Las añoranzas son sentimientos que nos invaden, porque no nos desprendemos del pasado a medida que vamos viviendo. La vida (por suerte o por desgracia) es un camino largo y son muchas las personas que vamos conociendo a medida que lo transitamos. Con un poco de suerte, algunas nos dejan huella de verdad y llegan hasta lo más hondo de nuestro espíritu.

Pero ese camino también tiene paradas y en algunas se apean esos seres especiales. Echar de menos a un ser querido fallecido, tiene la dificultad de la imposibilidad de volver a ver a esa persona. Imposible coger el teléfono para tener unas palabras con ella. ¿Y si, algún día, olvido la voz amada? ¿Y si ya no logro oírla en el silencio expectante?
Cuando recordamos a la persona que se ha ido, parece que tuviéramos que hacerlo con pena y no con risa. Relacionamos la pena por alguien, con el amor que le profesábamos. Y si no lloras, es porque no lo sientes. Pero sufrir no significa querer más a la persona. Tampoco implica apartarse de todo dolor. En esta sociedad en la que nos toca vivir, nos bombardean con mensajes positivos y optimistas y parece que, si no estás feliz, no eres nada.
Dejar que todo siga su curso natural, quedarnos con todo lo que ese ser aportó a mi vida y a la de mis seres queridos, recordar sus anécdotas, sus enseñanzas, las veces que reímos, lloramos y disfrutamos juntos.
Saco un álbum al azar. ¡Gracias fotografías!, por poder disfrutar de imágenes que me traen tan buenos recuerdos y me hacen tomar conciencia de la fortuna de que esa persona haya formado parte de mi vida, aunque no haya sido durante tanto tiempo como me hubiese gustado.

Hay quien se acerca al cementerio en fechas señaladas. Yo pocas veces lo hago. Te encuentro más a mi lado, en casa, en cada fragmento de vida, en cada mimo interior, en pequeños detalles que salen a mi encuentro. Y revivo instantes felices como si los viviera por primera vez. Ese libro que estoy releyendo y no sé muy bien por qué, esa película que reponen en la tele y se empeña en volver una y veinte veces, ese cuaderno olvidado, esa canción una y mil veces cantada, ese papel de chocolatina donde un día me declaraste tu amor tan simple, tan inmenso que rellenaba todos los huecos de mi ser.
Hablábamos el otro día con Katixa de anécdotas en las que la sorpresa había convertido todo en algo mágico. Le contaba del día (un día como hoy, un día de cumpleaños) en que te sorprendí con una fiesta a la que vinieron amigos que hacía mucho que no veías. Habíamos decidido que el festejo lo reservábamos para unos días después, cuando estuviéramos con tu hijo y los niños. Así que ese día sólo habría un beso y una cena normal. Pero al volver del trabajo y abrir la puerta de casa, la fiesta estalló a nuestro alrededor. Y había globos y luces de colores, cantos y gritos. Una alegría que te dejaba sin palabras coherentes: ¿Pero cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué no me dijiste…? Te amo, te amo, te amo…
Es bastante habitual, a la hora de afrontar la muerte de un ser querido, omitir hablar sobre esa persona. Pero para mí, es importante seguir nombrándola, seguir hablando de ella porque su recuerdo también se enriquece de las anécdotas y momentos que cada uno conserva y que vamos creando al compartirlos con quienes no lo disfrutaron.

Enseña a quienes te rodean otro modelo de conducta que relacione amor y muerte. En las películas norteamericanas nos suelen mostrar un funeral bastante más alegre que los que celebramos nosotros. Se celebran en casa, los amigos y compañeros traen comida, se proyectan fotos y vídeos de la persona fallecida, se habla con naturalidad del tema, se acompaña a los afligidos, pero no se dramatiza.
La muerte no la podemos erradicar de nuestro entorno, pero la manera en cómo festejas la vida de quienes te han dejado, es una elección. Y está claro que hay formas dramáticas de hacerlo y otras, que siendo respetuosas, son más naturales.
Buenos días, Marlen.
Una entrada muy reflexiva.
La nostalgia es un batiburrillo de sentimientos. Hay tristeza, por la pérdida, y también alegría por los momentos pasados, pero estos se terminan convirtiendo en tristes porque ya no volverán.
Sin embargo, el recuerdo mantiene vivas a esas personas y lo que compartimos con ellas. Por eso son tan importantes esas claves que comentas, insertadas en nuestra memoria.
Creo que ya lo hemos hablado en algún momento: sin memoria no somos nada. Porque la experiencia, lo vivido, es lo que nos alimenta, lo que nos enseña, lo que nos muestra para qué hemos vivido.
Este párrafo es para guardarlo con un marco y tenerlo bien presente:
«Al afrontar la muerte de un ser querido es importante seguir nombrándolo, porque su recuerdo también se enriquece de las anécdotas y momentos que cada uno conserva y que vamos creando al compartirlos con quienes no lo disfrutaron».
Muchísimo ánimo en este día.
Las pinturas son preciosísimas, ¿son todas suyas?
Un Abrazo, amiga. La memoria siempre nos debería regalar una sonrisa.
Hola Jose.
En estos días, los sentimientos se revuelven, nostalgias, tristezas pero al mismo tiempo alegrías por haberlos compartido y seguir compartiendo. Este año me he inventado una semana de vacaciones con mis sobrinos, con actividades y momentos especiales. Hemos hecho un «frasco de la tranquilidad» para usar en momentos de nervios o rabias, un rally fotográfico, vemos pelis (Star Wars de 1984), fotos y series, leemos, charlaaaamos, escuchamos música, nos reímos y disfrutamos de viejas anécdotas y nuevos momentos, alimentando la memoria. ¡No está nada mal!
Las imágenes de mi blog son acuarelas y dibujos de Kurt (bellísimos), fotos mías, fotos de amigos, imágenes de libre circulación y últimamente (como en esta entrada y en las de mi madre) las creo con el «Dream», un soft de AI al que le das ideas, palabras, frases y te va generando de acuerdo a distintos estilos. Luego Photoshop o GIMP. Mis condiciones artísticas no me dan para la pintura. Pero me divierte jugar.
Un abrazo grande, nostálgico y sonriente.