Cláusula de dignidad

Era su primer día de trabajo en la empresa y a media mañana entró al baño, sorprendíéndose de la cantidad de mujeres que había esperando turno. Peinándose, retocándose el maquillaje, fumando, charlando… Pero lo más extraño es que algunos de los baños no estaban ocupados.

Era como una típica reunión de consorcio, en un lugar no típico.

Había empezado a trabajar un mes atrás y, aunque no estaba acostumbrada a que la gente se distrajera de sus tareas cuchicheando, el lugar era agradable y le gustaba trabajar en una oficina como aquella después de haber decidido estudiar y olvidar su futuro en el emprendimiento familiar.

Debía de ser la más joven de la plantilla, por lo menos la más joven de ese departamento. Pero había una compañera que tenía aproximadamente la misma edad que ella. Y estaban iniciando una bonita amistad.

Ese día, en el baño, apenas la miraba y no se acercó a hablar.

En un momento dado, Patricia, una de las que llevaba más tiempo en la empresa, pidió silencio y empezó a hablar de José Ángel, el jefe del departamento. Un hombre joven, apuesto, que tenía un excelente trato con todo el mundo. A ella la entrevistó y le dijo que ya charlarían tranquilamente en otro momento.

Patricia habló de Clarita, que estaba a su lado, y dijo que iba a explicar el caso, aunque la mayoría ya estaba al tanto de lo que estaba pasando.

Por lo visto, hacía dos meses que José Ángel, al salir un día de la oficina, le dijo a Clarita que la podía acercar a su casa porque iba en esa dirección. Ella aceptó encantada porque estaba lloviendo a mares.

Pero al llegar a su departamento, un piso que le había puesto la empresa, José Ángel la invitó a subir y tomar una copa. Allí él la violó y la coaccionó para que no hiciera públicos los hechos ni los denunciase.

Esta no era la única empleada que había sufrido el acoso de su jefe, pero era la única que, por el momento, estaba dispuesta a enfrentar una querella contra él.

Patricia y todas las demás, o casi todas, hablaban de presentar la denuncia en general, dando explicaciones de quienes quisieran dar la cara.

En ese momento, el tumulto se hizo mayor, porque algunas empezaban a justificar su silencio y otras se enervaban por la actitud de no apoyar a las compañeras.

“Yo necesito este trabajo, es el único sueldo que entra en casa y no puedo jugármelo a la ligera.”

“Claro, porque a ti no te tocó, o por lo menos no todavía. Pero ten cuidado porque te mira con buenos ojos.”

“Si lo intenta conmigo, le rompo esa cara tan bonita que tiene.”

“Aunque hagamos una denuncia, no va a servir para nada. Los patrones lo van a liberar de cualquier cargo, siempre van a estar a su favor.”

“Sí, ¡y los jueces también!”

“A mí me contaron que el director adjunto de la planta fue investigado por una agresión sexual hace unos años y, por supuesto, salió exento. No tenemos nada que hacer contra ellos.”

“Pero si no hacemos nada, va a seguir pasando con este y con cualquier otro. Hay que hablar con la prensa, hay que denunciar.”

“Para ti es fácil, vives con tus padres y no perderías mucho. Con tu currículum consigues trabajo enseguida.”

“No nos peleemos entre nosotras, esta reunión es para explicar lo que está pasando, pensarlo tranquilas y la semana que viene nos volvemos a encontrar y hacemos una lista de las que están dispuestas a declarar.”

Patricia terminó la reunión, no sin antes expresar una frase lapidaria: “La verdad, en este país, importa menos que las ventajas de callar.”

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

4 comentarios sobre “Cláusula de dignidad

  1. Hola, Marlen.
    Duro, pero real, como la vida misma que decía mi abuela.
    Vemos a diario, sobre todo en las redes sociales, que una mentira mueve mucho más que una verdad. De hecho, la segunda cae sepultada ante un alud de mentiras, justificaciones y falsas pruebas que terminan por enterrarla.
    Me recuerda a otro artículo que escribiste en el cual debatíamos si es mejor no conocer la verdad. Eso es lo que tenemos. Parece mucho mejor mirar hacia otra parte o guardar silencio ante la injusticia o el delito.
    Ojalá la empatía del grupo pudiera ayudar a las víctimas en su soledad y abuso.
    ¡Ojalá!
    Abrazo Grande, amiga.

    1. Pues sí, Jose «como la vida misma». Uno de los temas que siempre me rondan y me hacen volver a reflexionar. ¿Cómo una verdad puede ser tan fácilmente vapuleada por una sarta de mentiras? ¿Cómo tanta gente cierra los ojos ante lo evidente, ante lo que prefiere creer porque le conviene o por el miedo? Sí, sé que esta actitud existe desde el inicio de los tiempos, pero las facilidades de las que disponemos para burlar la realidad, ayudan y mucho. Mirar hacia otro lado, guardar silencio, no involucrarse, priorizar el bienestar personal a la justicia. ¿Cuántas veces nos quedamos solos por no haber dado el paso atrás que dieron los que nos rodeaban?
      Tal vez eso lo tenemos grabado a fuego y no podemos ni queremos cambiar.
      Me uno a tu deseo de que la empatía, no ya del grupo entero porque eso es imposible, pero sí de algunos seres pensantes y leales, ayuden a las víctimas a reconstruirse y volver a levantarse con el menor dolor posible.
      Un abrazo grande Amigo y gracias por tu comentario.

    1. Hola Cecy. Sí es un relato duro, muy duro, pero con la actualidad que demuestra que, a pesar de todo lo luchado, aún sigue retratando una realidad vigente. Y aún suele generar en una parte de la sociedad, no sólo falta de empatía sino burlas, risas, comentarios obscenos y una falta de respeto y consideración inmisericorde por las víctimas. Me pregunto si llegará algún día en el que un cuento así nos suene a la época de las cavernas.
      Gracias por tu comentario. Un saludo de Marlen.

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