también en este caso, el mito y la leyenda se entremezclan con la historia. Existió una joven llamada Hemvati, que era hija del sacerdote real de Varanasi. Cuentan que una noche de verano cuando la bella joven se bañaba en las aguas claras de un estanque cubierto de lotos, el dios de la luna se enamoró de ella, bajó a la tierra, tomó forma humana y violó a Hemvati. La afligida joven amenazó al dios con contarlo todo por haber arruinado su reputación, pero este le prometió que tendría un hijo sano y valiente que construiría un gran número de templos rodeados de jardines y lagos y que con su obra lavaría el “pecado de su madre”. Como siempre, ¡es la mujer quien ha cometido el pecado!

Hemvati abandonó la casa de sus padres, se instaló en la aldea que el dios le había indicado y tuvo, de acuerdo a lo anunciado, un hijo hermoso, fuerte y valeroso a quien puso de nombre Chandravarman. Este, por su condición de ser hijo de dios, tenía poderes especiales que le permitían a los 16 años matar tigres y leones con las manos o convertir piedras en oro. A petición de su madre, Chandravarman construyó 85 templos con jardines y lagos en la aldea que le vio nacer.

Realidad, leyenda, mitos, lo cierto es que los Chandela constituyeron una dinastía que tuvo su apogeo entre los años 954 y 1050 y que se dedicaron a la construcción de unos templos que, mil años más tarde, no han sido todavía igualados en el campo del arte religioso. Durante el reinado de Vidhyadhar, el más poderoso de todos los Chandela, los musulmanes comenzaron las invasiones de la zona. Vidhyadhar pudo resistir los ataques, pero sus sucesores no lograron frenar el avance musulmán y vieron declinar su poder en la región.

Es realmente una suerte que una parte de los templos se haya salvado y no sufriera daño por parte de los turcos, pero probablemente su ubicación en un lugar de densa selva y terreno accidentado, agregado al hecho de que Khajuraho no fuera la capital de los Chandela, ayudó para que 20 de los 85 templos originales hayan sobrevivido hasta nuestros días en excelentes condiciones para perpetuar el nombre de esta familia.

La misma razón que los salvó, fue la causante de que durante siglos estas maravillas arquitectónicas y escultóricas permanecieran en el olvido. También es de agradecer que estuvieran lejos de las rutas comerciales inglesas, de lo contrario probablemente habría que ir a ver los trozos de templos en el Museo Británico.

Hasta fines del siglo XX, la existencia de este lugar era conocida por muy pocas personas. Hoy en día, los habitantes de la aldea ya no miran el cielo cuando un avión sobrevuela sus cabezas y han aprendido a regatear y a asaltar a los turistas en diferentes idiomas.

Saliendo del hotel por la carretera principal, bordeamos el lago Shivsagar y cruzamos un puente para llegar al centro del pueblo: un grupo de casitas, algún hotel muy modesto, el banco, el Museo Arqueológico, y a nuestra izquierda, como surgiendo de la nada, los vemos por primera vez. Primero el templo Varaha junto al Matangeshwar, y luego el resto diseminados por el campo.

Jain Mandir Road, una de las calles principales de Khajuraho

Khajuraho enciende la imaginación y sigue despertando la curiosidad artística. Al verlos uno no puede dejar de preguntarse ¿qué sentido tienen estos templos?, ¿por qué sólo se han encontrado templos?, ¿por qué con tantas representaciones que parecen galerías de arte?, ¿por qué son los únicos de este tipo no sólo en la India, sino en el mundo entero?, ¿eran templos religiosos?, y en ese caso ¿cómo se explica que contengan las representaciones de escenas sexuales más gráficas que se hayan conocido nunca?

