La actitud con la que enfrentas la vida

Cuando era pequeña tenía una amiga japonesa que se llamaba Sachiko. Vivía con su familia en el departamento de al lado del nuestro, donde siempre olía a té y a lápices de colores recién afilados. Yo iba a jugar con ella muchas tardes y, aunque apenas tendría seis años, ya me parecía que en aquella casa las cosas funcionaban de una manera un poco distinta a las de la mía.

Recuerdo especialmente una tarde de verano. Llegué corriendo, llamé al timbre y, cuando entré, encontré a Sachiko sentada en el suelo del salón dibujando a su familia. Sobre la hoja había una especie de colección de cabezas redondas, brazos desiguales y piernas que parecían espaguetis cocidos. Su padre tenía una oreja enorme y su madre parecía estar flotando porque le faltaba un pie.

Sinceramente, era un dibujo bastante feo.

Lo extraño fue que su padre, sentado a su lado, sonreía satisfecho.

.- ¡Muy bien, Sachiko! —le dijo.

Yo miré el dibujo. Luego lo miré a él. Después volví a mirar el dibujo por si se me estaba escapando alguna obra maestra oculta entre aquellos garabatos.

No la encontré.

.- ¿Muy bien? —pregunté sin poder evitarlo—. Pero si le has puesto tres cejas a tu madre.

Sachiko se echó a reír.

Su padre también.

Y entonces me explicó algo que nunca he olvidado. Me habló de una palabra japonesa: “taido”.

Pero si pronuncias la palabra taido en nuestro mundo occidental, probablemente tengas que explicar que no te quieres referir al arte marcial moderno de origen japonés, que combina elementos de karate con movimientos dinámicos y acrobáticos, sino a un atributo del carácter humano: la actitud, y de lo profundamente relacionado que está con aspectos importantes de la vida tales como la felicidad, la consecución de nuestras metas y las relaciones con otras personas.

Me dijo que podía traducirse como actitud, aunque la palabra escondía algo más profundo. No se refería solamente a estar contento o triste, ni a ser optimista o pesimista. Era la forma en que una persona decide enfrentarse a las cosas que le ocurren, la forma en la que elegimos afrontar aquello que nos sucede en la vida”. Y digo elegir porque la actitud no es un rasgo de la personalidad que venga predeterminado, sino más bien una decisión. Una elección que hacemos momento a momento.

Cuando hacemos algo por cumplir, se nota y los resultados acaban por reflejar que no estábamos completamente comprometidos. Es mejor hacer menos y poner toda nuestra energía en el empeño que hacer mil cosas y dejarlas todas a medias.

Muchas veces no conseguiremos lo que nos proponemos, pero, si hemos puesto toda nuestra actitud, al menos no habrá nada por lo que debamos arrepentirnos. Hicimos todo lo que estaba en nuestra mano y, aun así, no fue suficiente. No obstante, cuando hacemos las cosas lo mejor que podemos, alcanzaremos mucho más de lo que en un principio podríamos haber imaginado.

Me atrevería a decir incluso que dar siempre el cien por cien es una de las claves del éxito en todos los ámbitos. El ser humano tiene un potencial increíble, pero sólo es capaz de sacarlo cuando decide que dará el máximo que hay en su interior. Es entonces cuando la magia se produce.

.- El dibujo no ha salido perfecto —me dijo señalando la hoja—. Pero Sachiko está poniendo todo su esfuerzo. Lo importante es la actitud con la que hace las cosas.

Aquella idea me sorprendió. En mi mente infantil las felicitaciones se reservaban para los resultados: sacar buena nota, marcar un gol o dibujar algo que se pareciera al menos vagamente a un ser humano.

Sin embargo, él estaba celebrando algo diferente.

Con los años he comprendido que aquella conversación escondía una pequeña lección de vida.

En Occidente solemos fijarnos mucho en la meta. Nos encanta preguntar quién ganó, quién llegó primero, quién obtuvo la mejor calificación o quién consiguió más seguidores. Es como si la vida fuera una competición gigantesca en la que todos llevamos un marcador luminoso sobre la cabeza.

Los japoneses, en cambio, suelen prestar mucha atención al camino.

Por eso existe otra palabra que me enseñó el padre de Sachiko: “ganbaru”.

