El Premio literario “Stig Dagerman”, establecido en 1996, recuerda al escritor sueco Stig Dagerman, alguien que escribió: “…todo lo que quería era escribir para aquellos que pasan hambre”, aun cuando terminó por descubrir que “…sólo quienes tienen suficiente para comer cuentan con el ocio como para preocuparse por su existencia”.
Eduardo Galeano, admirable y amado escritor uruguayo, publicó en 1971 su libro “Las venas abiertas de América Latina” y lo concibió como un “…manual de divulgación que hable de economía política en el estilo de una novela de amor o de piratas.”
Censurado, encarcelado, exiliado, desde 1963 hasta su muerte en 2015 escribió muchos libros, obtuvo muchos premios, medallas y distinciones, entre los cuales el Premio “Stig Dagerman”. En su carta de agradecimiento al recibirlo en Suecia, el 12 de septiembre de 2010 escribió estas palabras que quiero compartir contigo.
Porque en pequeñas reflexiones como esta, se funda mi esperanza de que todo tiene la posibilidad de mejorar, cuando nosotros como humanos decidamos cambiar.
Cambiar en todo, desde el cuidado de nuestro amado planeta y su maravillosa naturaleza, hasta la comprensión de que el respeto es el mejor regalo que se puede brindar a otro ser: humano, animal o vegetal.
Cambiar haciendo uso de la empatía, ayudando al resto y no quejándonos, viviendo el momento con actitud positiva, con la mirada fija hacia delante. Y con la esperanza, siempre la esperanza de que todo tiene la posibilidad de mejorar.
“Ojalá seamos dignos de tu desesperada esperanza.
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.
Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.
Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas locas las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.
Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.
Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.
Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.”