Demasiadas preguntas sin respuesta. Creo que lo mejor será admirarlos sin detenerse en conjeturas, los historiadores del arte seguirán buscando la solución al enigma. De los 85 templos que al parecer fueron construidos en principio, sólo quedan 20 en pie. La existencia del resto puede deducirse de los basamentos y restos esparcidos por la zona. Según su ubicación, los templos pueden dividirse en tres grupos: el grupo del este que tiene cuatro templos jainistas y tres brahmánicos, el pequeño grupo del sur que sólo consta de dos templos y el grupo del oeste que visitamos en primer lugar, que es el más sobresaliente y en el que se encuentran los templos más importantes y mejor conservados como el Lakshman y el Kandariya Mahadev.

En realidad los templos de Khajuraho no pertenecen a ninguna religión ni secta en particular. Son templos dedicados a Shiva, Vishnu o a los Tirthankaras (iluminados) jainistas.

Los templos tienen todos el mismo diseño, edificados sobre una alta plataforma a la cual se accede por escaleras, constan de un pórtico o ardhamandapa, una nave central o mandapa y un santuario donde se encuentra la figura de la divinidad a la cual está dedicado. Cada compartimento está coronado por una torre o shikara más o menos alta, siendo la más alta la que corresponde al altar. Cada torre a su vez está coronada por un anillo de piedra, en el centro del cual se halla el kalash, un recipiente que contiene el “amrita”, el néctar sagrado equivalente al concepto de ambrosía (alimento de los dioses griegos que garantiza la inmortalidad).

De alguna forma parece que sus constructores hubieran tenido la intención de asemejar los templos a las cumbres de los Himalaya con sus espirales que podrían representar las nieves eternas.

Interiormente la tendencia ascendente también se hace sentir ya que el nivel del suelo va aumentando al pasar de una zona a otra, siendo el santuario la zona más elevada. Por otra parte, en algunos templos hay un mandapa adicional (el mahamandapa) con dos cruceros laterales y en este caso el techo de estructura cuadrada se va haciendo gradualmente primero octogonal y luego circular en la parte más alta en un movimiento vertical.

Las esculturas que adornan las fachadas y los interiores de los templos se centran en las divinidades, las mujeres y la vida cotidiana. Al contrario que la mayoría de las esculturas conocidas, estas no son piezas externas añadidas tras la finalización de la obra arquitectónica, sino que están talladas en los mismos bloques de piedra que constituyen la estructura del templo. Los constructores debían tener una representación del templo bloque a bloque y así podían trabajar individualmente esculpiendo cada bloque de piedra y luego colocarlo en un lugar determinado, levantando piso tras piso.

¿Qué se representa en estas magníficas paredes? Por empezar está representada toda la mitología hindú con toda su riqueza y variedad. Imágenes de los dioses portando sus armas y símbolos a los que se rinde culto en los altares, y otras mostrando sus enseñanzas y filosofía diseminadas en las paredes de los templos. 

Además de las figuras de dioses, quienes poco se distinguen de las figuras humanas ya que visten igual que ellos, aquí hay vidyahars que son ángeles que sirven a los dioses, gandharvas que son músicos celestiales, ganas: querubines regordetes y kumaras: enanos que cargan grandes pesos. Estos últimos suelen estar situados encima de las columnas y sobre ellos reposan los capiteles y las paredes superiores del templo.

De las representaciones de dioses la pareja de Shiva y Parvati que se halla en el templo de Kandariya Mahadev, donde la diosa está sentada sobre la pierna izquierda de Shiva y ambos se miran amorosamente a los ojos, es una de las más hermosas. Si recordamos que los templos datan de los siglos X y XI, podemos comparar mentalmente las figuras con las esculturas que adornan las iglesias románicas. 

En una categoría inferior al mundo celestial hallamos el mundo femenino y en él las apsaras: bailarinas celestiales, las sura-sundaris: bellezas celestiales y las nayikas: hermosas mujeres.

Jóvenes dotadas de gracia, belleza, juventud y encanto, con peinados elaborados y formas alejadas de las modelos de hoy en día, de pechos redondos, cintura esbelta y caderas con curvas, algunas con un escorpión en el muslo, lo que simboliza la pasión.

