El puente hacia el otro valle

.- ¿Queréis escuchar una historia de aventuras, llena de misterios y magia?

Pues érase que se era un valle escondido entre montañas huecas y ríos inamovibles, donde el cielo no era sólo un techo celeste sobre todo lo que se moviera o estuviera fijo, sino un infinito mundo por descubrir.

En medio de dos acantilados cubiertos de cortinas de roca roja, se encontraba el Puente Suspendido, una especie de cuerda invisible que, según la leyenda, sólo aparecía bajo la luz de los cuatro globos tornasolados.

Nadie había cruzado el puente. Nadie sabía adónde llevaba. Pero los rumores decían que más allá del valle… existía otro valle con otro cielo.

Los únicos que parecían tomar la historia en serio eran los mellizos Anturiol y Dewr, dos jóvenes aventureros y corajudos que nunca se conformaban con mirar el mundo desde abajo.

.- Mañana lo intentaremos —susurró Anturiol, emocionado.

.- Mamá dice que nadie ha regresado —respondió Dewr, con un cosquilleo en el estómago.

.- Entonces seremos los primeros—confirmó Anturiol.

Así que, cuando el sol comenzó a teñir el horizonte, los mellizos se escabulleron entre las penumbras. Las bicicletas todoterreno que ya tenían preparadas les permitieron salir del pueblo rápido y sin ser descubiertos. Las montañas de terciopelo se veían cada vez más cerca y para el primer recreo de la escuela, ya corrían en una naturaleza entre domesticada y salvaje, oyendo el canto de los pájaros y sin detener la mirada en sus bucólicos prados.

Los globos tornasolados ya flotaban en el cielo, alineándose como luciérnagas gigantes.

Y entonces, el puente apareció.

No era una cuerda ni una tabla de madera. No era algo que se pudiera tocar… pero sí pisar.

.- Parece de cristal —dijo Dewr, probando a poner un pie sobre él.

El puente brilló bajo sus pasos. Anturiol la siguió y pronto ambos estaban avanzando lentamente hacia el otro valle.

A medida que cruzaban, el aire puro del océano se sentía más liviano. Abajo, el valle parecía alejarse y arriba… algo nuevo empezaba a surgir.

.- ¡Mira! —dijo Anturiol.

Ante ellos se extendía un cielo diferente: no era celeste, sino de un azul profundo, y en lugar de nubes, había islas flotantes, con cascadas que no caían, sino que subían.

Pero lo más sorprendente eran las criaturas que volaban a su alrededor.

No eran pájaros. Eran enormes mariposas, libélulas y enormes peces que planeaban en el aire como si el agua no les hiciera falta y nadaran entre estrellas invisibles.

.- ¡Bienvenidos! —dijo una voz grave a sus espaldas.

Los mellizos se giraron de golpe. Un hombre mayor con un esponjoso pelo violeta, un extraño mostacho y barba de algodón se acercaba flotando sobre el puente.

.- Hemos esperado mucho tiempo —dijo con una sonrisa—. Pocos encuentran el camino al otro valle.

.- ¿Qué es este lugar? —preguntó Dewr, maravillada.

.- Es el reflejo del mundo que vosotros conocéis —explicó el anciano—. Todo lo que el mundo cree imposible, aquí sucede. Aquí el agua de las cascadas sube, los peces vuelan y los sueños se convierten en caminos.

.- ¿Y esa mesa ahí abajo, con gente alrededor? —volvió a preguntar Anturiol.

.- Es que os estábamos esperando para la boda. ¡Es la boda más fantástica del universo!

.- ¡Una boda! ¡Me encantan las bodas! Exclamó Dewr entusiasmada.

Era una boda especial, la boda de la mariposa dorada y el pez volador plateado, especial porque nunca antes una criatura del aire y otra del agua habían decidido casarse. La noticia había corrido por todo el valle y habían llegado invitados de los lugares más extraños: búhos con sombreros de copa, gatos con corbatas de burbujas, e incluso un caracol que hablaba en verso.

.- ¿Podemos quedarnos? —preguntó Anturiol, emocionado.

El hombre los miró con ternura.

.- Pues claro, ¿no os decía que os estábamos esperando? Venir que os presento a los invitados especiales.

En el centro del valle, entre dos enormes cortinas de piedra y montañas agujereadas, se había colocado una pequeña mesa con dulces dorados, pasteles que flotaban, un grandísimo bols con palomitas que se escapaban entre risas cuando las querían comer y jugos que cambiaban de color con cada sorbo. Alrededor de la mesa, un grupo de extraños personajes esperaba con impaciencia. Había una pareja vestida de rojo y sombreros de copa, que con largas pinzas trataban de pescar unas tartaletas de frambuesa flotantes. Cuando el hombre del sombrero de copa se comió una tartaleta de un solo bocado, empezó a flotar y cuando la señora se bebió un jugo, se volvió transparente por unos segundos. El maestro de ceremonias que era un joven muy elegante y muy serio con frac, sombrero y bastón, se comió un pastelito que sabía a cielo y su sonrisa se expandió relajada con recuerdos felices. El anciano con el pelo violeta, el extraño mostacho y la barba de algodón, completaba el grupo de invitados especiales. Y por supuesto, los mellizos que no lograban cerrar la boca del asombro exagerado que sentían. Todo estaba listo… menos los novios.