Es difícil encontrar una traducción exacta. Podría significar algo parecido a «dar lo mejor de uno mismo», «esforzarse al máximo» o «seguir adelante sin rendirse».

Lo curioso es que cuando alguien tiene un examen difícil, una competición o un problema importante, ellos no suelen desearle suerte. En lugar de eso le dicen:

.- ¡Ganbatte!

Es decir:

.- ¡Haz todo lo que puedas!

La diferencia parece pequeña, pero es enorme. Cuando deseamos suerte, ponemos parte del resultado en manos del azar. Cuando decimos ganbatte, ponemos el foco en aquello que sí podemos controlar: nuestro esfuerzo.

Es una filosofía que resulta casi revolucionaria en una época en la que queremos resultados inmediatos. Vivimos rodeados de botones que prometen soluciones instantáneas. Si una página tarda tres segundos en cargar, ya creemos que estamos atravesando una tragedia histórica.

Pero las cosas importantes rara vez funcionan así.

Aprender a tocar un instrumento lleva tiempo. Escribir bien lleva tiempo. Hacer amigos lleva tiempo. Incluso aprender a montar en bicicleta suele incluir algún encuentro poco amistoso con el suelo.

Ahí es donde aparece ganbaru: seguir intentándolo, aunque todavía no lo logremos.

Y si ganbaru ya habla de esfuerzo, existe otra palabra todavía más intensa: “isshokenmei”.

Su significado podría resumirse como «poner toda la energía de tu corazón en algo». Es el esfuerzo llevado a su máxima expresión, la decisión de no rendirse y de entregar lo mejor de uno mismo a una tarea, un sueño o un objetivo.

No garantiza el éxito. Y esa es precisamente la parte interesante.

Porque a veces hacemos todo lo posible y aun así las cosas no salen como esperamos. El equipo pierde. El dibujo sigue siendo feo. La receta termina pareciendo un experimento científico. La planta que cuidábamos con cariño decide abandonar este mundo sin dar explicaciones.

La vida tiene esas costumbres.

Sin embargo, cuando hemos dado lo mejor de nosotros mismos ocurre algo curioso: desaparece el arrepentimiento.

Se utiliza en casos más concretos en los que se quiere destacar la existencia de una voluntad ardiente por alcanzar un propósito y la intención de no rendirse nunca hasta verlo hecho realidad.

Quizás no conseguimos lo que queríamos, pero sabemos que no nos guardamos nada en el bolsillo.

Pensando en ello, creo que el dibujo de Sachiko era mucho más importante de lo que yo entendía entonces.

No era un dibujo bonito. Era un dibujo honesto.

Representaba el esfuerzo de una niña que estaba aprendiendo. Y su padre lo sabía.

Por eso la felicitaba. Porque veía algo que yo todavía no podía ver.

Hoy, muchos años después, sigo recordando aquellas figuras torcidas, aquellas tres cejas imposibles y aquella conversación en el salón.

A veces pienso que todos llevamos dentro un pequeño juez empeñado en valorar únicamente los resultados. Nos susurra que sólo merece la pena aquello que sale perfecto.

Quizás deberíamos escucharlo menos. Quizás deberíamos parecernos un poco más a Sachiko y a su padre.

Celebrar el esfuerzo. Valorar la actitud.

Entender que el verdadero éxito no siempre consiste en llegar primero, sino en dar el cien por cien de lo que somos capaces de dar. Y si el dibujo sale mal, siempre podemos añadirle una cuarta ceja y decir que es arte moderno.

Sólo el hecho de que los japoneses tengan palabras tan específicas para hablar de temas relacionados con el esfuerzo, el trabajo duro o la voluntad de no rendirse nunca, nos puede dar a entender la mentalidad que tienen acerca de dar siempre el máximo y la importancia que dan a la actitud con la que enfrentas la vida.


