Esta es una historia de desencuentros y encuentros.
A principios de 2018, un grupo de 150 familias que habitaban en el barrio La Isla, junto al arroyo El Gato, en las afueras de la ciudad de La Plata, fueron relocalizadas en casas a estrenar en el llamado Barrio Nuevo, por la Municipalidad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, en Argentina.
Se trata de diez manzanas de casas recién construidas en las que se relocalizó a los habitantes del barrio «La Isla», que se inundaba constantemente en las afueras de la capital provincial.
La mudanza derivó en problemas entre los jóvenes de Barrio Nuevo y los de otro vecindario cercano, llamado El Mercadito. El conflicto derivó en situaciones de violencia, comunes todos los días cuando caía el sol y la convivencia se hizo difícil.
El enfrentamiento armado y el posterior megaoperativo policial desplegado por el gobierno, generó la organización y la participación, encabezada por mujeres, colocándolas en el lugar de personas que disputan su derecho a la ciudad. En tales prácticas participativas, hubo un intento de las vecinas de construir el barrio de acuerdo a sus necesidades y deseos, en este caso vinculado a producir espacios que contuvieran a los niños y jóvenes y que dieran lugar a instancias de encuentro para forjar unidad entre los habitantes del barrio. En esas participaciones también emergió un cuestionamiento al estado que indicaba que ante problemáticas de la inseguridad, se necesitaban respuestas comunitarias y no represivas.
A menudo se construyen ciudadanías del miedo que ponen el acento en la existencia de un” otro” amenazante, constituido por sujetos estigmatizados por su clase social y/o etnia, entre otros factores.

Fútbol infantil 
La cancha de fútbol 
Colecta de juguetes 
Día de la Niñez
Los pobladores forjaron distintas propuestas barriales para reclamar servicios adecuados, con el acompañamiento de actores externos, como ferias de comidas típicas latinoamericanas, el festejo del Día de la Niñez, torneos de fútbol y la creación de un comedor que, de acuerdo a la mercadería con la que contaba, funcionaba tres veces por semana.
Entonces, equipos de extensión universitaria de la Universidad de La Plata y un grupo de artistas independientes entre los cuales estaba Rodrigo Acra realizaron jornadas en el barrio y ayudaron a los vecinos a generar lazos y canalizar sus ideas “Arte y deporte contra la violencia”, mediante una idea original: los grafitis en los techos. Decidieron escribir mensajes en los techos de las casas. Fueron tres jornadas durante las cuales pintaron frases que ellos mismos decidieron en asambleas barriales.
«Lo pintamos para que lo vean los de arriba. Si bien al principio la propuesta era hacer dibujos, se decidió colectivamente estampar tres frases. Escribimos en los techos “Ningún pibe nace chorro” (un chorro es un ladrón), “Violencia es mentir” y “Menos balas, mas escuelas”, dice Hidalina Cañete, una mujer de 43 años, con 4 hijos, que vive en el Barrio Nuevo de La Plata. El arte llegó para unir a los vecinos y reclamar la presencia del estado en la zona.
A pesar de que hubo resistencias y muchos vecinos no se entusiasmaron con la idea, las mujeres organizadas recorrieron las manzanas del barrio y llevaron a cabo reuniones para convencer a los demás y elegir en qué casas se harían las pintadas.
Las primeras dos frases se pintaron el 7, 8 y 9 de julio de 2018. Los medios de comunicación lo describieron de la siguiente manera: “En la ciudad de La Plata los vecinos de un barrio nuevo deciden comunicar su preocupación frente a los prejuicios acentuados por excesivos y cortoplacistas operativos policiales, visibilizar un barrio aislado (problemas con los accesos, la luminaria, infraestructura, gas) y fortalecer su identidad a partir de una obra de arte comunitario, grafiteando los techos de sus viviendas para así poner un grito pintado en el cielo: “Violencia es mentir”.
La última frase se pintó el 20 de octubre de 2018, en el marco de una actividad en la que se pedía la construcción de un acceso para el barrio por debajo de las vías del tren, un espacio de importante circulación durante la vida cotidiana ya que posibilita arribar a las paradas de colectivos, a instituciones estatales como las escuelas y jardines de infantes y a diferentes comercios de la zona.
Hidalina contó a la prensa cuáles eran los principales problemas de la zona: «Nos trajeron acá y no tenemos cloacas ni agua potable. Se corta la luz y las ambulancias no entran».
La respuesta sobre el tema, por parte de fuentes de la Municipalidad de La Plata es que «la mayoría del Barrio Nuevo tiene todos los servicios de agua y cloacas. Sólo quedan algunas casas prefabricadas que son provisorias. Fue necesario porque había que hacer la reubicación urgente para terminar con las obras de ensanchamiento del arroyo El Gato».
En tanto, desde La Plata también aclararon que «se hizo un camino de tierra mejorada para darle acceso a la zona, pero que siguen trabajando con los vecinos para atender sus pedidos. Hay que tener en cuenta que es un barrio que se construyó desde cero y con la urgencia de la relocalización de la gente que vivía a la vera del arroyo».
El objetivo era que los vecinos empezaran a ver el nuevo lugar como propio. Que se reunieran y empezaran a sentir la idea de comunidad en esta zona, que siempre es traumática.

