Un elefante rosa frente a nuestras narices

En el año 2006, el mundialmente famoso graffitero Banksy realizó en Los Ángeles su muestra “Barely Legal”, que significa “Casi legal”, un evento gratuito en donde expuso parte de sus producciones artísticas. En el marco de dicha exhibición se podía ver un elefante real pintado como el decorado de la pared, con pintura para niños. El objetivo, bastante literal, era señalar esas cosas enormes que tenemos frente a nuestras propias narices y que no vemos, justamente como el predio de La Rural, el principal predio ferial de la Ciudad de Buenos Aires, perteneciente a la Sociedad Rural Argentina.

Tai, un elefante asiático de 38 años, pintado por el artista graffitero Banksy, se exhibe en la exposición «Barely Legal» en un almacén cerca del centro de Los Ángeles el 15 de setiembre de 2006

Fundada en 1878 y con una superficie cubierta de 45.000 m2, distribuidos en 6 pabellones, 10.000 m2 descubiertos y un estacionamiento subterráneo con capacidad para mil automóviles, La Rural es el escenario de la tradicional Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria, que cada mes de julio se celebra en la ciudad para mostrar los avances de la industria nacional y en la que se exponen los mejores ejemplares de las distintas especies y razas vacunas, equinas, porcinas, ovinas y de granja del país. Además, el predio es sede, a lo largo del año, de numerosos eventos de distinta índole: congresos nacionales e internacionales, ferias, convenciones, espectáculos y exposiciones.

Esa misma Rural que presenta en estos días una muestra no autorizada en un espacio cuyos fines comerciales deberían ser ilegales. Desde Plaza Italia se puede leer el enorme cartel que dice “¿Genio o vándalo?”, haciendo alusión a Banksy, el artista británico cuyas obras se exhiben desde esta semana, sin su consentimiento, en La Rural de Buenos Aires. Probablemente los verdaderos vándalos sean justamente quienes lucren con esta exposición.

Los organizadores de la muestra saben perfectamente que buena parte de la obra de Banksy es considerada “vandalismo”. En esto se amparan para exponer sus obras sin consentimiento, algo así como “Ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón”. Pero no todo es lo mismo. Una cosa es el arte urbano, el graffiti, el esténcil. Y otra muy distinta es que un puñado de millonarios que tienen originales de Banksy los “presten” para que se organice una muestra de su obra, con fines de lucro y sin autorización.

Pero volvamos al elefante rosa.

En diciembre de 2012 los diarios argentinos nacionales explotaron: Cristina Fernández de Kirchner quería expropiar La Rural. Se estaba metiendo con el símbolo de los símbolos, ese lugar lleno de olor a bosta, adonde la gente se viste de gala para visitarlo. En verdad la palabra “expropiar” fue usada con malicia por las grandes empresas de comunicación, porque formalmente no se trataba de una expropiación sino del decreto presidencial 2552 que disponía la “nulidad absoluta del decreto 2699 del año 1991”, que había determinado la venta de este inmueble perteneciente al Estado. El motivo de la nulidad radicaba en el “precio vil” por el cual el predio ferial de Palermo había sido vendido a la Sociedad Rural Argentina en 30 millones de dólares, cuando un peritaje oficial determinó que el valor real era de 63.615.000 dólares, más del doble de lo que se vendió.

Al anunciar el decreto, el entonces jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, señaló que 11 ex funcionarios estaban procesados por el delito de malversación de fondos públicos. Se trataba de: Domingo Cavallo (ex ministro de Economía), Eduardo Agustín Carlos de Zavalía (ex presidente de la Sociedad Rural), Juan Alberto Ravagnani (ex secretario de la entidad), ex funcionarios del Banco Ciudad, ex funcionarios del Banco Hipotecario y ex funcionarios públicos.

La presencia de los funcionarios de los bancos Hipotecario y Ciudad radicaba en que lo único que estuvo mal no fue el precio, sino la forma misma de fijarlo. La ley 21.626 exigía que el cálculo del valor del terreno fuera efectuado por el Tribunal de Tasaciones de la Nación, pero esto no fue así, sino que los bancos mencionados señalaron el precio.

Además, se aprobó la venta por decreto. La operación fue realizada de forma directa, no se hizo remate ni licitación pública previa, evitando los mecanismos vigentes. Por otra parte, se había otorgado un plazo de 10 años a la Sociedad Rural para saldar el valor del inmueble, cuando esa prerrogativa está prohibida.

La Rural apeló la medida y la Cámara Federal Civil y Comercial suspendió el decreto el 4 de enero de 2013. Esto fue confirmado por la Corte Suprema en agosto de ese año con cinco votos a favor y dos en contra. En abril de 2016 el gobierno nacional decidió seguir adelante con las medidas iniciadas en 2012. Se trata de un caso muy particular: una medida de Cristina Fernández de Kirchner, avalada por su máximo oponente Mauricio Macri, nada menos que en contra de la entidad agropecuaria.

La Sociedad Rural Argentina, fundada en 1866, ocupa el terreno de Palermo desde 1878 por un acuerdo con el Estado, y la compra en cuestión se ejecutó durante el gobierno de Carlos Menem (presidente de la nación entre 1989 y 1999). En la actualidad la recuperación del predio de La Rural sigue pendiente y, mientras tanto…  el uso comercial no ha cesado.

Miles de personas pasan todos los días por Plaza Italia, en la Capital Federal, y a nadie se le ocurre tomar ninguna acción al respecto. Probablemente el punto que explique esta inacción, sea que la sociedad en su conjunto no termina de sentir como propio el patrimonio del Estado.