Taido (態度): Significa literalmente actitud, postura o comportamiento. En el contexto cultural, define la disposición mental y física con la que una persona afronta las situaciones diarias, los deberes sociales y las interacciones con los demás.
Ganbaru (頑張る): Es un verbo que significa persistir, perseverar o dar lo mejor de uno mismo ante la adversidad. Implica no rendirse jamás y trabajar duro de manera constante, sin importar los obstáculos del camino.
Ganbatte (頑張って): Es la forma imperativa/asertiva de ganbaru. Se traduce como "¡buena suerte!", "¡da lo mejor de ti!" o "¡ánimo!". Se utiliza frecuentemente para motivar a amigos, compañeros o familiares antes de un examen, una competencia o un reto difícil.
Isshokenmei (一生懸命): Es un adverbio o sustantivo que significa "con todas las fuerzas de uno" o "arriesgando la vida por una meta". Históricamente derivaba de proteger la propia tierra con la vida, pero hoy expresa el compromiso absoluto y total con una tarea específica.

En el blog “VadeReto” de JascNet existe este reto literario que me encanta.
Es una invitación a escribir, sólo un tema cada mes, que puedes desarrollar como más te guste.
En el VadeReto de este mes, volaremos hasta:
La tierra del sol naciente

En primer lugar, el escenario de vuestra historia será Japón.
¿Qué tiempo? El que más os guste: pasado, presente o futuro.
Tendréis que incluir al menos dos palabras originales japonesas.
Por último, tenéis que intentar que el relato invite a la reflexión,
la espiritualidad (no la religión), la esperanza, la calma, la percepción de los pequeños detalles…
En fin, todas esas cosas que transmite esta cultura.
Tenéis libertad total para crear, imaginar y escribir vuestro Cuento.
¡No os los perdáis! Podéis leer el resto de aportes aquí:

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

28 comentarios sobre “La actitud con la que enfrentas la vida”

    1. Hola Chica.
      Muchas gracias por tu comentario. Me alegro que te hayan gustado las palabras que he elegido, tienen un significado muy importante que habría que transmitir en las escuelas a los niños (y a muchos adultos, también).
      Un abrazo fuerte.

  1. Hola, Marlen. Es verdad que los japoneses tienen palabras muy específicas para cosas sobre las cuales, en Occidente, no pensamos mucho. Tienen una cultura maravillosa, no exenta de problemas. Me han gustado mucho todos los conceptos que nos has mostrado; son cosas muy sabias y, si las aplicáramos un poquito, no me cabe duda de que seríamos mejores. Gracias por dejarnos asomar a estos conceptos. Abrazo fuerte.

    1. Es cierto, Ana. En nuestro vocabulario no existen muchas de estas palabras que definen sensaciones o estados de ánimo y no estaría mal que empezáramos a ponerle nombre a cosas de las que no nos preocupamos y tienen un sentido especial. ¡Me encanta la cultura japonesa!, aunque es cierto que no están exentos de problemas y conflictos. A veces me pregunto si el no tener un nombre para esa actitud con la que enfrentas la vida, por ejemplo, no implica que no estamos enseñando esa cualidad a nuestros niños. Toman en cuenta cosas que a mí me parecen dignas de ser tenidas en cuenta. ¿Cómo no enseñar a los adolescentes que existe un ikigai (una de las palabras más hermosas y que tú elegiste) que te conecta con la naturaleza, con el prójimo, el trabajo, el resto de la humanidad y lo que pasa en ella, con el mundo a través de la pasión, la vocación, la profesión y la misión, buscando el equilibrio? Creo que no tengo ningún ancestro japonés pero… no me extrañaría.
      Gracias a ti por tu comentario. Un abrazo fuerte.

      1. No me extrañaría. Yo me hice una prueba genética para ver etnicidad y me encontré sorpresas jejeje. Y bueno, si, los japoneses tienen cosas muy loables. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Imperial Japonés cometió crímenes de lesa humanidad que incluyeron masacres de civiles, experimentación humana, esclavitud sexual y el uso de armas químicas y biológicas. El fanatismo militar y el desprecio por los prisioneros fueron las principales causas de estas acciones. (Lo de Nankin no tuvo nombre). Me es difícil conciliar esto con la filosofía tan bonita que tienen. No me gusta idealizarlos. Te dejo abrazos.

