Antoine de Saint-Exupéry, el oasis del piloto perdido

Federico García Lorca dijo “Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio.” Para mí es la descripción perfecta de “Le petit prince” la obra de Antoine de Saint-Exupéry a la que recurro cada vez que necesito entrar en mí. Y no es que esté escrita en verso, sino que, como dijo Federico, es la unión de palabras que nunca pensé leer juntas, un misterio maravilloso en el que perderse sin brújula.

Antoine de Saint-Exupéry nació el 29 de junio de 1900 en Lyon. Fue el tercer hijo del Conde Jean-Marie de Saint-Exupéry y Andrée Marie Louise Boyer de Fonscolombe, un matrimonio aristocrático venido a menos. Su padre falleció cuando él tenía 4 años y la familia se tuvo que ir a vivir al castillo familiar de Saint-Maurice-de-Rémens.

Antoine estudió en colegios jesuíticos y maristas. Leía a Baudelaire, Balzac y Dostoievski. El bautismo de vuelo que recibió a finales de julio de 1912 en el aeródromo de Ambérieu-en-Bugey decidió su vocación de piloto. Al ser rechazado en la escuela central y en la naval, comenzó a estudiar en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Fribourg (Suiza) la carrera de Arquitectura, abandonada al integrarse a cumplir el servicio militar en las Fuerzas Aéreas Francesas en 1921 donde aprendió el oficio de piloto.  Su primer destino fue Marruecos. 

En 1926 “L´aviateur”, una novela corta escrita por Saint-Exupéry, fue publicada en la prestigiosa revista literaria “Le Navire d’Argent”y fue contratado como piloto en una agencia privada, donde trabajó como jefe de estación aérea en el Sahara español, período durante el cual escribió su segunda novela: “Courrier Sud” en 1929.

Allí se desempeñó como Jefe de la aeroplaza de Cap-Juby, escala en la línea Toulouse-Dakar, donde los aviones de la Compagnie Générale Aéropostale se detenían para reabastecerse de combustible. También auxiliaba a otros pilotos de la Compañía y negociaba el rescate de sus compañeros, con las tribus locales que los extorsionaban.

Saint-Exupéry llegó a Buenos Aires el 12 de octubre de 1929, representando a la Aéropostale en la filial argentina: Aeroposta Argentina, como director y encargado de organizar la empresa para toda América Latina. Entre los objetivos de Saint-Exupéry figuraban poner en marcha el ramal hasta Comodoro Rivadavia y estudiar la prolongación de esta línea hasta Río Gallegos. Esta experiencia inspiró su novela “Vol de nuit”, publicada en diciembre de 1931.

Compartió sus primeros meses de estadía en Buenos Aires junto a sus queridos amigos y también pilotos Henri Guillaumet y Jean Mermoz, el que fue el primer piloto en atravesar el Océano Atlántico por vía aérea. En la ciudad, frecuentaban los cabarets Tabaris y Armenonville y disfrutaba de los tangos interpretados por las orquestas de moda de la época.

Saint-Exupéry conoció a quien sería su esposa: la millonaria salvadoreña Consuelo Suncín, escritora y artista. Y al cineasta Luis Saslavsky, en una librería de la calle Florida, a quien llegaría a recomendar en el estudio Metro-Goldwyn-Mayer cuando comenzó el rodaje de Vol de nuit en Hollywood. La novela sería un relato premonitorio de lo que le ocurriría años después al escritor. 

Los norteamericanos adaptaron la obra al cine: el film “Night Fligh”t, dirigido por Clarence Brown se estrenó en 1933 con Clark Gable, John Barrymore, Myrna Loy y Robert Montgomery como intérpretes. El film también se proyectó en Argentina. Podemos apreciar en el programa del cine Grand Splendid de Bahía Blanca, el slogan de publicidad del film «Vuelo Nocturno, la epopeya de la aviación argentina».

«Es encantador viajar, pero usted no sabe lo que se siente al ir a vivir a otro continente. Uno conserva la idea de volver y de reencontrar todo en su lugar, pero sabe que es imposible. Uno no quiere que la vida se apure tanto y que borre las huellas del pasado tan rápido», comentaba en una carta a un amigo.

El 1º de noviembre de 1929 se llevó a cabo el vuelo inaugural de la primera extensión de la línea sur. Parte hacia Comodoro Rivadavia el primer correo oficial llegado esa mañana a Bahía Blanca desde Buenos Aires procedente de Europa, con Saint-Exupéry como piloto. El 31 de marzo de 1930, se inaugura el segundo tramo a la Patagonia con destino final la ciudad de Río Gallegos.