Se las ve en diversas actitudes: danzando, haciendo una ofrenda de flores de loto, jugando con una pelota, desvistiéndose, peinándose o pintándose los ojos, sacándose una espina del pie, escribiendo una carta, poniéndose campanitas en los pies antes de bailar o tocando una flauta.

Cientos de figuras simples y bellas, cada una en su propio pedestal y con un irresistible atractivo personal. Son tantas y tan bonitas que es difícil decidirse por alguna de ellas, tal vez la mujer en el templo Lakshman que se está poniendo la raya de polvos rojos en el pelo para indicar que está casada, o la que se está desnudando o la que está perdida en sus pensamientos mientras un mono tira de su falda, ambas del templo Kandariya Mahadev. Los detalles de la ropa, de seda seguramente, que transparenta la piel por debajo, y la perfección con que han sabido representar los movimientos femeninos es fascinante.

Entre las representaciones también hay animales, tanto reales como imaginarios. Entre los primeros, elefantes, (hay una deliciosa escena en que un elefante empuja con su trompa la pata de otro, como jugando), leones, jabalíes, algún camello. Entre los imaginarios, hay una figura que se repite, el shardul, la parte inferior es de caballo y la superior es de león, a veces de león con cuernos, jabalí, elefante o incluso pavo real.

Shardul, un animal fantástico mitad caballo y mitad león (templete de Mahadeva)

En los frisos también se muestra la vida familiar y de diferentes actividades. Un profesor dando clase a sus discípulos, unos artistas esculpiendo un elefante, escenas de ritos religiosos y de procesiones, algunas de guerra con ejércitos marchando o escenas de batallas, hombres a caballo, músicos y bailarinas, toda una visión de la India de la época.

Pero desde luego, y aun siendo sólo una parte de la gran gama de tallas, las figuras que han dado renombre a los templos son los mithuns o parejas cortejándose o en actitudes eróticas. Algunas han logrado plasmar emociones humanas exquisitamente representadas como la de un joven que ofrece un regalo a su amada pero haciéndole cerrar los ojos para que la sorpresa sea mayor, o la de otro joven que azuza a un mono para que éste espante a la joven y ella se acerque más a él.

Hay entre las representaciones de actos sexuales, tanto uniones entre las parejas de dioses y diosas Shiva-Parvati, Vishnu-Lakshmi, como uniones entre hombres y mujeres comunes y los primeros sólo se diferencian por algún atributo normalmente asociado al dios, pero en todas las parejas se evidencia la pasión en el movimiento de los cuerpos. Y también aquí es difícil elegir la que más me gusta o llama la atención. En el templo Lakshman una escultura representa una pareja besándose con el cuerpo de la mujer apretándose contra el del hombre y en el templo Devi Jagdamba vemos varias parejas a cuál más bella.

En algunas escenas de orgías, las posturas que adoptan los involucrados son increíbles y aunque algunas teorías basan este hecho en la práctica del yoga, me parece más lógica la teoría de que por necesidades de construcción de los templos las figuras debían estar sobre el eje vertical, aun cuando algunas habían sido concebidas y talladas en un plano horizontal. De hecho, si algunas de esas composiciones extrañas, uno se las imagina en posición acostada pierden la tortuosa postura prácticamente imposible de lograr. Un ejemplo está en el templo Kandariya Mahadev, una de las figuras eróticas más famosa muestra al hombre cabeza abajo, sostenido por dos servidoras, que toman parte de la orgía. Acrobáticas posturas de algunas figuras que contrastan con el abandono de otros cuerpos de amantes y con el semblante sereno de todos ellos.

Las esculturas, colocadas con gran acierto en los rincones y protuberancias, se mezclan con las sombras que alteran su textura y su color, creando un mundo ilusorio de dioses, bellezas celestiales, animales de la naturaleza y otros míticos y tendiendo un puente entre los reinos de lo real y lo ideal.