        1. Hola Ana. Es uno de los dilemas más importantes de la historia. Y, desde luego, no se limita a Japón. Tendemos a pensar que la cultura, la educación o la sensibilidad artística inmunizan a una sociedad contra la barbarie. Sin embargo, la historia demuestra una y otra vez que no es así. La misma nación que produjo a Murasaki Shikibu, palabras sensibles y maravillosas, la ceremonia del té, los jardines zen y una refinadísima tradición poética, también produjo el militarismo que condujo a la Masacre de Nankín, la Unidad 731 y otras atrocidades.
          Pero Alemania también había dado al mundo a Johann Wolfgang von Goethe, Ludwig van Beethoven y una de las tradiciones filosóficas más ricas de Occidente antes del nazismo. La cultura elevada no siempre impide la deshumanización.
          En el caso japonés confluyeron varios factores. Durante décadas se fomentó una visión ultranacionalista del país. El emperador era una figura sagrada y Japón se veía a sí mismo como una nación con una misión especial en Asia. Muchos militares llegaron a creer que la expansión imperial era no sólo legítima, sino necesaria. Además, existía una interpretación extrema de ciertos valores asociados al bushidō, el código de los samuráis. La rendición era vista como una deshonra absoluta. Un soldado que se entregaba perdía su dignidad. Como consecuencia, muchos militares terminaron considerando que los prisioneros enemigos eran entes despreciables. Si un cautivo había renunciado al honor, no merecía respeto. Esa lógica perversa facilitó abusos espantosos contra prisioneros de guerra. También influyó la deshumanización racial. Muchos japoneses fueron educados para considerar a otros pueblos asiáticos como inferiores. Cuando una población deja de ser vista como seres humanos y se convierte en una categoría abstracta, la crueldad resulta mucho más fácil.
          La sensibilidad estética y la compasión no son exactamente la misma cosa. Una persona puede emocionarse ante la belleza de los cerezos en flor y, al mismo tiempo, haber sido educada dentro de una ideología que le enseña que ciertos seres humanos valen menos que otros. Quizás la paradoja más inquietante es que muchos de los autores de aquellos crímenes no eran monstruos en el sentido que imaginamos. Eran personas corrientes sometidas a una combinación de adoctrinamiento, presión grupal, obediencia a la autoridad y propaganda. Y no estoy justificando nada. Esto es precisamente lo que hace que episodios como los de Japón o la Alemania nazi resulten tan perturbadores: nos recuerdan que la civilización es más frágil de lo que nos gustaría creer. Por eso muchos historiadores llegan a una conclusión incómoda: la cultura por sí sola no basta. Un pueblo puede producir poesía exquisita, arquitectura sublime o filosofía profunda y, aun así, cometer atrocidades si pierde de vista «la dignidad» del ser humano. La reflexión no es que Japón fuera especialmente cruel. La lección es más inquietante: cualquier sociedad, incluso una muy culta y refinada, puede llegar a cometer horrores cuando el nacionalismo extremo, la obediencia ciega y «la deshumanización» sustituyen a la empatía. Es nuestro deber frente a las generaciones que nos siguen, la de «no olvidar» ninguna de las dos cosas.
          Siento la chapa, pero es un tema que me parece tan importante, que me ha planteado tantas dudas, que necesitaba comentarte mi opinión, Ana. A mí tampoco me gusta idealizar a nadie, pero tampoco demonizar a nadie. Después de los campos de concentración, amé profundamente a mi marido alemán, un alemán cuya familia escapó del nazismo europeo, pero alemán de pura cepa.
          Gracias por tu comentario. Un abrazo grandote.

      2. Buenos días querida Marlen!!! No quería dejar pasar este dia…sin agradecerte el blog de ayer… el ganbare y el ishokeime fueron dos expresiones que mis padres nos repetían a diario en nuestras vidas!!! Son las que nos marcaron el camino x el que transitamos!!! Son las dos espresiones tan fuertes!!! En castellano serían “sigue adelante sin desmayo” y la otra “se consecuente no te detengas” Gracias Marlen x recordármelas!!! Se que también es tu filosofía de vida!!!! Te mando un gran abrazo!!!!Gracias x alegrar mis mañanas!!!!
        Este mensaje es de mi querida amiga Emilia Yokoo. ¡¡¡Gracias Emi, siempre presente!!! Un abrazo grandote.