El vuelo nocturno que se realizaba en los aviones de la primera época de la aviación, presentaba numerosos riesgos y su realización no fue tarea fácil de instrumentar. El temor natural de los pilotos estaba incrementado por la casi inexistente infraestructura técnica que asegurara un vuelo en mínimas condiciones de seguridad. En un comienzo, se hacía partir a los pilotos poco tiempo antes del amanecer para que se fueran habituando lentamente a esta nueva exigencia.

Hay que resaltar que el vuelo nocturno no se realizaba por deporte. Era un imperativo que las compañías aéreas debían afrontar con el fin de ganar tiempo sobre los otros medios de transporte. En esta competencia muchas vidas desaparecieron.

Saint-Exupéry recuerda en “Escritos de guerra”: “Algunos años más tarde, descubrí a Jules Verne. Yo debía tener alrededor de diez años. “Les Indes Noires”, uno de sus libros menos conocidos y considerado generalmente un tanto aburrido, me parecía a mí pleno de majestad y de misterio. Hoy todavía hablo de él, ya que esta obra estaba llamada a jugar un papel importante en mi vida. La acción sucede en galerías subterráneas cavadas a millares de pies debajo de la superficie de la tierra, allí donde la luz no penetra jamás. Es totalmente posible que la atmósfera fantástica de ese texto, que se grabó en mi memoria, haya estado en el origen de mi libro Vuelo Nocturno que es también una exploración de las tinieblas.”

Su fértil imaginación se veía incentivada por aquella «exploración de las tinieblas» que realizaba durante sus vuelos por la noche. En un primer momento, Saint-Exupéry había comenzado “Vol de nuit” con un recuerdo de infancia que relataba la llegada de la noche al castillo de su familia en Saint-Maurice-de-Rémens. Este tono intimista fue posteriormente abandonado. Prefirió infundir a su obra un carácter más realista, y la noche relatada en su novela fue la que encontraban los pilotos de entonces: la noche sobre la tierra. El relato cuenta las peripecias de un piloto que, volviendo en vuelo nocturno desde la Patagonia con el correo del sur, es sorprendido en medio de un colchón de nubes por una tormenta. Con las comunicaciones cortadas debido a las descargas eléctricas y sin referente en la oscuridad, el avión desaparece con su tripulación a bordo. El entorno del paisaje patagónico bajo las influencias de las fuerzas naturales acrecienta la dramaticidad del texto.

En esta novela, Saint-Exupéry plasmó varias de las vivencias personales que experimentó en la Argentina: el encuentro en vuelo con un ciclón (relatado también en «El piloto y las fuerzas naturales»), la angustia en las escalas frente a la espera de compañeros que se sabe en dificultades de ruta, la muerte de colegas. En la novela, la muerte del personaje Fabien refleja la desaparición del piloto francés Negrin y de su acompañante en un vuelo nocturno hacia Uruguay, tragedia ocurrida durante su estadía en nuestro país.

“El vuelo permanece rectilíneo y horizontal. Pero se han recibido en las alas esos golpes anunciadores (…) A continuación todo saltó en mi entorno… Aprieto mis manos… Me vacío de mis fuerzas y de mi deseo de luchar… Estoy bañado en sudor… Estoy perdido…”. En estos términos relata Saint-Exupéry su «encuentro» con un ciclón en un vuelo desde Trelew hacia Comodoro Rivadavia. Estos vientos patagónicos eran bien conocidos por todos sus compañeros de la Aeroposta. Durante los tres meses de verano, las habituales ráfagas se elevan a 160 km/ hora. En aquella oportunidad los vientos alcanzaron una inusitada velocidad. En un primer momento fue aspirado hacia el suelo y de esta forma perdió el horizonte. Se puso al abrigo de una colina y luego ganó el mar. Después de ardua pelea logró bajar hacia el sur donde el viento había amainado un tanto. Al llegar a Comodoro, 120 soldados lo esperaban para ayudarle en el descenso. Luego de una hora de maniobras lograron colocar el avión en el hangar.

La narración completa de este episodio fue incluida en el libro «Un sens à la vie”. El relato es una combinación de sentimientos personales y de descripción del paisaje patagónico transformado por el viento. Según sus propias palabras, trató de reflejar en su desarrollo la experiencia más impresionante por la que había pasado, afirmando que por primera vez había dudado de la resistencia de su avión.