Tal vez, si miles de argentinos sintieran que La Rural les debe más de 33 millones de dólares, harían algo al respecto. O al menos, no pagarían por entrar.

Si la muestra de la Rural tuviera algo del espíritu del artista cuya obra se expone, no se realizaría en un predio que simboliza una estafa a la sociedad. Habría entradas libres y gratuitas, u obras que sirvan a la población con el dinero recaudado. Ni lo uno ni lo otro. La entrada sale más de 3.000$ (22€) y las ganancias no irán ni para los vecinos, ni para el Estado. La mugre se esconde debajo de la alfombra. Quienes pueden, pagan. Y quienes no, se quedan afuera.

Este texto es un extracto del artículo “A Banksy no le gusta La Rural” de la periodista y realizadora audiovisual argentina Manuela Irianni

Publicado por BlogTrujaman

Desconfío de aquellos autores, músicos, escritores que, escribiendo ficción, dicen no escribir sobre su propia vida. Al escribir, uno se va enredando en sus propios recuerdos y aparecen entremezclados en la obra. Es muy difícil que todo lo que cuentas le pase sólo a tus personajes. Detalles, pequeños gestos, lugares, contaminan lo que sale de tus manos y no puedes separarte de tus propias experiencias. A mí también me suele pasar. Por eso, en un momento dado, decidí escribir directamente sobre lo pensado y vivido en este planeta, en este viaje. O tal vez, el miedo a desaparecer sin dejar rastro, hizo que me decidiera a abrir la caja de mis recuerdos para contar sin filtro, instantes de un tiempo que no volverá.

2 comentarios sobre “Un elefante rosa frente a nuestras narices

  1. Buenos días, Marlen.
    Al leer tu artículo me surgen dos curiosas sensaciones.
    Por un lado, la estúpida tranquilidad de que lo malo que tiene España es común en otros muchos sitios. Estúpida, sí. Porque compartir corrupción, sinvergonzonería y pasotismo no es una gran satisfacción.
    Por otro lado, una gran rabia porque la cultura, que debería ser un derecho y uno de los pilares de cualquier sociedad, se trate de manera tan vil y solo con el interés de sacarle buenos beneficios, para los ladrones que la manipulan, no para el pueblo que debería de ser el gran damnificado de todo esto.
    Sin embargo, lo que más rabia da es que la gente lo tome ya como algo normal, algo que sucede porque tiene que suceder, y porque ladrones hay en todas partes y no se puede cambiar nada. No hay nada que me cabree más que escuchar en unas elecciones «Para qué voy a votar a otros, más vale malo conocido…». Este falso conservadurismo hace que no haya manera de avanzar, que ni siquiera se haga el castigo en las urnas a los depravados que nos gobiernan.
    Como dijo alguien, tal vez «nos den lo que nos merecemos». No lo sé.
    Con respecto al arte denominado «moderno» me abstengo de pronunciarme. Me cuesta muchísimo dibujar, pintar o escribir algo decente como para denominar arte a ciertas cosas que se ven por ahí. Todo tiene un valor y la idea, la metáfora que confiere y la forma de expresarlo es importante, pero un vaso de agua medio lleno (o vacío) nunca podrá compararse con un Goya, un Bernini o un DaVinci, por poner tres preciosistas genios. Sin embargo, soy consciente de que el gusto no tiene manual y es de cada cual.
    Y hasta aquí mi crítica de arte del día. 😅😂😝
    Feliz domingo y mejor semana, amiga. Un abrazo. 🤗😊😘

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  2. Buen domingo Jose.
    Te entiendo y comparto totalmente, porque a mí también lo que más rabia me da es que la gente tome como algo normal el robo y la desvergüenza, algo que sucede porque siempre es lo mismo, porque ladrones hay en todas partes y eso no se puede cambiar. «No te quejes si no te quejas» es el mejor refrán que he encontrado para darle un poco de significado a esta situación.
    En realidad, si que nos quejamos, pero nos quejamos por tonterías. Y cuando es el momento de levantar la voz por la corrupción, por la falta de dignidad, un gran cartel de neón aparece frente a nosotros: ¿Total, para qué?
    En cuanto a Banksy, es un graffitero que me cae muy bien por sus reacciones y sus imágenes, cargadas de crítica política y social.
    No me gusta, en general, el arte moderno. Tal vez no lo entiendo, pero creo que, la mayoría de las veces, encubre una tomadura de pelo. Pero cuando una persona se dedica a destapar las injusticias, las diferencias sociales, el sistema de capitalismo brutal, la corrupción y la estupidez humana, con su arte, ¡¡Chapeau!!
    Banksy, por ejemplo, quería llamar la atención sobre el hecho de que los palestinos no podían salir ni entrar libremente en Belén debido al enorme muro de separación. Crear conciencia sobre el muro que encierra Cisjordania y separa ciudades como Belén del resto de Israel, es una de las cosas que ha hecho. Compró un hotel que está en Belén, enfrentado al muro, lo decoró, plagado de detalles satíricos, armó un museo que cuenta la historia de la barrera, una galería con obras de artistas palestinos e invitó a otros artistas callejeros, creando una enorme galería al aire libre, llena de arte político. Los murales criticando la existencia del muro, hechos sobre el propio muro, son un atractivo para que empezara a ir gente a verlos y además ha generado una pequeña sub-economía en la zona.
    En una entrada de mayo, escribía sobre este contestatario: https://trujaman.net/2022/05/19/banksy-genio-o-vandalo/
    Bueno, basta de cháchara, que me entusiasmo. Un abrazote grande.

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