Pintando los techos 


Pintando los techos
«Los grafitis los pintamos en tres jornadas en las que además, hubo un torneo de fútbol femenino y se presentó un petitorio a las autoridades con las demandas de los vecinos. Este barrio es muy reciente, no tiene plaza, ni calles de accesos, por ejemplo(…) Estas jornadas fueron una manera de demostrarle al estado que acá no somos todos chorros. Somos gente de trabajo que necesita la presencia del estado para mejorar sus condiciones de vida».
La vecina reconoce que el barrio está más tranquilo desde la intervención policial. «Pero eso también generó que todos pasamos a ser sospechosos para los agentes que recorren el barrio. Y la mayoría acá es gente de trabajo».
Rodrigo Acra es uno de los artistas que trabajaron en los grafitis de los techos de Barrio Nuevo. La primera pregunta que surge cuando se lo entrevista, es la razón de hacerlo en los techos y no en las paredes de las casas. El objetivo es que la obra de arte se sumerja en la realidad del barrio -argumentó Acra-. Entonces, la mirada tiene que tomar una forma no convencional para que llegue el mensaje. Otra idea es que el boca a boca haga que los mensajes de los grafitis lleguen a todos».
Esta idea fue tomada del artista alemán Jochen Gerz, quien creó un movimiento de «antimonumentos». El artista platense sostuvo que la idea del artista europeo es «incrustar el mensaje en las profundidades de la sociedad. Así, por ejemplo, Gerz inscribe el nombre de víctimas del nazismo en adoquines de las calles de Hamburgo».
Otra obra de Gerz famosa en Hamburgo es el obelisco invertido colocado contra el fascismo en 1986. La obra ya no puede contemplarse: se fue hundiendo en el suelo desde hace 32 años. Hoy, sólo se ve el cuadrado que indica todo lo que hay debajo.
Tomando la idea de Gerz, Acra y otros artistas platenses intervinieron, con la participación de los vecinos, los techos de las casas.
«Se filmó con un dron para darle visibilidad en las redes sociales –contó Acra-. Pero también puede verse desde un helicóptero y en ese tipo de vehículos viajan los gobernantes, porque busca interpelar no sólo a la opinión pública, sino también a la dirigencia política. Otra posibilidad es verlo en Google Earth la próxima vez que se renueven las fotos del buscador. Pero lo más importante es que los mensajes de las frases lleguen, pese a que no se vea a otros barrios cercanos con la misma problemática».

Violencia es mentir 
Ningún pibe nace chorro
Comencé esta entrada contando que las personas organizadas en el Barrio Nuevo disputaban su derecho a la ciudad. O sea que asumían la posibilidad de vivir en una ciudad de la que perciben ser parte y donde los recursos se distribuyan de forma equitativa. Tiene que ver con concebir a la ciudad en tanto escenario de encuentro, que posibilita la vida en común y se trata de un derecho colectivo de los habitantes de las ciudades, de los barrios, en especial de los grupos vulnerables y desfavorecidos, que les confiere legitimidad de acción y de organización a través de sus participaciones, de la mano de los deseos, necesidades y de los modos de intervención forjados por sus habitantes. Una nueva forma de vivir y educar a las nuevas generaciones.
Hola, Marlen.
Un excelente artículo que nos ensancha la poca esperanza que parecemos tener. A veces, como creo que dice una canción, solo es necesario querer. Al menos al principio, luego hace falta mucho trabajo, mucha constancia y, por supuesto, la complicidad de todos.
Esa idea del mensaje solo visible desde los cielos me parece fascinante. No es una forma de lucir tu obra, sino de darle un contexto mucho más grande.
En estos tiempos tan oscuros, donde las peores DANAS están en los cerebros, esta «güena» gente son tan necesarias como respirar. Ojalá esto se contagiara como una epidemia.
Muchas gracias por seguir descubriéndonos alegría de colores donde algunos solo vemos marrones.
Abrazo grande.
Hola Jose.
Sí, me pareció esperanzador hablar de este grupo de gente que tuvo el coraje de reaccionar ante la violencia con actividades que incluyeran a niños y jóvenes y que dieran una hermosa lección de que si nos unimos, se pueden hacer cosas esperanzadoras, aunque no sean noticia.
A mí también me gustó la idea del mensaje hacia lo alto, saben que está y que han participado siendo cómplices en la tarea, pero no para vanagloriarse de ello.
En estos tiempos en los que las catástrofes sólo sirven para que los responsables de turno saquen pecho con el «Y tú más», pienso que, lamentando las pérdidas, sobre todo de vidas humanas, y reclamando responsabilidades a quienes corresponda, también tenemos la oportunidad de alegrarnos por la marea de voluntarios que dejando lo que estaban haciendo, se presentaron a ayudar formando un arcoiris multicolor de solidaridad. Los marrones sólo quedaron en las calles y barrieron con ellos. Estos gestos son contagiosos, no lo dudemos.
Gracias a ti por tus comentarios, muchas gracias. Un abrazo grandote