Unos meses más tarde (noviembre de 1939) un artículo de su autoría titulado «Escalas en la Patagonia» trata de tres episodios que el autor localiza en diversas ciudades del sur de nuestro país: Comodoro Rivadavia, Puerto Deseado, San Julián.

Como observador de los hombres, descubre un carácter especial entre los pobladores de Comodoro Rivadavia. Los compara a la ciudad que Charles Chaplin muestra en “La Quimera del oro”: «Comodoro Rivadavia no asimila a los hombres» (…), sólo han venido a enriquecerse» afirma al comprobar que el exclusivo objetivo económico, generaba consecuencias nefastas para la ciudad «sin árbol, sin hogar, sin mujeres» acentuando de este modo el panorama de desolación y tristeza provocado por la aridez del paisaje y «la carga de un viento tan pesado que deviene materia».

En el segundo relato, en cambio, de la gente de los otros pueblos del sur opina: «En ninguna parte he conocido una mejor raza de hombres que la de los argentinos del sur. (…) Estos hombres no soñaban con esquilmar el suelo para volver enriquecidos a su paraíso. Habían venido a establecerse para perdurar, para fundar una raza. No se podría encontrar en otros sitios tanto sentido social, tanto sentido de la solidaridad, ni tampoco tanta serenidad.» (…). Habla de ciudades como San Julián y Puerto Deseado donde sus autoridades primero le mostraban la escuela en construcción. «Era siempre un edificio inmenso, el más hermoso, el más nuevo de todos.» (…). «Eran bellas estas ciudades que levantaban escuelas y no poseían aún cementerios.»(…). La escuela como un símbolo de crecimiento de los hombres.

En el último relato de esta serie, Saint-Exupéry cuenta que una vez visitada la ciudad el Intendente lo lleva hacia las afueras. En esa recorrida, se encuentran con la morada de un leproso. Ni los barcos que llegaban de Buenos Aires cada quince días ni los pocos automovilistas que se aventuraban por las rutas habían querido trasladar al desdichado ser. La ciudad entonces, le había donado una casa con un campito para que pudiera vivir decorosamente hasta el fin de sus días. El relato es patético: se trata de un hombre vencido por la enfermedad que sólo demostró un mínimo interés al mirar el mar durante un corto instante antes de reingresar a su casa.

“Yo había esperado verlo dirigirse contra nosotros para gritar desde el fondo de su miseria la deuda de la humanidad libre hacia él. Ni siquiera nos había mirado. (…) Había alcanzado una paz inhumana.”

Este recuerdo estuvo sin duda en la génesis del capítulo XXVI de «Ciudadela», donde Saint-Exupéry también relata la vida de un leproso, pero en un entorno de ficción. Al comparar los textos se puede apreciar una total similitud entre ambos.

Saint-Exupéry descubrió áreas inhóspitas del territorio que lo cautivaron: la Cordillera de los Andes, los bosques, la estepa, los valles y las costas patagónicas. Llegó hasta el Fin del Mundo en la provincia de Tierra de Fuego y unió las localidades de Bahía Blanca, Viedma, Trelew, Puerto San Julián, Comodoro Rivadavia, Puerto Deseado y Río Gallegos. 

Su compañero Henri Guillaumet se perdió durante una tormenta en medio de la cordillera. Durante varios días, Exupéry sobrevoló la zona para encontrarlo. En estos viajes, el escritor le dedica una carta. Guillaumet apareció una semana después. “Terre d´hommes”, su siguiente novela, incluiría aquella carta.

 «Tanto os hablé del desierto, que antes de seguir hablando de él me gustaría describir un oasis. La imagen que tengo de él no está perdida en el fondo del Sahara (…) Era cerca de Concordia, en la Argentina, pero hubiera podido ser en cualquier otro lugar: de tal modo está difundido el misterio».

En uno de sus vuelos habituales entre Buenos Aires y Asunción, un desperfecto en su nave lo obligó a descender en las afueras de Concordia, provincia argentina de Entre Ríos. Las hijas de la familia francesa Fuchs que lo recibió en el magnífico Castillo San Carlos frente al río Uruguay, su extraña relación con los animales y la naturaleza salvaje de la zona cautivaron al escritor que vivió momentos intensos y trascendentes para su obra futura en este oasis. Tanto el paisaje como sus habitantes están plasmados en el quinto capítulo, “Oasis”, de “Terre d´hommes”. Originalmente el relato fue publicado con el título de “Princesses argentines” en la revista Marianne del 14 de diciembre de 1932, a dos años de su partida de la Argentina. Algunos estudiosos de su obra afirman que este episodio podría haber generado ciertas escenas del Petit Prince, por ejemplo el aterrizaje en terreno desconocido de un piloto, el encuentro con unas niñas rubias que le hablaban en francés y su relación con los animales del lugar, especialmente con una serpiente. El capítulo fue adaptado al audiovisual “Oasis” por Danilo Lavigne en 1994 y proyectado en el cine Auditorium de Concordia. 

