La comida no se tira

Cuando yo era pequeña, tanto en casa, como en casa de mis abuelos, la comida era sagrada, es decir no se tiraba. Se guardaba con cuidado para la cena o el día siguiente, o se reciclaba. Me encantaban los guisos con restos de carnes y verduras que habían sobrado. O las empanadas donde iban a parar restos varios y resultaban exquisitos.

Pero claro, ellos habían vivido la guerra, tiempos en los que tener algo que comer, era un lujo. ¿Y era sólo por eso? ¿O es que tenían una conciencia diferente de lo que es importante y lo que no?

Me lo hizo recordar una mujer china que contaba su experiencia: Cuando llegué por primera vez a los Estados Unidos desde China, cuando tenía 6 años, entré en primer grado. No entendía por qué los niños recibían su comida y no se la terminaban.

Veía a los niños llevar la comida que les sobraba a los grandes botes de basura y desocupar sus bandejas (desde pizzas por la mitad hasta hamburguesas que no habían ni siquiera probado). Los veía tirar su leche en un gran cubo blanco.

En China, esto era un rotundo NO en la escuela. Teníamos que terminar todo. El primer niño que terminaba su comida tenía el privilegio de ayudar a la maestra a limpiar el salón de clases y organizar el área de la siesta.

Un día, mi maestra estadounidense de primer grado nos animó a traer algo representativo de nuestro país. Me emocioné mucho y se lo dije a mis padres. Ellos estuvieron decidiendo si hacer dumplings chinos o fideos Lo mein. ¡¡¡A mí me encantaban los dumplings!!!

Mi mamá se quedó despierta después de su largo día de trabajo y mezcló la masa, cortó el bok choy, picó jengibre y cerdo y los dobló, hasta hacer los dumplings. Los puso en el refrigerador y se despertó temprano en la mañana para cocinarlos al vapor y freírlos para que supieran más frescos cuando los llevara a la escuela. Olían muy bien y se veían dorados después de ser cocinados.

Estaba muy emocionada de compartir esto con mis compañeros de clase y mis profesores. Puse la bandeja en la esquina de la mesa junto a todas las demás comidas deliciosas. Muchos niños agarraron las galletas y los jugos y dudaban si probar los dumplings. Uno o dos niños valientemente tomaron uno: sabían lo que eran porque ya los habían comido con sus padres en un restaurante chino.

Después de la fiesta, era hora de la limpieza. La maestra se acercó a mí y me preguntó mientras señalaba la bandeja de dumplings, «¿te gustaría llevarlos a casa?» Le respondí humildemente: «No…». Era muy descortés llevar tu regalo a casa. Pensé que lo iba a compartir con otros maestros, pero inmediatamente después de que dije eso, ella tiró toda la bandeja de dumplings a la basura y continuó limpiando. Yo estaba desconcertada. ¡¿Qué acababa de pasar?!

Este fue el mayor choque cultural que he experimentado y que todavía sigo viendo con frecuencia en mis amigos estadounidenses. Por favor, come toda tu comida, llévatela para la casa, compártela o simplemente toma lo suficiente para no tener que tirarla a la basura.

El desperdicio alimentario es un problema global que tiene un impacto negativo en estos tres ámbitos principales: social, ambiental y económico. Para reducirlo, el Gobierno de España ha aprobado el 9 de enero de 2024 el proyecto de Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario. Esta norma tiene por lema “aquí no se tira nada” y como objetivo reducir lo máximo posible los desechos alimentarios.

 La ley establece una serie de obligaciones para todos los actores de la cadena alimentaria:

 *) Las empresas de hostelería deberán ofrecer a los clientes la posibilidad de llevarse a casa los alimentos que no hayan consumido. Para ello, deberán facilitar envases reutilizables o envases reciclables de forma gratuita.

*) Se establece un plan de pérdidas y desperdicio obligatorio para toda la cadena alimentaria.

En primer lugar siempre la prioridad será establecer que los productos sobrantes sean principalmente para el consumo humano, esto se llevará a cabo a través de donaciones o redistribución de los alimentos.

En segundo lugar los comestibles que no se vendan, y siempre mantengan sus condiciones para el consumo, se convertirán en otros productos como mermelada o zumos.

En el caso de que los alimentos no sean aptos para el consumo humano, se destinarán por este orden para: alimentación animal y fabricación de piensos; uso como subproductos en otra industria y, cuando son residuos, para la obtención de compost o biocombustibles.

Podríamos comprometernos con la reducción del desperdicio alimentario.

Uno de los dilemas que se les presenta a los propietarios de establecimientos gastronómicos, desde un punto de vista medioambiental, es si es mejor utilizar vajilla reutilizable o vajilla monouso en sus negocios. A priori, el uso de envases reutilizables podría parecer que favorece a una economía circular. Pero un análisis exhaustivo del ciclo de vida de diferentes envases, usados habitualmente en establecimientos de servicio rápido, demuestra que la huella medioambiental de los envases de un sólo uso es menor y que, por lo tanto, contribuyen a un mundo más sostenible. Pero este es un tema de un próximo debate.

Ahora te pregunto: ¿Qué tal por casa? ¿Enseñas a tus niños la importancia de tener acceso a la comida? ¿Piensas en quien no la tiene? Y no sólo hablo de gente que está viviendo una catástrofe, una guerra. ¿Recuperas restos o te da igual? Total, el supermercado está a tu alcance.

