Un día conoces a tu todo. El todo que te hace soñar, que convierte tus martes por la mañana en sábados por la tarde.
Esa persona con la que no tienes secretos, por la que andarías kilómetros, siempre que fuera a su lado.
Que aunque se vaya y pasen mil personas más por tu vida, nadie puede reemplazarla, nadie te hace temblar igual.
Y pase el tiempo que pase, la recuerdas.
Tu cabeza la recuerda.
Y tu corazón no piensa en otra cosa.
Porque no está junto a ti, está en ti.
Solía pensar que el amor era lo mejor que podría ocurrirme.
Solía pensar que la muerte era lo peor que podría ocurrirme.
Tiempo después descubrí que hay cosas peores que morirse, como por ejemplo que se muera un ser querido y no puedas aceptarlo, ni siquiera comprenderlo.
Al final, entendí que la muerte sólo da miedo cuando hay amor de por medio y el verdadero dolor del amor sólo surge cuando la muerte juega sus cartas.
Algunos dirán que no he vivido mucho y otros que lo he vivido todo, depende de en qué lado de la vida se sitúe cada uno.
Pero cada persona es única en su interior y no se pueden juzgar las experiencias de nadie, fuera de su propio contexto personal.
Hay días en los que pienso que la vida no tiene nada más que aportarme y hay otros en los que me hundo porque me queda tanto por hacer, que no me daría tiempo ni viviendo varias veces.
Como una melodía mecida imaginariamente en mi cabeza, frágil y tierna, inesperada y repetitiva, tan dulce como insoportable y tan inestable que ahora está y de pronto desaparece.
Así ha sido mi vida desde que empecé a dejar de ser una niña para convertirme en la mujer que soy ahora.
Inquieta, perturbadora, imaginativa, ansiosa y caprichosa.
Quizás una buena vida, según con cual la compares.
Dicen que a cada uno le duele lo suyo y a mí lo mío me ha dolido hasta ese punto en el que el dolor se vuelve parte del día a día y, aparentemente, deja de hacer daño, aunque sigue ahí.
También he sido feliz, inmensamente feliz. Sería hipócrita si no lo reconociera. El amor no es ser felices para siempre en un viaje que nunca deja de ascender, sino vivir momentos intensos que inundan la caja de los recuerdos positivos, esa que guardo celosamente en un cajón que suelo abrir cuando realmente lo necesito.
Capturar esos detalles que ayudan a borrar los días difíciles y sentir, tanto en el corazón como en la cabeza, que estoy bien, aunque llueva de vez en cuando.
Y si la felicidad y el amor se acaban, no hay que lamentarse y dar por hecho que el vivir ya no tiene sentido, porque siempre habrá una nueva oportunidad para volverlos a sentir.
Quizás en otro lugar, tal vez con otras personas, pero volverán.
Porque el amor, como la vida, es imprevisible e indiscreto, te sobresalta cuando menos lo esperas y revuelve tus entrañas para hacerte sentir que estás viva y con eso es suficiente para que ocurra todo lo demás.
Y que conste que no hablo del amor de pareja exclusivamente, sino del amor en general por cualquier persona o cosa que nos descoloca los sentidos. Una persona, un trabajo, un lugar, un invento, un cielo, un libro, una flor, una música… Cosas que yo, por lo general, disfruto plenamente.
He conocido el amor verdadero, a pesar de no buscarlo. Entró en mi vida como un elefante en una cacharrería. Eso se lo dije yo, cuando me confesó su amor.
Que yo tenía la perfecta locura para hacer de sus días aburridos, los mejores días de su vida. Eso me lo decía él, no una sino cien veces.
Si sales con un acuariano, tienes que aceptar su carácter, entender sus despistes y asimilar sus ganas de querer siempre más, mucho más de lo que ya tiene. Eso se lo advertía yo.
Por eso, buscas a alguien que comparta tus gustos, o al menos, que ponga interés en conocer tu mundo, me completaba él. Alguien que no tenga problemas con tu independencia, que cuide de tus alas, que te deje volar y te tenga confianza.
Porque cuando me comprometo, lo hago de verdad, desde el corazón, sin trampas. Puntualizaba yo, mirándome en sus ojos.
Porque cuando por fin lo encontramos, es para siempre. Me serenaba él, intuyendo las sombras que se diluían en los míos.

Hola, Marlen.
Sensitivo, bello, reflexivo, valiente, auténtico, empático…
Aunque el texto completo es perfecto, me subrayo este párrafo:
«Porque el amor, como la vida, es imprevisible e indiscreto, te sobresalta cuando menos lo esperas y revuelve tus entrañas para hacerte sentir que estás viva y con eso es suficiente para que ocurra todo lo demás».
El amor, en todas las variantes posibles, es (o debería ser) el que mueva el mundo.
Enhorabuena.
Abrazo grande.
Hola Jose.
El amor, por encima de todas las cosas, mueve el mundo y determina nuestra actitud hacia todo lo que el mundo/la vida nos ofrece y nos quita. Saberlo apreciar, llegarlo a entender es una de las cosas más importantes que tendríamos que hacer cuanto antes en nuestra evolución.
Un abrazo grandote. Gracias por estar, gracias por comentar Siempre, Amigo.