¿Cómo combatir el odio? Es una pregunta que nos hacemos muchos de nosotros en los últimos días, semanas, meses, años. El discurso del odio ha servido para aupar a presidentes, para que fuerzas xenófobas condicionen la política de un país y desbaraten la convivencia, para que logren la impunidad quienes siembran el odio en una espiral que se manifiesta en el discurso xenófobo de ciertos partidos políticos, para que grupúsculos extremistas entren en las instituciones, para que miles de personas pierdan la vida en guerras atroces. Hoy, en medio de esta realidad aterradora para media humanidad, he querido contaros un cuento, sí uno más. Es lo que he elegido para acercarme a vosotros.
Aula 2B. Lunes. 10:04 de la mañana.
El murmullo era cada vez más agudo. Algunas voces sonaban tensas, casi a gritos. Otras intentaban calmar, pero con torpeza. El profesor Iñaki Etxeberria llegó a la puerta del aula con el paso calmo de quien ha vivido demasiadas tormentas para asustarse por un chaparrón adolescente. Se detuvo un segundo antes de entrar. Ya sabía que algo se cocía adentro.
Al abrir la puerta, lo entendió todo.
.- ¡No puedes justificar lo que está pasando! ¡Bombardear hospitales no tiene ninguna defensa! —gritaba Iratxe, con los ojos húmedos, dirigiéndose a Oscar.
.- ¡Y tú no puedes ignorar todo lo que sufrieron los judíos! ¿Sabes lo que fue el Holocausto? ¿Sabes lo que es vivir con miedo a que te odien por existir? —respondía Oscar, con el rostro rojo y las manos apretadas en puños.
Iñaki dejó el maletín sobre la mesa. No dijo «¡Basta!», no alzó la voz. Sólo miró.
.- ¿Qué está pasando aquí?
Hubo un silencio tenso. Las miradas bajaron. Pero no se desactivó la energía en el aire.
.- Estamos hablando de Gaza —dijo Iratxe—. Y del odio. De los dos lados. Pero no nos ponemos de acuerdo.
.- ¿Y por qué tendríamos que ponernos de acuerdo? —dijo Iñaki, con suavidad—. Tal vez, en estos días no toca estar de acuerdo. Tal vez toca aprender a dudar.
El profesor, tiza en mano, escribió en la pizarra, con trazos lentos:
«Cuando uno duda, no hay odio.»
.- Es de Carolin Emcke. Una filósofa y periodista alemana. Sabe lo que es enfrentarse al odio. Lo estudió, lo desmenuzó. Y dice esto: que el odio necesita certezas absolutas. El que odia no duda. Porque si dudara, si escuchara, si viera al otro como un ser humano y no como un símbolo, no podría estar tan furioso y el odio se desarmaría.
Cuando veo las escenas de todos los días en los noticieros, antes de sentir indignación, siento curiosidad por los judíos que las ven. Y me pregunto ¿qué es lo que ven? ¿qué circunstancias ideológicas y sociológicas han llevado a esa gente a no ver seres humanos al otro lado de la pantalla? ¿consideran a esos seres una amenaza tan grande como para justificar un genocidio como el que ellos vivieron? El odio no se manifiesta de pronto, sino que se cultiva.
No me interesa condenarlos. No juzgo a un grupo, sino lo que dicen y hacen en un momento concreto con el fin de hacer daño. ¿Qué les mueve a ello? La aparición del odio siempre viene dada por un contexto y es necesario definir ese momento histórico que lleva a ciertas personas a determinar que alguien merece ser odiado.
Los alumnos estaban atentos. Incluso Oscar e Iratxe habían bajado el tono.
.- ¿Y qué hacemos nosotros con eso? —preguntó Malena, que hasta ese momento había estado callada. Hija de exiliados argentinos, sabía de cerca lo que era ser perseguida por pensar.
.- Lo primero: revisar nuestras certezas. ¿De dónde sacamos lo que sabemos? ¿Quién nos lo cuenta? ¿Cómo sabemos que es toda la historia y no una parte de la misma?
.- En TikTok hay un montón de videos… —empezó Unai.
.- Sí. ¿Y todos dicen lo mismo? —preguntó Iñaki.
.- No. O sea… bueno, mi algoritmo me muestra siempre el mismo lado —reconoció.
.- Ahí está. Las redes no son neutrales, los medios de comunicación no son neutrales. Nos muestran lo que ya creemos anticipadamente. Alimentan certezas. La imaginación de las personas que reciben su información sólo de determinados medios de comunicación está atrofiada. Porque no contrastamos, no leemos diferentes puntos de vista, no analizamos, no reflexionamos. Y así se cocina el odio. No se construye sólo con armas, también con likes y reposteos.
.- Pero lo que está pasando en Gaza es horrible —dijo Iratxe, más calma—. ¿Cómo no odiar algo así?
.- El problema —dijo Oscar, bajando la vista— es cuando nos enseñan que hay vidas que valen menos que otras.
El silencio ahora era otro. No era tensión. Era atención.