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

4 comentarios sobre “La comida no se tira

  1. Hola, Marlen.
    Otra cosa en la que estamos de acuerdo.
    La verdad es que me enfada mucho cuando veo tirar comida o desperdiciarla y, no, yo no viví ninguna guerra, pero mis padres y abuela me educaron en valorar de lo que se tiene y que puede que algún día carezcamos.
    Uno de los espectáculos más bochornosos, tristes y desesperanzadores que he vivido alguna vez es la imagen en uno de esos buffets libre; la gente echándose en sus platos y bandejas kilos de comida para luego abandonarlas en la mesa sin casi probarlas.
    En casa soy muy severo con esto, aunque tampoco me hacen demasiado caso. Por desgracia, ya no se hacen «cocletas», empanadillas, «armóndigas» y otras delicatessen que antes se preparaban con las sobras. Cosas de tener prohibido los fritos. Pero también me acuerdo de la «ropa vieja» esa maravilla que se hacía con restos de potajes, cocidos o pucheros.
    No sé si estas nuevas generaciones entienden lo afortunados que somos por tener un plato en la mesa —Tan sencillo como abrir la nevera y cocinarlo (o simplemente ponerlo en un plato) y comértelo—, cuando tanta gente sufre por darle un simple mordisco a un trozo de pan duro.
    Es lo que tiene pertenecer a este llamado «Primer Mundo» tan desconsiderado con el planeta y todos los que lo habitan en otras situaciones de máxima necesidad.
    Gracias, amiga, por otra entrada importantísima para reflexionar y concienciar.
    Abrazo Grande.

    1. Hola Jose
      Sí, volvemos a los viejos valores que han perdido importancia. Desde que hay quien no se cree el cambio climático ni el desastre ambiental que estamos generando, tampoco se le da importancia al desperdicio de comida. Es más rápido tirar y comprar más, total tenemos medios para poder hacerlo y no enseñamos a nuestros hijos la reutilización de las sobras, como si eso fuera signo de ser pobres y no poder permitirnos ir a comprar.
      A pesar de las medidas que se comienzan a tomar, si vas a un restaurante y pides que te envuelvan lo que no has comido, pero vas a pagar, te miran con cara de «Mira el coche que tiene y se lleva las sobras de la comida. ¡Qué rata!»
      Y hablar de los buffets libres de los hoteles o los «tenedor libre» que surgieron en Argentina en los 90 como gran novedad, es hablar de un gran desperdicio porque para poder ofrecer una amplia variedad y cantidad de platos, los restaurantes de tenedor libre deben preparar mucha más comida de la que se consume para garantizar que el buffet esté siempre lleno, lo que genera excedentes que se desperdician. Actualmente han ido desapareciendo, algunos como «Rodizio», sostienen su demanda con promociones de tarjetas de beneficios, otros como «Siga la vaca» se volcaron a opciones más low cost y la mayoría han cambiado al concepto de «cocina de mercado», al estilo «La Boquería»: buffets más chicos y más gourmet, con atención full day (desayuno, almuerzo, té y cena). Una forma de mantener el negocio, pero con menos costes y menos desperdicio.
      Yo estoy convencida que las nuevas generaciones no se dan cuenta de lo afortunados que somos por tener comida en la mesa. Y los que ya peinamos canas (o ni siquiera tenemos pelo para peinar), en la vorágine de la vida diaria, nos hemos olvidado de que tenemos el privilegio de poder comer todos los días. Creo que deberíamos viajar a lugares que no tienen este privilegio, una vez cada tanto para recordar, reflexionar y actuar en consecuencia. No estaría mal que al terminar un ciclo escolar, por ejemplo, en vez de hacer un viaje en grupo de placer a la nieve o a una playa, fueran a colaborar en alguna aldea o pueblo en los que aún las cosas esenciales siguen teniendo valor y, por lo tanto, no se desperdician. Pertenecer a este llamado «Primer Mundo» tan desconsiderado con el planeta, debería tener un plus añadido: debería ser obligatorio aprender a ser considerado y empático. ¡No estaría mal probar el experimento!
      Muchísimas gracias por tus comentarios. Un abrazo grandote.

      1. Pues yo estoy de acuerdo con ese tipo de viajes de fin de curso, perooooo… ¿Te imaginas los comentarios de los padres? 😱🤦🏻‍♂️
        ¡¡¡¡Si se enfadan porque les corrigen a sus hijos con bolígrafos rojos!!!!
        Y a los niños que ni les pregunten.
        Yo, como tantas otras cosas, lo doy por perdido. Algo grande y, por desgracia desagradable, tiene que pasar para que se cambie la forma de pensar.
        Abrazo amiga empática. Quedamos pocos. 😉💪🏼

        1. Pues sí, Jose, los ofendiditos de siempre estarían protestando, pero quiero creer que también habría algunos que lo verían como una oportunidad de que sus vástagos tuvieran contacto con una realidad muy diferente de la suya y que sacaran sus propias conclusiones de la experiencia. En cuanto a los niños, si se lo presentas como una aventura a la que muy pocos tienen acceso y que podría ayudar a niños como ellos, estarían preparando la mochila. Si se ofreciera como actividad optativa creo que tendría éxito porque al año siguiente serían más los apuntados. Pero, por supuesto, eso significa esfuerzo y dinero. Y ya se sabe que educación y sanidad no gozan de grandes presupuestos.
          Quedamos pocos pero aún tenemos fuerzas para hablar y gritar. Además, no desmayes en el intento. Somos más de lo que nos imaginamos, aunque no hagamos ruido ni nos hagan caso. 😱😱

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