  2. Hola, Marlen.
    Como no podía ser de otra manera, nos has regalado toda una filosofía de vida. Y para esto, la cultura oriental es muy sabia y rica. Bien es verdad que el país del Sol Naciente tiene muchos claroscuros en su historia, como bien indica Ana, al igual que nosotros, pero ahí radica la importancia de extraer lo mejor de cada sitio para enriquecernos cada uno.
    Las palabras que has elegido para el relato son muy interesantes y, curiosamente, de las más aplicables para lo que yo me he dedicado durante más de 30 años: la enseñanza. Como ya hemos hablado muchas veces, desde niño nos educan para la competición y la comparación y ahí lo más importante son los resultados, sin hacer demasiado caso al cómo se consiguió eso ni lo importante de no llegar, pero trabajarse el camino.
    Desde mi punto de vista y mi experiencia en la educación, las notas son uno de los obstáculos más grandes para el aprendizaje y la formación. Sé que debe haber alguna forma de calificar lo aprendido, pero el hecho de que te evalúen, hoy en día ya, con unas décimas arriba o abajo para situarte en una escala, acaba con las ilusiones de muchos niños que tienen un grandísimo potencial y que se desilusionarán en ese camino que deberían disfrutar, porque aprender tendría que ser otra forma de divertirse. (De hecho, creo recordar que en Japón no hay exámenes ni calificaciones hasta que cumplen los 10 años).
    En mi última experiencia docente, no sé si será ya la última, he podido comprobar que las calificaciones se usan más como castigo que como premio. Como una forma de ir filtrando y quitándose de en medio a gente.
    No voy a hablar de todos los factores, sobre todo negativos y que ya hemos comentado, que influyen en la educación, los colegios y la desidia de los profesores, pero es una pena que el mayor sentimiento que se observe en los estudiantes actuales sea la desesperanza.
    Desesperanza ante sus destinos y ante el mundo tan oscuro que parece que les espera. Aquí tiene mucho que ver la «formación» que reciben en los colegios y la «educación» que reciben de sus familias en sus casas (sí, yo siempre he diferenciado claramente estos dos términos).
    Por eso me ha gustado tanto tu relato. Esa filosofía oriental hace que la familia sea la primera en cimentar una buena educación en sentimientos, actitudes, ilusiones ante la vida. Esto hará que, más tarde, la formación sea más provechosa, que el talante ante los problemas sea más liviano y, sobre todo, que se comprenda desde niño que lo más importante son los detalles, el camino, el proceso, y no el final o los resultados, porque toda la vida estamos en modo aprendizaje.
    Muchísimas gracias por otro cuento con enseñanzas y esperanzas.
    Abrazo Grande

    1. Hola Jose. Tienes razón, las palabras que he elegido son la base de la «educación» a la que se le daba tanta importancia no hace tanto tiempo, y que paso a paso van perdiendo el sentido de ser esenciales. Yo también hago la diferencia entre «educación» y «formación». Y no es ya que la escuela no se preocupe de la educación básica esencial para convivir con otros semejantes, es que la formación se delega cada vez más en otros métodos. Ayer precisamente comentábamos con mi hermano, a raíz de la formación que reciben los niños actualmente. Le habían pedido a mi sobrino que hiciera unos experimentos «en casa» para aprender el fenómeno del magnetismo. Para lo cual tenían que conseguir: imanes, limaduras de hierro, cable de cobre aislado, pilas, clavos de hierro, clips metálicos… un arsenal que no está disponible en todas las casas. ¿En casa? ¿Desde cuándo los experimentos se hacen en casa? Cuando mi hermano se dispuso a juntar lo necesario, el comentario de mi sobrino fue: ¡No, si sólo tenemos que ver los experimentos con la IA!
      Si les sacas la parte divertida de la formación y ya no lo intentas con la educación, porque eso se lo dejamos a la familia, ¿qué les queda? ¡Ah, sí, les quedan las notas y los resultados para conseguir el número justo para no repetir! Y cumplir el expediente.
      Tienes razón, no vamos a hablar de todos los factores, sobre todo negativos que influyen en la educación, los colegios y la desidia de los profesores, pero es una pena que el mayor sentimiento que se observe en los estudiantes actuales sea la desesperanza.
      Desesperanza ante sus destinos y ante el mundo tan violento que parece que les espera. ¡Vaya! es empezar a hablar de enseñanza y mis esperanzas huyen volando. ¡No es justo, con lo bonito que me lo estaba preparando! Gracias a ti por temas tan entusiasmantes.
      Un abrazo grandote, Amigo. Aprovecha el fin de semana que va a hacer buen tiempo.