El recuerdo que dejó en quienes lo conocieron en aquella oportunidad es que era un hombre bastante callado que llevaba siempre una pequeña libreta en el bolsillo, donde apuntaba cosas y una cámara fotográfica donde retrataba su entorno y las personas.

El 7 de abril de 1930 Exupéry recibió las insignias de Caballero de la Legión de Honor en los salones de la Embajada de Francia en Buenos Aires en reconocimiento a su desempeño en el Sahara español y su contribución al impulso de la aviación comercial.

A partir de 1931, los graves problemas financieros que dejan a la Aéropostale al borde de la quiebra, le impedirán regresar a la Argentina para retomar su puesto y ponen término a uno de los capítulos más épicos de los pioneros de la aviación, aunque todavía se extenderían sus hazañas hasta la revolución aeronáutica provocada por la Segunda Guerra Mundial.

Desde 1932, Saint-Exupéry se consagró al periodismo y la escritura. Hizo reportajes sobre la Indochina Francesa (hoy Vietnam) en 1934, sobre Moscú en 1935, y sobre España en 1936, previos al inicio de la Guerra Civil. Sin embargo, no dejó de volar como piloto de pruebas, evaluando aviones experimentales de reciente producción y modificados con el objetivo de efectuar maniobras específicas.

Incluyó sus reflexiones sobre el humanismo en “Terre d´hommes”, publicado en 1939. Ese mismo año, fue movilizado por el Ejército del Aire, como piloto de una escuadrilla de reconocimiento aéreo, caracterizada por misiones suicidas, en pleno arrollador avance alemán. Tras el armisticio forzado por la ocupación alemana de Francia, abandonó Francia, y a través de sus agentes literarios se instaló en New York llegando a participar en alguna de las campañas orquestadas para que los estadounidenses entraran en la guerra.

“Le petit prince” fue escrito durante la estancia de veintisiete meses del escritor en New York.  El piloto de la obra, representaba al propio escritor; la Rosa, a su esposa Consuelo; el zorro está inspirado en un zorro del desierto; el Principito, podría representar un Saint-Exupéry más joven o quizás el hijo del aviador Charles Lindbergh, vecino del escritor; los Baobabs, aquellos árboles que destrozan planetas únicamente con sus raíces, representaban el nazismo.

El 6 de abril de 1943 fue publicada su obra cumbre: “Le petit prince”, catalogada como una de las mejores creaciones literarias del siglo XX, tanto en inglés como en francés, por una editorial estadounidense llamada Reynal & Hitchcock.

Lo curioso es que la editorial francesa Éditions Gallimard no pudo imprimir la obra hasta 1946 tras la ocupación nazi en París. No sólo fue traducida a 257 lenguas, sino que se realizaron adaptaciones teatrales y cinematográficas.

Después de dos años en América del Norte, Saint-Exupéry regresó a Europa para volar con las Fuerzas francesas libres y luchar con los Aliados. Con 44 años, no sólo era más viejo que la mayoría de los hombres en servicio, sino que también sufría dolores, debido a sus múltiples fracturas en accidentes aéreos. Fue asignado con algunos otros pilotos, a un escuadrón de cazas bimotor P-38 Lightning, que un funcionario describió como aeronaves «desgastadas por la guerra, sin condiciones de aeronavegabilidad».

Descontento con su participación en el conflicto, en la primavera de 1944, fue destinado a Cerdeña y luego a Córcega en una unidad de reconocimiento fotográfico del frente alemán en los prolegómenos del desembarco aliado en Provenza.

El 31 de julio de 1944, a las 8:45 horas, Saint-Exupéry despegó a bordo de un Lightning P-38 para una misión de reconocimiento sin armamento de una base aérea en Córcega, con una autonomía de vuelo de seis horas, sobre los movimientos de las tropas alemanas en el valle del Ródano, poco antes de la invasión aliada del sur de Francia. Nunca regresó.