Del conjunto del este visitamos el templo Adinath en el que llama la atención una franja con apsaras y servidores que llevan guirnaldas e instrumentos musicales, el templo Shantinath y el Parsavanath que son jainistas. En el techo del pórtico de entrada a este último hay unos medallones con motivos florales y en el central, dos hermosas figuras vuelan entrelazadas. En este templo también hay dos preciosas figuras de mujer, una pintándose los ojos con khol y otra sacándose una espina del pie.

Portada del templo Parsavanath

Los templos de Khajuraho resultan realmente impresionantes. Con la riqueza de sus esculturas, y la integración de estas y las obras arquitectónicas son, sin duda, la mejor expresión del arte indio.

Extracto de un capítulo del libro “Diario de la India”, de mi autoría.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “La selva esconde secretos

  1. Hola, Marlen.

    Otra gran lección de historia, cultura, viajes y odisea de la gran CuentaCuentos de Zarautz. 😉

    La narración nos regala muchos y sabrosos detalles, y las fotografías complementan maravillosamente el relato. ¡Enhorabuena, amiga!

    Es tan atractiva la cultura India; está llena de misticismo, fantasía, opulencia de adornos y grandiosidad en su arte. Además, añadiría, que algo de «poca vergüenza». Siempre bien recibida.

    Me ha hecho bastante gracia el comentario sobre las posturas eróticas. La verdad es que nunca intenté nada parecido, habría terminado en urgencias o en el libro Guinness de los récords de nudos corporales. No deja de ser un grandioso contraste para una cultura de apariencia cerrada y aséptica que muestre estas escenas tan abiertas.

    Ya sabes que para mí viajar es un suplicio, pero sería un lugar muy interesante para perderse. Tendré que hacerlo con la imaginación, tus relatos y las fotografías. Muchas gracias, Willy Fog vasquiña.

    Abrazo grande.

    1. Hola Jose.

      Tu mensaje y el de Isra sobre El secreto del caserío para el Tintero me acaban de alegrar el domingo. ¡Gracias! Es muy bonito leer comentarios así, que te calientan el corazoncito. ¿Lección de historia, de cultura…? No, simplemente me gusta enterarme de lo que estoy viendo cuando viajo y más cuando es una cultura tan diferente a lo conocido. Desde luego, me documento antes de ir a uno de estos viajes, pero Kahuraho me deslumbró. No esperaba un derroche de arte tan impresionante. Creo que lo digo en el relato. Al ver ese despliegue increíble, esas miradas, esos gestos, detalles esculpidos en estos templos que datan de los siglos X y XI, podemos comparar mentalmente las figuras con las esculturas que adornan las iglesias románicas. Tú que sueles hablar de los extraterrestres, uno se pregunta (al igual que en México o en Egipto) si no nos habrán visitado ya hace unos años.

      Las culturas como la india me llaman mucho la atención y lo de «poca vergüenza» ni hablar. Simplemente toman el cuerpo (el humano y el de los dioses) como algo natural sin vergüenzas, tabúes ni algo pecaminoso, como los católicos y otras religiones. Pasa lo mismo con el sexo, había muchas risitas nerviosas en la gente que visitaba los templos. Tenemos tantos prejuicios que sólo concebimos esas escenas en revistas o películas pornográficas. Cuando en realidad, son escenas y figuras de una gran belleza, un canto a la vida y al disfrute de la misma. Pasa lo mismo con el Kama-sutra, tan vilipendiado por la iglesia católica confundiendo el placer sexual con la lujuria. Aunque lo cierto es que para intentar copiar algunas posturas, habría que ser precavido y estar cerca de algún hospital para el desenredo pertinente.

      Sí, sé que para ti, viajar es un suplicio. Pero me alegro que, por lo menos, te hayas acercado un poco a esta maravilla «aún no demasiado conocida». Y aunque lo de Willy Fog me queda muy grande, muchas gracias a ti por tus palabras.

      Un abrazo grandote y ¡Buena semana! Espero que la gripe o catarro ya sea sólo historia.

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