.- Mi familia tuvo que irse del País Vasco por la Guerra Civil —empezó Iñaki, despacio—. Cruzaron la frontera con Francia, sufrieron campos de concentración franceses, deportación a Alemania, el viaje por mar en un barco que tardó más de un año en llegar. Nací en Argentina. Luego me fui otra vez, por la dictadura. Sé lo que es que te digan que no perteneces a un lugar. Que tu historia no importa. Que tu dolor es sospechoso. Lo que estamos viendo en Gaza, en Israel, en muchas partes, es eso: la deshumanización del otro.
.- ¿Y qué podemos hacer nosotros, desde aquí? —preguntó Ainhoa.
Iñaki se levantó. Caminó despacio.
.- Hablar. Escuchar. Reflexionar. Dudar. Aprender. Y después, actuar. ¿Qué podemos hacer para que esta clase no se quede en palabras?
Los estudiantes se miraron. Las ideas empezaron a brotar.
.- Podemos hacer una campaña en el cole. Algo que no tome partido, sino que invite a reflexionar —dijo Malena—. Que hable de los peligros del odio.
.- Un mural —agregó Oscar—. Que lo pintemos entre todos. Que cada curso agregue una parte. Algo visual que muestre que la violencia crece cuando dejamos de escuchar.
.- Y una jornada de charlas, con testimonios. Gente que haya vivido conflictos. Refugiados. Personas que conozcan la guerra desde dentro —dijo Iratxe.
Iñaki sonrió. No dijo nada por unos segundos. Luego volvió a escribir en la pizarra, debajo de la cita anterior:
«El odio se enseña. También se puede desaprender.»
Y debajo, escribió en letras más grandes:
PROYECTO: «CONTRA EL ODIO»
Ese día no hubo evaluación ni tarea. Pero hubo algo más importante: una grieta en las certezas. Una conversación real. Y el comienzo de algo que podía sembrar conciencia.
Porque cuando la juventud duda, escucha, se conmueve y crea… el odio tiembla.

Es buenísimo, y desde luego empuja a reflexionar. Me ha gustado mucho y hasta me ha emocionado. Ojalá muchos profesores (padres, tíos, amigos…) así.
Un abrazo
Hola Uxue
Me alegro que te haya gustado. En estos tiempos en los que parece que hubiera intereses en aumentar el ambiente de odio, no estaría de más que los adultos: padres, abuelos, amigos, profesores… ayudáramos a las nuevas generaciones a reflexionar y no permitir que se dejen manejar como borregos. También creo que haberlos, haylos, pero no son noticia… Y deberían.
Un abrazo fuerte.
Hola, Marlen.
Como siempre, explosión mental, ojos acuosos y unas ganas tremendas de aplaudir a Iñaki y a la autora del cuento, por supuesto.
Esta frase es bestial: «El odio no se manifiesta de pronto, sino que se cultiva».
La forma en que se está «cultivando» el odio es brutal y, por desgracia, tremendamente efectiva. En estos tiempos, además, no necesita de mucho tiempo para la cosecha.
Ya sabes mi relación con la educación: las clases, los alumnos, el profesorado. Ahora, algo más alejado, pero aún en contacto con algunos chavales de ESO y bachiller y…
¿Enseñar a hacer preguntas a los alumnos? ¿Empujarlos a la duda?
Permíteme que el pesimismo se imponga al realismo.
¿Por qué, si no, se han cargado la Filosofía de las clases? ¿Por qué anteponen el temario a los temas de actualidad? ¿Por qué los profesores son más felices con una clase que dormita que con otra que pregunta y no se contenta con los libros de texto?
Ya hemos hablado mucho sobre lo que les interesa a los gobiernos y su control sobre la educación. Quedan (o llegan) tan pocos profesores llenos de vocación, que disfrutan con un buen debate entre sus niños, los alienta a dudar de todo, les incita a intercambiar ideas. En el ámbito que yo controlo se pueden contar con los dedos de una mano y me sobran demasiados dedos.
Felicidades por este magnífico, instructivo y moralizante cuento. Otro que debería ser de obligada lectura o escucha en las clases.
Abrazo Grande, Ipuin Kontaketa.
Hola Jose
Sí, supuse que cuando lo leyeras, te iba a tocar la fibra especialmente. Por un lado porque estamos de acuerdo en el tema de la educación, de los errores que, a propósito o no, se están cometiendo con las nuevas generaciones, como hacer desaparecer filosofía en los cursos, silenciar una etapa de la historia española, no contar la historia como pasó y no como convendría que hubiera pasado o anteponer un temario a los debates sobre temas de actualidad, como bien dices. Por otro lado porque eres «maestro» hasta la médula y te duele especialmente. Por último porque, ya lo hemos hablado también, la vehemencia con que se está fomentando el odio desde los partidos políticos, desde los gobernantes, desde los medios de comunicación y las campañas en las redes, que uno no puede dejar de pensar qué tratos o qué convenios están de por medio. Las armas dan para comprar mucha gente, más o menos como las farmacéuticas y podríamos seguir enumerando. ¡Qué mierda de mundo les están creando!
Como verás aún me queda mucho por gritar y no pienso quedarme afónica. Tengo muchos proyectos y cosas en la cabeza, pero hay uno que me está rondando y me gustaría llegar a cumplir. Tiene que ver con este cuento. Ya veremos.
Como siempre, muchísimas gracias por tus palabras.
Un abrazo grandote «Ideia argien maisua».