  3. Hola ..Muy interesante…ayuda mucho a tener ánimo y luchar en los momentos difíciles de la vida …….me recuerda a la dicotomía del control del estoicismo: esforzarse al máximo y aceptar el resultado, porque el resultado no depende de nosotros…..¿ puedes hacer un artículo sobre la dicotomía del control del estoicismo? Creo que puede interesar a mucha gente, al menos a mí….1 millón de gracias.

    1. Hola Cristina. Tienes razón, saber que lo que importa es tu esfuerzo para resolver el reto que tienes, aunque te cueste mucho hacerlo, aunque al final no lo logres, se refleja en «la dicotomía del control», pilar central de la filosofía estoica (recordemos al filósofo Epícteto). Y establece que el sufrimiento humano surge cuando intentamos controlar cosas que escapan a nuestras manos, y que la paz mental se alcanza enfocando toda nuestra energía exclusivamente en lo que sí depende de nosotros. Me parece una excelente filosofía que debería formar parte de la educación esencial de los niños. Y es una pena que no sea así, porque se evitarían muchos traumas y malentendidos infantiles. Por cierto, creo que ¡a muchos adultos también les vendría muy bien!
      Muchas gracias a ti por tu comentario. Un abrazo fuerte.

      1. Hola .1 millón de gracias por tu contestación…la filosofía japonesa ,la dicotomía del control del estoicismo y hasta 1 psicólogo si vamos…nos recomiendan eso : centrarse en el esfuerzo máximo y no en el resultado…….habernos esforzado al máximo independientemente del resultado, nos da tranquilidad, paz ,satisfacción . …….el centrarnos únicamente en el resultado, cuando no lo conseguimos,además de sufrimiento inutil ,crea o puede crear una idea de que somos inútiles, no valemos para nada y eso impide volver a intentarlo ,volver a esforzarnos por nuestros objetivos… …..centrarnos en el esfuerzo, independientemente del resultado nos hace proactivos y luchadores….. .y luchando al máximo, aunque no consigamos todo, algunas metas las conseguiremos ……y si no lo intentamos, jamás conseguiremos nada en nuestra vida .

        De nuestra creencias limitantes, habla la MENTALIDAD DE CRECIMIENTO DE CAROL DWECK, q a mí me ha ayudado mucho y creo q puede ser 1 tema interesante ,para que hagas una publicación, si lo consideras oportuno…

        Leí un artículo tuyo ,por casualidad , me pareció tan sumamente interesante, y me ayudó tanto, que desde ese momento,soy adicta a tus publicaciones….. ….todos los días miro si has publicado algo nuevo ,para no perderme nada .. …. 1 millón de gracias…. . sigue así, con tus magistrales publicaciones, nos ayudas mucho a todos: niños ,adultos y más adultos aun …….. a todos.!!!!. ……por lo menos a mí me ayudas mucho .

        1 millón de gracias de nuevo y 1 fuerte abrazo..