.- ¿Dónde está la mariposa dorada? —preguntó el maestro de ceremonias.

.- ¿Y el pez volador? —preguntó la dama de rojo.

Los invitados comenzaron a murmurar.

.- ¿Se habrán arrepentido?

.- ¿Se habrán peleado?

.- ¿O peor aún? —susurró el caracol poeta—. ¿Se los habrá tragado un sapo glotón?

Entonces, ¡BOOM!

Algo explotó en el cielo. Una nube de polvo brillante descendió lentamente, y de ella surgió la mariposa dorada, cubierta de purpurina.

.- ¡Lo siento, lo siento! —dijo, sacudiéndose el polvo—. ¡Pero hay un problema!

Los invitados se acercaron.

.- El pez volador… ¡se ha quedado atrapado en el aire!

Todos se quedaron en silencio.

.- Pero si el pez puede volar… —dijo un ratón con gafas.

.- ¡Sí, pero está demasiado alto! —explicó la mariposa—. Un viento travieso lo arrastró hacia arriba y ahora no puede bajar. ¡Se ha quedado enganchado en la cuerda de un globo!

Todos miraron al cielo.

Y efectivamente, allá arriba, muy muy arriba, colgando de un globo naranja y celeste, estaba el pez volador plateado, pataleando desesperado.

.- ¡Auxilio! —gritaba—. ¡No quiero casarme con una nube, quiero casarme con mi amada mariposa!

Los invitados entraron en pánico.

.- ¡Hay que rescatarlo!

.- ¡Rápido, antes de que la boda se arruine!

.- ¡O antes de que el viento se lo lleve hasta la luna!

Pero, ¿cómo iban a bajarlo?

.- Yo tengo que intentarlo —dijo la mariposa dorada.

Revoloteó hasta donde estaba su prometido, pero el viento seguía siendo demasiado fuerte. Cada vez que se acercaba, una ráfaga la empujaba lejos.

.- ¡Necesitamos más ayuda!

Entonces, el anciano del pelo violeta, el extraño mostacho y la barba de algodón tuvo una idea.

.- Escuchen, amigos… si el pez no puede bajar, ¡hagamos que la boda suba!

Los invitados se quedaron callados.

.- ¿Cómo?

.- ¡Nos subiremos a los globos y haremos la boda en el aire!

Todos aplaudieron la idea.

Así que cada invitado tomó uno de los globos flotantes y subió al cielo poco a poco. La mariposa dorada llegó volando, y el pez volador, aunque aún colgado, sonrió feliz.

El maestro de ceremonias carraspeó y abrió un libro dorado con una amatista en la tapa.

.- Estamos reunidos aquí, en medio del aire y entre nubes y mariposas, para celebrar la unión de dos seres que han desafiado las reglas de la naturaleza…

Todos suspiraron emocionados.

.- Pez volador, ¿aceptas a la mariposa dorada como tu esposa?

.- ¡Sí, sí, sí! —gritó el pez, moviendo sus aletas con fuerza.

.- Mariposa dorada, ¿aceptas al pez volador como tu esposo?

.- ¡Sí, con todas mis alas! —contestó ella muy emocionada.

.- Pues yo los declaro compañeros de vuelo y chapuzón. ¡Pueden besarse!

Los invitados aplaudieron mientras la mariposa se acercaba para besar al pez… pero el pez estaba tan emocionado que empezó a aletear con más fuerza y se zafó de la cuerda del globo.

.- ¡AAAAAHHHHH!

El pez cayó en picada.

.- ¡OH, NOOOO! —gritaron todos.

Pero justo antes de tocar el suelo, una ráfaga de viento lo empujó y aterrizó directamente y muy suavemente frente a la mesa preparada para la fiesta.

—¡PAAAFFFF!

Los invitados corrieron a ver si estaba bien.

El pez abrazaba a todos los invitados, con una gran sonrisa.

.- ¡Eso fue GENIAL!

La mariposa se lanzó a abrazarlo.

La boda fue un éxito. Comieron dulces flotantes, bebieron jugos burbujeantes y bailaron dentro y fuera de los globos hasta que el sol comenzó a esconderse.

Desde aquel día, la mariposa dorada y el pez volador vivieron juntos en el valle, surcando el cielo y el agua en un eterno juego de amor.

Si alguna vez ves un pez nadando en el aire o una mariposa zambulléndose en un lago, quizás sean ellos, recordando el día en que su boda casi casi se convirtió en un vuelo sin fin.

.- Tenéis que iros, volver a casa antes de que vuestros padres se preocupen —les dijo a los mellizos el anciano.

Podéis visitarnos tantas veces como queráis. Pero recordar… el Puente Suspendido sólo aparece cuando se enciende la luz de los cuatro globos tornasolados.

Anturiol y Dewr miraron a su alrededor, grabando en su memoria cada detalle. Sabían que tenían que volver a casa, pero también sabían que el otro valle con su cielo y su magia siempre los esperaría.

Y así, tomados de la mano, regresaron por el puente invisible, con la promesa de volver y descubrir más de aquel mundo donde lo imposible… era sólo el principio.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “El puente hacia el otro valle

    1. Hola Luna
      Sí, la fantasía acompañada de aventura ayuda a seguir disfrutando del día a día. Y además ¡nos divierte un poco!
      Me alegra mucho que te haya gustado.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo
      Marlen

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