En 1945, un año después de la desaparición del escritor, su viuda publicó “Memoires de la rose”, un manuscrito sobre la relación de la pareja que permaneció oculto por décadas y cuyo original fue hallado por casualidad varios años después de su muerte en 1979 y publicado en el año 2000.

En 1975, un asteroide sería bautizado como 2578 Saint-Exupéry, en honor al escritor. En 1993, el descubrimiento de un nuevo asteroide acabó con el nombre de 46610 Bésixdouze, para honrar el asteroide B-612, lugar donde residía el Petit prince. 

El 7 de septiembre de 1998, ​ un pescador​ encontró, a media milla náutica (927 metros) al este de la isla de Riou (unos 20 km al sureste de Marsella), una pulsera de plata de identidad con el nombre de Saint-Exupéry y de su esposa Consuelo, enganchada a un trozo de tela, probablemente de su traje de vuelo.

El 23 de mayo de 2000, un buzo encontró los restos de un Lightning P-38 esparcidos en el fondo del mar cerca de donde se había encontrado la pulsera.​ Los restos del avión se recuperaron el 3 de octubre de 2003. El 7 de abril de 2004, investigadores del Departamento de Arqueología Subacuática confirmaron que los restos del avión encontrados eran, ciertamente, los del Lightning P-38 F-5B de reconocimiento de Saint-Exupéry.​ En junio de 2004, los fragmentos fueron entregados al Museo del Aire y del Espacio en Le Bourget.

En una carta enviada desde Francia a su colega argentino, el piloto Rufino Luro Cambaceres, escrita entre cuatro y seis años luego de su partida, Antoine escribía: “… Me encontraba en la Argentina como en mi propio país. Me sentía un poco vuestro hermano y pensaba vivir largo tiempo en medio de vuestra juventud tan generosa. He debido dejaros después bruscamente y ello me ha causado profunda pena. Y me ha tocado en suerte volver a una compañía mal dispuesta, ahogada entre las intrigas de una política confusa e injusta. He sentido cabalmente que no volvería a encontrar la paz perdida. Y por tal motivo, y por inexplicable que pueda parecerle, he procurado no recordar demasiado. Cuando recibía cartas suyas volvía a ver con toda nitidez los grandes espacios libres del Sur, y me hacía daño…”

“¿Qué significa domesticar? Es algo demasiado olvidado… significa crear lazos” leo en “Le Petit prince”. Casi imperceptiblemente, sin que él se diera cuenta, la Argentina había tejido en el espíritu de Saint-Exupéry lazos invisibles que la unieron para siempre a su memoria.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “Antoine de Saint-Exupéry, el oasis del piloto perdido

  1. Hola, Marlen.

    ¡Qué maravilla de artículo! Cuánto se aprende en este rincón.

    Sabía algo de las andanzas de Antoine de Saint-Exupéry como piloto en la guerra y algo de sus inicios como correo postal, pero nada de su relación con la Argentina. Ahora puedo jugar con la imaginación al leer al Principito y asignarle ese tono argentino que tanto me gusta. 😉😝

    Es increíble la intensidad de la vida de este escritor. Está claro que todo lo que vivió fue la importante base para su obra. Con todo lo leído y tus notas, ahora, la lectura del Principito adquiere otra dimensión. Lo que quiere decir que tengo que volver a leerlo. (Estaba esperando poder hacerlo con mi sobrino, pero eso puede tardar más que la llegada a Marte 😂).

    Enhorabuena por esta entrada tan ilustrativa, documentada y educativa. Un placer aprender contigo.

    Abrazo grande y gordo.

    1. Hola Jose.
      Me alegro muchísimo que hayas descubierto cosas de Antoine de Saint Exupéry.A mí me encanta sus visitas a Concordia y el descubrimiento del «Oasis» que tanto influyó en su Petit Prince. Me lo imagino caminando por esa casa, los terrenos, los animales, el episodio con el zorro, parece que estoy dentro del cuento. Y toda su trayectoria en los vuelos de este sur argentino al que amo tanto. Recupero historias de la primera aviación en estas tierras. ¡¡Emocionan muuucho!!
      El viernes dejaremos el triste Buenos Aires e iremos hacia el sur y me iba a fijar qué luna tenemos para disfrutarla en estos cielos poblados de magia.
      ¡Vuelve a leer el Petit Prince! Siempre se lo encuentra distinto, siempre se descubre algo en él.
      Como siempre, gracias por tus comentarios. Es un placer contaros lo que me emociona.
      Un abrazo grandote azul y blanco.

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