        1. Hola Cristina, ¡totalmente de acuerdo con lo que dices! Y me pregunto: ¿por qué si hay tanta información sobre «la otra forma de valorar el esfuerzo» y sus consecuencias, sobre el desinterés y la frustración en jóvenes y niños, con la educación actual, sobre adultos que fracasan en sus trabajos, por qué no se intenta cambiar a una forma más inteligente y positiva? No estamos hablando de inventar nada nuevo, simplemente implementar una manera de valorar esfuerzo y no resultado. No es tan difícil. ¡Haced la prueba, señoras y señores de los organismos a los que pagamos y damos la responsabilidad de la educación de nuestras nuevas generaciones!
          No conozco el libro que me recomiendas: MENTALIDAD DE CRECIMIENTO DE CAROL DWECK. Pero lo leeré. En cuanto a escribir una entrada, lo he puesto en mi larga, larguísima lista de cosas que me gustaría tratar para aplaudir o gritar fuerte con mis palabras. Aunque no te prometo fecha, la vida me incentiva permanentemente. 🤣😂
          Algunas veces escribo cosas pensando en alguien en especial: sobre todo los niños y jóvenes de la familia, algún amigo o amiga, algún familiar, alguien a quien tengo muy presente aunque ya no está entre nosotros, personas con las que comparto los retos literarios… Pues te diré que, a partir de ahora, estás entre ellos, porque escuchar que algo que he escrito te ha ayudado, me alegra enormemente. Y le da sentido a esta extraña forma de comunicarse con el resto del universo. Yo siempre lo veo como un barquito donde escribo mi mensaje y lo envío al mar. En general las olas lo llevan lejos y no me entero dónde acaban, pero a veces, las olas lo traen de vuelta a la orilla, apenas a unos metros de donde estoy y otras veces recibo una respuesta de alguien a quien no conozco personalmente pero con quien los hilos invisibles comienzan a trabajar. ¡Es maravilloso!
          Así que muchas muchas gracias a ti y un abrazo muy fuerte. ¡Feliz domingo!

    1. Hola Uxue. Es cierto, la cultura japonesa es admirable. Y creo que podríamos adoptar algunos de los conceptos que nos llegan y con los que, por lo menos yo, estoy totalmente de acuerdo como estas palabras de las que hablamos hoy.
      Me alegro que te haya gustado. Un abrazo fuerte de Marlen.

  4. Hola, Marlene.

    El texto me ha parecido muy bueno y me ha fascinado su contenido. Opino que occidente se ha ido convirtiendo en un entorno cada vez más hostil para el desarrollo humano al centrarse siempre en los resultados. Esta forma de entender la vida lleva inevitablemente a la insatisfacción, porque resulta que a veces no se gana,; entonces se llega al postureo, si no puedo ser el mejor, al menos que lo parezca. Todo ello es justo lo contrario de la sensibilidad y la mirada sobre la vida que transmites en esta historia.

    No voy a entrar en más cosas. No idealizo Japón; la maldad está en todas partes.

    Un abrazo.

    1. Hola Eitán. Totalmente de acuerdo contigo. La educación actual no incluye estos sentimientos en la enseñanza que se da a los niños y jóvenes. La formación que se imparte no enseña a valorar el esfuerzo, el interés por lo aprendido y la importancia de seguir adelante con el empeño, aunque resulte difícil, y aunque a veces no se logre el resultado deseado. Invariablemente, la nota obtenida, que no refleja la perseverancia sino sólo el resultado, produce frustración al estudiante. A mi modo de entender, esto le perseguirá de por vida a las personas, y creo que es un error.
      Yo tampoco idealizo a Japón, pero me gusta reconocer lo bueno de una cultura o un pueblo y la cultura japonesa tiene mucho para hacernos reflexionar.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte.

  5. Hola Marlen,
    Una preciosa reflexión sobre diferencias que enriquecen. No obstante debo decir que para otras cosas Japón también funciona cumpliendo objetivos. Pero tienen el arte de unir los plazos con ese proceder interno que no olvida ni la minuciosidad ni la entrega. No hay una filosofía de vida única, creerlo sería caer en el estereotipo, pero si una forma de enseñar diferente y una manera particular de afrontar los problemas que viene definida por muchas formas de pensar que tienden a conocer bien el entorno y conocerse a si mismos antes de tomar las decisiones.
    Un saludo

    1. Hola Luferura,
      desde luego, cada civilización tiene sus pro y sus contra, pero debo reconocer que la cultura japonesa toma en cuenta no sólo el conocimiento y aprecio de la naturaleza, sino también la comprensión de sentimientos y modos de actuar del ser humano que a mí me gusta y que están representados por palabras como las que os traía en este hermoso VadeReto.
      Gracias por tu comentario. Un abrazo de Marlen

  6. Hola, en un momento en el que estamos tan obsesionados con los «me gusta», los seguidores y las apariencias, leer una defensa tan clara del esfuerzo y la actitud me ha resultado casi terapéutico. Me ha hecho preguntarme cuántas veces he dejado de hacer algo por miedo a que no saliera perfecto, o cuántas veces he valorado a los demás solo por sus logros visibles y no por su constancia. Creo que todos llevamos dentro ese juez del que habla el texto, y quizás deberíamos aprender a silenciarlo un poco y celebrar más el camino, como hacía el padre de Sachiko. Al final, la vida no es solo una colección de metas alcanzadas, sino también de intentos, de caídas y de levantarse, de dibujos torcidos a los que, con el tiempo, uno aprende a quererlos e incluso sus tres cejas de más. Vivimos en un mundo de inmediatez, donde todo tiene que ser perfecto y rápido, y este texto me ha recordado que las cosas importantes —aprender, crear, relacionarse— requieren tiempo y perseverancia. Que el dibujo de Sachiko no fuera bonito era exactamente lo que lo hacía valioso: era honesto, era el testimonio de una niña que estaba aprendiendo. Abrazos virtuales desde Venezuela

    1. Hola Raquel. Ante todo, y como sé que vives en Venezuela, quería saber si estás bien y si has sufrido algún problema con el terremoto. Espero que tú y tu gente no hayáis tenido ninguna consecuencia.
      Sí, creo que los «me gusta», los seguidores y las apariencias, como bien dices, están obsesionando a mucha gente, pero no solamente niños y jovencitos. ¿Nos estamos volviendo todos locos? No lo creo, pienso que es contagioso y que la gente que está en esa línea se relaciona con otros que están en la misma. La facilidad y la rapidez con la que nos llegan las modas y las tendencias atrapan como la luz a los bichitos. Todo ha de ser rápido, joven y guapo. Pero con no dejarse arrastrar… ¡listo! Creo que nunca he dejado de hacer algo por miedo a que no saliera perfecto, nunca he dejado de ponerme una ropa que me gustaba porque a los demás no les gustara, tal vez he sido aventurera o intrépida desde pequeña, tal vez una cabezota que probaba lo que se me ocurría. ¡Y lo sigo haciendo, claro! Posiblemente la educación que me dieron, sin ser como la del papá de Sachiko, tenía mucho de educación tradicional y eso me salvó.
      Pero siempre estamos a tiempo de reflexionar y de cambiar. ¡Inténtalo!, estamos a tiempo ¿qué puedes perder, que se rían de ti? Pues tú te ríes más y listo.
      Me alegro que el relato te haya servido para pensar y, tal vez, actuar de diferente forma. Gracias por tu comentario. Un abrazo fuerte de Marlen

      1. Todo bien, sabes cumplí recientemente 60 años, justo el 29/06 5 días después del terremoto, y si algo he aprendido en este medio siglo de vida, es que nada es más valioso que tu propia vida, tenemos que valorarla, querernos, y en especial hacerlo lo mejor que podemos, mientras estés sumido en la dejadez, y no accionar, eso simplemente te hará un inútil, entonces para qué vivir si vives quejándote por todo, cuando ocurren caos, y algunos sufren pérdidas grandes, me dijo a mí misma «Dios gracias por darme vida y salud a los míos» es algo que hago constantemente y aunque no tengo dinero, nunca he podido salir de mi país a disfrutar de paisajes extranjeros, simplemente me complace el poder ser feliz a mi manera, a agradecer lo que tengo, y la casita que tengo. Mientras haya salud, hay vida y podemos cumplir la misión que tenemos, la mía «educar» y así cada uno tiene su misión de vida. Mi hija que vive con su esposo, gracias a Dios bien no les pasó nada, y sobrino (que es médico en Caracas) todos BIEN. Abrazos desde Puerto La Cruz, Venezuela

        1. Hola Raquel. ¡¡Feliz cumpleaños!! ¡¡Bonita cifra!! Aunque este año haya sido un poco particular y triste, espero que lo disfrutes y que compartas tus momentos felices con tu familia y amigos. Aprender a valorar lo que tenemos y a quienes tenemos a nuestro alrededor, hacer cada cosa que nos proponemos lo mejor posible sin desanimarnos por los fracasos, ser agradecida, intentar ser feliz y hacer felices a quienes amamos, hermosos propósitos para iniciar un nuevo año de vida. Un abrazo muy fuerte y ¡¡Muchas felicidades!!

Deja un comentario

error: Content is protected !!

Descubre más desde El blog del Trujamán

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo